ASPECTOS MITOLÓGICOS Y CEREMONIALES
EN LA PINTURA DE JESUS DESANGLES
Por José Saldaña
La base estructural sobre la
cual descansa la pintura de Jesús Desangles es compleja solo en
apariencia. Porque Desangles compone sus figuras sobre un
dinamismo cromático que no requiere de otra cosa sino del trazo
gestual. Esa dinámica conduce al espectador a reflexionar sobre
las múltiples posibilidades expresivas de una sola imagen.
Pero la vendimia ocurre cuando Jesús Desangles
desintegra y desarrolla códigos antiguos (tomados quizás de
símbolos taínos y de otros elementos ancestrales) que repuntan en
un lenguaje pictórico de vibraciones ópticas, capaces de
recomponer en la retina las imágenes visuales propuestas.
En el mensaje plástico de Jesús Desangles, aflora la magia de los
ancestros a través de códigos que nos refieren a un mundo
religioso en los que el espectador recrea la visión de esas
antiguas culturas. Se percibe en sus lienzos una continuación del
camino que trillara Paul Giudicelli en sus investigaciones
indigenistas. Ahora, Desangles retoma con expresividad, fuerza y
profundidad los planteamientos del maestro.
Estas formas y esos ritmos constituyen el alma de su creación y
los trazos, vigorosos siempre, quedan como huellas y legados, como
el sedimento de toda una imaginería creativa que sigue conectada a
nuestro tiempo a través de la riqueza expresiva de este artista.
Porque el arte tiene la virtud de mirar con reverencia al pasado
sin perder de vista la innovación a que nos obliga el porvenir.
Las composiciones están sabiamente estructuradas y los elementos
formales manifiestan una búsqueda incesante de nuevas opciones
plásticas. La realidad se funde con la leyenda y lo alegórico con
lo conceptual. Los emblemas asoman como estandartes, como señales
que indican refugios y baluartes, como bastiones de la lucha por
la supervivencia de una raza sorprendida por un terror cuya
proveniencia imaginaban divina.
De ahí la urgencia y la grave humanidad de estas pinturas, que nos
hacen pensar en los crueles errores y desaciertos de la historia,
entendida siempre como una percepción del hombre acosado y
perseguido, acorralado e impotente frente a una violencia superior
e incomprensible. Las pinturas de Desangles revelan esa angustia,
esa confusión y ese tormento.
Los aspectos técnicos que utiliza convienen a esa expresión de
desolación y devastación. El ha asimilado y perfeccionado su
quehacer artístico para que la imagen se identifique plenamente
con la intención del mensaje. Los méritos de este pintor han sido
atestiguados por importantes y merecidos premios, otorgados en
bienales y concursos nacionales e internacionales.
Desangles parece haber descubierto que la forma es elocuente por
sí misma. La vía es pues la síntesis, el despojo de todo lo que
sea accesorio banal y su búsqueda de lo esencial nos lleva a
figuras casi humanas que recuerdan las invocaciones sacerdotales
hechas a aquellos cemíes ceremoniales de los caribes, de los
taínos y de los ciguayos.
Así, la pintura fluida y dinámica de Jesús Desangles, queda
marcada para siempre, no solo por su energía expresiva, sino por
ser él capaz de crear un universo propio partiendo de una temática
que le refleja en el entorno nativo de la cultura a la que
pertenece.
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