Adiós al poeta y educador Abelardo Vicioso
EL miércoles 14 de enero del 2004 fueron sepultados en Santo
Domingo los restos del poeta y abogado Abelardo Vicioso González,
fallecido a los 74 años de edad a consecuencia de problemas
cardiorrespiratorios.
La muerte le sorprendió cuando escribía los capítulos finales de
una novela que llevaría por título Memorias del Teniente Veneno, de
corte autobiográfico.
Desde muy joven desarrolló talento y dedicación por la literatura. Fue
autor del poema Yanqui, vuelve a tu casa, circulado por la resistencia
durante la Guerra de Abril de 1965, y que luego se convirtió en una
especie de himno de los jóvenes revolucionarios. Tuvo una amplia
producción literaria iniciada en 1958 con su libro de poesía La lumbre
sacudida, y Cantos latinoamericanos, dado a la luz pública dos años
después. Siempre se mostró solidario con la Revolución cubana.
Sepelio
Luis Beiro
Santo Domingo
Con la muerte de Abelardo Vicioso el país pierde una parte importante
de su rostro. Esa que siempre se adelantaba al sol con bondad y
hermosura. Esa que siempre se abría como mano solidaria a la misma
entraña de la palabra dulce y bien escrita con la que legó a la
posteridad algunas páginas que no podrán morir.
Abelardo Vicioso fue un mito que desde su temprana juventud decidió
dedicar su vida -al igual que sus compañeros de la Generación del 48-
a construir una República Dominicana mejor. Se graduó de abogado en la
Universidad de Santo Domingo, y ejerció la profesión como hombre de
bien.
Paralelamente a esa labor escribía poemas (sociales e intimistas) y
libros de ensayos que evidenciaron su lucidez intelectual. También
ejerció la docencia universitaria con altura y sapiencia.
Como hombre de su tiempo siempre enrumbó sus pasos hacia las
conquistas sociales. Desde las filas políticas (PSP, PLD y ADP) fue un
disciplinado soldado de vanguardia que puso siempre el interés
colectivo por encima de los individuales. El Gobierno dominicano le
otorgó mediante decreto 258-97 del Poder Ejecutivo, la orden de
Sánchez Duarte y Mella en el grado de comendador.
Distinciones
El Consejo Universitario de la UASD le otorgó una placa de
reconocimiento como integrante destacado de la Generación del 48.
La Universidad de La Habana le otorgó el título de ‘‘Doctor Honoris
Causa’’ en letras. Por su labor como Presidente del Comité Dominicano
de Amigos de Cuba, el Consejo de Estado de aquella isla le otorgó la
Medalla de la Amistad.
Un grupo de familiales y amigos, encabezados por sus hijos Cynthiia
Leonor y Carlos, de sus hermanas Ligia y Maritza lo acompañaron en la
tarde de ayer hasta el cementerio de la Avenidad Máximo Gómez, donde
descansarán sus restos.
El dirigente político Max Puig, en un hermoso panegírico, junto a su
extraordinaria trayectoria humana y revolucionaria, recordó algunos de
sus versos que lo definieron como un poeta social de trascedencia.
SELECCIÓN DE POEMAS
REPUDIO DE LA SOLEDAD
Si me sumerjo en las aguas oceánicas que rodean la isla
en cuyo polvo floto como un cadáver,
si este domingo lo comparto con alegres muchachas de barrio
y en su simplicidad resbala mi habitual melancolía,
si busco el aire nuevo de los alrededores de la ciudad
y lo empapo de tibios alcoholes y guitarras,
no procuro otra cosa que la alegría,
cuando ésta se ha perdido entre los días de la soledad.
Yo soy toda la alegría posible si me distribuyo
en el pueblo, en sus abigarradas casa,
en su perenne luto por el arroz y el pan
y por el viento que sople sus derruidas almas
hacia un fecundo abrazo con mi palabra limpia y terrenal.
Cada uno de mis pasos por la ciudad es una campanada silencios,
una sonrisa volcada en la esperanza,
Veo a la gente ir y venir en su trabajo
o en su holgazanería conquistada a la muerte,
sin que me sea permitido llamarles por su nombre,
sin que mi corazón se pueda desgranar en las ardientes calles.
¿Dónde podrá esconderse la alegría que no la alcancen mis palabras
cuando en mí esté presente la diminuta respiración de cada hombre
y mi canto sea la voz de su corazón esperanzado?
CANTO AL FONDO DEL MAR
Mar a donde no llegan gruesas lluvias amargas.
Mar sin olas, sin playas ni veleros distantes.
Mas debajo del ruido. Mar en profundidades.
Donde no viven sombras, porque allí todo es sombra
salvo la sombra verde de mi canto.
Mar encontrado al fondo de mi sueño.
Fondo triste del mar con ternura anhelando.
Mar distanto del polvo y de los trasatlánticos.
Enemigo del cielo y aún del hombre enemigo.
Mar para sonreír sin que se muere nadie.
Mar sin islas que lloren por una voz ausente.
Mar sin fusiles. Mar sin soledades.
Sin espigas de arroz ni voluntades tristes
ni tristes niños ni perennes lazos.
Mar al fondo del mar y de mi sangre.
Principio del vivir, descamisado;
desvestido de todo lo superfluo,
de mis uñas, corbatas y arrabales.
Mar hecho a la medida de mi alma.
Mar confidencia de los peces sabios
donde habita mi amor enardecido.
Mar sin piratas. Sin esos fabulosos capitales.
Ajeno de la furia de moscas y de aviones.
Como un perro veloz que corre por mis venas
y ladra y ladra y ladra de entusiasmo.
MÁS CERCA DE LA TIERRA
Yo traigo una palabra y una muerte dormida en la palabra,
traigo un día confuso entre los dedos y unos dedos antiguos,
pero este día comienza a perecer una vez que ha nacido.
¿De dónde diablos llega la ternura de esta voz primitiva
al levantar pirámides inmensas a la llama que enciende
la contienda entre el hombre cautivado y la sombra del viento,
a poner una mano poderosa a la altura del pecho
y a rasgar el vestido de los ángeles que torturan la vida?
¿De dónde amor, de dónde llegas en esta hora que me duele
a desprender el dedo índice de los labios sedientos,
irrumpiendo también por cada vello en deslumbrante cascada
capaz de ahogar la rosa más alta y el más alto gemido,
para que toda la tierra se ponga a renacer en salud y hermosura?
Nadie sin una herida puede decir ahora: estoy presente,
cuando la tierra clama con ternura por sus hijos amados.
La muerte que yo traigo nunca la proporcionan las espadas,
sino el tímpano roto de un caballo que llora en rebeldía:
la muerte que yo traigo es la pureza y el esplendor de la vida.
¿Puedo decir acaso, con certeza, que la herida que ofrezco viene del
mundo abrazo
de mil cuerpos que se legan el sueño,
del sedimento amargo que acumulan los vientos clandestinos,
del polvo que se muere en los caminos de vejez o de frío?
¡Si fuera suficiente derrotar al olvido en una noche
y saber de qué estrella viene mi piel a contener el mundo!
Los ojos se sumergen en una luz pequeña y quedan ciegos,
y más allá del polvo y del milagro
también sufren de amor, hambre y olvido
las inconmensurables lunas espirales.
Nadie sabe si llueve también en las altas montañas.
Nadie quiere saberlo cuando las hortalizas
revientan en las manos de los agricultores
y el arroyuelo moja la falda de las muchachas en otoño.
Ahora me doy cuenta de que llevo una mariposa entre las manos
y es preciso dejar que se pierda en la neblina.
Ahora me doy cuenta de que alguien, con una voz coral
más grande que mi desnudo grito hacia el límite antiguo,
tiene una cara hermosa y un lamento dibujado en la cara
y me dice que para alzar el trigo hay que saber quemarse las espadas.
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ABELARDO VICIOSO
ABELARDO VICIOSO
Nació en Santo Domingo el 22 de abril de 1930. Graduado en Derecho, su
vida profesional está vinculada a la enseñanza, en la Facultad de
Humanidades, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
En la introducción a su representativo libro de poemas La lumbre
sacudida (Premio Nacional Gastón F. Deligne, 1958), Rafael Valera
Benítez escribe: "...a partir de 1948, nuestra poesía reúne ciertos
nombres en cuya labor se establece la preocupación por el destino del
hombre -el hombre como tal, en su realidad circunstancial, en su
existencia virgen y agónica- integrando así todo un conjunto que se
define, no obstante, con una sola y acentuada base, bien que en cada
caso se orienten particulares matices determinativos".
Vicioso forma parte de esta "generación del 48" (o "generación de
postguerra" o "generación integradora", según la han bautizado unos y
otros) y la nómina se completa con varios e importantes nombres: Lupe
Hernández Rueda, Alberto Peña Lebrón, Máximo Avilés Blonda, Rafael
Lara Cintrón, Abel Fernández Mejía, Rafael Valera Benítez, Héctor
Pérez Reyes, Francisco Antonio Cruz, Heriberto Bobadilla Beras, etc.
Dentro de la singularidad individual, Abelardo vicioso representa más
lo emotivo que lo cuidado del estilo, aunque esto no signifique
descuido. "Para Abelardo Vicioso el lenguaje es un vehículo de
profunda conmoción poética, no una pueril repostería lograda por el
acomodamiento de determinados giros o la intromisión de ardides
retóricos propios de aquellos que se quedan siempre en la eterna
antesala del rezumo exterior, epidérmico, de las palabras" (R. Valera
Benítez)
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