Pero estaré herido
Herido de tu partida donde nacían tus ojos
y herido de tu regreso desde la lejanía
Enriquillo Sánchez
Ha
muerto Enriquillo Sánchez. Sobre la muerte, como un pesaroso
viaje sin retornos, el poeta había escrito:
Es
sencillo morir.
Lo
solemne es morirse.
La
muerte es irse muriendo.
En
la poesía de Enriquillo Sánchez nos
asalta siempre la perenne innovación de las formas poéticas. Formas
que abrigan tanto sapiencia como inminencia, una vertiginosa hondura;
el profundo conocimiento de la cultura desde la que parten airosas sus
más intrincadas y luminosas imágenes poéticas.
Se trata de una urgencia visceral.
Todo es entrañable. Nada (el deseo, la pubertad, el amor,
el desafuero, la anarquía o la muerte) puede esperar instante alguno.
Enriquillo Sánchez escribe sin sonrojos.
La acción está siempre a punto de ocurrir.
Se agolpa en el pecho del poeta un
sentimiento que todo lo domina y luego sale a galopar y, se apropia
del espacio circundante y se abalanza llevando consigo y a toda
velocidad su canto lúdico, órfico o metafórico por sinuosos y
escarpados caminos donde acechan el horror mismo de la vida y su
inquietante fascinación.
Una zoología particular, un bestiario
poético salta en sus versos que de pronto son pájaro dentro de la
lluvia o sapo o potro, o cocuyo o marsupial, no importa.
Tampoco tuviste tiempo
ibas y venías por la noche de ceniza
y humo
como un animal de lluvia herido por
la espadaá
Ahí
está con un relámpago en el pecho la lúcida pantera. Y es el hombre,
el tíguere acicalado y descalzo que se tongonea y extiende su mano
para alcanzar el pezón o la cadera de una hembra que pasa furtivamente por la
Ovando cimbreándose, cimbreándose.
Y esa sensualidad, instintiva, animal,
sudorosa, también es urgente, sin pudor, sin ropajes:
Hora de tu pájaro inmóvil en el
viento.
O bienUn signo de sensualidad que se
abraza al espanto, a la locura, a veces a la muerte. "Me voy/ no dejo
amigos.... Así potro de frío/"
O bien una sexualidad álgida que se
regodea en el juego de palabras, sin excluir sentencias en las
que el mundo representa una negación de la felicidad. La
subversión es permanente.
Hay que asaltar el Estado
y despedirlo sin piedad en la vía
pública..
Hay que asaltar el orden público
y disfrazarlo de payaso a las cinco
de la tarde.
El amor es entonces el único antídoto
contra los males de la sociedad, del mundo.
Me hundí en su palabra y su cadera
porque en su palabra y su cadera
se hundía el mundo ciego.
Y ese amor ( por la isla, por la
naturaleza, por la mujer) está presente en toda su obra que se
distancia o se aproxima, que se hace viento o tempestad, que se hace
lengua o pájaro o fósforo o fuego y va inundando (con audaz y sacra
irreverencia) todo el campo poético de Enriquillo Sánchez.
Fernando Ureña Rib
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REMEMORANDO AL POETA
ENRIQUILLO SÁNCHEZ
José Saldaña |
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Un
grupo de poetas e intelectuales solíamos reunirnos en un enorme
salón de la Facultad de Odontología de la UASD. Corría el año
de 1969. Entre los contertulios, recuerdo especialmente al
poeta Enriquillo Sánchez. Junto a él, los bardos Enrique
Eusebio, Norberto James, Andrés L. Mateo, Tony Raful, Mateo
Morrison, Alexis Gómez y Jimmy Sierras. Eran los días en que se
gestó el Movimiento Cultural Universitario (MCU) y comenzaba a
despuntar con fuerza la literatura de la posguerra. Cada poeta
traía su fajo de poemas bajo el brazo y los leía con cierta
unción, como si asistiéramos a un verdadero ritual del arte y la
poesía.
Enriquillo, en esa época,
estaba dirigiendo la sección de Historia del MCU y yo hacía las
veces de su secretario. Trabajar junto a él me sirvió de mucho,
porque se trataba de un escritor maduro, muy preocupado por los
problemas sociales del país. Así fue como conocí a un ser
sencillo y amable, pronto para sonreír y estimular a los que se
le acercaban.
Su comprensión de la
literatura y de la historia no se alejaba de su comprensión de
la sociedad, sino que se emparentaba. En su discurso, y en sus
ensayos, la realidad social y la filosofía eran uña y carne.
Enriquillo dominaba ciertamente el arte y el oficio del
escritor. Su prosa es fluida, ágil, plena de imágenes y de una
poesía envolvente que nos seduce como canto de sirenas. Los
denominadores comunes a sus escritos eran siempre la sinceridad,
la claridad y la precisión. Sus columnas eran esperadas con
gran interés por toda la intelectualidad dominicana. Todos
corríamos a devorar la exquisitez y los nutrientes de aquellos
jugosos bocados para el intelecto. Enriquillo escribía con
deleite, con una pluma apasionada y certera.
Consciente de los discursos
de la globalización y de los de nuestra propia insularidad,
Enriquillo Sánchez mostró siempre una estrecha solidaridad con
el hombre dominicano y con la necesidad de preservar su cultura
e identidad. Su lucha, desde aquellos días lejanos del MCU, era
por la dignidad. Su intención era que todos alcanzáramos una
vida digna. Y fiel a ese propósito, a esa motivación, la vida
de Enriquillo Sánchez fue la de un intelectual íntegro. Sin
otras pretensiones que las de hacer comprender a sus
conciudadanos el papel que debía asumir el Estado en los temas
de la justicia, la educación, la cultura y el desarrollo
integral de los dominicanos.
Tanto en la poesía, como en
el ensayo, Enriquillo Sánchez se nos revela como un gran
innovador del lenguaje y del giro poético. Su pluma no se
amedrentaba frente a ninguna fuerza opresiva. Ese arrojo y
valentía son poco frecuentes en la poesía contemporánea. Su
partida hacia el infinito nos deja un gran dolor a todos quienes
lo conocimos y lo tratamos. Pierde la literatura dominicana a un
escritor que estaba en pleno ejercicio y en el apogeo de sus
facultades intelectuales. Pero subsiste un legado importante de
textos aún no publicados, que deben ser editados y publicados
por la Editora Nacional o por alguna de las casas editoriales
que han sentado su pie en estas tierras.
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Falleció
hoy (13 de Julio del 2004) el poeta, ensayista y narrador dominicano, Enriquillo Sánchez, luego de permanecer varios días recluido en una
clínica de la capital, tras sufrir un ataque cardíaco. Egresado
de la escuela de Letras de la facultad de Humanidades de la
Universidad Autónoma de Santo Domingo, nació el 25 de agosto de 1947.
Aunque fue principalmente
poeta, como lo prueban sus escritos, se ha distinguido como
articulista provocador que, con gran sentido de la tradición
ensayística contemporánea, aborda los temas de nuestra cotidianidad
con humor y desenfado, pero siempre en busca de la esencia de esa
dominicanidad compleja, contradictoria y cambiante, que es una de sus
obsesiones mayores. Desde muy joven se inició en al arte de la
escritura, en la que fue galardonado en varias ocasiones. En 1966 ganó
el Concurso - Dominicano de Cuentos y posteriormente el Premio
Latinoamericano de Poesía.
Entre sus obras figuran "Pájaro dentro de la lluvia", "Para uso
oficial solamente", "Una vida para la libertad" , "Musiquito, anales
de un déspota y un bolerista", "Antología Mayor de la Literatura
Dominicana (XIX-XX)".
Además fue un destacado articulista en diferentes periódicos
dominicanos, en los que trataba con una excelente prosa temas de la
cotidianidad dominicana y la universal. Santo Domingo, República
Dominicana (13 julio 2004).- El escritor dominicano Enriquillo
Sánchez, Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío, murió hoy a los
47 años a causa de un paro cardiaco, mientras recibía atenciones
médicas, informaron escritores y medios locales.
El escritor, descendiente del prócer dominicano Francisco del Rosario
Sánchez, escribió en 1983 Pájaro dentro de la lluvia, que le valió un
Premio Anual de Poesía.
En 1985 publicó Sherif On Ice Cream Soda, obra con la que obtuvo el
Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío, que se otorga en
Nicaragua.
También es autor de las obras Convicto y confeso, Musiquito, Anales de
un déspota y un bolerista, Escritorio marino y letras de cambio,
Antología mayor de la Literatura Dominicana (XIX-XX), Germán E. Ornes:
una vida para la libertad, entre otras.
Poeta, ensayista, narrador, nació en Santo Domingo, el 25 de agosto de
1947. Graduado de Licenciado en Letras en la Universidad Autónoma de
Santo Domingo, fue un escritor precoz que comenzó a obtener
reconocimientos y galardones en la adolescencia, cuando se inició el
Concurso Dominicano de Cuentos en 1966. A En su columna periodística
en las páginas de El Siglo, Hoy, El Caribe y otros diarios trató,
durante muchos años, una variedad de asuntos extraordinaria, con una
prosa de buena ley en la que se dan la mano reflexión sobre el
lenguaje, parodia, experiencia lúdica y sondeo de la realidad
sociocultural de su país. Lo más importante en sus escritos destinados
a la prensa no son las respuestas que ofrece, sino las preguntas que
formula, a veces con picardía de muchacho travieso y otras con
solemnidad de pensador, pero siempre para desacralizar las ideologías
establecidas.
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