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LITERATURA DOMINICANA |
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REFLEXIONES
SOBRE LAS
FÁBULAS URBANAS
DE
FERNANDO UREÑA RIB
RUBEN VARONA
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ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE FÁBULAS URBANAS
POR: Rubén Varona
Luego de leer con avidez Fabulas Urbanas, el
afortunado libro de sortilegios, relatos y acertadas ilustraciones
del maestro y amigo Fernando Ureña Rib, tuve la misma sensación en
el paladar que me produce degustar una tasa de café colombiano. No
era para menos, lo sé, ya que como el mejor de los chef, Fernando,
quien de manera exitosa ha explorado diferentes campos de la
imaginación, mezcló con maestría una serie de ingredientes que
aseguran que esta obra perdure en el tiempo: una prosa enigmática,
llena de artilugios, mitos y leyendas, un basto conocimiento de las
artes y de la historia, así como una estilización del lenguaje, rico
en metáforas, colores, añoranzas, símbolos, seducción, imágenes,
humor, seres misteriosos, vida y muerte.
En el libro encontramos textos de una gran erudición como La
Vindicación de Omar, que como su nombre lo indica es una defensa al
oficio del copista. Narra cómo estos seres extraordinarios a lo
largo del espejo de la historia (desde la mítica biblioteca de
Alejandría, pasando por la Alemania Nazi y las Torres Gemelas) han
ejercido el poder detrás del poder. En palabras del autor: los
escribas construimos mundos, creamos y destruimos dioses, reyes,
pueblos, héroes y monstruos. La Porteña es otro ejemplo de erudición
narrado con un lenguaje simple, sensual y metafórico.
Pero en el libro también encontramos relatos sorprendentes y de
final inesperado como La Iniciación, El Celaje o El Abrazo, que sin
lugar a dudas producen asombro en el lector.
Ante todo, Fábulas Urbanas es una narración que cautiva y sorprende
con la magia del arte. Es una suerte de rompecabezas que le permite
al lector jugar un papel pro-activo al interactuar con el texto. El
libro tiene la bondad de que cada relato puede leerse de manera
independiente y la sumatoria de los mismos narra una historia más
grande, como es la de Aura, la protagonista de los cuentos. Fernando
ha conseguido que Aura sea una personificación viviente del amor,
sí, del mismísimo amor en su más pura esencia. A través de cada una
de las situaciones, ella siempre está al acecho de su alma gemela,
de su alter ego, del amor de su vida.
Mientras disfrutaba de la lectura, no pude evitar recordar la otra
Aura, la de Carlos Fuentes y sólo por curiosidad decidí buscar en el
diccionario algunos de los significados de esta palabra de cuatro
letras y tres vocales. Encontré que Aura, además de ser un nombre
femenino significa: “viento suave y apacible” ¿será por ello que
cuando nuestra protagonista camina a través de las historias, su
andar es imperceptible pero a su vez sobrecogedor? Aquel nombre
también hace referencia a esa “atmósfera inmaterial que rodea a
ciertos seres” Me atrevo a sugerir que para el narrador Aura es una
mujer de alma evolucionada, brillante y superior.
El diccionario también señala que decir Aura es hacer referencia a
esa ave carroñera que como el gallinazo o el zopilote, guarda
estrecha relación con la muerte. ¿Será por ello que en cierto modo
Aura es inalcanzable para el narrador-protagonista que vive de
recuerdos y en cuentos como Adriana en su Laberinto o Estoy Feliz,
¡No me toques!, tenemos la certeza de que efectivamente ella es una
Sibila, como él mismo la denomina, que habita entre los vivos y los
muertos y está dotada con el don de la profecía?
RUBÉN VARONA
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Biobibliografía
Una tarde cualquiera, cuando estudiaba administración de
empresas en la Universidad del Cauca y salía de la biblioteca
con una novela bajo el brazo y no con el libro de matemática
financiera que necesitaba, entendí que mi vocación era la
literatura. ¡Sí, la literatura! No fue sencillo reconocerlo y
menos aceptarlo, al punto que aún no me dedico de lleno a las
letras.
Nací en Popayán (Colombia) en abril de 1980, ciudad que como un
Aleph superpone presente, pasado y futuro. En el 2001 obtuve una
mención de honor, en el Segundo Concurso de Cuento y Poesía
Radio Universidad del Cauca. El cuento finalista fue Cábala en
Re Menor y salió publicado en la antología Al Filo de las
Palabras. Tres años después, junto a entrañables amigos,
fundamos la Revista Cultural La Mandrágora, de la que soy
director. En junio de 2006, fui becario de la Fundación Mempo
Giardinelli y de la Universidad de Virginia (Estados Unidos), en
el Seminario de Literatura y Crítica, realizado en Resistencia
(Argentina).
RUBÉN VARONA
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