En la poesía de Franklin Mieses
Burgos resalta una estética plena de aspectos espirituales y
sensoriales. La imagen táctil, olorosa, dotada de ciertas tersuras y
alusiones musicales, sonoras y visuales hacen de Franklin Mieses
Burgos el poeta de los sentidos. Como en el mundo de los sueños,
irrumpen en sus versos sorpresivas imágenes cargadas de memoria y de
espacio, veloces, transparentes, ínfimas como el instante de ese
tiempo irrepetible que el poeta retrata con certeza y claridad.
Los aspectos espirituales de su poesía son simplemente
el resultado de una aventura en la esencia de esa realidad inmediata y
sensorial que trasciende el objeto primario de sus versos y nos lleva,
con astronómica celeridad, a sus ulteriores consecuencias.
La imagen "Colgada sobre el cielo dolido/ de la tarde"
imprime con asombrosa economía una emoción austera, un tiempo y una
acción que transcurren hasta advertir que "Habrá una pena blanca/ que
no será la luna.." Aquí, los aspectos visuales de la imagen poética
conllevan la interrogante, la duda, la curiosidad que indaga eso que
ocurre sobre el cielo dolido de la tarde. El objeto (la luna) se
transforma en sujeto en el cual se ejecuta una emoción similar y
simbiótica, consubstancial a la del narrador poético (dolido). Estos
admirables juegos columpian al espectador entre el fondo y la forma, y
el vaivén delirante de los versos también le transportan, junto al
poeta, a las más inusitadas experiencias de la poesía y de la palabra.
Fernando Ureña
Rib
CANCIÓN DE LA VOZ FLORECIDA
Yo sembraré mi voz en la carne del
viento
para que nazca un árbol de canciones;
después me iré soñando músicas inaudibles
por los ojos sin párpados del llanto.
Colgada sobre el cielo dolido de la tarde
habrá una pena blanca, que no será la luna.
Será una fruta alta, recién amanecida,
una fruta redonda de palabras
sonoras, como un canto:
maravilla sonámbula de un árbol
crecido de canciones, semilla estremecida
en la carne florecida del viento:
-mi voz.
ESTA CANCIÓN
ESTABA TIRADA POR EL SUELO
Esta canción estaba tirada por el
suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
la hallaron unos hombres que luego me la dieron
porque tuvieron miedo de aprender a cantarla.
Yo entonces ignoraba que también las canciones,
como las hojas muertas caían de los árboles;
no sabia que la luna se enredaba en las ramas
náufragas que sueñan bajo el cristal del agua,
ni que comían los peces pedacitos de estrellas
en el silencio de las noches claras.
Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales
que eran todas posibles en la tierra del viento,
en donde la leyenda no es una hierba mala
crecida en sus riberas, sino un árbol de voces
con las cuales dialogan las sombras y las piedras.
Yo entonces ignoraba muchas cosas iguales
cuando aún no era mía
esta canción que estaba tirada por el suelo,
como una hoja muerta, sin palabras;
pero ahora ya sé de las formas distintas
que preceden al ojo de la carne que mira,
y hasta puedo decir por qué caen de rodillas,
en las ojeras largas que circundan la noche,
las diluidas sombras de los pájaros.
Franklin Mieses Burgos
Franklin
Mieses Burgos
(1907 – 1976)
Nació y murió en la
ciudad de Santo Domingo. Autor de una breve e intensa producción
poética. Resalta por su exactitud a la técnica, su profundo
lirismo y conceptos filosóficos de tinte existencial.
Mieses
Brugos fue uno de los iniciadores del movimiento literario de su
país llamado "Poesía Sorprendida". Se determina por el acendrado
Surrealismo y por su posición antidictatorial, en este caso,
contra el gobierno del dictador Rafael Trujillo. Otros poetas
que formaron parte de este grupo otros autores como Freddy
Gastón Arce, Aída Cartagena y Gilberto Hernández Ortega, entre
otros.
Fue, con el crítico y poeta chileno Alberto Baeza Flores y los
poetas dominicanos Mariano Lebrón Saviñón y Freddy Gatón Arce,
uno de los fundadores de La Poesía Sorprendida
(1943-1947). Como anunció Alberto Baeza Flores en el primer
número de la revista, “No sabemos si la poesía nos sorprende con
su deslumbrante destino, si nosotros la sorprendemos a ella en
su silenciosa y verdadera hermosura”. Ya en la contracubierta,
se anuncia “estamos por una poesía nacional nutrida en lo
universal, única forma de ser propia; con lo clásico de ayer, de
hoy y de mañana; con la creación sin límites, sin fronteras y
permanente; y con el mundo misterioso del hombre, universal,
secreto, solitario e íntimo, creador siempre”. Así, por las
páginas de la revista, pasaron Jules Supervielle, Paul Eluard,
Robert Desnos, Pierre Reverdy, André Gide, Paul Claudel, James
Joyce, George Santayana... para sólo mencionar los autores que
aparecieron en los primeros tres números.
Mieses Burgos fue, también, director ejecutivo del
Instituto Dominicano de Cultura Hispánica y dirigió su revista,
Hispaniola. Codirigió también la colección "La Isla
Necesaria", la cual editó varios volúmenes de autores
dominicanos.
La poesía de Franklin Mieses Burgos, está caracterizada
por un profundo lirismo: a veces existencial, otras veces
política... y casi siempre surrealista. Su producción poética
podía dividirse en tres categorías: la hermética, donde se
manifiesta la influencia surrealista; la que sigue modelos
clásicos (los sonetos); y la de temas populares. La primera,
creemos, contiene quizás sus mejores poemas.
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Podemos citar, entre sus múltiples obras
poéticas, cronológicamente, las siguientes: Torre de voces (1929
–1936), Trópico íntimo (1930 –1946), Propiedad del recuerdo
(1940 – 1942), Clima de eternidad (1944), 12 sonetos y una
canción a la rosa (1945 – 1947), Seis cantos para una sola
muerte (1947 – 1948), El ángel destruido (1950 –1952) y Al oído
de Dios (1954 – 1960). Aquí presentamos un florilegio
entresacado de varios de estos libros.
En cuanto a su poesía resumir algunas de las
características que se encuentran en su poesía. Escribe al
estilo tradicional con la misma facilidad con que escribe de
acuerdo a la vena modernista y posmodernista. Al lado de una
poesía sumamente elaborada y difícil encontramos poesía de
formato popular, extremadamente musical y fácil. Puede seguir
los moldes métricos de los antiguos como incurrir en los del
momento vanguardista, etc.
Pero lo más admirable es que, bien escriba de una
u otra manera, siempre se muestra auténtico en sus metros y
temas. Emplea a veces metáforas sorprendentes, hasta llegar a lo
audaz. Se nota con frecuencia mucho colorido sensual como
substrato de lo onírico y psíquico y surrealista. Pero sobre
todo ello, sobresale su apego al trópico: el sol, la vegetación
exuberante y el mar. El mar es la marca común de casi todos los
poetas isleños
Las nuevas formas de poesía
tendrían en
Franklin
Mieses Burgos
(1907-1976) a su figura puente.
Mieses,
autor de Sin mundo ya y herido por el cielo (1944),
Clima de eternidad (1947) o Presencia de los días
(1949), se caracterizó por su musicalidad lírica. Más sensual e
imaginativo, casi lorquiano, fue Rafael Américo Henríquez
(1899-1969), quien dirigió la revista La poesía sorprendida,
editada de 1943 a 1947 y en torno a la cual se integraron
importantes personalidades literarias dominicanas; además,
escribió Rosa de tierra (1944).
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