Tórridas,
perversas, punzantes y deliciosamente geniales, son las pinturas que
José García
Cordero expuso en la galería Freites Revilla, de Coral Gables.
No son divertimentos, viñetas ni apologías del humor negro.
Fíjese
bien. No es que un anzuelo atraviese minuciosamente el lomo de la
piel de la carnada. García
Cordero se
deleita en mostrarnos la incisión, el lento recorrido del pinchazo.
La carnada ensartada está viva, nos mira con sorna, nos saca los
dientes como una piraña y se retuerce. El horror, el vértigo de la
víctima, es su única venganza posible.
García
Cordero conoce el poder de la
imagen y lo manipula a su antojo. Sabe que no bastan las "buenas
ideas", que el tema no importa tanto como la manera particular y
única en que es tratado. La eficiencia de la ¨"manera" es la que
otorga trascendencia y vitalidad a sus obras.
Trátese de pescados a la
parrilla, de forúnculos pilosos, de la "Lomita del Che o de los ojos
desorbitados de perros delirantes . Cualquier objeto jadea con ojos
humanos. Los pescados se aferran desesperadamente a la sartén .
El
objeto cobra vida y acusa al hombre de pecados de infamia. El
paisaje se torna en amenaza y los puntiagudos ramajes de árboles
desnudos arañan el insondable viento huracanado y marino.
En cada
imagen se construye un diálogo o trepida una confrontación. García
Cordero nos
recuerda que si el asombro es difícil, aun es posible el espanto.
Fernando
Ureña Rib