Conocí a Rita Indiana
Hernández días después de haber devorado sus poemas
en una de las pocas revistas de literatura que aquí
se publican. La revista, llamada Vetas, apenas
circula en los alrededores de la calle El Conde y
sin embargo no deja de causar ronchas por sus
políticas editoriales y por su apoyo a poetas y
escritores jóvenes que no tienen otro medio de ser
alcanzados por la luz pública.
Una noche, en un bar no lejano del Conde, vi entrar
la silueta de Rita, alta y silenciosa. Era una de
esas noches de aturdimiento. El café se llamaba Ocho
Puertas, en la calle José Reyes y por una de ellas
la vi llegar. Pregunté a quién pertenecía aquella
figura luminosa y alguien mencionó su nombre. Tenía
el aire de láudano de las modelos de una antigua
revista de modas francesa, La Chic Parisienne.
Otra noche, en casa de Guy Frómeta, ella me extendió
una mano que descendía de unos brazos muy largos,
desgarbada y feliz. Sus poemas me gustan, le dije.
Admiro su manera de entrelazar las imágenes y el
sentido urbano y casi vertiginoso de sus poemas.
Intuí algo de tragedia quemándose y resplandeciendo
en el fondo oscuro de sus versos. O quizás era una
ira contenida, un resabio, una amargura desenfadada
en las que dejaba caer latigazos de desdén, de humor
y de ironía. En sus escritos subsiguientes advertí
el mismo dolor embalsamado. Me parecía escuchar una
voz nueva, una voz que nos alcanza desde lejos,
desde siglos arriba, desde un cruce de fuegos entre
ángeles y demonios, desde la Eternidad.
Ahora acabo de leer su última entrega: La estrategia
de Chochueca. Mientras unos la califican de novela
corta otros aluden que se trata de un cuento largo.
Pero lo importante de este texto es la riqueza de su
estudio sociológico y lo testimonial de su carácter.
¡Qué locura maravillosa y desenfrenada! ¡Qué
espíritu de juventud y de caos! Lo terrible y
dionisíaco, corresponde sin embargo a una decadencia
minuciosamente relatada y elaborada. Los verdaderos
protagonistas son el lenguaje y el ambiente sórdido
y a veces cruel de una generación de dominicanos que
es para muchos desconocida, extraña. A través de un
lenguaje ágil, crudo y soez Rita Hernández bordea
esos submundos, y nos hace merodear o nos adentra en
las noches de cierta juventud dominicana.
Mientras algunos encuentran en esta historia,
rastros del camino trazado por Borroughs y por
Kerouac y otros representantes norteamericanos de la
Beat Generation, yo encuentro en la escritura de
Hernández innovaciones refrescantes. El uso del
lenguaje coloquial en la literatura que ella propone
manifiesta su percepción alerta y su sabiduría.
En la novela se dilata, se expande y se contrae el
flujo de la consciencia de Silvia, la relatora,
quien es una adolescente que busca desesperadamente
maneras de liberarse del tedio que le produce una
sociedad restrictiva, puritana y falsa, encubridora
y ciega. En el tránsito acelerado de esa búsqueda se
enamora de un malandrín, de un "tecato" que la
arrastra en sus aventuras y quien la hace chocar de
frente contra otro mundo, también falaz del que no
hay redención posible, el mundo de las drogas y los
estupefacientes. Sin perder jamás el hilo, el relato
de Rita Indiana Hernández se mueve como un remolino
intenso en cuya periferia gravitan el humor, la
rabia, el sexo, el miedo, la desolación y la muerte.
Ella se vale de una serie de anécdotas breves,
aparentemente inconexas, para atrapar en sus páginas
la vorágine de ese mundo alucinado.
FERNANDO UREÑA RIB
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Arturo Victoriano*
Envueltos en las festividades caprinas hemos pasado
por alto la puesta en circulación del última
narración de Rita Indiana Hernández: “La estrategia
de Chochueca”.
Rita nos coloca frente a una realidad que ha
permanecido oculta para la narrativa dominicana: una
parte de la juventud de los 90. Por fin ha aparecido
una voz, que como pedía Miguel D. Mena, se aparta
del tema Trujillo. Estamos frente a la narración
urbana, frente a una narración acorde con nuestros
días y sobre todo con nuestras noches.
Adentrémonos en el mundo de la Estrategia.
Trataremos de ver lo que creemos que Rita quiere que
veamos.
Lo primero que surge es el enfrentamiento, en la
mente de la narradora, entre lo real y lo virtual,
típico enfrentamiento de nuestro mundo postmoderno.
“El cuerpo deformado del muerto y sus mil versiones
se me aprecia en medio de la conversación mas
despreocupada, el real que quedo detrás del circulo
que los vecinos y peatones hicieron alrededor de él
(...) Una u otra me parecían la misma “ pág. 10.
Este enfrentamiento se va a dar, a veces no tan
explícito, a lo largo de la narración, como en el
caso del personaje Tony T., pegado a su computadora,
pelado a caco, que consigue la información
“chateando con la pana”. Esto nos va a empezar a
sumergir en el mundo que comparten la narración y
sus amgos/as. Ese mundo donde lo virtual tiene tanta
o mas importancia que lo real, pero sin excluirse
uno a otra.
La Estrategia es una narración escrita en dominicano
de los 90, en un socio lector determinado, pero de
fácil acceso. Este uso es un uso no afectado, se
nota en la naturalidad del manejo del lenguaje por
parte de la autora: traqueteaban, ropita nítida, eto
tipo tanfundio, ect. Este tipo de lenguaje ha sido
utilizado como elemento ornamental en otras
narraciones dominicanas, es aquí parte esencial de
la misma, constituye, junto con el aburrimiento de
la generación aquí retratada, el hilo conductor a
través del cual Rita Indiana nos guía por ese
submundo donde esta la narradora.
También hace acto de presencia un lenguaje muy
personal que se pude notar en ciertas expresiones
como: papimamirichardclayderman, catacumbescas,
tecleando con un ritmo de undotré mariposita e, etc.
Asi como la presencia onomatopéyica típica del
lenguaje dominicano “..sigue martillando pum pum pum
sobre Verdi y toda su infame Traviata..” “La
camioneta da saltos tuc tuc cada metro y medio..”
Este onomatopeya mete al lector en la narración, lo
obliga a trabajar con todos los sentidos y a ser
cómplice del absurdo.
El aburrimiento generacional viene retratado en
diferentes escenarios de la obra: “Era tarde y no
tenia mas de veinte pesos, pero tenia diecisiete
años y me aburría insoportablemente" (Pág. 14) A
ello se suma el aplastamiento que opera la ciudad de
Santo Domingo sobre los personajes, esa ciudad, que,
al inicio del capitulo cuatro, la narradora se sueña
en llamas, envuelta en fuego purificador, aunque
ella se despierte antes de que se joda
definitivamente la cosa.
Aparecen también los falsos héroes, los papas que
hoy pasan factura por lo de ayer”.., y tiene en la
mirada esa cosas rara de los que fueron torturados
en los doce años y ahora trabajan junto los
torturadores.” (Pág. 69)No hay en la narración
ningún dejo ideológico. “Me daba cuenta de que todo
da igual, al final todo es mentira, todos queremos
un carrito japonés y una piscina (Pág. 70). Es una
desilusión y un aburrimiento visceral, vivido desde
el interior y aguzado por un medio inhóspito que
niega a ese segmento de la juventud, de la cual la
narradora es parte, alguna posibilidad de redención.
Por eso los pequeños o grandes delitos que intentan
dar color a una existencia gris y chata (“el tumbe”
de las bocinas, las drogas, la falsificación de
cheques, el uso fraudulento de tarjetas de crédito..
Esos padres que han dejado los hijos, “esta gelatina
absurda.. después de tanto we want the world and we
Wnt It, tanta carcajada histórica, tanto Marx y
compañero para esto, esta brincadera de pequeñas
bestias sin idea, este mac universo en el que o te
tumbas a contemplar las burbujas en el screensaver o
te tumbas...
En la “Estrategia de Chochueca” asoman los múltiples
talentos de esta escritora, que aunque muy joven, ya
ocupa un espacio entre las autoras a tener en la
mira en los próximos años.
ARTURO VICTORIANO
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Arturo Victoriano es ensayista y
abogado. Reside en alguna parte del Canada.
CORTESÍA DE CIELO NARANJA
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