Pronto, pues, Fernando Ureña Rib iba a emprender
otros caminos, distantes del estricto legado tradicional, pero hubo
previamente un brevísimo período que calificaríamos de intensa
reflexión, todavía académica. Él continuó profundizando la fisionomía de
los rostros y de los objetos pienso en un excelente bodegón del 1975 al
mismo tiempo incrementó solidez materialidad, y exaltado también el
juego sutil de los reflejos y los focos luminosos. La organización de
los elementos en la superficie es aplomada, el colorido a la vez más
refrescante y más enérgico.
La crítica dominicana y extranjera había expresado
que ha Fernando Ureña Rib interesaba más el tratamiento de la figura y
la subjetividad de una atmósfera que la fuerza de la composición y su
síntesis en el espacio. Entonces, él exploró la imagen en ese sentido.
Trabajó líneas, formas y colores, como objetivo preeminente. Para esos
fines, empleó el tema pretexto de la casa por la geometría inherente a
la arquitectura, insistiendo en techos, paredes y puertas. Introdujo en
las estructuras principales la curiosa presencia de una barrena o de una
llave inglesa. En nuestra opinión por razones esencialmente
conceptuales: llevar a su pintura concretándola por herramientas signos
la construcción y la "prefabricación".
En efecto, en esa fase de geometrización
sistemática, para conseguir parte de la descomposición del objeto en
fases. El artista aparentaba experimentar intelectual o materialmente,
poco importa doblando y redoblando módulos. Luego, colocaba el y los
movimientos en un entorno igualmente geométricos de áreas divididas
metódicamente.
En tales combinaciones, hubieran podido realizarse
perfectamente mediante un "collage" de papeles de colores, se buscaba
establecer tensiones, equilibrios. Simetrías, oposiciones, en fin
relaciones puramente formales y estructurales. El escalonamiento de los
planos se obtenía por la disposición morfológica y cromática combinadas.
El tratamiento bidimensional de la pintura
obtenía la tercera dimensión sobre la base de efectos ópticos,
cuidadosamente asociados. Así mismo, alternaban fuerzas estáticas y
dinámicas, en distintas direcciones, principalmente hacia arriba o
abajo, agregándose a veces una flecha señalizadora, formalmente
integrada con los demás signos.
Simultáneamente, Fernando Ureña Rib investigó en otra corta secuencia,
relaciones ópticas, geométricas y rítmicas, empleando esa vez como
estructura central el espaldar de una rústica silla Elementos
secundarios contrapuestos entre ellos una silueta con el perfil de un
sombrero favorecían el juego morfológico.
Al igual que en la serie del Hábitat objetos y
figuras cumplían un papel "funcional" centrado sobre la investigación
formal, de ninguna manera intervenía un aspecto anecdótico. Una
verdadera pasión de búsqueda caracterizaba entonces a Fernando Ureña
Rib.
Para estudiar el movimiento en el espacio, él
utilizó su hábil manejo de la anatomía en composiciones de personajes y
de aves. Con modificaciones en el tratamiento gráfico y pictórico, esa
fase duró varios años, eslabonándose más con el Fernando Ureña Rib de
hoy. En la línea predominaban curvas y ondulaciones, y el motivo se
adueñaba de la superficie. El fondo cobraba vitalidad e intensidad de
color y en él flotaba una atmósfera de sueños. La fluidez de la
ejecución instrumentaba el flujo psíquico.
MARIANNE DE TOLENTINO