LA HORA
DE LA MUJER
El
aura de prestigio que acompaña a muchas mujeres, por su ser y
hacer, en el desarrollo de las artes latinoamericanas y del
Caribe, es mucho más que merecido.
Aparte de
su trabajo en el terreno fértil de la creación, las mujeres han
ido ganando un espacio invaluable en la educación artística, en la
crítica y análisis del hecho artístico, y en la literatura que el
arte genera. Es incontable el número de mujeres detrás de las
instituciones museales, de las galerías, de las publicaciones, de
las bienales y de los grandes acontecimientos artísticos del
continente.
Gracias a
esa labor, ya no es hablar con propiedad referirse al arte de la
mujer como
Aarte
femenino@.
Término Afemenino@
venido a menos por una cultura establecida para la exaltación de
lo masculino, levantada en un medio que se caracteriza por
actitudes mediocres y machistas. Ahora la frontera sexual, o
sexista, se diluye. Lo que marca e identifica la labor de la mujer
(artista, crítico, o curadora) es la innegable calidad,
trascendencia y competitividad que ellas alcanzan.
)De
qué manera la participación de la mujer en los procesos del
desarrollo artístico ha inducido este positivo cambio de imagen?
Es que su dominio no se ha limitado a ese
Aser@
y Ahacer@
que mencionábamos al principio. Sume usted a esto el
Adecir@.
O mejor, Ael
saber decir@.
Aunque
toda enumeración es injusta, sería aún más injusto dejar de
mencionar figuras pioneras y preponderantes de la crítica de arte
en la región, como Marta Traba en Colombia, Raquel Tibol en
México, Bélgica Rodríguez en Venezuela, Yolanda Wood en Cuba,
Nilda Peraza y Haydee Venegas Avila, en Puerto Rico, María Ugarte,
Jeannette Miller y Marianne de Tolentino en República Dominicana.
Estas y otras mujeres no menos importantes, dejan su huella
cotidiana en la cultura de sus pueblos. La labor de ellas no ha
buscado otra discriminación que la calidad de la ejecución, la
pureza de su expresión y comunicación a través de la obra de arte.