Desde su primera entrega, en la primavera de 1944,
Orígenes llevó el subtítulo Revista de Arte y Literatura. A lo
largo de ese año, en ella se consignaban cuatro editores; junto a los
escritores José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, aparecían dos de los
más dinámicos artistas plásticos de la época: el pintor Mariano y el
escultor Alfredo Lozano. Para estos últimos Orígenes no fue su primera
incursión en la dirección de la revista engendrada por Lezama Lima; ya
antes, en Espuela de Plata, podía verse el nombre de Mariano en el
directorio, y el de Lozano en el consejo editorial de dicha publicación.
Si Lezama fue el alma de Orígenes, Mariano tuvo mucho que ver con el
aspecto visual de la revista. En una época en la que, al menos entre
nosotros, el diseño de una revista cultural no solía ser responsabilidad
de un artista plástico, Mariano desempeñó en parte ese papel. Las letras
de gran formato que identificaron siempre a Orígenes -única nota de
color en la publicación-, seis de sus portadas, varias viñetas y
reproducciones aparecidas entre 1944 y 1954 se deben a él.
En uno de los anuncios colocados en las últimas páginas de la revista,
en las entregas entre 1950 y 1952, podía leerse: "Suscríbase a Orígenes
[...] con portadas y reproducciones de los mejores pintores". ¿Quiénes
eran estos "mejores pintores"? Si hacemos una rápida revisión
cuantitativa de las portadas de la publicación, veremos que tres
artistas se reiteran insistentemente; éstos son Amelia Peláez,
Portocarrero y Mariano.
Es decir, tres de los nombres capitales
que le dieron un rostro reconocido y reconocible a la plástica cubana a
partir de la década de los cuarenta. (Recordemos que precisamente a
inicios de 1944, Alfred H. Barr, del Museo de Arte Moderno de Nueva
York, escribiría sobre la "Escuela de pintura de La Habana", dándole a
artistas como los mencionados un lugar preeminente.
Otros creadores cubanos que también
colaboraron con obras para las portadas fueron Víctor Manuel,
Wifredo Lam, Alfredo Lozano, Felipe
Orlando, Mario Carreño, Luis Martínez Pedro,
Cundo Bermúdez, Raúl Milián, Carmelo González, José María Mijares, Fayad
Jamís. De artistas de otros países se incluyeron portadas de los
mexicanos José Clemente Orozco y
Rufino Tamayo, y del anglosajón Cyril Osborne.
Sólo en cuanto a sus portadas, Orígenes nos ofrece una galería de obras
pictóricas de considerable valor.
Los pintores que colaboraron con mayor frecuencia en sus portadas, ya lo
dije, fueron Mariano (con seis), y Amelia Peláez y Portocarrero (con
cinco cada uno). A través de sus colaboraciones, podemos constatar las
variantes de estilo en las producciones de estos artistas. Mariano irá
del dibujo sinuoso en el rendimiento de la figura humana a la forma casi
abstracta en un detalle de su mural El dolor humano.
Amelia se hará eco en sus portadas de
los cambios visibles en su pintura y, en menor medida, en su cerámica;
los gruesos trazos de líneas negras, la presencia de elementos
tradicionales de nuestra arquitectura y la figura de la mujer estarán
también presentes en sus portadas de Orígenes.
Portocarrero, a su vez, desplegó
algunas de las series temáticas a las cuales permaneció fiel a lo largo
de su vida: figuras de carnaval, máscaras, vegetación exuberante se
reiteran en estos dibujos. No deja de llamar la atención que estos
maestros del color -significativamente, una exposición antológica de
Portocarrero a inicios de la década de los sesenta, llevó el nombre de
Color de Cuba- hayan manejado con tanta expresividad la línea, el negro
sobre blanco, la ausencia cromática.
El carácter suprageneracional de la revista también resulta evidente en
los artistas plásticos que en ella colaboraron. Los editores afirmaban
en la entrega de invierno de 1947: "Nuestras portadas han incluido desde
nuestros pintores mayores en el rango y la madurez artística hasta el
pintor joven que se inicia con dignidad y propósitos ejemplares".
Cerrado el ciclo de vida de Orígenes, se aprecia más la validez de ese
aserto.
Desde pintores de la inicial vanguardia
de los años veinte, como Víctor Manuel, Pogolotti y Arístides Fernández
-a quien la revista rinde póstumo homenaje coral en el núm. 26 de 1950,
y utiliza una obra suya en la portada-, pasando por los de maduraciones
sucesivas, como Amelia y Lam, como Mariano y Portocarrero, como Diago y
Carmelo, hasta los que se inician en la década de los cincuenta -como
Fayad, también poeta de rica voz- todos encuentran cabida en la
presentación visual de la revista. Ello subraya igualmente su apertura
estilística: figurativismo, elementos surrealistas, abstracción
geométrica, informalismo, elaboración de signos mítico-religiosos de
marcado sincretismo constituyen la amplia gama expresiva que ejemplifica
el devenir de la plástica del momento.
Los artistas cubanos Amelia,
Mariano, Portocarrero, Lozano y Diago recibieron atención crítica en
artículos publicados en la revista. Lezama, Rodríguez Feo, Roberto
Altmann -quien también colaboró con un dibujo y se identificó con Cuba
durante su fértil estancia entre nosotros-, Guy Pérez Cisneros -a quien
Graziella Pogolotti llamó "el crítico de arte más importante que se ha
producido en Cuba"- escribieron sobre ellos páginas esclarecedoras.
La presencia de la plástica
en Orígenes no se limitó a portadas, viñetas y reproducciones de obras
de pintura -que incluyó a los primitivos Acevedo y Gilberto Valdés- y de
escultura -entre éstas, una de Bernard Reger, cuyos años cubanos
marcaron a no pocos artistas jóvenes-; también adquirieron importancia
los artículos, una entrevista y las notas dedicadas a este aspecto de la
producción cultural. Una veintena de artículos y críticas sobre arte
ocuparon un lugar importante en esta Revista de arte y literatura.
Braque, Chirico, Justino Fernández, María Zambrano, Walter Pach, Wallace
Stevens son figuras no cubanas que colaboraron con textos sobre diversos
aspectos del arte de nuestro tiempo: planteos polémicos, el muralismo
mexicano, los dibujos de Picasso, la obra del pintor Luis Fernández, el
arte americano, un paralelo entre pintura y poesía; mientras James
Johnson Sweeney entrevistaba a Chagall, se dedicaban obituarios a
Bonnard y Orozco y se combatía la Bienal franquista.
En la única entrega que no
contó con una portada realizada por un artista de trayectoria
profesional (núm. 25 de 1950), la presencia de un importante trabajo de
Lydia Cabrera sobre "La ceiba y la sociedad secreta Abakuá" llevará a
que el número cuente con "trazos y gandós abakuás".
Al presentar su antología
fundadora Diez poetas cubanos, que las Ediciones Orígenes publicara en
1948, Cintio Vitier hablaría "de un trabajo poético que representa,
junto al vigoroso movimiento pictórico que lo acompaña, la más secreta y
penetradora señal de nuestra cultura en los últimos diez años". De ese
"vigoroso movimiento pictórico", extendido en un tiempo mayor, se
ofrecen en la exposición que veremos de inmediato altos ejemplos que nos
siguen acompañando y enorgulleciendo cincuenta años después de la
fundación de la gran revista cuyo estimulante ejemplo nos congrega en
este Coloquio.
* Palabras inaugurales de la exposición Las flechas de su propia estela,
abierta el 27 de junio de 1994 en la Galería Latinoamericana de la Casa
de las Américas, La Habana, al iniciarse el Coloquio Internacional
Cincuentenario de Orígenes.