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DANZA DOMINICANA BALLET ROTO |
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VÍCTOR RAMÍREZ Y MERCEDES MORALES
LA
BODA, CELEBRACIÓN
DE LA
DANZA Y DEL AMOR
FERNANDO UREÑA RIB
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VÍCTOR RAMÍREZ Y MERCEDES MORALES
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LA
BODA, UNA CELEBRACIÓN DE LA DANZA Y DEL AMOR
La Boda, última coreografía presentada
por el Ballet Roto de Santo Domingo en el Teatro Nacional es una
formidable apología del amor. Tres parejas se adueñan del espacio
escénico y transitan por los espacios interiores del espectador
descubriendo en él los secretos de la pasión amorosa. Los
altibajos de ese sentimiento, su lujuria, sus afectos, miedos,
querellas, agravios y perdones se manifiestan con precisión en cada una
de las secuencias narrativas de la historia. La plasticidad lograda por
las parejas que se alternan abren la imaginación y la fecundan para
intentar crear historias nuevas, de obsesión, de desamor, de celos, de
confesión y culpas; de reconciliación y compromiso.
Sobresale la participación de Mercedes
Morales y Víctor Ramírez, tanto por la magnífica coreografía, como por
la ejecución y la dirección escénica. Mercedes y Víctor son pareja en la
vida real. En la escena, esa pareja expresa de manera elocuente y a
través del recurso poderoso del arte y de la danza, esa rica gama de
emociones que vive normalmente una pareja. De modo que el gesto, el
ademán, adquiere la dimensión de lo vivido, de lo real y verosímil. La
gracia del conjunto se revitaliza en esta pareja que interactúa de
manera sentida y entrañable.
En esta presentación de La Boda, se
destaca por muy buenas razones, la bailarina
Elizabeth Crooke,
quien ya había conquistado al público en los Encuentros de
Coreógrafos presentados en la Sala Manuel Rueda. Elizabeth es una
bailarina en la plenitud de su juventud y belleza. Además de sus
condiciones y atributos físicos, esta joven trabaja la danza con
intensidad, como si cada movimiento surgiera espontáneamente desde lo
más profundo de sus entrañas. Sin embargo, no hay brusquedad en la
manera en que ella irradia esa fuerza interior. Note usted cómo la
energía recorre todo su cuerpo, se extiende por los brazos hasta llegar
a la yema de los dedos, desde donde ella parece retomarla y traerla en
el puño de nuevo hacia sí misma en un fluir que va creciendo y
adueñándose de ese momento único e irrepetible de la contemplación
escénica.
Hubo otras sorpresas que el espectador
acogió con júbilo. Los bailarines de Haití, Raphaelle Francois y Dayron
Napoles Robeant despliegan energía y precisión, capacidad histriónica y
gran versatilidad, tanto en la agilidad, como en la calidad y calidez de
sus movimientos. Poseedor de una gran flexibilidad y de una capacidad
acrobática, Dayron nos abre las puertas del sueño y nos hace pensar en
la hábil ligereza de los felinos. Por un instante, él parece
desprenderse del piso como por un mecanismo de resorte y vuelve a caer
sobre el tabloncillo con un mullido y silencioso golpe que se convierte
en un nuevo movimiento aéreo. De la misma manera, las parejas formadas
por Pablo Manuel Perez y Raphaelle Francois se acoplan y se desdoblan,
en fusiones efectivas de gran plasticidad.
No es posible dejar de mencionar la
ambientación escénica de
José
Miura. Minimalista, sin estridencias y sin embargo, con detalles de
gran riqueza cromática, la obra escenográfica de Miura se convierte en
el soporte ideal para esta pieza. Miura impone a sus creaciones
escenográficas un tono sacro, ritual. Inclinado por naturaleza a lo
ceremonioso, Miura no abruma ni entorpece el desarrollo escénico, sino
que lo deja fluir guiándose, advierto yo, por ciertos principios
del Feng Shui y creando balances entre los espacios negativos, vacíos y
los positivos de modo que contribuyan a la energía espiritual del
transcurrir danzario.
La Boda, de Ballet Roto fue la pieza
invitada que se presentó en el Teatro Nacional el día 4 de Marzo del
2006 como contraparte de la presentación de
Iñaki
Urlezaga en una exitosa producción de Carmen María Grullón.
FERNANDO UREÑA RIB
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LAS
FUSIONES ALTERNATIVAS DEL
BALLET ROTO
Anoche fui
a Casa de Teatro. Temprano en la tarde había llamado Claudia Peña
David, una de
las bailarinas, diciendo que la presentación empezaba a las nueve. Al
llegar noté que la fila era poco menos que interminable. Un público
joven y nutrido asistía a la presentación con la que Ballet Roto
celebra sus diez años en el mundo de la danza. Víctor Ramírez y
Mercedes Morales son los fundadores y las figuras estelares de ese
ballet que intenta hacer una fusión entre la danza clásica y la
contemporánea. De ahí el nombre. A pesar de la multitud, logré
sentarme en la primera fila.
Diez años, en cualquier
actividad, merece ciertamente ser celebrados con entusiasmo. Y así se
notaba el público, entusiasmado y expectante. Al entrar en la pequeña
sala yacían sobre el tabloncillo los cuerpos de unas cuatro o cinco
bailarinas. Entre ellas, Claudia Peña. A Claudia la conozco desde
hace tres años. Ella es versátil, muy flexible, baila con intensidad
y se apodera de sus personajes, de sus características histriónicas.
Languidez, es el título de la
primera coreografía de Mercedes Morales. Siguiendo la tendencia de
muchas piezas en la danza contemporánea, se manifiesta aquí una
especie de exorcismo, de catarsis. Hay algo dentro de estas mujeres
que las tortura y las daña, algo en sus entrañas que anhela
eliminarse, salir o expandirse, pero no puede. Entonces las
bailarinas se socorren unas a otras mientras una vorágine de torturas
continúa por un espacio de tiempo interminable, en el que las
muchachas se alzan, se arrastran y se desploman sobre el tabloncillo
como si un veneno les perforara el vientre. La calidad y hondura de
esta pieza ganaría si su extensión fuera reducida a la mitad, porque
luego de los primeros cinco minutos, el público pierde interés y la
encuentra reiterativa y vacua. El arte consiste (al igual que la
música) en crear y eliminar tensiones. Una cierta dosis de humor
enriquecería la pieza y la haría más deleitable.
En la segunda pieza aparecen
Víctor y Mercedes. Víctor Ramírez es un bailarín consagrado, de
atlética figura y excelente manejo escénico. Él y Mercedes hacen una
de las mejores parejas de la danza dominicana actual. Se conocen y
reparten su peso con magníficos saltos y contrabalances. Mercedes
conserva la gracia y donaire de una bailarina clásica y, sin
dificultad, logra trasladar a la danza contemporánea una hermosa
reminiscencia de sus mejores dotes como bailarina clásica. Con todo, y
a pesar del breve desnudo, no apreciamos en esta pieza la sensualidad,
ni la carga de energía y vitalidad manifestada en otras ocasiones.
Quizás porque se va de un extremo a otro sin las sutiles gradaciones
que determinan la expectación que conduce a un clímax. .
Marylin Gallardo, cuyas dotes
histriónicas se ponen de manifiesto, hizo de la coreografía que
protagonizó un cuadro escénico que no era, en el sentido estricto, ni
una coreografía ni un entremés. La confusión ocurre porque ella trata
de aglomerar una multiplicidad de mensajes, de la más diversa índole,
en el transcurso de unos minutos. Y nada queda claro en la mente del
espectador que no sabe si estamos frente a publicidad política, a
crítica social, a folklore africano o a qué. En la danza siempre es
preferible ceñirse a un asunto único y desarrollarlo con profundidad
en todas las posibles vertientes de ese asunto. Ella, quien es tan
buena en lo que sabe hacer mejor (la danza afro antillana) se diluye
en extravagancias que dejan al espectador perplejo y preguntándose
¿Por qué no aprovechó la ocasión para demuestrar en una pieza toda esa
fuerza maravillosa de la danza africana?
Aunque la maternidad transformó
la anatomía de Mónika Despradel, ella sigue siendo una de nuestras
bailarinas más hermosas, versátiles y de mejor presencia escénica.
Conocedora de sus recursos, Mónika Despradel los utiliza en su favor y
hace un generoso aporte a la producción con la pieza de las
lavanderas. Una acertada mezcla de sensualidad y crítica social se
apodera de los personajes, quienes salpican a todo el mundo mientras
tratan de lavar, en bateas de zinc la corrupción y la guerra. Aquí,
de nuevo, es preciso revisar el elemento dosis. En un espectáculo es
preciso dosificar los elementos que lo componen y evitar la
reiteración. Por otra, el arte comunica siempre un mensaje. Y el
mensaje ulterior no tiene por qué estar escrito con tinta sobre un
lienzo, sino que debe ser una sensación que se produzca en el
espectador como resultado de la acción presentada. Así, la palabra
PAZ en los cordeles, debía ser el estado general a que llega el
auditorio, luego de atravesar los álgidos estados emotivos previos.
Por supuesto, la obvia manipulación de la botellita de agua abarata el
conjunto y lo convierte en un afiche publicitario, en un utilitario
comercial ampliado.
El afán por la novedad, por lo
inusitado, hizo que la pieza final se convirtiera en una sesión de
incómodas piruetas y peripecias. Incómodas, supongo, tanto para el
público como para el elenco, porque los bailarines, siendo
simultáneamente actores y espectadores, hacen ciertas acrobacias sin
sentido entre las butacas mientras el público observa de pie sobre el
tabloncillo, luego de una evacuación dirigida e interminable. La
expectación superó los resultados, porque la iluminación era pobre o
sobreabundante y porque no se sabía si se trataba de danza, de
peligrosos ejercicios, o de una desabrida aventura escénica.
Yo aplaudí con furor, sin
embargo. Primero por el éxito de Víctor y Mercedes. Segundo, porque
la danza requiere de mucho más apoyo del que cuenta y porque los
bailarines dominicanos son unos visionarios, unos héroes sociales,
unos quijotes. Y llenar el teatro con un público ávido y joven es,
mucho más que una proeza. Así que ¡Felicidades Víctor y Mercedes! ¡ Y
sigan cosechando triunfos luego de estos primeros diez años en Ballet
Roto!
FERNANDO UREÑA RIB
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ARTE, TEATRO, DANZA, LITERATURA Y MÚSICA
REPÚBLICA DOMINICANA
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Los bailarines Mercedes Morales y Víctor
Ramírez han convertido el concepto de insularidad en un
espectáculo postmoderno, que reúne danza, teatro, poesía y
técnicas multimedia.
El Teatro Nacional será escenario de ‘‘Rodeados-Surrounded-Entourés’’,
la décima propuesta de Ballet Roto que reunirá artistas
nacionales y extranjeros.
Los bailarines Mercedes Morales y Víctor Ramírez han
convertido el concepto de insularidad en un espectáculo
postmoderno, que reúne danza, teatro, poesía y técnicas
multimedia.
Según ellos, ‘Rodeados-Surrounded-Entourés’’, se trata de
‘‘proyectar a los dominicanos como entes del mundo y ante
éste’’, correspondiéndole a él mismo junto a Morales, el
músico Ésar Simó, la actriz Loraine Ferrand, el actor Orestes
Amador, de origen cubano, y al escenógrafo José Miura,
proyectar la insularidad en sus respectivas vertientes
artísticas. Las presentaciones serán los días 2 y 3 de
noviembre.
‘‘Rodeados”: la insularidad hecha danza y movimientos
Santo Domingo.- Los primeros bailarines Mercedes Morales y
Víctor Ramírez, fundadores y directores de la compañía de
danza Ballet Roto, han convertido el concepto de insularidad
en un espectáculo postmoderno, que reúne danza, teatro, poesía
y técnicas multimedia, listo para presentarse el dos y tres de
noviembre próximo, en la sala Eduardo Brito del Teatro
Nacional.
Según sus promotores, “Rodeados-Surrounded-Entourés’’ no es
sólo novedoso en su concepto, pues también posee el mérito de
reunir en escena y ‘‘tras bambalinas’’ a artistas que abarcan
desde la literatura hasta la luminotécnica; de nacionalidades
dominicana, norteamericana, belga, cubana y venezolana.
Lo que se proyecta
De acuerdo a Ramírez se trata de ‘‘proyectar a los dominicanos
como entes del mundo y ante este’’, correspondiéndole a él
mismo junto a Morales, el músico Esar Simó, la actriz Loraine
Ferrand, el actor Orestes Amador, de origen cubano, y al
escenógrafo José Miura, proyectar la insularidad en sus
respectivas vertientes artísticas.
Por igual, en el espectáculo que cuenta con la dirección
artística de Morales y Ramírez, con producción de Ballet Roto,
han contribuido: Martín López, en fotos, afiches, postales y
portada del programa; Alex Otero, fotos prensa, y Oscar
Grullón, con el video para la pieza “Rodeados-Surrounded-Entourés”.
Mientras que el coreógrafo norteamericano residente en
Bruselas, Ted Stoffer; su asistente Pieter Jam Berbondel, y la
luminotécnica venezolana Carolina Puig añadirán su visión a
través de piezas que han sido creadas en el país, tras semanas
de intercambio de ideas con sus homólogos dominicanos.
—“Rodeados-Surrounded-Entourés” es una metáfora de la
geografía repartida (Santo Domingo-Nueva York-el batey y el
mundo), aunque unida virtualmente por el alma, la música y el
arte’’, destaca la crítica de arte Mónika Volunteri.
Al crear la idea del espectáculo, Ramírez se enriqueció con
uno de los poemas de la escritora dominicana Soledad Álvarez,
titulado Vouyeaur, siendo uno de sus versos: ‘‘Los amantes en
la playa no saben que miro/ el encuentro de sus cuerpos a la/
sombra del atardecer’’. La presentación de
‘Rodeados-Surrounded-Entourés’ representará el décimo
espectáculo preparado por la compañía, que también forma
nuevos talentos para la danza dominicana. Ballet Roto ha
llevado a la escena ‘Paréntesis’, ‘Una Isla’, ‘Pasos’, ‘8
Pies’, ‘Cancionero’, ’Concierto para dos’, ‘Repertorio’,
‘Juana la Loca’ y ‘Repertorio II’.
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FICHA DEL
MUSEO
MERCEDES
MORALES
Miembro fundadora del Ballet Clásico
Dominicano, hoy día Ballet Nacional Dominicano. se
destacó en roles principales del repertorio clásico,
tales como: El Lago de los Cisnes y Carmen. Formó
parte del Ballet Concierto Dominicano que dirige
Carlos Veitía como primera bailarina, ganando para
éste, junto a Víctor Ramírez, medalla de bronce para
la República Domnicana en el Festival Competencia en
ciudad Trujillo, Perú. Escuelas, profesores y
coreógrafos: Finis Jhung, Alvin Alley, American Dance
Center, Merce Cunnigham Studio, Michel Bruel director
del Ballet de la Opera de Avignon 85/90, Francisco
Monción, Escuela Nacional de Cuba, Nelly Golovina (Kirov),
Alexandra Wells (Boston Ballet), Jean-guy Saintus
(Haití), Carlos Veitía, Juan Fidel Mieses, Clara Elena
Ramírez, Eduardo Villanueva, Marilí Gallardo,
dramaturgo español Guillermo Heras. Vicente Nebrada
(Venezuela), Luz Urdaneta (Venezuela), Jacques Broquet
(Venezuela), Alberto Méndez (Cuba), Antonio Gómez
(Brasil). Participación con el rol principal en Ballet
Teatro “Los Siete Sueños de Meuda-San”. Asistente de
coreografía de la película Bitter Sugar. Coreógrafa e
intérprete en los encuentros de Danza Contemporánea
realizados por RITMOS. Participación en el espectáculo
“Cartas” de Monika Despradel como coreógrafa y
bailarina. Gira por EE.UU. con el ballet Hispánico de
New York. En 1993 crea junto a Víctor Ramírez la
Compañía-Escuela “Ballet Roto”, presentándose en
España, Perú, Puerto Rico, Brasil, Guadalupe,
Martinica, Panamá, México, Atlanta, EEUU y Haití.
Ganadora de numerosos galardones nacionales “Casandra”
e internacionales como el II Festival Bento em Dança
Do Mercosur, Brasil con la pieza de su autoría “La
Tirana”.
VÍCTOR
RAMÍREZ
Formó parte del Ballet Nacional
Dominicano, destacándose en roles principales del
repertorio clásico, recibiendo la beca de ballet
(estilo balanchine) y coreografía con Betsy Shoumber
en “Jacob’s Pillow”, Massachussets, 1989. Graduado en
Arte Escénico (actor) en la escuela Nacional de Bellas
Artes y Cultos, R.D. Escuelas y Profesores: Miriam
Bello, Luz Urdaneta, Jacques Broquet, Carlos Veitía,
Marilí Gallardo, Antonio Gómez, José Parés, María
Carrera, Betsy Shoumber y Edward Villela, “Jacob’s
Pillow”, Finis Jhung, New York, Paulina Ozona,
Argentina, Escuela Nacional de Cuba, Xenia Chilostowa,
USA. Fue escogido junto a Mercedes Morales para la
Gala Iberoamericana de Ballet, para la pieza “Muñecos”
en Cuba. Ganador de numerosos premios nacionales
“Casandra” como mejor bailarín y coreógrafo. Invitado
al Centro de Bellas Artes junto al Ballet Concierto de
Puerto Rico para alternar en el rol principal en el
Ballet :”El Fantasma de la Opera” con el Primer
Bailarín Fernando Bujones y la coreografía de Alberto
Méndez (Cuba). Coreógrafo, Profesor y Director
Artístico de “Ballet Roto”. Coreógrafo de la película
Bitter Sugar de León Ichaso. Uno de los actores
principales de la película “Cuatro Hombres y un Ataud”
de Pericles Mejía.
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