J uan,
el limpiabotas, me mira con ojos ansiosos. ¿Sucede algo extraño?
"Tengo que terminar rápidamente", me dice, excusándose, "llegó el
profesor de pintura". El niño tiene mucho interés, porque los sábados
en la mañana los limpiabotas de Bonao se reúnen en el parque, frente
al Centro de Cultura
Cándido Bidó,
para aprender a pintar y dibujar.
Me
acerco y los veo sentados bajo un árbol frondoso. Julio Cesar Martínez
es quien dirige el Centro que
Bidó
creo para el aprendizaje de disciplinas artísticas diversas. "Para que
no pierdan de ganar limpiando zapatos, nosotros les damos algo de
dinero." Me explica el joven profesor.
La
dinámica es intensa. Veo la plaza y me doy cuenta que esta aventura
heroica y quijotesca evidencia el altruismo de un hombre que cree en
los demás. Ninguna otra ciudad dominicana tiene una plaza tan
colorida. Ni tan sonora. Desde altoparlantes situados en el campanario
de la iglesia contigua se escucha a Bach y los conciertos de
Brandenburgo. Los niños, transportados al reino de la imaginación,
intentan dar forma a su propia expresión. Palomas rojas y azules
parecen desprenderse de la torre monumental que el artista erigiera en
medio de la plaza. Adentro, en la escuela, veo centenares de niños,
adolescentes y adultos muy ocupados. Unos tocan guitarra otros
imprimen grabados y serigrafías.
¡Cuánto crimen y violencia nos ahorraríamos si en cada ciudad del país
hubiera proyectos como este! Es una pena, pero los gobernantes parecen
ignorar el poder transformador del arte. "Pronto tendremos una nave
industrial, cerca de la autopista, para producir y vender artesanías"
me explica
Cándido Bidó durante el
almuerzo. "Esperamos que los dominicanos apoyen económicamente ese
proyecto, porque el Centro, apenas recibe cuarenta mil pesos mensuales
y gasta alrededor de cien mil."
No es
de extrañar. Son muchos los profesores y muchas las disciplinas. La
ambición de
Cándido va mucho más
lejos: "Bonao necesita un anfiteatro y ya está diseñado. Aquí no hay
dónde presentar una orquesta, ni una obra de teatro, ni un espectáculo
de danza. Nos faltan ocho millones de pesos para completar las
instalaciones del Museo y del Anfiteatro. Pero lo vamos a lograr."
El
conjunto arquitectónico de la plaza es dominado por el Museo
Cándido Bidó,
una estructura aérea y espaciosa. Falta por terminar los pisos
superiores, uno que será dedicado a la pintura dominicana (comenzando
por el arte taíno) y otro, a obras de la autoría de
Bidó,
seleccionadas por el artista para este propósito. En el piso inferior
se presentarán exposiciones temporales.
En el
país los museos regionales y provinciales son difíciles de hallar. Las
escuelas de arte son pocas y las academias de música son una especie
en vías de extensión o se limitan al trabajo de las casi extintas
bandas municipales. Los coros, que en otras partes son el orgullo de
cada comunidad, por minúscula que fuera, son en nuestro país un
deleite olvidado. Por eso es admirable que en Bonao, y gracias a una
iniciativa personal de
Cándido Bidó,
los jóvenes canalicen a través del arte su energía, su talento y sus
sueños. Así, el sueño de
Cándido Bidó
se multiplica y crece.
FERNANDO UREÑA RIB
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Mundo óptico y azulado de
Candido Bidó
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“La
madre”,
Cándido
Bidó,
2007.
(Imagen
suministrada)
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Por:
Jorge
Rodríguez
EL VOCERO
Ausente de
Puerto Rico
desde su
pasada
exposición
“Azul de
Otoño”, en
2003, el
maestro y
pintor del
Caribe,
Cándido Bidó,
retorna por
sus fueros,
en esta
ocasión con
la
exposición
titulada “El
mundo azul
de Bidó”, en
la Galería
Uri de
Puerto
Nuevo, donde
el artista
mostrará
obras en su
más reciente
estilo
pictórico
más allá de
todos sus
azules,
acuñado en
los últimos
años, y
denominado
como
puntillismo.
Fascinado
con las
raíces y
costumbres
de su tierra
dominicana,
así como de
su trópico y
sus
contenidos,
éste exhibe
20 pinturas
de distintos
formatos con
sus usuales
naranjas y
amarillos
para
calentar sus
tonos, así
como sus
constantes
rojos,
cienas,
negros y
blancos para
encapsular
esa visual
naïf que
denota esta
obra de
carácter
universal.
Contrario al
puntillismo
de Georges
Seurat, con
piezas de
paisajes tan
límpidos y
calmados,
ordenados e
integrados,
en Bidó este
efecto
óptico se da
también a
través del
movimiento,
la
idiosincrasia
de la
identidad
caribeña,
con todos
sus
paisajes,
sus mujeres,
su gente, y
objetos, y
esa
particularidad
emblemática
del uso de
su luz
continuamente
sensual,
lírica y
brillante.
No obstante,
lo más
representativo
de este
pintor cuya
obra ha
recorrido
por décadas
museos y
galerías
selectos en
tres
continentes,
es que posee
en su
narrativa
plástica un
discurso
visual no
referenciado
a nada que
no sea a su
propia
expresión
visualística
e
iconográfica.
“Vengo con
20 obras de
distintos
formatos, en
la Galería
Uri de
Raquel
Espinosa,
pero que
ahora la he
enriquecido
con el
puntillismo
dentro de la
misma
temática y
con un nuevo
orden dentro
de mis
obras. Lo
que pasa es
que el
artista
tiene que
estar
buscando,
enriqueciendo
y cambiando
su obra un
poco, para
presentar
algo
diferente a
su público.
Yo lo estoy
utilizando
desde hace
dos a tres
años, y veo
el
puntillismo
como una
nueva forma
de
interpretar
mi estilo”,
expresó Bidó
a su llegada
a Puerto
Rico.
Con un
itinerario
deslumbrante,
el maestro
Bidó,
natural de
Bonao, acaba
de regresar
de Guatemala
donde expuso
“Cuando
brote el
azul. Este
continúa en
su lugar de
origen con
el
monumental
proyecto “La
Plaza de la
Cultura”
donde se
encuentra su
museo y
talleres en
tres
edificios.
Desde allí
celebran la
Bienal
Premio
Paleta de
Níquel, que
coauspicia
una
multinacional
canadiense.
De 500 obras
participantes
se han
escogido 150
para la
inauguración
colectiva
del evento,
este próximo
26 de
octubre.
“Yo el color
que más uso
dentro de
mis obras es
el azul que
ya domino.
Llevo tantos
años de uso
—con el
color
ultramarino
desde donde
degrado
todos los
azules— y
aunque es
muy difícil
de usar, lo
domino a
fondo en
todas mis
manifestaciones”,
concluyó el
maestro.
La Galería
Uri está
ubicada en
la avenida
Andalucía
500 de
Puerto
Nuevo. Para
más
información
puede llamar
al
787-749-8146.
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