Fernando
Ureña Rib trabaja con frecuencia en los talleres que instala en
Montreal, Oslo o Berlín, pero sus pinturas emanan desde raíces
muy profundas sembradas en la República Dominicana, donde nació
en 1951. Donde quiera que ha exhibido sus obras los críticos y
observadores han quedado cautivados por su sabio y particular
uso del color. Un color exuberante, tropical, de calidades
carnosas.
Fernando
Ureña Rib comenzó a muy temprana edad sus estudios de pintura y
muy pronto expandió su visión al mundo de la escultura. Hoy, su
experiencia en ambos medios anexa al tratamiento de complejos
espacios físicos una sobresaliente dimensión psicológica que
revela su conocimiento del ser humano.
Fernando
Ureña Rib a través de una intensa paleta de colores vibrantes
conduce al espectador hacia mundos oníricos y curvilíneos
habitados por formas vulbulares en los que ángulos y contornos
en forma de capullo dan origen a una crisálida que cambia de luz
y de tono, que se estira y se desdobla transformándose en
encarnaciones sucesivas.
Al
paso de su vuelo, esta crisálida atraviesa zonas violáceas,
azules, nocturnales Se trata de corrientes luminosas de cromo,
cadmio y azules aguamarinas que coligen en remolinos de luz
donde lluvias resplandecientes y áulicas estallan en explosiva
libertad. Las formas se desdoblan desde dentro hacia afuera,
escuchando el eco de sí mismas, contrayéndose, abriéndose,
eclosionándose. Las mutaciones son enérgicas, poderosas,
provocativas. Estas crisálidas a medida que insinúan el rastro
de su danza se sacuden y tiemblan. Describen piruetas en el
subconsciente del espectador. Este es el Reino de la Imaginación
de Fernando Ureña Rib.
Elisa Herr.Nueva York.1990.