Fernando Ureña Rib

Pintura Orgánica de Fernando Ureña Rib

 
 

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ARTE VENEZOLANO
 

SURREALISMO POÉTICO EN EL VENEZOLANO

JOSÉ CAMPOS BISCARDI

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

 

CAMPOS BISCARDI

La visión del monte Ávila adquiere en el venezolano José Campos Biscardi categoría de símbolo. Ese símbolo, sin embargo, es asaltado y exaltado por el pintor desde vertientes múltiples, como si todos los caminos condujeran a esa montaña que se yergue imponente sobre Caracas y sobre el alma llanera del venezolano, instándole a la reflexión. La devota obsesión del pintor convierte la montaña en una voz de alerta, en una atalaya, en un objeto venerable y luminoso que invita siempre al espectador a la introspección, a buscar dentro de sí ese símbolo que lleva dentro, como se lleva un escapulario o un recordatorio.

Por supuesto, como ocurre con todo símbolo, el proceso de comunicación iniciado por el artista implica una casi infinita lista de posibilidades interpretativas, de perspectivas, de visiones, de alusiones. Una técnica depurada, y un color etéreo y evanescente hacen de la pintura de este venezolano una de las más apreciadas en el arte latinoamericano de hoy.

Fernando Ureña Rib


La montaña de El Ávila ha sido un tema constante en la obra paisajista de Campos Biscardi, Sin estar considerado dentro de los esquemas tradicionales, este paisaje se inscribe en varias tendencias, asumidas por el artista como exploraciones de diferentes propuestas plásticas que han desembocado en una muy propia y personal. El surrealismo ha sido una de ellas. El Ávila es un personaje protagónico en la configuración de la imagen que domina el campo pictórico. hasta cierto punto, el artista se ubica en un contexto conceptual al crear situaciones paradójica que llevan al espectador a formar parte de ellas para poder descifrarlas. Las formas, perfectamente ubicadas en el espacio y el color plano y contundente, configuran una importante metáfora de la Montaña.

Bélgica Rodríguez
 




“...Campos Biscardi tiene como medio expresivo para trasmitir este mundo de fragmentos sólidamente re - articulados, este mundo de engranajes humanos que buscan un orden libre para su existencia y expansión, dos buenos argumentos plásticos: color y diseño. Ambos se acoplan, de modo que el color deviene límite preciso (o sea dibujo), y éste termina de manera neta la zona de color, de manera de confundirse con él. Este nuevo artista parece tener, pues, los ases en la mano: Ojalá su pintura fresca, imaginativa y de éxito no lo halague demasiado”.

Marta Traba.
 




Catálogo de la Exposición en la Galería “Living Art” – Caracas 1973
“...Las obras actuales de Campos superan así la etapa embrionaria para asumirse así mismas como mundos autónomos y cerrados, en los que el signo (de ayer) ha sido sustituido por símbolos. Me temo no defraudar a nadie si digo que Campos es en nuestro país uno de los pocos artistas de la nueva figuración en cuya obra puede apreciarse que lo personal supera a las influencias. Esto es mucho decir. Él está a las puertas de un surrealismo grande, para el que yo no escatimaré elogios.

Juan Calzadilla.
 




“...Campos Biscardi ha asumido resueltamente el riesgo de la creación. A diferencia de otros jóvenes artistas, que disimulan la falta de talento siguiendo la onda más en boga, o que se dedican al mamarracho; ha elaborado con paciencia e inteligencia, un mundo propio, constelado de nubes, piernas sensuales, paraguas y escritorios. Podría decirse que hace realismo fantástico, o que pinta con fervor la “materia de que están hechos los sueños”.

Rafael Font Guedes.
 





“. Lo que este artista latinoamericano tiene es una gran capacidad de metáfora visual a partir de la figura humana, de la naturaleza y de los objetos. Y en la superficie de su obra, estos factores se integran en una notable síntesis. Pero sus personajes son unos desadaptados, sus paisajes no siguen las leyes de la naturaleza, y muchos de sus artefactos son imposibles. Campos Biscardi se ha refugiado absolutamente en el mundo de la imaginación y en su caso el análisis de su experiencia no establece distingo entre la realidad objetiva y la realidad subjetiva”.

Roberto Montero Castro.

 



“...No por casualidad todo lo que Campos Biscardi ha producido hasta ahora, acusa la oposición de un sistema eminentemente valorativo, frente a cualquier exceso gratificante. Su misma capacidad para valerse del coeficiente irónico, como antítesis que se apoya igualmente en una artesanía agudamente afinada en los mínimos detalles, mas la firmeza dialéctica que se origina en el gesto dibujistico que domina a la perfección, previenen al artista de resbalar en cualquier situación de hipérbole o histrionismo, a menos que tales recursos, y si es que él los considera necesarios, formen parte de un determinado momento en la evolución de sus propios esquemas”.

Rafael Pineda.
 




“...Recurrir al Avila es algo mas que una excusa casual y efectista, en cuanto que contiene la expresión de su significado vitalizador y refrescante para la supervivencia del habitante de Caracas y para despertar su sensibilidad conservacionista. El Avila no es solo un detalle ornamental de la geografía de la ciudad. No es tanto un punto estético para recrear la mirada, si no la bondad natural de la tierra como recurso para el cuido y la atención. Este es un mensaje que se percibe como componente sintomal de la formulación plástica de Campos Biscardi”.

Víctor Guédez.

 




“...La construcción de Campos Biscardi se basa en la realización de grandes formas que simbolizan aspectos de la realidad, de modo que el paisaje y la figuración tienen que vérselas también con la metáfora visual, como si los símbolos pretendieran ser ellos mismos, todo el asunto de la obra o el asunto de cualquier tema...”

Roberto Guevara

 




“...Campos Biscardi es un pintor de obra premiada y discutida; con detractores y admiradores, que lo convierte en tema de polémicas, que se acentúan si además de pintar esos nubarrones para sustituir rostros, coloca un par de señoras tomando el té sentadas en un sofá estilo “Imperio” en el centro de una cancha de fútbol”.

Nelson Morante.

 




“...En ocasiones a Campos Biscardi le hace falta espacio para El Ávila, ese cerro que a fuerza de costumbre se le hace tan cotidiano al caraqueño. A este artista, empeñado – en todas sus acepciones – renovado y renovable, que inició el camino hace ya bastantes años, se le metió un día El Ávila por los ojos y no lo ha querido abandonar por común acuerdo y porque está más que a gusto en su imaginación; aunque a veces, como ya apuntáramos, muchas ideas se quedan en los bocetos por falta de espacio en el taller. Es que realmente El Avila es muy grande”.

Alberto J. García.
 




“...Campos da cita en su valla vial a las piernas que fueron frecuentes en su obra pictórica de años anteriores, e incluye al Ávila en un cubo: es la montaña de Caracas trasladada a la región andina. Resulta interesante esta imagen para una valla vial por cuanto, además de ser visualmente atractiva, incorpora dos datos directamente asociables al lugar en que la valla se encuentra: por una parte, las tres nubes presentan los colores patrios de los dos países y están, automáticamente, hablándonos de encuentro, de integración – alegre – entre pueblos. Y por otra parte, la presencia de piernas humanas será una referencia básica para el pasante. Para el pasante-en-vehículo estas piernas pueden ser un recordatorio del Caminar, del Caminante, del Peatón, de la Movilidad Natural, sin instrumentos. Relación Peatón- Conductor; relación Caminar-Rodar. Relación del Caminante–en-la-Montaña y del Conductor-en-la-Carretera. Y es también la relación entre lo estático del cuadro-valla y lo dinámico del conductor y su carro que se desplazan por la vía.

María Elena Ramos.
 



“Un Museo para la Paz”- Cuadernos Lagoven – Caracas, Agosto 1984 A propósito de la valla del Museo Vial entre Cúcuta y San Cristóbal.
“...José Campos Biscardi ha querido fragmentar la montaña en cubos, multiplicar los cubos e integrarlos. Ha querido así apropiarse de la montaña y en su carácter de multiplicador y reproductor, repartirla para todos, en todas partes. Curiosamente aquí los fragmentos no nos hablan de detalles, ni de visiones parciales o insuficientes: cada cubo mantiene la totalidad, la repetición, la síntesis:”Límpido cielo – amplia montaña”. Así, el Ávila, más que romperse se vuelve múltiple. Es interesante observar aquí que Campos trabaja la visión contemporánea, fragmentada y analítica, y sin embargo, la utiliza para remitirnos a totalidades, pues cada cubo lleva en sí la totalidad del cielo y de la montaña, así como es posible, en una muestra microscópica de tejido humano, conocer la complejidad de la estructura genética, o así como es posible, en una gota de petróleo conocer la complejidad de las cadenas del carbono y, con ello, la base misma de la Química Orgánica. Campos Biscardi ha ido, pues,”Con el Ávila a todas partes”. Jugó a convertir la naturaleza en memoria permanente y se la llevó a otros países, envuelto el cubo como un objeto. La convirtió en rompecabezas para el juego infantil, o en diseño para sus paraguas pintados, o en la cortina, lámpara o vestido.”

María Elena Ramos.
 



“...En resumen, las imágenes que pinta Campos (las de antes y las de ahora) siempre contienen una opinión sentimental del artista sobre eso que pinta. Y es en esa vinculación afectiva donde reside la motivación de sus modificaciones irrealistas o surrealistas. El artista parte de uno de los temas comunes de la pintura, pero le altera algo y le introduce algún elemento que no le corresponde. Es decir: Campos modifica su tema de un modo en que termina siendo diferente a lo que normalmente se espera que deba ser ese tema. Porque altera su lógica. Y es allí donde está la clave de su arte”.

Perán Erminy.
 




“... ¿Qué es la naturaleza a la que se abre ahora su pintura si no una manera de reducir a símbolos su impresión de que todo lo que parece ingobernable puede ser sometido a las leyes internas, obedientes a un espacio nuevo que solamente admite una resolución puramente virtual, que conjuga con la observancia de un absurdo que aparece por intromisión de lo real fragmentario, en un espacio ficticio. El Avila como máxima presencia de lo cotidiano objetivado, ha devenido el gran tema de la ironía de Campos Biscardi.

Juan Calzadilla.
 




“...Ahora es el Avila el personaje principal en su pintura. Un Avila que se mueve en el cielo completamente azul, un Avila con personalidad y espíritu muy de los ochenta: deportista, a veces erótico y la más de las veces: una conciencia conservacionista”.

Petruvska Simne.
 



“...El equívoco entre ser y dejar sugerir se manifiesta con un procedimiento netamente lineal en la construcción de la imagen: la situación aparece en un ambiente absurdo: un arco encuadra la figura sentada sobre un mueble de estilo amanerado, que a su vez se halla sobre una grama de formas tubulares, y detrás se encuentra el cielo abierto. La plenitud impera en la pintura mientras pretende establecer un espacio abierto y simultáneamente cerrado. Por otro lado, el color es manejado casi en estado puro, definiendo claramente las formas como si fuese un dibujo coloreado, un poco al estilo del arte Pop. No obstante, a pesar de toda la precisión formal que domina el cuadro, subsiste un juego conceptual en el que el espectador participa en el proceso de percepción e identificación de la imagen. En resumen, es esa la intención real de la obra.

Susana Benko.
 




“...El Ávila como tema gráfico le permite introducir la montaña tutelar de Caracas, en un “leit motiv” poético y perturbador que “irrumpe” en contextos que le son ajenos. Como todos los procesos que toda obra asimila, la constante en la sintaxis de Campos Biscardi es la metáfora visual que lo dice todo y del modo más simple y directo. Arte que en este sentido nunca ha perdido la perspectiva de una confrontación amplia con el espectador”.

Roberto Guevara.

 



“Decúbito la vida amputa en seco, mientras el cerro mira de reojo, se encoleriza y salta en llanto. Desangra la ciudad, se desgarita el hombre. El niño entumecido juega al escondite con la máquina. Entretanto alguien vigila la espesura de la cumbre y la hace nube, burbuja, claroscuro, en tridimensionales estructuras donde los gráciles volúmenes atrapan la belleza que virginalmente se desnuda...”

Pablo Mora.

 


En ocasión de la Exposición Individual de J.C.B. en el Museo de Artes Visuales y del Espacio San Cristóbal, Noviembre de 1994.

“La majestuosa montaña de Caracas, “El Avila o “Guaraira Repano”, llamado así por nuestros indígenas, irrumpe en el Metro de Caracas con un boleto muy especial, que le fue conferido por la magia de un prestidigitador, la admiración y la imponencia de la naturaleza. Este conjunto de virtudes se encuentra dispensado en el genial conocimiento estético de José Campos Biscardi.

Irais Rodríguez Hidalgo.
 



“...Desde hace muchos años, Campos Biscardi, no cesa de exponer en el prestigio de alguna galería del mundo. Desde hace muchos años, ha querido tocar el cielo con el Avila, ¿Para salvarlo? insuflándole a la naturaleza la interpretación mágica del arte. Lo calcula, lo mide; lo ha rescatado en la plástica, desde otra conformación, desde otra propuesta, después de Cabré. El Avila es un cubo atado a un lazo místico, es un hombre brumoso, es una bicicleta detenida, es corazón con alas, es edificación transparente incrustada en sueño sísmico de vitrales. Aquí, allá, llega, se queda, se va, se devuelve, cumple esta curva, cambia de tono, de volumen, de música, de sintonía, y al final regresa para sonreírnos desde lo que le resta de maravilla, de hechizo vegetal, de pulmón redentor sobre la contaminación.

Carlos San Diego.
 



“...Campos Biscardi humaniza su objeto – o, si se quiere, lo antropologiza – y le atribuye su propia condición ontológica: el Avila tiene una vida, un proyecto y una limitación. Puede morir. La naturaleza, al igual que el hombre, es finita. No se trata solamente de la biosfera. La misma piedra llega a partirse, escindirse, volverse polvo. El Avila puede desaparecer ante los habitantes que presencian su destrucción. Y en consecuencia, al romperse la relación entre el objeto y el sujeto, los seres humanos también pueden desaparecer. A fin de cuentas están hechos de la misma materia: polvo, agua, aire y energía”.

Roberto Montero Castro


Catálogo de la Exposición “Naturaleza Escindida” en la Galería “Auf der Empore” Universidad de Konstanz – Alemania - Junio de 1995
“...Viendo las obras de Campos, desde sus inicios hasta hoy, no podemos dejar de notar esa imperiosa necesidad que siente, de identificarse con su objeto de inspiración para contar una historia de contenido, un llamado a una situación que nos preocupa a todos: cuidar el ambiente, preservar la naturaleza de este planeta que es el verdadero tesoro de la vida humana...”

Vladimir López Negretti.

 



“...El cerro actuando como elemento internalizado en el inconsciente colectivo de los moradores urbanos, cobra vida propia desdoblándose, humanizándose y fragmentándose para penetrar en inimaginables lugares forjados por el imaginario de José Campos Biscardi, quien añade a la forma originalmente bidimensional la serie de “Penetrantes”, tridimensionando sus posibilidades en una aproximación escultórica que luego revierte en la serie de “Volúmenes Virtuales” extrapolando, con el Avila protagonista, sus excesos imaginativos, en un alarde lúdico de festiva-pirotecnia-hedonista que lo convierte en metáfora plagada de magia, forma de heredad que le dejara su padre trashumante, “Campitos” el torero, quien fuera capaz de encajar un ruedo taurino en una carpa de circo, y de materializar a fuerza de ilusionismo, las vituallas servidas en la mesa familiar”.

Lida Worwa

 



“...Su propuesta siempre se ha caracterizado por un impecable lenguaje visual con gran impacto cromático y notoria simplicidad pictórica fortalecida con un sentido ecológico y de conservación que no solamente hacen sobresalir la obra del vasto “maremagnum” de imágenes que inundan el arte contemporáneo y la vida urbana, sino que además la ligan con la modernidad gráfica y con la consciencia ecológica del fin de milenio”.

Humberto Pérez



“...Conjuga este extraordinario creador el gran amor que siente por esta embrujante Guaraira Ripano, montaña protectora de la ciudad de Caracas, donde sus habitantes la llaman El Avila, lugar donde recobran la serenidad y el aliento las diosas de la belleza tropical en su constante peregrinar por Las Américas y el mundo”.

Jacobo Asensi Lloria.
 

JOSÉ CAMPOS BISCARDI


 

1990 Premio Municipal de Teatro - Caracas, Venezuela.

1.980 Accesit Premio Municipal de Pintura Caracas.

1979 Beca Fundarte (Fundación para la Cultura y las Artes del Distrito Federal) para proseguir actividades artísticas en los EE.UU.

1.975 Mención de Honor "Salón Municipal de Pintura" - Caracas.

1.974 Primer Premio “Salón Arturo Michelena“ Valencia.

1.973 "Premio Nacional Jóvenes Artistas" - Caracas

Primer Premio de Pintura "Salón Centro Plaza" - Caracas.

"Premio Cristóbal Rojas" Salón Arturo Michelena - Valencia

Primer Premio "Salón de Coro" - Coro.

1.972 "Premio Nacional Jóvenes Artistas" - Maracay.

"Premio Andrés Pérez Mujíca" Salón Arturo Michelena - Valencia.

1.969 Segundo Premio Salón "Julio T. Arce" - Barquisimeto.

Premio "Creole" Salón D´Empaire - Maracaibo.

Mención de Honor "Salón Arturo Michelena" - Valencia

1.967 Primer Premio "Salón San Sebastián" - San Cristóbal

1.966 Segundo Premio "Salón Francisco de Paula Santander" - Cúcuta Colombia

1.965 Segundo Premio "Salón San Sebastián" - San Cristóbal.

 

 

 

 

 

 

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: May 23, 2013

 

 

 
 
 
 

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