Roberto Huezo experimenta un profundo
respeto y admiración por los pintores de otras generaciones.
Reconoce en ellos su preocupación por buscar la identidad
pictórica salvadoreña y es también en esta búsqueda en la que
se envuelve el pintor. "Estoy en el proceso de creación
mítica. Los hombres peciben y se entienden por medio de los
mitos. Su estar en el mundo, su salir del mundo. Mis cuadros
son lugares de encuentro para personas. Quiero que lo sean.
Una forma de comunicación, de enseñanza: Una manifestación
artística. Me contentaría con que los hombres se
asomaran a este lago y viesen reflejada su imagen en mi mundo.
Lo que intento hacer es invitar al contemplador, al hombre a
que se encauce en la meditación. En una meditación a temas que
son anteriores al hombre. El artista-hombre que es en esta
trilogía y en esta búsqueda e invitación al mundo espiritual
en la que Roberto Huezo, creador de los seres paisajes,
seres-casa, seres-gota, expresa su condición humana.
El tema de los huevos tiene para el pintor la intención de
reiterar la pureza de ese mundo creado alrededor de ellos.
Persigue intensificar la atmósfera anterior al hombre. Huezo
afirma que "estos elementos vivos pertenecen al mundo
subyacente de mi lenguaje pictórico, de mi alma, de mi postura
como hombre del siglo XX: con guerras, cibernéticas, hombres
en la luna y la pobreza más grande jamás vista. Pero con un
Dios. Con un dios que toma mis manos, mi mente y mi cuerpo y
se expresa como El quiere, porque yo soy su instrumento". Esta
toma de conciencia, una parte de esa ya mencionada trilogía le
ha dado el uso de la razón pictórica. Esto debido a que en las
vivencias dentro de esa trilogía nada es inmutable. Todo es
progreso- afirma- todo es evolución. Su transmutación proviene
desde el centro del ser mismo, de las formas. Sin embargo,
nada puede ser fortuito, todo obedece a un orden. De esta
manera, continúa Huezo, "el silencio interior del cuadro, su
pausada lectura llevará al espectador hacia la salida de una
puerta abierta donde, cansado del mundo artificial y
asfixiante, que él mismo ha construido, pueda reencontrarse.."
Tomado del libro Encuentro con la pintura del El
Salvador. Pinacoteca Banco Cuscatlán.