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LAS
ANDANZAS
DEL
QUIJOTE
EN LA
VISIÓN
DE
JOSÉ
CESTERO
Por
José
Saldaña
En el
contexto
de la
VIII
Feria
Internacional
del
Libro,
el Museo
de Arte
Moderno,
presenta
la
muestra
de José
Cestero
Andanzas
del
Quijote.
He
tenido
la
oportunidad
de
conversar
con José
Cestero
y verle
pintar
muchas
veces en
su
estudio.
Me
asombra
la
soltura
de su
mano,
casi
virtuosa,
y ese
vasto e
insondable
universo
creativo,
propio
de los
visionarios.
El tema
es
apropiado,
porque
aborda
tanto la
ficción
como la
realidad
del
artista
y del
mismo
Miguel
de
Cervantes.
Cestero
se
concentra
en esos
aspectos
de
ficción
y
realidad
dándoles
vida.
Sus
personajes
son
llevados
a los
más
altos
niveles
de
expresión
plástica.
La
exposición
es ágil
y
fluida,
de
múltiples
lecturas,
racional,
universal
y
regional.
Cestero
recrea
en su
imaginación
muchos
de los
personajes
de
Miguel
de
Cervantes,
agregándoles
un toque
local,
adaptando
a
nuestra
imaginería
aquella
de Don
Quijote.
Cestero
encuentra
a través
de una
lectura
cuidadosa
y
reflexiva
del
texto
clásico,
la
explicación,
la
moraleja,
y la
enseñanza
que
abarca
en casi
toda su
extensión
los
problemas
actuales
y
apremiantes
que
experimenta
la
humanidad.
El
artista
se
adentra
de tal
modo en
la
epopeya,
en las
inverosímiles
historias
que él
mismo
llega a
convertirse
en
protagonista
y
personaje,
trasladando
su
propia
imagen a
la del
ingenioso
hidalgo.
Como lo
diría
Ciro
Alegría,
el mundo
de
Cesteros
también
es
“ancho y
ajeno”.
Ancho
en su
diversidad,
en su
pluralidad,
en el
sentido
de que
escapa
al
control
de uno
mismo y
sin
embargo,
en el
mundo
interior,
el
artista
es el
amo y
señor,
capaz de
crear en
una isla
su
propio
reino.
Así
Cestero
manifiesta
un
temperamento
fuerte,
determinado,
como lo
son sus
pinceladas;
a veces
violentas,
a veces
trémulas,
firmes,
seguras,
sinuosas
y
luminosas
como su
pensamiento.
José
Cestero,
dentro
de su
maestría
en el
dibujo,
aprovecha
todo
cuanto
le
refiere
su
memoria,
y lo
hace a
su
propio
modo.
Con ese
sello
particular
retrata
los
hechos
históricos,
los
personajes
de la
vida
cotidiana
y los
paisajes
del
Santo
Domingo
colonial.
El
artista
hace un
re-descubrimiento
de
plazas,
de las
vetustas
edificaciones,
retomadas
y
llevadas
con
plasticidad
a lo
mítico
de su
encanto.
Y es esa
memoria
visual,
conjuntamente
con la
depurada
técnica
y las
experiencias
propias
de su
oficio,
la que
exalta
las
posibilidades
expresivas
de la
imagen,
y es esa
memoria
la que
resurge
y se
hace
poderosa
aún
tratándose
de una
historia
tantas
veces
manejada
por
innumerables
artistas.
Indudablemente
Cesteros
sabe lo
que
quiere y
cómo ha
de
realizarlo
para
alcanzar
la cima
de su
expresión.
Los
personajes
de
Cestero,
salen
sin
esfuerzo,
con
espontaneidad
y
confianza.
Las
leyes
académicas
de la
plástica
quedan
regaladas
a un
segundo
plano.
El es
libre
pensador
y
creador
y no se
somete a
cánones,
regulaciones,
cuadrículas
ni
métricas.
José
Cesteros
es
poseedor
de una
factura
pictórica
de gran
unidad
temática.
Al
contemplar
su obra
se
percibe
que José
Cesteros
tiene
una
trayectoria
artística
de
muchos
años y
que en
cada
exposición
se
manifiestan
dos
siglos
de
calidad
pictórica.
Incomprendido
por
algunos
y
elogiado
por
otros,
la obra
de José
Cesteros
se
establece
como la
de un
creador
incansable,
y al
igual
que el
Quijote,
generoso
y
desprendido,
pero de
gran
valor
pictórico.
Cestero
tiene la
habilidad
de
sorprendernos.
Sus
temas
son
siempre
sugerentes
y
estimulan
la
imaginación
del
público.
Los
valores
sociales
y
morales
de su
obra
apuntan
siempre
a una
crítica
sagaz de
su
propio
entorno.
Se trata
de un
pintor
ducho,
diestro,
que
siente y
vive los
cambios
sociales
que
hemos
tenido
en las
últimas
décadas.
José
Cestero
desarrolla
su obra
figurativa
de
manera
casi
autobiográfica.
En su
ejecución
del
retrato,
él
concentra
su
atención
sobre
personajes
destacados,
artistas,
escritores,
músicos,
hombres
de
negocios
y
figuras
eclesiásticas,
a las
cuales
él
estudia
en su
dimensión
sicológica
más
profunda,
y luego
los
proyecta
visualmente
en sus
lienzos
con
admirable
realismo
crítico.
Cestero
refresca
nuestra
visión
del
Quijote.
Porque
las
diferentes
escenas
de las
andanzas
de Don
Quijote
y Sancho
se
confunden
con las
vivencias
personales
del
artistas,
incorporando
paisajes
urbanos
y
lugares
históricos
de
nuestro
país.
Porque
las
andanzas
del
Quijote
no se
detienen
en la
Mancha,
ni en
Castilla,
ni
atravesando
el
Mediterráneo,
en
Tetuán.
El
Quijote
de
Cestero
es el
nuestro.
El que
anduvo
estas
tierras
abrasadas
por el
sol y el
salitre,
densas
en su
selvática
virginidad.
Aplaudimos
la
contribución
de José
Cestero
al
introducir
en
nuestro
medio su
nuevo
proceso
pictórico,
en sus
múltiples
manifestaciones
universales,
políticas,
sociales
y
literarias.
La
exploración
del
paisaje
verde
sensual
y la
constante
presencia
de dos
mares y
dos
tierras.
Los
admiradores
de estos
lienzos
un día
dirán:
Don
Quijote
no sólo
camino
las
tierras
de la
Mancha,
sino las
de
¡América!
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