Acabo de encontrarte. No te buscaba y sin
embargo acabo de encontrarte. O quizás sí, te buscaba... oscuramente,
como se busca en la selva una raíz curativa o se persigue allí el olor de una enredadera pertinaz o el
canto de un pájaro dormido; o el roce de una espina que cambia de
pronto tu existencia porque empiezas a sangrar en alguna parte de la
memoria y recomienza el olvido a construirlo todo como un rostro de
arcilla nueva,
hecho a tu imagen interior y semejanza.
No sé si responderás. No importa. El rasguño no duele más que ahí,
en esas palabras tiernas, tensas, luminosas y afiladas con las que
dices y ocultas lo que sabes y lo que yo sé también, porque ahora
estoy enredado en esa trepadera pertinaz que va creciendo y
envolviéndome con su olor y sus lianas, y el canto del pájaro dormido
despierta lentamente mis sentidos aletargados y aturdidos ante tanta
luz repentina, ante tanto descubrimiento del ser que no soy y del que
ansío. Y remuerdo de mis silencios, de aquella palabra que callé y que
estremece mis labios todavía.
Sí. Hace tiempo te buscaba, ahora recuerdo. Eras entonces una
muchacha de pelo corto y ojos claros perdida en la ciudad. Vendrías de
los Baños del Carmen, o de El Palo. Irías a Torremolinos. No sé bien.
Subiste a un autobús en el centro. Y no pude menos que seguirte
y sentarme a tu lado. Leías un poema manuscrito sobre una página azul
y levantaste de pronto la mirada al presentir la mía. Te sonreí, pero
no nos hablamos y sin embargo poco a poco te echaste sobre mi costado
y cerraste los ojos con un suspiro hondo mientras el sol ardiente
partía el día en dos mitades sin sombras. Recuerdo la cálida mudez de
aquel silencio. Solo eso. Hoy el pulso me tiembla porque tengo en las
manos aquel poema azul que dejaste perdido en el autobús, como el
regalo de una poeta desconocida, hace ya tantos años.
FERNANDO UREÑA RIB
POEMAS DE CHANTAL MAILLARD
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HEME AQUÍ
RAÍZ...
Heme aquí raíz,
savia de impulsos ascendentes,
madre aún,
posible siempre,
anticipada gestación
de un porvenir intruso,
intrusa de un presente
que desestima
el valor de nacer
a sí mismo de nuevo.
Heme aquí clavando
mis ojos
de savia encarcelada
en los troncos vacíos de los árboles
muertos,
heme aquí creyendo,
queriendo creer
en la impostura de las ruinas,
en el candor del desastre,
el valor de lo opaco,
la calidez del humo en los rescoldos.
Heme aquí,
heme aquí,
he aquí que me atrevo
a creer en las ruinas.
¡Me atrevo a creer en las ruinas!
De "Conjuros" 2001
INTERMEDIO
Entre una imagen tuya
y otra imagen de ti
el mundo queda detenido.
En suspenso. Y mi vida
es ese pájaro pegado al cable
de alta tensión,
después de la descarga.
De "Lógica borrosa" 2002
LA OTRA
ORILLA
Algún día, cuando el aire pese como tierra sedienta sobre
los cuerpos desnudos,
tal vez alcance a ser la voz de aquel peregrino que
enmudeció o el agua que,
gota a gota, resbala por su pecho. Él nunca estuvo en la
otra orilla pues sabe
que allí los dioses duermen en el polvo. Y sabe que cuando
un hombre por azar
se duerme en la otra orilla -ese lugar que siempre ocupó
la mirada-
ellos se despiertan y se contemplan en él. Si ese hombre,
entonces, se despierta,
se convierte en espejo y estalla con el sol.
De "La otra orilla" 1990
LLEVO ACOSTADA LARGO TIEMPO...
Llevo acostada largo tiempo
en la orilla. Mis pechos
son colinas cubiertas de hoja seca.
Levanto la cabeza y me contemplo:
en mis muslos el vello a punto de ser vello,
me incorporo: la hierba a punto de ser hierba,
doy un paso y despierto al agua
a punto de ser agua,
se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto
de ser negra...
Un resplandor me ciega:
el bosque me contempla, a punto de ser bosque,
a punto de ser tuya.
De "Hainuwele"
1990
NO PONDRÁS
NOMBRE AL FUEGO
No medirás la llama
con palabras dictadas por la tribu,
no pondrás nombre al fuego,
no medirás su alcance.
Todas las llamas son el mismo fuego.
Mi cuerpo es una antorcha que alumbra los espantos
que la razón constituye en sus tinieblas.
Hay que mirar al cuerpo, muy adentro,
tocar el centro ardiente, abrirlo y propagar
el gozo de la lava.
No importa en qué caderas,
en qué pecho resbale,
no importa la estatura, el sexo o la materia
pues todos caminamos sobre la misma pira.
No medirás la llama con palabras que encubren
los viejos sentimientos de los hombres.
De "Conjuros" 2001
SIN EMBARGO...
Sin embargo,
sin embargo,
sin embargo... No me
fío de mí. Nada es
permanente. Menos
lo es la palabra. Esto
tampoco,
esto tampoco,
esto tampoco. No me fío,
no te fíes de quien
dice, de quien
habla, de lo que se
dice, de lo que dices,
de lo que digo,
no me fíes,
no te fío.
La lucidez es una chispa, un
estado de conciencia
en las multiplicadas estancias
de la conciencia o que hacen
conciencia, las estancias
que se alargan, se prolongan, se
continúan, y así
se le llama conciencia
a aquella continuidad.
No me fío, no te
fíes de las estancias,
se estrechan,
se acortan,
se invaden,
desaparecen,
la lucidez es un instante
entre estancias,
ventanas en la mónada que
si permanece bajo
la luz del foco se hace estancia,
también ella, y sufre
las mismas convulsiones.
Sin embargo,
sin embargo,
sin embargo... lo
que intuyo ahora
se borrará mañana,
luego,
ahora,
apenas se haga pensamiento,
conciencia: estancia. Atrapamos
la sensación que invade las entrañas,
muy abajo,
muy adentro,
muy homogénea, la atrapamos
y la hacemos eso: "sensación",
la nombramos,
la describimos... la perdemos. Ya
no es ella, ya no es eso, ya no es.
Aún está allí pero
no es lo que digo,
lo es apenas,
no es lo que oís,
no es eso, no
os fiéis,
no me fíes,
no te fío.
De nuevo cae la tarde,
mengua la luz.
Los colores del otoño vienen del oeste,
decía aquel poeta chino.
El mundo está en mí.
No me apartaré.
Acojo todos los colores, el
estío dentro de mi otoño,
porque sé que no
hay fin, que no habrá término.
Todo comienza y termina en mí.
Yo soy el infinito proyecto de mí misma
por encima de mí
me sobrevuelo.
De "Lógica borrosa" 2002
AXIS MUNDI
Desciendo
desciendo al cuerpo y veo
la lombriz de mi espíritu
alojada en mi vientre.
Subo, subo en espiral
hacia el motor del mundo
huyendo
huyendo del mareo
del mal de ser sola
tan sola entre las vísceras
subo al latido
me alojo
en su arritmia y descubro
mi rostro de lombriz
adherida a las válvulas
y asciendo
sigo ascendiendo en busca
de una razón que diera
sentido a mi existencia
me deslizo en la tráquea
bloqueo las palabras
asciendo
resbalo. Hay un agua
viscosa tras los ojos
resbalo y se me pegan
imágenes de un mundo
apenas insinuado
asciendo y al llegar
a la cúpula descubro
que sus paredes lisas
transparentes, vacías
tienen la textura
carnosa de mi vientre.
He bajado al espíritu
he subido al instinto.
La misma lombriz tensa
el eje que mantiene
erguida mi cintura.
El nombre que le ponga
ahora será el tuyo
pero su nombre es el
de aquellos que he amado
de aquellos que amaré
es todos y ninguno
el eje que mantiene
erguida mi cintura
me previene de ti
te crea a mi medida
y asume el reto
de ser muchos
de ser tantos
que da la impresión
que no cabrá mi espíritu
adentro de este cuerpo
que no cabrá este cuerpo
adentro de mi espíritu
por eso muero un poco
cada vez que te nombro
y sin nombrarte apenas
alcanzo a definirme.
Mi vientre es quien pronuncia
las sílabas secretas
que se inscriben arriba
en la cúpula.
Mi existencia es señal
de un fuego
que arde eternamente
en sí mismo.
De "Lógica borrosa" 2002
DESEÉ ALGUNA VEZ QUE UN POETA ME AMASE...
Deseé alguna vez que un poeta me amase·
Ahora duelen sus poemas en mi cuerpo‚
algo de mí que en él se reconoce hasta quebrar la imagen
de todo lo que fuí.
Ahora deseo que me amase tanto que dejara de amarme
y sus palabras fuesen nieve
que el sol de junio fundiese entre mis pechos‚
allí donde su aliento insiste en acallar
esta tristeza antigua que siempre me acompaña.
De "Semillas
para un cuerpo" 1988
ANDUVE POR EL
DORSO DE TU MANO, CONFIADA...
Anduve por el dorso de tu mano, confiada,
como quien anda en las colinas
seguro de que el viento existe,
de que la tierra es firme,
de la repetición eterna de las cosas.
Mas de repente tembló el universo:
llevaste la mano a tus labios
y bostezando abriste la noche
como una gruta cálida.
Llevabas diez mil siglos despertando
y el fuego ardía impaciente en tu boca.
De "Hainuwele" 1990
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CHANTAL MAILLARD
Biografía
Hija de padres belgas, nació en Bruselas en 1951,
nacionalizándose española desde los 17 años.Es doctora en
Filosofía Pura y profesora titular de Estética y Teoría de las
Artes en el Departamento de Filosofía de la Universidad de
Málaga, en la que imparte enseñanza desde 1990.Vivió un año en
Benarés, India, en cuya universidad se especializó en Filosofía
y Religión India.
Ha colaborado con críticas de filosofía,
estética y pensamiento oriental en el Suplemento Cultural de los
diarios Abc y El País. Como poeta ha publicado, entre otros,
«Semillas para un cuerpo» 1987, Premio Leonor de poesía , «Hainuwele»
1990, Premio Ricardo Molina , «La otra orilla» 1990, «Poemas a
mi muerte» 1994, Premio Santa Cruz de La Palma, «Conjuros» 2001,
«Lógica borrosa» 2002 y «Matar a Platón» 2004, Premio Nacional
de Literatura.
Ha cultivado la prosa poética en «Filosofía en
los días críticos», «Diarios 1996-1998»
y «Benarés». Entre sus ensayos se destacan los títulos «La
creación por la metáfora» 1992, «El crimen perfecto»,
«Aproximación a la estética india» 1993, «Confucionismo, taoísmo
y budismo» 1995 y «La razón estética» 1999.
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