Colson dejó una huella imborrable en
el arte dominicano, fue un pintor meticuloso de academia,
pero por encima de esto, utilizó la enorme técnica que
poseía para desarrollar con mayor facilidad su
personalidad en la pintura. A pesar de ese dominio Colson
tenía mucho respeto al lienzo en blanco, preparaba las
telas y luego tardaba mucho en atacarlas, para no romper
la virginidad del blanco muchas veces utilizaba trabajos
fallidos de sus alumnos para pintar él sus cuadros encima.
En España
Colson desarrolla su primera
etapa entre Barcelona y Madrid durante seis años,
fundamentales en su formación desde 1918 a 1924, año en el
que se traslada a París donde seguirá su aprendizaje con
el arte español del exilio, principalmente con Picasso y
Gris. Coslon es el único de los tres que puede apreciar
las diferencias entre el arte español de antes y después
de la guerra Civil. La historia de la primera mitad del
Siglo XX en España, esta fragmentada y dividida por la
Guerra Civil, esta referencia es desgraciadamente
inevitable. El antes y el después de este hecho son en
todos los terrenos, incluidas las artes plásticas,
antagónicos.
Colson en sus dos estancias en España vivirá las dos
épocas, la primera de 1918 a 1924 y la segunda de 1939 a
1949. La primera como estudiante, la segunda como artista
experimentando y con una importante trayectoria. En el
1918, cuando llegó Colson a Barcelona, todavía el
“noucentisme” estaba considerado como el arte que definía
la cultura cotidiana, superando los ambientes artísticos y
literarios. El termino acuñado por Eugenio D’Ors reunía
varias dimensiones, entre ellas una política -nacionalismo
catalán- y otra estética basada en el clasicismo.
Clasicismo y mediterraneidad, con una visión épica y
mítica de la cultura, del mar de las culturas, de la que
Cataluña forma parte ineludible. Estos conceptos serán
determinantes para el desarrolló de su posterior obra
neohumanista.
En esta compleja relación entre lo clásico y la vanguardia
se puede analizar la obra de Colson, que durante su
trayectoria se debate entre la tradición y la innovación,
con numerosos componentes de mediterraneidad que nunca
abandonó.
Colson tiene oportunidad de conocer a una de las figuras
fundamentales de la vanguardia española, el uruguayo
Rafael Barradas que estaba desarrollando su particular
ismo “el vibracionismo” con el que representa la
proporción geométrica de los objetos buscando completarse
o rectificarse con el espectador.
Barradas venía de Milán y París y traía consigo todas las
experiencias y enseñanzas del futurismo, del cubismo y del
simultanerismo creando las bases de la pintura de
vanguardia española. En Madrid tiene Colson contacto
también con Vicente Huidobro, poeta chileno, portador del
“creacionismo”, ismo literario vinculado al cubismo. El
conocimiento en España de estos acercamientos, más bien
teóricos, al cubismo le servirán a Colson para integrarse
de manera particular en esta tendencia artística aunque en
primer momento se sintiera desconcertado por su
apabullante, aunque tardía, presencia en el ambiente
artístico de la Ciudad Luz.
En Madrid, su paso por la Escuela de Bellas Artes de San
Fernando, sería decisivo en su formación. En esta escuela
coincidiría, entre otros, con Dalí en los años 1921 y
1922, ya que en 1923 fue expulsado, con Maruja Mallo,
Fernando Briones y el escultor Cruz Collado.
Entre sus profesores se encontraba Sorolla, quien enseñó
pintura en la Academia de Bellas Artes de San Fernando
hasta 1923, José Moreno Carbonero y José Garnelo.
Colson vive la Barcelona de Ramón Casas, de Eliseo Meifren,
de Santiago Rusiñol, quién auspició su ingreso en el Real
Círculo Artístico, de Nonell, conoce a Manolo Hugué, José
Cañas, Palencia, Iturrino, Gines Parra, Joaquín Sunyer,
Luisa Granero. También conoce la obra de otros artistas de
otras regiones españolas, como Pérez Villamil, Regoyos,
Joaquín Mir, Piñole.
Su estilo
De su época de formación
se ven pocas influencias directas en cuanto a estilo de
sus profesores. Según Fernando Ureña Rib “De Joaquín
Sorolla, Colson aprende las técnicas de la pintura
directa; la precisión, la intensidad, el sentido, pero no
cae jamás en el sorollismo fácil en el que cayeron muchos
de su generación.., Pero si en esa manera de utilizar el
rastro de la aplicación pigmentaría como una forma
expresiva en sí.”
La línea, el silueteado de las figuras de los planos, es
fundamental y viene de su cubismo, pero no era un obseso
de la misma y criticaba a Mondrían por eso. Colson cuenta
una anécdota que demuestra el fanatismo lineal del artista
del espacialismo, que le ocurrió en el propio estudio del
pintor holandés. Este agarró literalmente la pierna de uno
de los visitantes y la movió de lado porque estaba pisando
una de las líneas de las baldosas del suelo. Colson usaba
la línea, pero intenta evitar que esta congele la
composición. Su linealidad era más oriental, más
expresiva.
Es en los años 20 y 30, cuando consolida su lenguaje, su
forma de pintar estará siempre dominada, aún en sus obras
más realistas y en los retratos, tanto los de su época de
Barcelona, como en los de su período negro, o en sus obras
de Long Beach, por atmósferas metafísicas, surrealistas y
simbolistas con un fondo clasicista y por otro lado con
una estructuración de la composición con una base heredera
del cubismo, en todas sus vertientes.
En Colson lo fundamental es la composición sujeta a una
lógica “intrínseca” que rige todos y cada uno de los
elementos constitutivos del cuadro, ordenados por la
geometría y contenidos en el espacio, que también es luz y
color, pero todos sujetos a la composición.
Para Colson los factores ineludibles que integran el
cuadro son: en primer lugar, el geométrico, que es el
preponderante en la temática pura; luego el espacial, que
comprende también la luz y el color que, en definitiva,
esta sujeto al factor principal determinante.
La paleta de Colson es, según lo reconoce el propio
pintor, una paleta española que se ha esforzado en
arrancar sus secretos a Velázquez. Para él contrariamente
a lo que es un lugar común, los pintores tropicales no son
coloristas. Es más, considera que el pintor tropical se
crea un color que quizás es lo contrario de lo que vive.
En entrevista a María Ugarte, le dijo: “En el trópico no
hay gama de colores”, observa, “lo que hay es colorines”
En su opinión los grandes coloristas no están en los
países tropicales, sino en los nórdicos.
Colson afirmaba que su paso por los ismos fue muy
beneficioso, razona que fueron una especie de importante y
necesario “ejercicio espiritual”. En esto se compara con
Picasso. Colson, no sólo conoció personalmente a Picasso,
sino que expuso con el en la colectiva de 1949, lo
admiraba profundamente y son muchos los elogios que le
dedica siempre que tiene una oportunidad, desde el cubismo
a la vuelta al clasicismo Colson se siente influenciado
por el artista malagueño.
Colson partía de una fórmula que se “inventó”, en la que
partiendo de la realidad había que llegar a la abstracción
y luego, basándose en está como condición reguladora,
retornar a la idea original. Ese proceso confiere a la
obra una irrealidad inherente.
Colson
Entre el mediterráneo y el Caribe
Colson mitificó la belleza de
los cuerpos y de los rostros, sobre todo masculinos, dio a
los seres humanos la categoría de semidioses, sus retratos
siempre eran imágenes que trascendían al retratado, los
muchachos dominicanos se convertían en habitantes de un
Olimpo caribeño imaginario, en héroes en reposo después de
haber realizado grandes proezas.
Su adoración por el arte Pompeyano, se ve reflejado en los
retratos que tienen siempre ese aire ausente de la pintura
pompeyana o de los retratos de El Fayum.
Colson en toda su trayectoria cubista, surrealista,
neohumanista, abstracta, realista, religiosa, siempre
permaneció fiel a la estética, a los valores de la
antigüedad mediterránea en la exaltación del hombre y de
su cuerpo.
RICARDO RAMÓN JARNE