CONPARA
LLEGAR AL LIMBO
Hay tres abismos falsos antes de llegar al Limbo. En el primero suelen
caer los políticos y los adictos al poder, porque refulge ya en la
distancia gris con la promesa de haber hallado la gloria inmarcesible. A
medida que te acercas divisas enormes figuras ecuestres levantando sus
espadas y sus lanzas, señalando caminos antagónicos. Este paraje puede
infundir confusión crónica, por lo que se recomienda continuar en línea
recta y no detenerse a admirar el oropel y las charreteras de los
sátrapas y dictadores militares.
En el segundo abismo caen los comerciantes cuyos pecados, aunque
menores, son harto frecuentes. Se trata de senderos resbaladizos. Es
fácil deslizarse tras el oro que bordea las fuentes y ser tragado por
ellas. La prudencia es el único muro de contención.
Hay enormes y suntuosas puertas en el tercer abismo. No entres por
ninguna de ellas. Tampoco te dejes atrapar por los símbolos,
aparentemente inocuos, en los dinteles. Unos prometen la sabiduría,
otros el placer, la castidad, la suculencia o la justicia. Tan pronto
atraviesas el umbral caes irremisiblemente en una profunda oscuridad y
no verás la luz hasta pasadas dos o tres edades terciarias.
El Limbo verdadero, sin embargo, no tardará en aparecer. Es cierto que
el camino es largo y angosto. Tanto, que temerás ser aplastado por las
paredes que te apretarán y succionarán a medida que avanzas con
dificultad extrema. No des un paso atrás. Jadeante y bajo extrema
tensión, llegarás al Limbo que te parecerá la gloria misma. Aquí nada
importa ya. Ni las fluctuaciones en la bolsa de valores, ni el asedio
criminal de los bancos, ni los desaires amorosos, ni el odio de tus
enemigos. No tendrás sentido de pertenencia alguna. Ni a raza, ni a
cultura, ni a religión, ni a nación ni a lengua. Te habrás desprendido
de todas las cosas, no será necesario pensar y pensar...Y sin embargo
habrás descubierto el magnífico poder de los sentidos. Tu alma se
purifica y flota llena de luz. Estás en paz.
FERNANDO UREÑA RIBTACTOS