Fernando
Ureña Rib presenta su exposición "Oceánica" en los salones de la Casa del
Cordón, que alberga el Centro Cultural del Banco Popular. En ese marco
magnífico, secular y remozado las 22 pinturas de Fernando Ureña Rib, actual
presidente del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos, tienen el entorno que
corresponde a la pulcritud de su ejecución, al esmero factural indentificador
de la secuencia. Su autor es uno de los mejores dibujantes nuestros e
igualmente un colorista refinado y experto en las modulaciones luminosas,
preciso en la pincelada. Es también un contemporáneo conservador que se aferra
a la untosa y suntuosa textura del óleo. Veinte años no son nada...nos parece
que fue ayer, cuando no muy lejos de la Casa del Cordón, en la Galería Colonial,
el entonces muy joven pintor egresado de Bellas Artes expuso por primera vez
individualmente en 1973.
Una de las características de Fernando
Ureña consiste en que no se repite ni rompe consigo mismo. Él evoluciona, él
eslabona un período con el anterior, dispuesto a "recordar" un tema al lado de
nuevos elementos y motivos.
Veríamos una especie de autobiografía
pictórica en esas metamorfosis. "Crisálidas" fue sujeto y título de una de sus
series recientes. De hecho, cada muestra se vuelve una crisálida, Ninfa cuyo
capullo gesta la próxima metamorfosis. Así sucede con "Oceánica", probablemente
premonitoria de otra inspiración sensual, frutal y orgánica pero de perfil
propio.
A Fernando Ureña desde hace años le
atrae el mar. El mar como símbolo y fuente de vida, como cantera inagotable de
formas, espacios y tonalidades. En telas y dibujos el pez ha sido una entidad
recurrente, habitado y duplicado en su reflejo, multiplicado en efectos ópticos
primordiales o secundarios. En Oceánica, el artista, inmerso en los fondos
acuáticos, ha sobrepasado el mundo pisciforme. El onirismo, que es la dominante
de su pintura desde hace más de un lustro, ha gestado conchas ignotas, moluscos
blandos, caracoles vegetales. Fernando Ureña, en el sueño y el ensueño dela
creación "morfo-cromática" ha gestado "especies otras" para nosotros mutantes
como crisálidas de mar.
Personalmente, las miramos -casi táctil
y sonoramente, pues una de sus cualidades es la de sugerir la plurisensorialidad)
como objetos frutales. Frutas del trópico en su lirismo pulposo y lustroso.
Frutas prohibidas tal vez, en la medida que sugieren a los ojos adultos,
alusiones y signos erotizantes. Los cuadros más bellos, de formatos moderados,
son metáforas de la tentación, con esferas, módulos oblongos, curvas y
elipsoides, de volumetría provocadora en su ilusionismo impecable.
No es en esta etapa cuando el erotismo
ha intervenido como ingrediente ineludible. Diríamos que se ha hecho más
acentuado e insinuante, no en los desnudos de Fernando, dueño-duende de la
virtuosidad anatómica, sino en sus composiciones surrealizantes, vegetales,
animales, orgánicas siempre. Aproximarlas a objetos e intimidades sería
quitarle mucho de su seducción y vulgarizar su poética. La sensualidad impera,
impone, impregna. No más.
Ahora bien, hemos mencionado los fondos
acuáticos. Fondo en esta acepción significa atmósfera, medio, ambiente. Es
exactamente lo que percibimos, lo que sentimos, ante la pintura de Fernando
Ureña. Aquí no existe el motivo en primer plano, o planos escalonados sobre un
fondo, especie de telón y soporte cromático. En torno a los módulos se palpa un
elemento consistente, envolvente, lleno de sustancia, de vida, de misterio. Más
aún, en ciertas obras ese fondo "oceánico", con sus claridades ensordecidas, con
sus cases que horadan la semitransparencia del mar se plantea como la parte
preponderante, la que más seduce e intriga.
Estamos de acuerdo con Fernando Ureña
que "se" sabe escribir tan bien:"Después de años navegando estas aguas,
sumergido en un río terriblemente oscuro y subterráneo, empiezo a entender a
dónde voy y qué poderosas fuerzas me arrastran, o me hunden, qué luces me guían
o me deslumbran."
Marianne de Tolentino.
El Listín Diario, Domingo 20 de Junio de 1993