Pocas
experiencias son comparables a la de visitar al artista en su
estudio en el momento en que desarrolla sus creaciones, y conversar
con él sobre la teoría estética que las sustentan.
Durante
los pasados quince años he disfrutado haciendo eso. Visitando el
taller que el pintor dominicano Fernando
Ureña Rib
establece durante los veranos en el centro de Montreal, en el
Edificio Belgo. Pasado el mes de Junio se le encuentra fácilmente
allí, sumergido en su obra y aislado en medio del rumor de los
talleres de danza y de las galerías de arte contemporáneo de ese
edificio.
Desde
1984 he seguido de cerca su producción artística y he experimentado
sus diferentes periodos de transición, búsqueda y descubrimiento.
Noto que hay un hilo conductor muy definido, que no se quiebra en
todos estos años.
Hoy
abrigo el sentimiento de que sus hallazgos son una inapreciable
contribución al arte de la pintura en este final de siglo.
Hay una
línea sinuosa que trasciende el primer golpe de vista: Sin
importarle las tendencias artísticas predominantes que condenan la
conexión entre arte y belleza,
Ureña Rib
persigue y predice el resurgimiento de la gracia y la belleza en el
arte con tanta intensidad y poder como en los períodos helenísticos
y clásicos.
Esa
práctica le lleva a desarrollar la maestría que uno observa en el
toque de su mano y en la ingeniosa inventiva del tratamiento de sus
estudios anatómicos. El enfoque lúdico se observa en su tratamiento
de la luz, del color y en su énfasis en la intención de movimiento
de las formas.
Pero hay
mucho detrás de este aparente divertimento. ¿Qué se oculta detrás de
estas imágenes desnudas, de estas figuras que saltan y danzan en
medio de una floresta formada por toques vibrantes de color?
El
trabajo de
Ureña
Rib exuda una
espléndida visión de armonía y libertad. La línea visual conductora
fluye ahora entre una brillante comprensión de la realidad y las
sutilezas del mundo de los sueños. El espectador se enfrenta a una
variedad de conceptos que interactúan: Tiempo, Paz y Felicidad como
propósito vital.