Acontecer diaspórico en Nueva
York
Una perspectiva dominicana:
Entrevista a Silvio Torres-Saillant
César José (Jochy) Herrera es
médico dominicano residente en Chicago.
Perspectiva Ciudadana agradece a Luis Tomás
Oviedo, médico dominicano también y entrañable
amigo de Herrera, el envío de esta colaboración.
Lo que define los
contornos de la identidad nacional de un pueblo
es lo vivido; es decir, la experiencia histórica
compartida. No es una lengua ni una raza ni una
misión divina…la nacionalidad no es un asunto de
geografía.
Silvio Torres-Saillant es profesor y director
del Programa de Estudios Latinoamericanos de
Syracuse University en Nueva York. Sus numerosas
publicaciones, monografías, conferencias y
textos relativos al fenómeno migratorio, sin
duda, lo colocan dentro de los más destacados
intelectuales dominicanos contemporáneos. A
propósito de su visita a Chicago, como invitado
a la conferencia Latinos in the Global City en
De Paul University, se le hizo una serie de
preguntas relacionadas con la población latina
de la urbe newyorkina.
En tus consideraciones sobre la naturaleza de la
migración dominicana a los Estados Unidos, has
planteado una interrelación entre los conceptos
emigración / expatriación / transnacionalidad.
En ese sentido, ¿ cómo ves el rol del Estado del
país originario en el acontecer de la diáspora,
hay acaso una “internacionalización” en esos
países como resultado del fenómeno migratorio?
La diáspora dominicana, como lo hace ver Ramona
Hernández en The Mobility of Labor Under
Advanced Capitalism (Columbia UP 2002), surgió,
entre otras cosas, de una voluntad del Estado
dominicano con el respaldo del gobierno
norteamericano. La promoción de la emigración
buscaba inicialmente sacar del país emisor el
excedente laboral y la disidencia política para
darle respiro al proyecto de desarrollo que se
llevaría a cabo con la llegada al poder de
Joaquín Balaguer en el año 1966. Posteriormente,
como resultado inesperado, las remesas
monetarias provenientes de los emigrantes
constituirían una de las principales fuentes de
ingresos para la sociedad dominicana. La
exportación de gente se convierte entonces en
recurso necesario para la estabilidad económica
del país. La República Dominicana comparte con
otras sociedades del Caribe y Latinoamérica la
desgracia de cifrar sus esperanzas de bienestar
social en la expulsión sistemática de su
población. Es este uno de los renglones
fundamentales de la internacionalización que
vivimos en el hemisferio. La proliferación de
Zonas Francas ( maquiladoras ), el crecimiento
del turismo como industria por excelencia y la
venta de las empresas del Estado a corporaciones
extranjeras completan el cuadro.
¿Tiene la diáspora dominicana en Nueva York
características vivenciales, participativas o
sociales diferentes a las demás comunidades
latinas de esa urbe?
Los dominicanos tienen un perfil particular que
los distingue de los demás asentamientos de
grupos étnicamente diferenciados procedentes de
Latinoamérica. Junto a chicanos, boricuas y
cubanos, los dominicanos están entre los cuatro
segmentos más numerosos de los hispanos en
Estados Unidos. Pero cuentan con una experiencia
estadounidense breve, y por tanto, una menor
cuota de poder que los demás grupos. El inglés
aún constituye un obstáculo para la mayoría,
nuestro liderazgo político todavía se ve
obligado a rendir pleitesía a representantes de
otros grupos aún sin que estos hayan
necesariamente demostrado solidaridad con la
agenda dominicana. El sector empresarial todavía
se siente sicológicamente dependiente de la
legitimización que le pueda otorgar la sociedad
ancestral. Por ello es mas fácil que invierta en
una causa social, política o cultural de la
República Dominicana que de un vecindario en
determinada ciudad norteamericana. La cuestión
racial, nuestra mayor cuota de negrura, también
nos distingue de los demás hispanos, asunto
particularmente digno de mención tomando en
cuenta la negrofobia que cunde en la mente
latina al igual que en la anglosajona. Los
dominicanos constituyen la periferia del margen
de los demás grupos latinos en este país, y eso
los hace distintos.
A partir del concepto andersoniano de la nación
como “comunidad imaginada”, ¿cuáles son los
desafíos que enfrenta el pensamiento y ejercicio
intelectual de la diáspora latinoamericana en
Estados Unidos?
Uno de los principales desafíos es el de ejercer
eficazmente su papel ciudadano. A la diáspora le
sobrevive una condición de hiperconciencia
ciudadana, ya que tiene a su haber por lo menos
dos sociedades que mejorar. Ello partiendo de la
convicción de que la ciudadanía no es un estatus
sino una práctica. Practicamos nuestra condición
de ciudadanos al asumir la responsabilidad de
hacer la sociedad más justa, igualitaria e
inclusiva. La ciudadanía impone el deber de
corregir los defectos de nuestra sociedad sobre
todo en el área de los derechos humanos. Si es
ésa una dura tarea para el ciudadano regular,
más dura habrá de ser para aquél cívicamente
vinculado a dos sociedades. Similarmente, la
intelectualidad diaspórica debe fungir como
agente democratizador de los Estados Unidos y la
tierra ancestral en forma simultánea, cuidando
de que su intervención en la sociedad
latinoamericana de origen, no despliegue dejos
de imperialismo cultural, de que su residencia
en este país no le dé superioridad
epistemológica con respecto a sus compatriotas
allá.
Además del hip hop, el regatón y el béisbol,
¿cómo ha influído la dominicanidad a las
diferentes expresiones culturales presentes en
Norteamérica?
Esa influencia se percibe en la proliferación de
las formas musicales mas allá del enclave
étnico. Cuando vemos que en una película de
Hollywood o que en un determinado episodio de un
programa de una cadena televisiva suena un
merengue o una bachata como fondo musical, te
das cuenta de que esos ritmos traídos por
dominicanos a este país ya forman parte del
tejido sonoro del oído de la nación. Cuando se
habla de la tropicalización de centros urbanos
como Nueva York es justo destacar los loci
específicos donde se manifiesta este fenómeno
con distintivos que lo marcan como una
dominicanización. Se puede también empezar a
hablar con propiedad del componente dominicano
en los planos económicos, políticos y sociales,
sea mediante la prominencia de Oscar de la
Renta, la pujanza de políticos dominicanos que
se han insertado en escaños legislativos o en
explosiones sociales de la comunidad como el
alzamiento de Washington Heights en julio del
1992, a sólo días de la convención nacional del
Partido Demócrata. Entonces el rostro de la
población dominicana se hace progresivamente más
presente en la conciencia de la ciudadanía.
¿Qué papel juega la conciencia racial en el
fenómeno de la migración y cuáles son las
dinámicas interraciales evidentes en Nueva York?
Existe poca duda de que la condición racial
desempeña un papel significativo en la
posibilidad de que cada inmigrante eleve su
calidad de vida en esta sociedad. La negritud de
un grupo puede tener un impacto comparable a la
insuficiencia de escolaridad, a la carencia de
destrezas laborales o al desconocimiento de la
lengua inglesa, aspectos que restringen la
movilidad social. Hay una correlación entre el
grado de negritud de un grupo hispano
determinado y su más precaria ubicación en la
escala social. Añádase a esto la lealtad etno-racial
que ha fomentado la historia norteamericana
entre los grupos minoritarios que ponen a cada
quien a halar étnicamente para su lado. Así, se
discierne que entre los distintos segmentos de
la población hispana, el que posee una mayor
cuota de poder se las arregla para mantener a
raya o cerrarle el paso al grupo que le sigue en
la escala de poder. Esto es evidente en Nueva
York donde el crecimiento numérico y la
participación política dominicana han llegado a
inducir un “atrincheramiento político” en el
liderazgo local.
La migración dominicana a Estados Unidos
continúa tan activa como en el pasado reciente.
A pesar de la relativa “juventud” de ese
fenómeno, ¿consideras que existe ya una”
identidad” literaria propia entre los escritores
dominicanos radicados aquí?
Al hablar de esa relativa juventud hay que
referirse al éxodo que irrumpió a partir de la
década de los sesenta, el cual dio pie al
asentamiento de vecindarios dominicanos en
distintas ciudades norteamericanas. Con ello no
soslayamos la temprana presencia dominicana que
data desde la segunda mitad del siglo XIX,
incluyendo la llegada de Pedro Henríquez Ureña
en 1901, antes de obtener su formación
académica. Pero esa noción de juventud es válida
porque define la inicial llegada masiva de
dominicanos que aún continúa ininterrumpida. Y
es la juventud de esa población que echa las
simientes de una cultura dominico-americana lo
que explica el hecho de que, con la excepción de
Julia Alvarez y Angie Cruz, los escritores que
logran insertarse en el mercado literario
norteamericano nacieron en la República
Dominicana. Existe ya entonces la conciencia de
una diferencia dominicana en la escritura de la
diáspora y una de sus características es
precisamente el contrapunteo entre el aquí
norteamericano y el allá caribeño. Los
personajes de las obras de estos autores nunca
pierden de vista la realidad de la tierra
ancestral, no obstante que tienen raíces
sociales bien sembradas en este país.
¿Qué comentario te merece el pensamiento
neo-nacionalista que retoma forma en Estados
Unidos con respecto a la “latinoamericanización”
del país y a propósito del discurso
hungtintoniano?
La intervención de Samuel P. Hungtinton
representa una ideología cultural y nacionalista
superada tras la lucha por los derechos civiles
y las transformaciones sociales que ella
desencadenó; por lo tanto, es anacrónica. Ya
existe un consenso acerca de la definición de
nación, y no hay contradicción alguna entre
lealtad a este país y la afirmación de la
diferencia cultural. La aparición del discurso
huntingtoniano en este momento sólo se explica
en el contexto del retroceso ideológico que los
acontecimientos suscitados por el ataque del 11
de septiembre, principalmente la legislación del
Patriot Act, ha permitido. Es decir, este país
está viviendo un momento políticamente
reaccionario.
JOCHY HERRERA
Publicado en
Perspectiva Ciudadana
Es editada todos los sábados
por Red Vida Cotidiana, empresa ciudadana
solidaria.
Investigadora destaca el
potencial de la diáspora dominicana para
invertir en RD
Leonora Suki resaltó el trabajo que desarrolla
el gobierno del presidente Leonel Fernández para
crear las condiciones que permitan atraer
inversiones de los dominicanos residentes en el
exterior
Por la experiencia que han logrado en áreas
vitales de la economía, como el comercio y la
inversión, y por su vinculación a estamentos
estatales administrativos, los dominicanos
radicados en Nueva York constituyen una
atractiva fuente de inversión para República
Dominicana.
La afirmación la hizo Leonora Suki, directora
asociada del Programa de Desarrollo y Remesas
del Centro sobre la Globalización y Desarrollo
Sustentable, con sede en Nueva York. Se refirió
al tema al participar en la conferencia “Creando
oportunidades de comercio entre la población
hispana y del Caribe en los Estados Unidos y sus
países”, que se transmitió en el auditorio de la
Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE),
en coordinación con la Organización de Estados
Americanos (OEA) y la Young Ameritas Business
Trust.
Suki destacó en su intervención la evolución
económica y social que ha logrado la comunidad
dominicana radicada en Nueva York partiendo de
los resultados de un estudio realizado por el
Instituto de la Tierra de la Universidad de
Columbia, en coordinación con FUNGLODE.
La investigadora también se refirió a los
elementos fundamentales que requiere las
comunidades de emigrantes para convertirse en
inversionistas en sus países de origen, en los
que incluyó contar con una red social
importante, información precisa y actualizada
sobre el país de origen, acceso a recursos en el
país de acogida y políticas estatales que
estimulen su inversiones.
Indicó que en la comunidad dominicana en Nueva
York ya existe una red importante de
profesionales con experiencia en el comercio, la
inversión y el sector financiero.
Aunque dijo que la red no se ha desarrollado
tanto como las de los asiáticos, coreanos e
indios en Estados Unidos, resaltó que existe una
asociación de dueños de supermercados en la que
los dominicanos son mayoría.
Se refirió también a la Asociación Dominicanos
en Wall Street, compuesta por personas que “son
verdaderos líderes en Nueva York” y afirmó que
su participación es esencial para que se
desarrolle el comercio de la diáspora.
Suki subrayó que un inversionista de la diáspora
necesita comunicación con el país adoptivo y un
nivel de desarrollo en el país que lo acoge, lo
cual han conseguido los dominicanos establecidos
en Nueva York, porque están bien representados
en esferas de la administración estatal y
municipal.
“Es importante poder tener acceso a recursos y a
la inversión pública para que se siga
desarrollando la diáspora en el futuro y aquí
vemos que la comunidad dominicana está muy bien
representada, muy cohesionada”.
Puso como ejemplo su activismo en la “Dominican
American Roundtable”, una organización no
partidista con asiento en Washington que
propugna por el empoderamiento de los
dominicanos radicados en Estados Unidos y Puerto
Rico.
Otro elemento que requiere el inversionista de
la diáspora, según Suki, es un nivel de
desarrollo económico que sea relativamente alto
en relación al país adoptivo. “En este caso –
dijo- los dominicanos se muestran un poco
débiles en comparación con otros grupos de la
diáspora que han logrado mucho, como son los de
Corea, China y la India”.
Manifestó a continuación la importancia que
reviste para las comunidades de la diáspora la
inversión en la salud, la educación, a lo que
sumó la necesidad fundamental de tener acceso a
los recursos del mercado, financiamiento,
información, educación y capacitación.
También resaltó la relevancia de contar con una
red social que acumule los recursos del mercado
para beneficio de la diáspora y que a la vez
cree las condiciones para generar los
inversionistas de la comunidad.
Planteó además que la diáspora necesita
conocimiento e información sobre su país de
origen. “Muchos inmigrantes salen de su país y
ya no conocen las reglas de juego de su país de
origen; tienen el interés, pero no siempre
tienen la información que se requiere para hacer
las inversiones que se requieren”, dijo.
Puso como ejemplo a resaltar el caso de la
India, que ha establecido un centro de
información para la inversión que centra su
atención en los inversionistas de la diáspora,
de manera que tengan la información necesaria
para poder realizar inversiones en su país de
origen.
Aunque dijo que en la República Dominicana no se
ha establecido un organismo de tal naturaleza,
manifestó que tiene entendido que esa es una
parte importante de la estrategia de gobierno
del presidente dominicano Leonel Fernández. En
efecto, previo a la intervención de Suki, el
mandatario se refirió a los esfuerzos que
desarrolla su administración para incorporar la
diáspora dominicana al plan nacional de
desarrollo del país, contando con los emigrantes
como parte del país y no como una comunidad del
exterior.
Suki ponderó también el trabajo que desarrolla
el presidente dominicano para promover la
participación de los dominicanos residentes en
el exterior en los procesos electorales.
Para promover la inversión de los inversionistas
de la diáspora hay tener claro que no debe
considerarse como una estrategia de largo plazo.
Advirtió que tales acciones no reducen las
responsabilidad del Gobierno en cuanto a las
reformas necesarias, la educación y los
recursos, para los inversionistas. “Es un medio
importante para la promoción de la inversión,
permite atraer un público externo, pero no puede
ser un sustituto para las reformas que puedan
atraer a todos los inversionistas, no sólo los
de la diáspora”, expresó.
“Desde luego que los inversionistas de la
diáspora tienen ciertas necesidades especiales,
pero la recomendación es que se aprovechen todas
las oportunidades posibles, que ejecuten
reformas y aprendan sobre sus necesidades en el
país”, concluyó Suki.