En la antesala del Museo Bellapart se
presentan actualmente siete retratos del gran intelectual dominicano
Rafael Díaz Niese. La figura de Diaz Niese es recordada por muchos de
manera entrañable. Este homenaje del Museo Bellapart es merecido. A
Rafael Díaz Niese debemos el florecimiento y el despertar de las
diferentes instituciones artísticas que aún hoy forman y nutren
nuestra cultura. Instituciones tales como la Dirección General y la
Escuela Nacional de Bellas Artes, la Orquesta Nacional y la Bienal
Nacional de Artes Plásticas se fundaron bajo su gestión en los días
difíciles de la dictadura de Trujillo.
Sin embargo, Díaz Niese no fue un administrador y político que se
alejara del movimiento cultural de su época, sino que al contrario era
un hombre que se rodeaba de artistas, de músicos e intelectuales.
Sabía escuchar y dialogar hasta encontrar las raíces de nuestra
cultura. Él estudió y se interesó en comprender la idiosincrasia del
dominicano y puso un gran empeño en que se preservaran los vetustos
edificios de la ciudad colonial, escribiendo varios artículos y
haciendo una extensa labor de discusión y divulgación.
En el periódico La Nación y en los cuadernos dominicanos de cultura
aparecían sus artículos que abarcaban desde la alfarería indígena
dominicana (escrito con absoluto rigor) hasta ensayos de filosofía y
estética. Este precursor de la crítica analítica en Santo Domingo
manifestaba en sus escritos una prosa vigorosa y firme, en la que el
escritor alcanzó gran profundidad y transparencia.
Estos retratos que presenta el Museo Bellapart en conmemoración a los
cincuenta años de su fallecimiento, son uno de esos pequeños tesoros
artísticos que conserva en sus salas el Museo. Siete retratos que son,
por supuesto, siete visiones distintas del filósofo y humanista
dominicano. Algunos son retratos realizados durante sus prolongados
viajes por Europa.
Alfonso Castelao fue un pintor de renombre quien realizó en París, en
1917 un retrato al óleo sobre cartón de aquel joven estudiante
dominicano. La pincelada es ágil, suelta, precisa y nos recuerda a esa
impetuosa manera de pintar que agitaba la mano del maestro Goya.
Carlos Arean escribe: " La más completa personalidad entre los grandes
pintores gallegos del siglo XX fue la de Alfonso Rodríguez Castelao
(La Coruña,1866-Buenos Aires,1950).
De Jaques Aubrum se tienen menos datos, excepto que fue pintor,
decorador y grabadista y que expuso en los salones de Otoño de 1923,
1925, 1927 y 1928. Se trata de una pintura de gran solidez y de una
manejo sordo de los grises.
Jaime Colson realizó dos retratos de Díaz Niese. Uno en 1936 y el otro
en 1944. El de 1936 está muy bien documentado y apareció en numerosas
exposiciones y publicaciones. Un Díaz Niese joven se cubre con una
chaqueta de cuero mirando fijamente al pintor. Colson capta la
intensidad y profundidad de esa mirada que penetra y se pierde en los
arcanos del pensamiento.
La especialidad de Yory Morel no fue el retrato, sino más bien el
paisaje de la campiña cibaeña. Sin embargo, el retrato de Morel
también es sobre todo una introspección, un reflejo del alma de este
pensador. Desde un medio perfil, la mirada grave, ausculta la mirada
del pintor santiaguero y se produce un cruce, un choque, una extraña
complicidad entre el retratista y el retratado.
Rudo y misterioso es el retrato que el muralista Vela Zanetti le
pintara en 1946. La fuerza calmada y la pasión contenida se reflejan
en las manos y en el rostro pensativo. El paisaje del terruño del
artista (o quizás del retratado) le sirve de marco. Entonces
recordamos las palabras del crítico: "El arte no puede ser una
reacción mecánica, no debe ser una simple reacción sensual. Por el
contrario, el arte de ser el resultado de una evolución cerebral- si
se nos permite la expresión - de las impresiones sensoriales."
El retrato de Darío Suro (pintado en 1947) es extraño, sutil e
idealizado, porque la figura de Díaz Niese emerge desde las entrañas
de la tierra. Fondo y forma se funden con el paisaje que invade la
figura sedente del ensayista. Una atmósfera de soledad y quizás de
escepticismo se advierte en ahora en su mirada reflexiva. Pero es
preciso acudir y ver estas pinturas en el Museo Bellapart, porque como
afirmara Díaz Niese: "La pintura no se explica: es."
FERNANDO UREÑA RIB