Creo necesaria una
evaluación del Concurso de Arte de E. León Jimenes, porque este es muy
importante y pienso debe crecer y continuar haciéndose siempre. Estas
notas tienen la intención contribuir a ese proceso de análisis que se
inicia ahora, luego de las premiaciones.
Quisiera aclarar que no me opongo a la existencia ni a la validez,
como forma de expresión humana, de esos otros renglones del arte
llamados fotografía, video, cine etc. Arte. La palabra es tan amplia y
abarcadora que ciertamente nos refiere a casi cualquier cosa
manipulada hábilmente. Ya hablaban los chinos (en el siglo XV) del
Arte de la Guerra, por ejemplo.
He visto impresionantes manipulaciones digitales de la imagen y del
video, que poseen, un afinado sentido estético y un importante mensaje
a comunicar. A lo que me opongo es a que se viertan en el mismo envase
el agua y el aceite, a riesgo de que todo chisporrotee cuando se eche
al fuego. Y eso es lo que está pasando.
Quizás los curadores y
organizadores de concursos de arte (hablo en sentido general) piensan
que están plenamente justificados a introducir allí a cualquier
innovadora manifestación humana. Y es preciso que se establezcan las
diferencias. No se puede poner a concursar la fotografía con la
pintura o el dibujo. No compiten, simplemente porque las dos no
pertenecen al mismo grupo, conocido desde siempre, como el grupo de
las Artes Plásticas. Ni el video, ni la fotografía, ni el videojuego,
ni el arte digital, ni el cine pertenecen a ese renglón. El arte
cibernético, el cine y la fotografía están mucho más cerca entre sí
(como sistema de tratamiento de imágenes) que lo que pueden estar del
dibujo o de la escultura, por ejemplo. Eso es todo.
Lo que se está haciendo es similar a poner a un violinista o a un
pianista a competir con un bailarín. Además, una cosa es la música
programada por ordenador y otra la ejecutada de manera acústica.
Pienso que los que hacen música digital, con esos sofisticados equipos
que mezclan sonidos y hacen réplica de casi cualquier instrumento,
deben ser juzgados en otro orden de la actividad musical. La danza y
el teatro son artes escénicas y sin embargo no compiten entre sí.
El crítico Félix Ángel hizo unas declaraciones en El Nacional del
sábado pasado sobre la crisis en las artes plásticas dominicanas. La
crisis en el arte, ni es puramente local ni difiere de la que existe
hoy en la sociedad. Es más bien su reflejo. Asistimos al triunfo de la
mediocridad. Fíjate quién va a ganar las elecciones en Estados Unidos,
por ejemplo, a pesar de los pésimos logros económicos, morales y
militares del incumbente. Los jóvenes pintores, escultores, grabadores
y dibujantes manifiestan esa desazón, ese pesar, esa impotencia.
Muchos piensan que el título del concurso debería ser cambiado de
modo que se incluya la expresión Concurso de Arte Contemporáneo o
Concurso de Imágenes visuales para dar mayor amplitud a la recepción
de obras de todo tipo. Pero todo es imagen visual: El escaparate de
una tienda, el reloj que llevamos en la muñeca, el sombrero de
fieltro de aquel señor, el haitiano y su triciclo de frutas. Y si
nos llevamos de eso, entonces tendríamos un bazar y no una
celebración de la creatividad en las artes plásticas.
Algunos pintores piensan que se deben abstener de todo concurso que intente
mezclar, como en una probeta química, indistintamente, todos los
valores ylas categorías artísticas como si se
tratara de la misma cosa. Las reacciones podrían ser explosivas. La única manera de estimular ciertamente las
artes plásticas es juzgándola por sus leyes y normas intrínsecas.
En
España existe el Premio Velásquez, exclusivamente de pintura. Existen
otros premios y eventos específicos, según categorías. La Bienal del
Grabado de San Juan ( aunque El premio Goya se da al teatro y al cine,
paradójicamente, y no al grabado).
Claro, resultaría engorroso para los organizadores y para los
participantes, eliminar la fotografía y el video de un concurso de
artes plásticas, porque sería como rebajar esos renglones del estatus
superior que habrían alcanzado al asistir a los Salones y Bienales de
Arte en el mundo. Muchos lo verían como un atraso, una vuelta atrás y
se opondrán ferozmente. Pero la idea misma de que el arte va en una
constante progresión y avanza, hacia adelante, es una falacia. Ya
Nietszche decía que en realidad "progreso es movimiento". Lo
importante es que las cosas se muevan. ¿Hacia atrás, hacia adelante?
¿Quién lo determina? ¿Recordamos a Benedetti y a Torres García con
aquello de si el Norte está arriba o el Sur abajo? ¿Es más moderna la
Venus de Ajanta que la de Milo o que las Demoiselles d' Avignon? En el
arte no hay vanguardias. El arte es atemporal. ¿Eran "mejores" los
poemas de Neruda en su vejez o en su adolescencia? Existe la calidad
de la ejecución, la originalidad, lo auténtico de la imágen, su poder
de comunicación.
Por otra parte, creo que la fotografía y el video son lo
suficientemente fuertes y han alcanzado tanta preponderancia como para
que E. León Jimenes establezca un concurso de artes visuales, de forma
independiente, sin estar recostadas de las artes plásticas, con la
insidiosa tarea de presentarlas como vencidas en una competencia
disímil y absurda. Ahí podría tener cabida todo lo que es manipulación
mecánica o digital de las imágenes. De hecho, voy más lejos. Deberían
premiarse cortos cinemátográficos, el diseño publicitario, y aquellos
"objet trouve" que iniciara Marcel Duchamps a principios del siglo
XX..
Yo creo en el futuro de las artes plásticas. Las hechas directamente,
con las propias manos del artista y con sus utensilios. Eso nunca
terminará. Como no terminará la música acústica, ni el teatro o el
cine con actores reales y no con hologramas. Pero me parece obvio que
se quiere sacar las artes plásticas de los museos y de las bienales.
Ahora toman posesión, en su lugar, la fotografía y el video. Creo que
es, además de absurdo, muy injusto.
Hay
un problema fundamental, en el carácter mismo de los concursos de
arte, que debe ser analizado por patrocinadores, artistas,
críticos y curadores. Ese problema es filosófico y estético y
tiene que ver con la representación a través del arte (en el
tiempo, en el espacio, en la materia) de las formas abstractas o
conceptuales propias de la razón y del lenguaje que habitan la
mente humana.
Schopenhauer afirmaba que “aunque los conceptos difieren
totalmente de las representaciones intuitivas, estos tienen con
ellas una relación necesaria, sin la cual no existirían”. Sin
embargo, a diferencia de la ciencia, el arte permanece siempre
bajo el dominio de la intuición y no en los terrenos de la razón,
de la lógica, de la mecánica, de la palabra o del lenguaje. La
obra arte es la comunicación física y material de imágenes
mentales. El arte conceptual pretende negar esa realidad y
sustituir con simplísimos conceptos, es decir, con frases
acuñadas, lo grandioso de la expresión plástica.
Como el “arte conceptual” no puede prescindir ni del lenguaje ni
de la materia, utiliza el resultado de tecnologías, como
manifestación válida del espíritu humano de hoy. Así la obra de
arte se convierte en producto. La moda, la publicidad, el video y
la fotografía son productos. Tal como lo son los demás productos
de la industria y del comercio. Por supuesto el conocimiento y la
experiencia artística del diseñador, del publicista y del
fotógrafo contribuyen a mejorar visualmente la estética del
producto final.
Pero el artista verdadero no “produce” una obra de arte, sino la
crea con sus propias manos. Porque el arte no pertenece a la
ciencia, a la tecnología ni a los predios de la mecánica, ni de la
razón. Pertenece a la experiencia, al imperio de los sentidos.
El artista utiliza una técnica (no necesariamente una tecnología)
para transformar la materia en obra de arte y la intención es
siempre tocar las emociones del espectador, moviéndole,
conmoviéndole, llevándole a tomar (luego de la contemplación de la
imagen) su propia opinión sobre el tema o asunto plasmado. Ni la
fotografía, ni el video, ni la publicidad, ni la moda, alcanzan
los altos niveles de goce estético que derivamos de las artes
plásticas.
La diferencia es (volvemos a Schopenhauer), que “la obra de arte
es única e irrepetible”. Ahí radica su esencia y particularidad.
Se puede copiar, pero no repetir. No hay nada más repetible ni
más "exactamente repetible" que la tecnología digital. La
fotografía y el video no pertenecen a las artes plásticas, aunque
ciertamente se incluyan en ellos elementos estéticos tomados de la
plástica (la composición, el claroscuro, brillo, contraste,
perspectiva, etc.,). No me opongo a esas expresiones. Las
considero válidas y necesarias. Pero como pertenecen a otra
categoría (artes visuales) deben ser juzgadas y ponderados en otro
contexto, de forma separada, de acuerdo a otras reglas, a otros
cánones.
La ciencia y la tecnología contribuyen, indudablemente, a la
difusión del arte. Podemos escuchar con deleite una reproducción
digital de Las cuatro estaciones de Vivaldi, pero nada es
comparable a estar ahí, en el teatro, cuando la orquesta la
ejecuta. Esa experiencia es única y no volverá a ocurrir nunca
más, aunque volvamos mil veces al teatro a escuchar la misma pieza
y a la misma orquesta.
Ningún jurado (de selección, de premiación) podrá jamás suprimir
ni amordazar la expresión de los artistas plásticos. Porque mirar
el arte es mirarnos a nosotros mismos. Mientras más y mejor lo
conocemos, mejor comprendemos nuestra esencia y circunstancia.
Las artes plásticas permiten desempeñarnos con una mayor
creatividad y libertad, en cualquier área. La escultura, el mural,
el arte público. Por eso debemos abrirnos a las múltiples
expresiones de las artes plásticas, ya que ayudan a consolidar
nuestra identidad, a conocernos como individuos y como seres
sociales, con aspectos compartidos dentro de un núcleo o contexto
económico, social, cultural, político.
Tratar de eliminar el arte de la pintura, de la escultura, del
dibujo es comparable a tratar de eliminar la música o la poesía.
Las artes plásticas siguen renovándose de manera viva y pujante en
República Dominicana y en todo el mundo. El arte de la pintura en
particular y las artes plásticas en general tienden a ser negadas,
eliminadas, o sustituidas, por curadores de museos, de bienales y
de concursos. En su lugar se coloca la fotografía, el video, y el
arte manipulado digitalmente con ordenadores. Esa tendencia fue
favorecida nueva vez por los jurados del XX Concurso de E. León
Jimenes, y es una lástima, porque el concurso se ha convertido, en
los últimos años, no en un concurso de arte, sino en concurso de
fotografía.
FERNANDO UREÑA RIB
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