UREÑA RIB SERIES

 

 

 

 

ADA BALCÁCER

ALBERTO BASS

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GEO RIPLEY

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GUILLO PEREZ

MARTÍNEZ RICHIEZ

SILVANO LORA

JOSÉ CESTERO

JOSÉ PERDOMO

MANOLO PASCUAL

 

 

 

ARTE DOMINICANO

 

GEO RIPLEY

Y EL CARIBE GESTUAL

FERNANDO UREÑA RIB

 

 
 

Geo Ripley, artista caribeno contemporaneo con una de sus pinturas

 

 

 

Geo Ripley mira con ojos inquisitivos y exaltados el ámbito cultural del Caribe y descubre en sus imágenes y sonidos una fuente de riquísima percepción estética. En realidad se trata de una visión antropológica del arte o de una aguzada sensorialidad y sensualidad de la cultura, que es también ritmo y sonido, que es reverberación cromática, que es estridencia solar, olor a cuerpos pintados en el carnaval gustoso y antillano. Es la conmoción salina de la multitud enardecida. Los elementos se funden. Lo sagrado y lo vernáculo encuentran un sendero que los acoge y acrisola en las imágenes vivenciales del artista.

Un retumbar de tambores rituales nos traen de pronto el África ancestral que se desborda en sus presentaciones y performances y que envuelve al auditorio en la pura magia de los trópicos. Pero no se trata de la antigua insistencia en inyectar folklore al arte o viceversa.

Geo Ripley, con sus ojos incandescentes es testigo y actor, sacerdote y devoto que oficia como un chamán en medio de una selva que es posible imaginar plena de cuerpos desnudos que danzan con la pasión del frenesí. Nada escapa a esos ojos que todo lo indagan: el objeto, el vestuario, el paso sensual de las danzas, el gesto, la exaltación de la naturaleza virgen y la auspiciosa invocación a los dioses, que no están lejos y que admiran esa mezcla de contemporaneidad y pasado, esa mezcla de devoción espiritual y de ansias carnales, que no es sino una manera de incorporar los ritos, las alabanzas, los resguardos sagrados.

Geo Ripley convoca, dentro del aséptico y silencioso recinto del Museo de Arte Moderno, sus dioses y demonios. Para Ripley el arte es una experiencia viva, no un objeto colgado en la pared. El arte debe (físicamente)  movernos, sacudirnos, excitarnos. El arte es el cuerpo, con todos sus sentidos alertas y expectantes.  Y quizás lo único perdurable de su acción deba quedar tranquilamente en la memoria, porque para él, el arte es la verdadera memoria de los pueblos.

 

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

Geo Ripley, pionero del arte contemporaneo dominicano, en los aspectos antropológicos y del sincretismo religioso donde confluyen lo popular y lo sagrado

Geo Ripley y el vudú

 

Por Juany Uribe

 


Geo Ripley, el artista plástico que también es escritor, acaba de publicar el libro ‘‘Imágenes de Posesión: Vudú Dominicano’’, ampliación de una ponencia presentada por él en México hace diez años, en ocasión de la celebración del foro La Proyección Histórica y las Perspectivas de los Pueblos Afroamericanos, y que viene a complementar la bibliografía existente sobre este tema, tratado ya con magistralidad por Carlos Esteban Deive en la obra Vudú y Magia.


La religión vudú es una de las más antiguas que existen y tiene sus inicios en el África Baja en las tribus de los zulúes, bebés y mandingas. Con la llegada de los esclavos africanos a nuestro continente llegó el vudú, estableciéndose primeramente en Haití. Los estudiosos del tema coinciden en que esta creencia difiere en ambas naciones, lo que se explica por la distinta composición cultural y racial de las mismas.
 

Carlos Esteban Deive señala en su obra, ya citada, en referencia a las actitudes dominicanas ante el vudú, que ‘‘escritores, periodistas, historiógrafos e intelectuales de toda clase han negado sistemática y enfáticamente la existencia del vudú en Santo Domingo, estimándolo ajeno a sus creencias’’. Anteriormente don Emilio Rodríguez Demorizi afirmó que ‘‘no lo toleraban las leyes de policía, ni los poetas dejaban de lanzar contra él sus diatribas y denuestos’’ y transcribe una disposición de 1862 que prohibía el baile llamado vudú.


Este tema del vudú, anteriormente considerado tabú, va siendo objeto de estudio y análisis porque, quiérase o no, es una práctica que además de los adeptos con que cuenta en el país, ha sido objeto de una serie de variantes y modalidades que conducen a afirmar la existencia de un vudú dominicano que establece correspondencias entre los luases y santos. De ahí que San Miguel sea Belié Belcán; San Elías el Barón del Cementerio; El Gran Toró es San Judas Tadeo; Santa Teresa de Jesús es Oya; Linglesú es el Sagrado Corazón de Jesús; Ofelia Balendyó es la Virgen de Las Mercedes y Silí Dantó Pier la Virgen Dolorosa, entre otras.
 

Lo cierto es que aunque la base de nuestra religión sea el catolicismo, los dominicanos no podemos escapar al sincretismo que caracteriza nuestra cultura. Y, como señala Geo Ripley en su obra, citando a Marcus Garvey ‘‘un pueblo que no conozca su pasado histórico, origen y cultura, es como un árbol sin raíces’’.

 

 

 
 

 
© Latin Art Museum 2006