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VICTOR DELFÍN

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LUIS LAMA

JOHANNA HAMANN

 

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ARTE PERUANO
 

LAS OTRAS VERSIONES DEL CUERPO HUMANO EN

JOHANNA HAMAnn

JORGE VILLACORTA

 

 

 

 

Johanna Hamann,Mujer, 1991, escultura en nogal

 

 

 

 

 

 

La visión del cuerpo ha ido acumulando un sinnúmero de elaboraciones a lo largo de la historia. Como ejemplo, recordemos la monumentalidad y frontalidad egipcia en contraposición con su reducción y contenido esotérico en los siglos XIII y XIV. La visión renacentista de la naturaleza humana. La afirmación antropocéntrica del hombre, modificó en el siglo XVI los moldes anteriores.


Johanna Hamann (Lima, 1954), escultora profesional, tiene el sólido prestigio de su formación (Facultad de Arte de la Universidad Católica) y para verificarlo lo más conveniente es poder apreciar su sexta exposición individual que actualmente presenta en el Centro Cultural de la Municipalidad de Miraflores. Es una artista que ha participado en colectivas internacionales, como las de La Habana o la del grabado en Puerto Rico, y ha trabajado obras para capillas y templos católicos.


El manejo del cuerpo ha sido un compromiso estético que ha acompañado el interés y la reflexión de los artistas de todas las épocas. En sustancia, se puede decir que el hombre es análisis, pensamiento, idea, pero ese mundo empíreo se proyecta en la vida como en el arte a través de las formas. Por tanto, el problema es cómo tratarlo, plantearlo y cómo visualizarlo. Aún el adelanto tecnológico y los descubrimientos científicos, no pueden disimular la fragilidad ni la precariedad de lo fugaz que es la vida y como consecuencia... el cuerpo.

Se habla mucho de ello, de su cuidado, de su exaltación. En nuestro tiempo se ha divinizado el ritual de su conservación y se han comercializado las formas parciales del cuerpo o el rostro con el acento productivo para que el eterno elixir de la belleza no marchite y esconda el paso del tiempo. Y aunque el tiempo inexorable nos destruya, se mantendrá el engaño de una juventud y vigor aparente que secretamente no coincide con el agotamiento de las "entrañas" del cuerpo.

De este modo se habla, se discute, se teorizan posiciones, se exaltan los grandes progresos de la técnica, y aunque se aproximen las ideas y el compromiso global del hombre mediático y universal, queda el cuerpo como la única imagen, como la más concreta realidad del fluir de la existencia humana.

El cuerpo blasonado

Cuatro esculturas de Johanna Hamann, conforman su actual muestra en Miraflores. Bajo el título El cuerpo blasonado, ella refleja cuatro monumentos estacionados en el silencio de la existencia, marcando simbólicamente el hilo interior que contiene a cada una de ellas. Estas formas escultóricas son femeninas como femeninas son — en su mayor parte — las alegorías que la cultura occidental ha representado en ellas.

La idealización de la "justicia" o de la "victoria" han sido tradicionalmente otorgadas al "matroneo". Históricamente es imposible encontrar la cultura visual de una justicia muscular y varonil, como menos aún el canto de la "gloria" puede ser entregado" a un mancebo. Y no digamos de la encarnación de la "victoria" que ha quedado contemplada en la dulzura de lo femenino sin reflexionar en la desolación y la destrucción que sella la suerte del vencido.

Johanna Hamann ha transitado estos territorios y con el vigor de su temperamento y la fuerza de su riqueza interior recoge el cuerpo blasonado. Su riqueza es la de la mujer en plenitud, viva, expansiva. Quisiera subrayar que en ella confluyen la sencillez con la energía vital.

Artista de sueños, de amor y de humanidad, sus culturas trasladan esta actitud abierta, dotando a sus formas y al espacio de un magnetismo "orgánico" en la transpiración que exhalan sus obras.

El ingreso a la muestra nos acoge con el vigor que el volumen de la portada en madera de grueso pino confiere a la obra Transición - Cuerpo IV. (resina-fibra de vidrio-hueso y cera látex) es un escultórico cuerpo que nos aprisiona y en el desenlace de la propuesta lo libera como paralelamente lo sostiene y le otorga un carácter velado y místico. Libertad - Cuerpo II (madera de olivo), envuelve el espacio con el volumen de elementos que las alas despliegan en el esfuerzo del titán por vulnerar el tiempo. La Opresión - Cuerpo I, es un impecable estudio de la energía del sufrimiento casi exigido "celularmente".

El esfuerzo de la imposibilidad de "ser", de "actuar", queda contenido — diríamos comprimido y reprimido — en el excelente estudio de reflejos y en el trance muscular del estado y tirantez interior y formal del cuerpo.

Ejecución - Cuerpo III (madera de caoba-acero inoxidable-cera) divide el gesto facial y corporal con la acción de una cuchilla en guillotina que secciona el cuerpo. El compromiso de la situación, la ejecución como acto de "imponer y acabar", queda reconstruido en una alegoría en la que lo escultórico se impone a la banalización de la representación.

El cuerpo blasonado compromete una mirada seria del estudio anatómico, del diseño como de materiales diversos. Todo forma parte del dominio, del carácter y del esfuerzo de Johanna Hamann: saber dotar a su trabajo de la exigencia y la seriedad que ella se profesa a sí misma, logrando al arte de las cadenas de lo puramente decorativo y visual para convertirlo en un tema interior, celular y luminoso que muestre los secretos vivos de la existencia del cuerpo. Con lucidez ha ido entregando e introduciendo simbólicos contenidos, dotándolos de una alegoría que posee otros referentes, y logrando equilibrar conceptos contrapuestos en el curso de la escultura contemporánea.

Agreguemos — algo que habíamos omitido en anteriores comentarios — la bondad del mensaje, la iluminación y el análisis de contenido en los textos de

Jorge Villacorta.
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Johanna en Superlativo
 

¿Cómo definir la femineidad en materia de arte?
Luís E. Lama



Son tiempos en los cuales no puedo evitar preguntarme si es que en el país existe en realidad un arte exclusivamente de mujeres. Y no es que crea que el arte pueda tener características esencialmente femeninas, lo que considero un disparate, porque al fin y al cabo, ¿cómo definir la femineidad en materia de arte? Tampoco creo que haya un arte exclusivamente de o para mujeres, porque la sexualidad en la plástica no se manifiesta a través de factores genéticos u hormonales.

Lo que sí hay en el Perú es un arte de altísimo nivel hecho por mujeres y son ellas las que hoy, prácticamente, realizan la actividad plástica de mayor interés en el país. Esto se comprueba en los eventos más recientes, que demuestran fehacientemente que ellas están a la cabeza del arte en el país. Así, si tomamos en cuenta la Bienal de Trujillo, a la que consideramos la actividad que ha permitido congregar al grupo más significante de la plástica nacional, allí, nítidamente, fueron las mujeres las que sobresalieron.

No hubo en Trujillo un solo pintor o dibujante que alcanzara el estupendo grafismo de Julia Navarrete, la sutileza de su color en una abstracción apegada a nuestra más respetable tradición, que se va renovando a sí misma dentro de su perfecto refinamiento. Y si bien la Bienal no fue una confrontación, las comparaciones fueron inevitables. Y Navarrete se apoderó de la Bienal, formando con Susana Rosselló, con su incomparable nivel escultórico, el dúo de más alta calidad que hayamos podido ver juntos en el Perú. Otras mujeres lograron, por cierto, como las obras de Martha Vértiz y la instalación de Esther Vainstein sobre el desierto de Paracas.

Fueron cuatro mujeres, con cuatro puntos de vista distintos y una posición similar frente al arte: una entrega total, cuya madurez alcanza la plenitud en Navarrete y Rosselló. Y hago esta larga reflexión sobre la Bienal, momentos antes de abordar el avión que me llevará a un simposio internacional de esculturas, porque me he dado el tiempo necesario para visitar la muestra de Johanna Hamann en Camino Brent, que no hace más que confirmar mi concepto sobre el alto nivel artístico logrado por las mujeres en el Perú.

En esta segunda individual, Hamann complementa el aquelarre iniciado dos años atrás, para llegar a niveles insospechados en una retórica expresionista en la cual el cuerpo humano se va desmoronando para mostrar a través de concavidades y desgarramientos.

Salvo Cristina Gálvez, nunca antes en el Perú una escultora había partido del cuerpo para llegar a la síntesis que Hamann propone en el metálico totem atravesado por varillas de diferentes pulidos que acentúa con la iluminación. Esta pieza más que ser armazón o estructura, es el esqueleto de esos seres imaginarios que ella ha sintetizado con talento extraordinario.

Que una escultora con sólo dos exposiciones haya llegado a este nivel, nos demuestra que nos encontramos ante una mujer que realiza un lento proceso interno que va evolucionando hasta lograr este producto final que tiene la capacidad de conmover al espectador, objetivo que logra aún en aquellas formas menos relacionadas con nuestra anatomía.

Y este poder escaso y privilegiado, ha sido característico desde que viéramos su primera muestra, aquella de los vientres desgarrados y del niño transformado en un objeto tribal, porque Hamann se ha preocupado, como en su momento lo hiciera Gálvez, de desmembrar el cuerpo, para analizar, en términos escultóricos, cada una de las complejidades de nuestra humanidad.

Ciertamente la muestra de Hamann merece un análisis más profundo que estas líneas, pero como crítico considero indispensable que el público sepa que el de ella es uno de los eventos artísticos de mayor importancia del año. No se lo pierdan.

LUÍS E. LAMA
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(De Caretas, diciembre de 1985)



 

 

 

 

 

 

 

Ureña Rib has seen his work exhibited around the World and holds a prominent position on the Art scene in his own country, but he admits to be particularly drawn to Montreal, which he visits annually. Renting a studio in the downtown Belgo Building, he immerses himself enthusiastically in the creative and diverse atmosphere of Montreal producing here his works.

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: January 10, 2009
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