OSHO, HÉCTOR LEDESMA Y EL SILENCIO
No sabía si era posible pintar el silencio, hasta
que visité la muestra que Héctor Ledesma presenta en los salones del
Museo de las Casas Reales. Las obras, instan a la meditación, a que
uno se pare frente a ellas y escuche solo el sonido de la
respiración, de los órganos interiores en su quedo mugir vital.
Ellos no hacen alardes, ni braman, ni claman a menos que estén
enfermos y entonces con un pinchazo de dolor llaman la atención a la
condición insalubre.
Se ve que estas pinturas de Héctor Ledesma han
sido producidas en la intimidad del silencio. No es difícil advertir
la distancia desde la cual se ubican los personajes en una especie
de jardín mítico y edénico. Para Ledesma, el acto de pintar es
sagrado. Es un acto de comunión. Poco a poco, el artista se olvida
de que pinta, de que es artista, que existe y sólo queda frente a él
un mundo que aparece como una lejanía a descubrir y en la cual tanto
él como el espectador irán refugiándose, perdiéndose, adentrándose.
Como en los templos, como en las catedrales
antiguas, el silencio es el protagonista. A veces, eso sí, un
silencio poblado de sonidos y murmullos, como en la selva o en las
noches desérticas de la estepa americana. En el desierto, dice una
canción clásica norteamericana, uno no puede recordar ni siquiera su
propio nombre. Y el nombre es la sociedad, eso que nos distingue
artificialmente de los demás, lo que nos acusa o glorifica. Aquí lo
importante es la esencia. No el argumento, ni el diálogo. NO. El
silencio. Eso que a muchos se nos hace difícil lograr. Observar
detenidamente las pinturas de Héctor Ledesma es adentrarse,
ciertamente, en las profundidades del Silencio.
Fernando Ureña Rib
OSHO Y EL SILENCIO
El silencio es la explosión de la inteligencia. Silencio quiere
decir: dentro de tí, eres sólo espacio, espacio sin estrépitos.
Silencio quiere decir que has puesto a un lado todo el mobilario de
la mente -- los pensamientos, los deseos, las memorias, las
fantasías, los sueños -- todo lo has empujado al lado. Estás mirando
la existencia directamente, inmediatamente. Estás en contacto con la
existencia sin nada entre tí y la existencia. Eso es silencio....
El silencio se puede escuchar. Y cuando lo escuchas hay un
entendimiento inmediato. El entendimiento viene como una sombra
siguiendo el silencio. Entender las palabras y escuchar las palabras
es muy simple. Cualquiera puede hacerlo: sólo se necesita un poco de
educación sobre el lenguaje, no mucha. Pero se necesita una
transformación tremenda para escuchar al silencio y entender el
silencio. El silencio tiene que surgir de tu ser mismo.
Hay dos tipos de silencio: uno es el que cultivas, el otro es el que
llega. Tu silencio cultivado es nada más que la bulla reprimida....
Lo puedes lograr con la práctica pero es como sentarte encima de un
volcán --el cual puede estallar en cualquier momento, por cualquiera
pequeña excusa. Esto no es verdadero silencio, sino un silencio
forzado.
El silencio que se origina de tu ser mismo, que no se impone ni
desdeafuera ni desde adentro pero que llega justo al contrario --
llega, surge desde adentro hacia las afueras, se origina del centro
hacia la circunferencia.... ese es un fenómeno totalmente diferente.
El silencio que nace así, es tan grande que puede contener las
palabras, puede contener el habla. Nada puede perturbarlo, es un
silencio que no tiene miedo de las palabras. Hay gente que no habla,
que parece estar en silencio. Su silencio parece estar en contra del
habla -- y un silencio que se pone en contra del habla todavía es
parte del habla. Es una ausencia: no es una presencia.
¡La ausencia del habla no es mi silencio! El silencio es una
presencia. Te puede hablar. Te puede cantar. Tiene una energía
tremenda. No es vacuo, es una realización.
El verdadero silencio no es el silencio del cementerio, no es el
silencio de la muerte. Es el silencio de la vida, un silencio
pulsando con la vida, que al pulsar es positivo, afirmativo. Es un
gozo. No es la ausencia de la preocupación. Es la presencia del
éxtasis.
Uno puede escapar y lograr un cierto silencio -- pero sólo será una
ausencia de tensión, que no es nada especial. El silencio verdadero
tiene que existir en la plaza del mercado, en la muchedumbre, ¡en
plena rumba! Cuando nada te distrae, cuando nada te perturba, estás
centrado. Sé en el mundo, deja que el servir a la gente sea tu
meditación y luego encontrarás que llegues al silencio. No escapes,
no busques el silencio en el aislamiento o en lugares solitarios.
Puedes llegar al silencio, puedes ser meditativo -- dentro del
mundo.
Aprende el silencio. Con tus amigos, con tus amantes, con tu
familia, devez en cuando siéntate con ellos en silencio, sin
chismear, sin hablar.Deja de hablar y no sólo afuera -- acaba con el
monólogo interior.Siéntanse y no hagan nada, sólo siendo presencias
unos para otros. Pronto encontrarán una nueva manera de comunicarsea
través del silencio.
El silencio tiene que pasar por tres puertas: Una es la más
periférica: el habla. Habla telegráficamente. Habla lo esencial. Te
darás cuenta que noventa por ciento de tu habla es inútil; sólo
necesitas diez por ciento. Pero ese diez por ciento será más
efectivo, más significativo.
El primer paso es hablar lo esencial, sé telegráfico. Luego el
segundo paso: piensa sólo lo esencial y te sorprenderá. Noventa y
nueve por ciento es algo innecesario; sólo uno por ciento es
esencial y ese uno por ciento quizás, tal vez, pero lo demás es todo
estiércol de vaca sagrada.
Deja de pensar innecesariamente sobre cosas innecesarias.
Dejando de pensar lo inútil te ahorrará tanta energía que se puede
tomar el tercer paso. El tercer paso es lo más sutil: sentir sólo lo
esencial. Y si llegas a lo esencial entonces hay sólo amor. La
rabia, la codicia, la lujuria -- todas esas cosas no son esenciales.
Son parásitos, te están explotando. Cuando llegas a lo
esencial sólo queda el amor. Y cuando tu corazón es sólo amor tu
puedes entrar al centro mismo del silencio.
Hay que pasar por estas tres cosas:
la parte de afuera de la mente: el hablar
la parte interior de la mente: el pensar
y la parte más interior: el sentir.
Y cuando has pasado por todas; luego hay silencio.
Y ese silencio es la puerta para encontrar lo divino.
Tanto como tu silencio crece, tu amabilidad y amor crecen; tu vida
se transforma en una danza de momento a momento, en un regocijo, en
una celebración.
Osho
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