El tendero desaparecido
El tendedero desaparecido y la anécdota
del cine Libertad
Alexia Miranda decidió participar en la intervención artística
Ruta 06 con un proyecto tan peculiar como impredecible: salió de
su casa con cien dólares con la misión de gastarlos en objetos
chinos en el centro de San Salvador. Después los cambiaría por
antigüedades que dejaría colgadas en un tendedero en pleno
centro. El último de los objetos chinos lo cambiaría por una
antigüedad distinta: la mejor anécdota de la Plaza Libertad.
Este es su recorrido por la calle Rubén Darío.
Rosarlin Hernández
Alexia Miranda hurga todos los canastos
coloridos que encuentra sobre la calle Rubén Darío, en el centro
de San Salvador. Compra una pandereta amarilla y la amarra a lo
que una vez fue un coche de bebé y ahora es una carretilla de
compras. La pandereta le cuesta ocho dólares. Aún tiene que
gastar $92.
Camina con paso lento como si en ese remedo de calle Rubén Darío
que han dejado los vendedores aún queda espacio para alguien
más. Se detiene ante la insistencia de un niño que ofrece
pulseras de madera decoradas con imágenes católicas. “¿En cuánto
me las vas a dar?, mira que llevo tres”, dice Alexia al pequeño
comerciante. “En 50 centavos de dólar cada una”, responde Elías.
Antes de ponerse una, la artista la observa y dice: “Esta
pulsera tiene toda la dinastía católica, si la llevo puesta y me
pasa algo malo es porque ya nada me puede salvar”. Se lleva las
tres.
La sigue de cerca un camarógrafo que registra su día de compras,
que es, en realidad, una intervención artística. Alexia tiene
hoy en mente una instalación distinta. Al final del día debe
instalar un tendedero con antigüedades, que obtendrá mediante un
trueque por los objetos que va comprando por la mañana.
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Es su aporte a la Ruta 06, una intervención de seis artistas
salvadoreños que han programado tomarse el centro de San
Salvador para provocar, para expresar, para involucrar su arte
con la vida propia de la ciudad.
Entre una compra y otra, las vendedoras intercambian
especulaciones: “Seguro andan haciendo algún comercial del
Ministerio de Turismo”; “No, ella debe de vivir en Estados
Unidos y quiere llevar el vídeo de la experiencia de comprar en
el centro a sus familiares que viven allá”. Alguien se anima, y
le pregunta: “¿Usted de qué país es?” –“De Chalatenango”.
Las vendedoras se toman el tiempo para explicar el
funcionamiento de un radio minúsculo con apariencia de
grabadora, un llavero de Bart Simpson con rayo láser o un censor
luminoso que anuncia la entrada de llamadas al celular.
“Estas uñas postizas no se las pegue con esa pega que trae
adentro, póngaselas con pega loca para que le duren”, recomienda
una vendedora. “¿Cuánto tiempo me van a durar?”, pregunta
Alexia. “Si no hace nada, cinco días; si hace oficio, tres”.
“Parte de la magia de comprar aquí es que en el probar cómo
funcionan los objetos se establece una relación directa, ese
trato humano que un supermercado no existe. En el centro
histórico se puede negociar, te enamoran, te convencen, te
modelan lo que te ha gustado, te dejan que probés, te consiguen
lo que andés buscando”, dice Alexia.
Las ventas informales han cubierto la acera original de los
peatones y la fachada de los comercios formales. Allí la luz es
escasa, unas lámparas de neón destacan el nombre de la tienda
“Ciento ocho S.A de C.V.” Alexia acelera el paso, su carretilla
choca con las piernas de las personas que van en sentido
contrario, un bote con mangos verdes le hace agua la boca pero
no se detiene. Cuando logra llegar descubre un paraíso. Un local
lleno de objetos made in China.
Lo más estridente es un fonógrafo dorado de plástico. “Este es
el objeto” dice Alexia. Es un fonógrafo horrible, cuya
maquinaria es movida por dos soldaditos romanos de plástico que
provocan el incesante chillido artificial de una música
oriental. Alexia está encantada. El encuentro con “El Objeto” lo
rompe la dueña de la tienda, una taiwanesa malhumorada que saca
al camarógrafo y la foto periodista, que recién se habían
integrado al recorrido. “Fuera, fuera, no grabar, no grabar”
repite una y otra vez.
Al cabo de dos horas, los cien dólares destinados para comprar
en la calle Rubén Darío han permitido llenar la carretilla de
objetos coloridos, luminosos y descartables. En el camino hacia
el cine Libertad, Alexia se encuentra con Yupi, un payaso con
cara de gato que no resiste la curiosidad y le pregunta ¿Qué
hace con todo eso? Ella se detiene y le responde “de estos
objetos ¿cuál escogerías?” El payaso no lo piensa mucho y saca
de la carretilla una pirámide color fucsia.
“De esta calle se sale con la idea de que se ha hecho una gran
compra porque hay chance de negociar y siempre regreso con lo
que busco. El centro es el único lugar donde todos somos
tratados iguales, donde se puede practicar ciudadanía porque los
prejuicios sociales son invisibles. Aquí se tiene la oportunidad
de inventar una historia personal, podes ser cualquier gente y a
nadie le importa, nadie está en condiciones de cuestionar tus
versiones de la vida, pareciera que el juego es inventar e
inventarse” dice la artista, mientras deja atrás la colorida
calle Rubén Darío.
“Aquí todo es posible”
En la plaza Libertad, los portales observan silenciosos las
edificaciones grises de los alrededores. La iglesia El Rosario y
el cine Libertad acaparan la atención. Al pie del monumento de
la plaza, Alexia saca todos los objetos comprados y los
distribuye entre los escalones en forma de ofrenda. Ha iniciado
la segunda etapa de su misión.
Vea multimedia de ubicación
Un hombre la observa y en la primera oportunidad se acerca para
conversar. ¿Qué hace? Pregunta. “Quiero dar significado a estos
objetos hechos en serie”, responde Alexia. ¿Y usted qué hace?
“Hace poco me deportaron de Estados Unidos y le quiero enseñar
la maleta de los sueños. Allí vive Coquito, el payaso con el que
me gano la vida, esta es mi peluca, mis zapatos gigantes y mi
sobrero azul. Le regalo mi sobrero azul” le dice el hombre, que
se llama Oscar. “No porque es parte del vestuario de Coquito,
mejor yo le regalo esta flor porque usted es payaso y un payaso
sin flor no está completo”.
Alexia llega a la acera del cine donde están los vendedores de
cosas usadas. ¿Cambia? pregunta. “Aquí todo es posible”,
responde César, un vendedor de cosas usadas. En el piso hay
botes de perfumes vacíos, un teléfono celeste de los años 70,
unos zapatos azules doblados por el uso, una plancha gris, un
estante con ropa descolorida y un camello de cuero.
“Quiero eso que anda en la mano” le dice Oscar. “Yo quiero una
historia de este cine” responde Alexia con el fonógrafo en la
mano. “Tome asiento, se la vamos a contar”. Ella sonríe y
permanece de pie. “He venido para cambiar cosas nuevas por cosas
viejas” dice. Los vendedores cruzan miradas minutos después un
círculo de personas rodea a la artista. “¿Qué cosas quiere?”
César se adelanta con su historia. Nadie le va a ganar el
fonógrafo chino. “Aquí se presentó personalmente Pedro Infante.
En un tiempo este cine fue el number one, la mayor parte de la
gente de los alrededores de San Salvador venían a ver los
estrenos, las mejores películas de Cantinflas, Javier Solís,
Sara Montiel, Lucha Villa”.
¿Y qué le pasó al cine? preguntó Alexia. “Las cosas se
modernizaron, ahora muchas personas tienen el cine en su casa y
los cines como el Libertad dejaron de ser rentables”. Los demás
vendedores escuchan en silencio. César se ha ganado el
fonógrafo.
Los demás vendedores observan los objetos que aún están en la
carretilla. “Resérveme la gallina ponedora de huevos, voy a ir a
buscar algo” dice una señora. “Yo le doy este mundo por el
joyero”; “yo quiero esa lámpara con una flor adentro y le doy
estos zapatos azules”; “este teléfono se lo cambio por ese
juguete para llevárselo a mi sobrinita que cumple años”.
Entre trueque y trueque, Alexia pregunta a Juan: ¿Qué quiere por
el camello? El vendedor se había enamorado del fonógrafo, pero
ese ya tiene dueño. La ropa usada y los zapatos viejos llenan la
carretilla de Alexia. La gente se quita lo que anda puesto para
hacer trueque “yo le doy mi delantal por cualquiera de las cosas
que tiene allí” dice una señora. “Trato hecho”, dice Alexia. “Y
nunca deshecho”.
El dueño del camello, ve pasar las cosas nuevas con cara de niño
desilusionado, hasta que Alexia, ya desesperada por el camello,
le propone un buen trueque: “le doy este reloj de pared con la
imagen de la virgen María y un cojín con la estampa de Mickey
Mouse”. Trato hecho.
En la carretilla ya quedan pocas cosas nuevas, Alexia exige,
para continuar el trueque, un disco de acetato. Omar, uno de los
vendedores más animados con la experiencia, sale corriendo, para
regresar minutos después gritando por la acera del cine, “aquí
está, vaya, vaya aquí está el disco que usted quería”. A cambio
recibe un censor luminoso que anuncia la entrada de llamadas al
celular y una bolsa navideña para regalo. “Yo le doy a mi
suegra”, grita un transeúnte.
“Entre nudos, calaches y otras cosas”
Con todas las cosas usadas en la carretilla, Alexia se dirige a
la plaza Libertad para realizar la última parte de su
intervención, el tendedero. Después de conseguir el disco de
acetato, Omar y varios vendedores más se integran de lleno a la
actividad. Nadie pregunta qué está haciendo la artista. Todos se
involucran. Alexia amarra con fuerza cada objeto, ante la mirada
perpleja de más de un transeúnte. Cada nudo, dice Alexia,
significa el pasado, cada objeto usado está atado a una memoria
histórica.
Alexia ha completado su instalación. Un tendedero del que cuelga
un teléfono, una plancha, unos zapatos, el delantal, camisas, un
sombrero y el disco de acetato. Todo menos el camello, que
Alexia ha decidido guardar para sí. Omar corre con otros
colaboradores para colgarlo de un extremo a otro en la esquina
del cine Libertad. Los buses se pasan llevando el teléfono
celeste y la plancha, y Omar decide que hay que elevarlo un
poco. Un agente del CAM se para a ver el tendedero y dice
“seguro ella quiere representar cómo vivimos en nuestro país y
cómo vivimos los pobres porque así tendemos la ropa”.
Al siguiente día, el embajador de España llega al centro
histórico para dar por inaugurada la Ruta 06. En el edificio de
la Biblioteca Nacional, Alexia recibe una llamada a su celular.
Mayra Barraza, que está en la plaza Libertad liberando globos,
le da la mala noticia: su tendedero ha desaparecido.
Alexia llega al lugar rodeada de periodistas y cámaras de
televisión, no sabe cómo explicar toda la experiencia del día
anterior. Los periodistas preguntan sobre la instalación que ha
desaparecido, y ella busca las palabras, hasta que una de las
vendedoras dice: “Ella vino a cambiar las cosas nuevas por
viejas porque lo viejo tiene más valor ¿verdad?”, Alexia sonríe
y el periodista calla a la señora porque sólo le interesa la
opinión de la artista.
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ALEXIA MIRANDA
HECHA NUDO

Un acercamiento al arte del vídeo
Quieren motivar a los artistas a que den el paso del 'performance'
a este tipo de arte
Publicada 21 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy
Carmen Molina Tamacas
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
“Hecha nudo” fue creado en enero de este año. . Foto: EDH
"Hecha nudo" será presentado hoy en el Centro Cultural de
España, a las 6:30 de la tarde, como un experimentos novedosos
del tránsito del 'performance' al vídeoarte.
La obra es creación de la artista Alexia Miranda y pretende
transmitir por medio de imágenes, símbolos, y acciones
estructuradas a partir de una acción casi ritual, orgánica y
auténtica "una sucesión de acontecimientos que conllevan a una
mujer a exponerse dentro de los parámetros de su realidad
emocional y psíquica para ser arrastrada por el discurso de la
memoria anidado a las cosas de su cotidianidad más próxima".
Esa mujer es ella misma.
La creación data de enero de este año y fue estrenada del 4 al
9 de septiembre en México, en la Segunda Muestra de Cine y
Vídeo Experimental-Alternativo de Puebla. La actividad,
internacional y de calidad Itinerante, transcurrió en la
Universidad de Las Américas (UDLA), en la Universidad Autónoma
de Puebla (UAP) y en la Alianza Francesa.
De acuerdo con la artista, se trata de una continuidad de su 'performance'
anterior denominado "Tedio Lo Extraordianrio", que debido a
falta de espacio en galerías y en las agendas de los centros
culturales será presentada hasta ahora en El Salvador.
"De esta pieza surgió mi propuesta para el Centro Histórico,
'Entre nudos, calaches y otras cosas'. El trabajo que vino
después "Pazciencia" para CARE esferas, y por supuesto la
serie de 'Domestícame' que se presentó en la exposición Blanco
Violento, en donde intervengo muñecas con materiales
domésticos, así como materiales domésticos con pequeños
dibujos en serie", indicó Miranda.
En retrospectiva
La gestora y artista Rebeca Dávila hará un recuento de lo que
puede ser el 'performance', esa acción artística que ocurre en
un tiempo y espacio determinado. No se parece en nada al
teatro, aclaró, ya que éste es representativo, en el sentido
que los actores representan roles y personajes.
Con ello se quiere motivar a los artistas para que incursionen
en esta poco explorada modalidad.
"Hay pocos esfuerzos porque el concepto no ha sido estudiado y
los artistas no se han arriesgado ", indicó Dávila. Destacó
que Costa Rica es el país que en Centroamérica ha avanzado más
al respecto.
El futuro del vídeoarte -que nació en los años 60 cuando
Jackson Pollock creó sus pinturas frente al público- depende
de cuántos artistas se interesen por desarrollarlo, la calidad
con la que lo hagan y las temáticas, apuntó Dávila.
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PAZCIENCIA
INSTALACIONES DE ALEXIA MIRANDA


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