ESCRITORES DOMINICANOS
 

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POESÍA MEXICANA

 

ISSA MARTÍNEZ

NARRATIVA E INTIMISMO POÉTICO

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

 

 

 

 
 

 EL INTIMISMO POÉTICO EN LA NARRATIVA DE

LA MEXICANA ISSA MARTÍNEZ

 

El erotismo en el arte y la literatura es materia de uso delicado. Cuestión de dosis, quizás, que lo aleje por un lado del puritanismo hipócrita y del otro de la rampante y desvergonzada pornografía.

En Issa Martínez, de México, es el espíritu poético intimista lo que prevalece y trasciende esas medidas. La intimidad,  como espacio solitario o compartido, se convierte en una exploración no solo del placer de amar, sino del dolor que ocasiona el no sentirlo. Añada a la receta una imaginación siempre joven y fértil que integra elementos fantásticos. Mil y una noches contemporáneas, vitales, llevan al lector a identificarse con los personajes y a verse en ellos reflejados.

La obra poética de Issa Martínez también alcanza esa plenitud y logra esa simbiosis entre el lector (que se torna un espectador anhelante) y la autora quien se torna en una especie de auspiciosa sacerdotisa.

Fernando Ureña Rib

 

 

LA NARRATIVA DE ISSA MARTÍNEZ

 

LA IRIDISCENCIA DE MIS ESCAMAS
(Relato)


El crepúsculo bañaba la casa de la playa. Me encontraba sola, con esa soledad íntima que inconforma, a veces, con la permanencia del ser que ocupa un espacio.

A través de la ventana podía mirar la calidez dorada de la arena y, pocos metros adelante, el mar. El atardecer le bañaba de hermosas tonalidades doradas, amarillas y rojas.

Sentí el deseo de sentarme a su orilla, por lo que salí de la casa y caminé lentamente hasta situarme en el límite impreciso, en donde las olas lamían mis pies descalzos.
Toda mi vida quise estar desnuda en cualquier playa, por lo que decidí que era la ocasión para satisfacer mis deseos, así que desabotoné mi pantalón corto y bajé la cremallera: la diminuta prenda resbaló por mis piernas y calló en la arena, la blancura de mis bragas siguió el mismo camino.

Sabía que no había manera de que alguien irrumpiera en mi tranquila soledad, por lo que alcé mis brazos y saqué por mi cabeza la playera de algodón azul, - n o llevaba sostén-, por lo que mi cuerpo quedó completamente desnudo.

El viento costeño besó mi cuerpo y despeinó la oscuridad de mis cabellos. Me senté en la arena, la sentí caliente, a pesar de que ya el sol empezaba a ocultarse, lo percibí en mis nalgas y en mis labios carnosos -puertas a medio abrir de mis atributos de mujer-.

Bajé la vista y para notar mi vello púbico cubierto de diminutos granitos de arena. Mi mano se acercó y los sacudió un poco, al hacerlo un calorcito dulce invadió mi cuerpo, sentí deseo de acariciarme más íntimamente y lo hice.

Mis dedos recorrieron mis rincones con placidez y, por fuera, las manos del sol me daban el más tierno calor que se combinaba deliciosamente.

Me tendí de espaldas y la cálida arena me recibió completa. Era una sensación maravillosa poder mirar el cielo y sentir dentro de mí al mismo tiempo.

Así, disfrutando del momento, flexioné mis rodillas y apoyé mis pies en la arena, de manera que mis piernas quedaran entreabiertas. Mi mano volvió a darme placer, pero esta vez de manera más íntima: sentía como si mi cuerpo flotara entre el cielo y la arena; si cerraba los ojos, perdía la noción del lugar en que me encontraba.

No sé cuanto tiempo pasé sintiendo las más exquisitas sensaciones, las que empezaban en mi sexo y se extendían a mis piernas, a mis brazos, y a mi cara, que sentía ruborizada. Mi cuerpo clamaba el placer que yo ya no podía darle.
Con mi ser anhelante y jadeante me puse en pie.

El panorama había cambiado, ya el sol no se encontraba en el horizonte. La noche, nuevecita, sombreaba la inmensidad salina sin obscurecerla por completo, y esas sombras, esos extraños matices claro-obscuros, resaltaban la blancura de la espuma de las olas. Caminé hacia el mágico espectáculo: tenía el propósito de salir de mi sueño ardiente, pero sucedió todo lo contrario, pues las maravillosas manos del mar me regalaron las más íntimas y secretas caricias.

Sumergida hasta mis pechos, que mi amante lamía sin darme tregua, me arrojé a sus brazos y floté en su mundo junto a él. No conocí jamás amante más tierno y cariñoso. Ni más apasionado y experto. El clímax llegó a mi cuerpo y mis jugos se confundieron con su sal.

Permanecí en sus brazos sin querer dejarlo. Me pareció que aquella calma acunándome con la voz del mar, podía ser la misma que sienten los fetos dentro del vientre materno.
Ya había sido suficiente, tenía que volver a casa. Quise nadar hacia la playa como normalmente se hace, pero al tratar de alternar mis brazos y mis piernas no pude hacerlo. Pretendí ponerme en pie para medir la profundidad del agua, pero mis pies no me respondían. Qué extraña sensación, que si bien me sorprendía, no tenía miedo.

Ya la noche había caído más espesa y la luna brillaba sobre el mar y sobre mi cuerpo. Fue entonces cuando descubrí un traje muy hermoso que tan solo me vestía de la cintura para abajo; no distinguía todos sus colores, pero, tal vez por el brillo de la luna, destacaba el plateado. Era largo y entallado, y despuntaba en un hermoso abanico.

Sabía de qué se trataba, sabía lo que en realidad era. Una sonrisa se dibujó en mis labios. El mar era celoso y me reclamaba, por lo que me perdí en las negras y tibias profundidades, ondeando, al ritmo de la marea, mis caderas.

HUAPANGO Y AMOR
(Relato)

Esa vez no pude frenar mi mano, la que casi al descuido descansé sobre el muslo de Inés. Noté el brillo de sus ojos negros y su lengua que, nerviosa, se paseaba por sus labios carnosos y sus comisuras, como intentando lamer los restos de algún alimento. Me levanté de la mesa de su casa y salí al traspatio. Me adentré un poco en el sembradío de caña, y esperé. Desde donde me encontraba la vi traspasar la puerta y volver su rostro de un lado al otro. Apresuradamente sus pasos se dirigieron hacia donde sabía que me encontraba: aunque el sol estaba en lo alto, y la luz era tan intensa como puede serlo a las doce del día, los juncos de la caña nos protegían de posibles miradas desde la casa. No teníamos mucho tiempo, por lo que nuestras bocas se unieron ansiosamente y pude comprobar, una vez más, que sus labios eran más dulces que la caña. Apenas mi mano bajó por sus nalgas y la sentí temblar. Tímidamente pasó un dedo por la cresta de mis senos que asomaban por el escote y logró que la mitad de mi pecho derecho saliera del sostén. La yema de su dedo tocó mi pezón achocolatado, y este se espigó, acercó su boca y sustituyó su dedo con la humedad de su lengua y, luego, con la parte interna de sus labios. Mi pecho subía y bajaba entre jadeos sutiles, y yo misma alcé mi falda y llevé su mano entre mis piernas. Me estorbaban las bragas que ya sentía húmedas. Restregué mi sexo contra su mano, e Inés la retiró. La miré alejarse mientras me punzaban las entrañas.

El huapango suena con sus requintos largos, y el vuelo blanco de los vestidos ondea al ritmo del zapateo. Las piernas de Inés de María apenas asoman bajo las enaguas del vestido, pero en los giros completos y seguidos los volantes se elevan hasta dejar al descubierto parte de sus turgentes muslos envueltos por los encajes de los blumers.
Sus ojos negros parecen tener estrellas, y su juventud grita en el quiebre de su cintura. Soy un par de años mayor que ella, pero no tengo su misma frescura ni su mueca adorablemente infantil, a veces luce tan joven como una adolescente.
Son las fiestas dedicadas a San Juan Bautista que cada mes de junio festejamos en Tamazunchale. Fue la primera vez que desee abrazarla, cuando ya había dado a luz a su primer hijo.

Por casualidad la encontré en aquél afluente del Moctezuma, después de días y noches de seguirla con la mirada cuando iba al mercado, o cuando la miraba salir los domingos por la mañana de la iglesia. Con eso me conformé durante años, pero aquella mañana en que se me había antojado un chapuzón en el río la vi llegar cuando me encontraba en el agua. Me saludó con la mano y se quitó el vestido, y así, en ropa interior, subió ágilmente por entre las ramas de un árbol, para equilibrarse y lanzarse en un clavado casi perfecto desde la rama más alta. Nadando llegó hasta mí. Parecía una chiquilla y no la madre de los dos hijos que para entonces ya tenía. Su belleza morena resaltaba entre el verde claro del agua. Desde entonces, cada semana volvía al río y ahí estaba ella. Por eso, y por algo que emitía su lenguaje corporal, fue que me animé a besarla por vez primera. Comprobé, entonces, que mis temores de rechazo fueron infundados: Inés de María respondió a mi beso como soñé durante muchas noches que lo haría.

Una mañana que habíamos acordado encontrarnos en el río, Inés no llegó. Tampoco se presentó al día siguiente, ni al siguiente. Escuché rumores de que Gilberto, su marido, le había propinado una golpiza. Los chismes corren rápido en un pueblo como Tamazunchale: pronto todo el pueblo comentaba que porque era frígida. La indignación y el coraje me revolvieron el estómago. ¡Cómo se atrevían a hablar así de ella! ¿Qué podían saber ellos? Yo la había sentido temblar de deseo entre mis brazos. Muchas veces le pedí que nos fuéramos de ahí, pero nunca pude convencerla.
Cuando sanó de los golpes reanudamos nuestras citas, de manera apresurada, como siempre. Fueron muchos años de encontrarnos a escondidas. Nos apañamos para que yo pudiera entrar a su casa de vez en cuando. Inés le decía a Gilberto que se aburría, y él le había dado permiso para invitar a sus amigas ocasionalmente. Algunas veces Gilberto nos encontró con alguna costura en las manos a la que nunca dimos más de tres o cuatro puntadas. Algunas otras, acompañábamos a los muchachos a pasear al kiosco, mientras ellos se divertían como correspondía a su edad, nosotras nos conformábamos con sentarnos juntas en alguna banca de la plaza bajo la sombra de los nogales, o a alguna mesa de la refresquería del pueblo a beber café. Nadie dudaba de mi honorabilidad, pues a mis casi cincuenta años, todos dan por hecho que soy una solterona respetable.

La semana próxima vuelven a celebrarse las fiestas de San Juan Bautista; no es que sienta especial atracción por estas, pero no puedo olvidar que fue en una de esas celebraciones en la que quedé prendada de la belleza de Inés de María. ¡Cuántos años han pasado! Pronto cumpliré sesenta. Si Inés viviera, tendría apenas dos años menos que yo. De vez en cuando me encuentro con sus hijos: Juan Gilberto ya está casado, y su hermana, Amelia, se ha metido de monja.
Inés fue mi único amor. Aún ahora, mis sueños le pertenecen. Aún ahora, sigo deseándola como cuando la miré bailando al ritmo del huapango. Nunca pude poseerla como hubiera querido. Pobre Inés, su martirio fue tener que soportar al bruto de Gilberto. Aparentando, fingiendo y, muriendo golpeada e insatisfecha.

Y el mío, haberla gozado siempre a medias…

Tras haber matado en la última golpiza a Inés de María, se escucharon rumores de que Gilberto se había emborrachado tanto, que se resbaló en uno de los barrancos.

Yo sé que no fue así.



ARROZ CON LECHE
(Microrelato)

Agua hirviente: la olla no sabe que es otoño, la piel evoca y el silencio muere desde los ojos cerrados. Agua y canela arden el preludio que la corteza exhala sobre mis ansias…y se me encoje el vientre con tu nombre.

Agua, canela y arroz: manos en desliz sobre todas las horas que sucumben en la carne.
Jadea el agua, atraviesa el vestido, y tu beso llena mis lágrimas. Mi brazo hace círculos
sobre la apacible infusión, y mis dedos buscan la entrepierna.

Agua, canela, arroz y leche: en soledades íntimas que se expanden, cocinera a medias desnuda, tarde aromada a placer solitario, dedos húmedos que entreabren los labios de la ausencia.

Agua, canela, arroz, leche y azúcar: y tu mirada, y tu voz, para acompañar mi orgasmo.


LÁGRIMAS DULCES
(Prosa poética)

Me llenaste ojos y manos, escalé las paredes del aire que te contenían, y la brevedad dejó de latir para ser historia. No hubo cielo para alcanzar porque todo el cielo se hacía lluvia desde la voz que tus dedos llevaban a mi entrepierna, y al murmullo de mi sexo despojado de vergüenza.
Sentí la sangre del mundo pulsar y detenerse en el ancla de tu brazo en mi cintura, en la devoción de mi espalda en tu pecho, en la inclinación de mis caderas colmadas de tu vaivén. Sostuviste entonces mi universo gimiente y trémulo en tu vientre, indagante en la cavidad de tu boca.

Todas las palabras sin voz se fueron vaciando, una a una, desde mis ojos a los tuyos, iluminando las horas de la noche. Solo el movimiento sugerido de los cuerpos marcó las pautas de los deseos. Gotas de lascivia pergeñaron cada hueco de mi cuerpo, para amoldar tus acomodos de hombre. Fui una virgen húmeda por dentro y fuera, ungida y comulgada por la blancura de tu semen.

El placer corrió por el rostro y las lágrimas me supieron dulces: qué niña, qué pequeña, qué princesa puede ser una mujer, entre los brazos de un hombre.

 

SICALIPSIS DE AGUA
(Prosa poética)


Colmenas: fluir de anhelos desde los pezones resignados a tu boca, soplos eléctricamente dúctiles se acumulan en el ombligo para nacerme madrugada desnuda, con la infinita noche que se arropa en tus ojos negándose a desfallecer.

Clepsidras sin tiempo florecen amapolas crucificadas por debajo de mi pubis, se funden en la espina de tu lengua y, el gemido de mi sexo hilvana el aire; y crece…crece el martirio dulce entre tus muslos hasta el arco de viento desde el que mi espalda se nutre.

Alcanza las nubes el dique desbordado en la tempestad de tus manos bajo mis nalgas: nuestros sexos se inventan en la nada y el todo desde su voz de agua, y se desmoronan los alcázares erigidos en la profundidad mística de las arenas del desierto…

Inacabable mi orgasmo se fragmenta en mil pedazos de aliento, te engaña mi mirada casi sometida, casi suplicante; te acercas a la perversidad exquisita y, tus labios, tu lengua y tus dientes -vínculo de tormento- abraza el sollozo de mi clítoris.

Me dejo subyugar por tu ímpetu de amante orgulloso, leve instante en el que la hembra se domeña y renace indócil: luz, amante, prostituta con tiara de estrellas...y vislumbras mi sombra como un presagio que arrincona tus entrañas desamparadas, y emerges
paralelo a ti, queriendo reflejarte en la ausencia de mis pupilas; porque mi boca es aguafuerte que acaricia tu ingle, y tu miembro eréctil sufre la infamia complaciente de mi boca.

Tu espasmo, tu olor y tu sabor: ungen mis papilas de un nosotros en el silencio de un beso -y hasta las piedras del fondo del río conciben flores- cuando me niegas la victoria en el asalto húmedo de tus dedos que penetran mis orificios…entre tus almizcles se moja el velo con que cubro mi esencia de dama.



HOY MIS ROSAS
(Poema)

Se despeja la niebla para los pájaros que habitan la sangre:
ha vuelto la noche a tejer y deshilar
el color trasnochado de las sombras, la luna
se ha cortado las venas en sagrado sacrificio
sobre la hondonada amancebada con el aire,
y todo el preludio del otoño arborece.

Hay una historia escrita en las raíces que los árboles
no pueden ocultar a los ojos ni a la piel,
antes del rosicler, las flores desgajan los secretos de su origen
para llenarme todos los huecos de la carne.

No hay latitudes ni hemisferios que puedan
sentenciar la ausencia de las voces al silencio,
cuando entre umbrías y luces
la noche se hace agua constelar
que me bautiza en el don del reencuentro.

El viento finge dolores y lágrimas,
en los labios de la zarza, el olvido crece sin dicción,
y la melancolía baila entre velos con el vientre desnudo
sobre el borde afilado que empieza a cortar la noche.

Hoy mis rosas son de espejo, de vidrio, de hielo y cristal
para reflejar los tonos de las madrugadas en quietud.


UN ÁRBOL LLORA

Entre sombras la luz se hace mito,
extravío entre calimas que no logra abrirse paso.
Todo queda en el recuerdo de la noche,
en su memoria que desde las estrellas se deshila
sobre la quietud del río:
el río duerme como la infancia,
como las hadas en las que nadie cree
que ya no necesitan ocultarse por los matorrales.

Las lágrimas de las rosas han borrado las huellas de los duendes,
el beso de la luna calla sobre la copa de un árbol
mientras sus ramas acogen el soliloquio del cierzo
que temo interrumpir con el cierre de mis ojos.
Si el otoño no vuelve nunca, tu mirada pasará en silencio
por la vereda por donde la muerte camina hacia el sur.

Por eso siempre prorrogo la espera aunque la luz no arribe,
y yo siga ignorando la razón por la que un árbol llora.


MUJER
(Dedicado al Hombre)

Alajú en beso:

azul o aire,

rojo o transparencia,

lágrimas alibles en el reproche taciturno del almácigo.

Verde o lluvia que se prende a tu cintura,
sentencia de abrazo para derrochar las noches,
en negro o ausencia, amanecer de tu pene orgulloso.

Rota

a fuerza de porqués

mudos…

cosida a la pureza de un himen podrido.

Fuerza, ímpetu,

para de lo perdido reinventar ternuras de cristal,

porque hay soledades de mujer

que no pueden amanecer en los brazos de nadie…

 

 

Breve semblanza

Issa Martínez Llongueras, oriunda de Ciudad de México (1965), es una escritora dedicada desde muy joven a la poesía. Comenzó a interrelacionarse con revistas literarias como Letralia (Tierra de letras) y Almiar (Grupo Margen Cero), entre otros grupos o foros literarios de Internet como Sensibilidades, Letraslibres y Archipiélago, siendo publicada y comentada favorablemente. Obtuvo el 1er. lugar en el Primer Concurso de Poesía “Letras y Silencios”, con “Poema de Despedida”, también fue finalista en varios concursos realizados por el Centro poético, y en el Concurso Internacional de Poesía "Paseo en Verso". Algunos de sus textos han sido publicados en la IV y V Antología Internacional de Sensibilidades (Madrid, 2003 y 2004), y en la VI Antología de Oro de Sensibilidades (Madrid, 2005); así como en la página literaria “Al pie de la Letra” (No.18), de la Asociación de Escritores de Mérida (Diario Frontera, Mérida-Venezuela (24/03/2004). En la Revista Mundísimo (Argentina, 2005), en la II Antología de poesía (Erótica): Larghetto ma non tropo y en la II Antología de narrativa: Humor sin extrema-unción (2005), y en la Antología para jóvenes Deleite Literario II (Editorial La Escarcha Azul, Mérida-Venezuela, 2006). Su poemario Incienso de madrugada triste, está siendo editado por La Escarcha Azul (Mérida-Venezuela, noviembre, 2006).

Ha realizado reseñas y prólogos a diversos libros entre los que destacan Ditirambos: entre viajes y fantasías, de Luis E. Prieto (Madrid, Alternativa Editorial, 2005). Participó con un capítulo en la novela colectiva: La Memoria de los Triángulos, ideada por el escritor Xabier González, editada en Galicia por Alternativa Editorial (2005). En formato PDF, participó con un poemario para niños en la Antología Infantil Andersen, y en la primera Antología electrónica de Forum de Letras Libres.

Actualmente es Subdirectora de la revista literaria, en formato digital, PALABRAS DIVERSAS, de publicación bimensual: http://www.palabrasdiversas.com y Co-responsable General de la Red Mundial de Escritores en Español: REMES. http://www.redescritoresespa.com/
 

 

 

India: el segundo nacimiento

Octavio Paz no duda en calificar sus años en la India como memorables7. Y lo son, pues durante ellos encuentra el amor en Marie José y su creatividad se concreta en tres de sus libros fundamentales de poesía y en cinco ensayos8.

En 1963 comenzará a recibir premios. El primero, el Premio Internacional de Poesía de Knokke le Zoute, de Bélgica, que ya habían recibido Saint-John Perse y Jorge Guillén.

Asimismo, es el momento en que se definen su imagen de intelectual y humanista preocupado por las luchas sociales y firme crítico de los llamados "regímenes totalitarios". También es la época en que se presentan los movimientos sociales de finales de la década de los sesenta y que en México, de manera particular, llegaron a ser trágicos por la desmesurada represión gubernamental, orillando a Octavio Paz a condenar los hechos y, consecuentemente, a renunciar a su cargo como diplomático mexicano. Finalmente, será en los últimos años de los sesenta cuando se inicia su peregrinar por las universidades mundiales, particularmente las estadounidenses, impartiendo cátedras y conferencias.

La estancia en la India lo marca profundamente. Un recorrido por su poemas de esos años nos muestra el influjo presente en los temas y títulos de ellos. Paz dirá que lo vivido en la India fue "una educación sentimental, artística y espiritual". El cambio alcanza a las raíces vitales de su existencia.

La viveza del cambio se encuentra en la poesía de esos días; de manera particular en el libro Ladera Este, publicado en 1969. En contraparte, la prosa (poética en este caso), sobre la India debió esperar varios años más, hasta 1974, cuando aparece El mono gramático.

Es el momento cuando en la obra de Octavio Paz comienzan a aproximarse los discursos poético y prosístico. No es la primera vez, pero si la más clara, en que la prosa y la poesía se aproximan en el discurso de los textos o poemas.

Para la poesía esto supone una prosificación que obliga a un fluir discursivo en donde la cadencia del ritmo ya no se marca con los cortes de verso, sino en el interior del poema. Ello provoca que las imágenes aparezcan como un fluido continuo más que como una sucesión de cuadros léxicos; fluir que, sin embargo, conserva la imagen de un río en el que las hojas caídas de los árboles son, al mismo tiempo, imagen individual que nos habla de algo (las hojas mismas, el otoño, la desnudez del bosque) e imagen colectiva que con el agua y las hojas, nos dice algo sobre el tiempo y el movimiento.

Por su parte, la prosa se ritma con cadencia reconocible de poema. La imagen así lograda danza y su contenido traspone los márgenes del discurso intelectual abordando los terrenos de la magia imaginativa poética. El ejercicio de interpretación del mundo que supone el ensayo, se transforma en un ejercicio ritmado, sujeto, por ello, a las características del ritmo elemental descrito por Paz en El arco y la lira.9

Marie José

Para Octavio Paz, Marie José es La Mujer; la contraparte elemental de todo Hombre; la oportunidad temporal de completar el Ser. En 1964, de camino hacia Bélgica para recibir el premio Knokke le Zoute, se detiene unos días en París. Marie José y Octavio se habían conocido fugazmente en la India y en París se reencuentran. Paz recuerda así aquel momento:

Una mañana —azar, destino, afinidades electivas o como quiera llamarse a esos encuentros— me crucé con Marie José. Ella había dejado Delhi unos meses antes y yo ignoraba su paradero, como ella el mío. Nos vimos y, más tarde, decidimos volver juntos a la India. Recuerdo que una noche, un poco antes de mi salida de París, le conté a André Breton mi sorprendente encuentro y él me contestó citándome cuatro versos de un misterioso poema de Apollinaire (La gitana):

Sabiendo que nos condenamos
en el camino nos amamos;
lo que nos dijo la gitana
lo recordamos abrazados.

Nosotros, Marie José y yo, no obedecimos al oráculo de una gitana y nuestro encuentro fue un reconocimiento (...) En el encuentro de amor los dos polos se enlazan en un nudo enigmático y así, al abrazar a nuestra pareja, abrazamos a nuestro destino. Yo me buscaba a mí mismo y en esa búsqueda encontré a mi complemento contradictorio, a ese tú que se vuelve yo: las dos sílabas de la palabra tuyo...
(Vislumbres de la India, OC, v, X, p. 376)

Marie José y Paz se casaron en los jardines de la Embajada Mexicana en la India.

Marie José es una mujer atractiva, de mirada inteligente, suaves maneras y firme carácter. El amor que Octavio Paz le profesaba iba más allá de dedicarle sus libros de poesía y llegaba al punto de permanecer pendiente de ella. Una anécdota narrada por Tulio Demicheli, uno de los colaboradores de la revista Vuelta, ilustra esta amorosa preocupación. La labor de Demicheli en la revista lo obligaba a consultar con Paz el índice de cada número de Vuelta. Regularmente lo hacía en forma telefónica, pero en ocasiones se presentaba ante el poeta. Una de esas ocasiones tan pronto fue recibido, Paz le indicó que lo siguiera a la afueras del edificio donde habitaba:

Y salimos —cuenta Demicheli. No era normal que a Paz le diera por ir de paseo a tratar los asuntos de la revista. ¿Será un virus peripatético —pensé? No, esa criatura genera debate y controversia, anima la conversación y Paz no decía palabra: ni preguntó por Vuelta, ni especulaba sobre tema alguno, sólo estaba nervioso y mudo. Dimos una vuelta alrededor del edificio de (la avenida) Reforma. Increíble: el poeta escudriñaba los parterres del jardín, se agachaba, miraba por debajo de los coches y, cada vez, se impacientaba más. Por fin, me decidí:
— Dígame, Octavio, ¿qué busca?
Primero me miró como si yo debiera saberlo o, al menos, haberlo adivinado; y luego, respondió:
— El gato. Se ha escapado el gato de Marie-Jo. ¿Se da cuenta?
— No. Digo: sí, claro...
Debió sentirse raro. Insistió:
— ¿No sabe cuánto quiere Marie-Jo a su gato? Pues ha desaparecido. ¿Comprende? No está. El gato no está en la casa. He revisado todos los rincones, bajo la cama, en la biblioteca, en todas las recámaras, en la sala, y el gato no está. Tulio, tenemos que encontrarlo Anduvimos una hora larga en pos del gato...
10

Hoy, Marie José, es la llama viva del espíritu del poeta y el alma de la Fundación Octavio Paz.

La última embajada

En México, una labor privilegiada para los intelectuales es el servicio diplomático. Si no todos, buena parte de ellos aprecia esta labor y se acoge a ella de buen grado. No son pocos los intelectuales mexicanos que han hecho carrera diplomática. Alfonso Reyes, José Gorostiza y el propio Octavio Paz, son tan sólo un ejemplo de ello. El Servicio Exterior Mexicano les permite a los intelectuales el contacto con la élite de otros países y una vida decorosa, que en ocasiones raya en el glamour. Las buenas maneras, el cultivo de la tolerancia y el refinamiento, son actitudes que gustan a los intelectuales y que florecen en los consulados y embajadas del mundo.

Octavio Paz comienza su labor diplomática en París hacia 1945. Seis años después sería enviado a la India. Así lo relata:

Un día el embajador de México (en Francia) me llamó a su oficina y me mostró, sin decir palabra, un cable: se ordenaba mi traslado. La noticia me conturbó. Y más, me dolió. Era natural que se me enviase a otro sitio pero era triste dejar París. La razón de mi traslado: el gobierno de México había establecido relaciones con el de la India, que acababa de conquistar su Independencia (1947) y se proponía abrir una misión diplomática en Delhi. Saber que se me destinaba a ese país, me consoló un poco: ritos, templos, ciudades cuyos nombres evocaban historias insólitas, multitudes abigarradas y multicolores, mujeres de movimientos de felino y ojos obscuros y centelleantes, santos, mendigos...11

Tan sólo unos meses después de su llegada es nuevamente trasladado. Va a Japón y después reside unos años en México. En 1962, es nombrado embajador en la India, labor que desarrollará durante los siguientes seis años. Octavio Paz describe esa época como "un periodo dichoso" en el que lee profusamente y escribe varios libros de poesía y ensayo, y se reencuentra y casa con Marie José.

Durante 1968 en varios países los estudiantes universitarios protagonizan movimientos políticos que desembocan en enfrentamientos con la policía. En México, el movimiento estudiantil es fuertemente reprimido. Un par de semanas antes de escenificarse los XV Juegos Olímpicos, el gobierno mexicano, presidido por Gustavo Díaz Ordaz, lanza al ejército contra los estudiantes. Octavio Paz, en su calidad de embajador, forma parte de ese gobierno y en los primeros momentos del conflicto estudiantil colabora proporcionando información y opiniones al respecto. En una comunicación fechada el 6 de septiembre de 196812, Octavio Paz detalla al Secretario de Relaciones Exteriores de México sobre las condiciones que presenta el movimiento estudiantil, en la India en particular y en el mundo en general; condiciones que atribuye a la latencia de demandas sociales irresueltas, al crecimiento demográfico y al acceso mayoritario de jóvenes a la educación universitaria. En el documento señala:

El desarrollo económico y su consecuencia más inmediata —la movilidad social— permiten pensar que, gradualmente, la población subdesarrollada será absorbida e incorporada. En efecto, el sector desarrollado crece día a día y disminuye el subdesarrollado. Todo es problema de tiempo: una evolución demasiado lenta o una suspensión de la movilidad social, pondría en crisis la estructura misma de la sociedad mexicana... Los problemas del sector desarrollado son muy distintos y su resolución no implica un cambio de la estructura social sino una reforma. Esta reforma, según se verá, tendría principalmente por objeto adaptar nuestro sistema político a las nuevas condiciones creadas por el desarrollo económico, entre las cuales destacan el nacimiento de una clase media (a la cual pertenecen los estudiantes) y crecimiento del proletariado urbano. Desde el punto de vista sumariamente expuesto en el párrafo anterior, los disturbios estudiantiles de México presentan analogías y diferencias con los de los jóvenes de París, Chicago, Milán, Tokio y Berlín Occidental. Puede decirse que forman parte de nuestro desarrollo: son la prueba de que hemos progresado y el precio que tenemos que pagar por ese progreso.

Diez días antes del inicio de los Juegos Olímpicos, en el barrio de Tlaltelolco, en la Plaza de las Tres Culturas, ubicada a un costado del edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el ejército mexicano atacó a los estudiantes y personas en general, que ahí realizaban un mitin. Al acto se le conoce como "La matanza de Tlaltelolco". La indignación y condena a esta acción resulta general. Muchas son las reacciones; una de ellas, la pública renuncia de Octavio Paz a su cargo como embajador de México en la India.

En una carta fechada el 4 de octubre de 1968 y clasificada como "confidencial y personal", Octavio Paz le dice al Secretario de Relaciones Exteriores:

Anoche, por la BBC de Londres me enteré de que la violencia había estallado de nuevo (en México). La prensa india de hoy confirma y amplía la noticia de la radio: las fuerzas armadas dispararon contra la multitud, compuesta en su mayoría por estudiantes. El resultado: más de veinticinco muertos, varios centenares de heridos y un millar de personas en la cárcel. No describiré a usted mi ánimo. Me imagino que es el de la mayoría de los mexicanos: tristeza y cólera. Desde hace veinticuatro años pertenezco al Servicio Exterior de México. He sido canciller, secretario de Embajada, Consejero, Ministro y Embajador. No siempre, como es natural, he estado de acuerdo con todos los aspectos de la política gubernamental pero esos desacuerdos nunca fueron tan graves o tan agudos para obligarme a un examen de conciencia (...) Es verdad que el país ha progresado. Sobre todo en su sector desarrollado, constituido tal vez por más de la mitad de la población; también lo es que la clase obrera ha participado, aunque no en la medida deseable y justa, en ese progreso y que ha surgido una nueva clase media. Pero este adelanto económico no se ha traducido en lo que, me parece, debería haber sido su lógica consecuencia: la participación más directa, amplia y efectiva del pueblo en la vida política. Concibo esa participación como un diálogo plural entre el gobierno y los diversos grupos populares. Es un diálogo que, de antemano, acepta la crítica, la divergencia y la oposición. Pienso no solo en el proceso electoral y en otras formas tradicionales y predominantemente políticas, tales como la pluralidad de partidos. Todo esto es importante pero no les menos que ese diálogo se manifieste, diariamente, a través de los medios de información y discusión: prensa, radio, televisión. Ahora bien, sea por culpa del Estado o de los grandes intereses económicos que se han apoderado en nuestro país de esos medios, el diálogo ha desaparecido casi por completo de nuestra vida pública. Basta leer a la prensa diaria y semanal de México en estos días para sentir rubor: en ningún país con instituciones democráticas puede encontrarse ese elogio casi totalmente unánime al Gobierno y esa condenación también unánime a sus críticos. No sé si estos últimos tengan razón en todo; estoy cierto de que no tienen acceso a los medios de información y discusión. Esta es, a mi juicio, una de las causas, tal vez la más importante, de los desórdenes de estos días (...) Ante los acontecimientos últimos, he tenido que preguntarme si podía seguir sirviendo con lealtad y sin reservas mentales al Gobierno. Mi respuesta es la petición que le hago llegar: le ruego que se sirva ponerme a disponibilidad, tal como lo señala la Ley del Servicio Exterior Mexicano. Procuraré evitar toda declaración pública mientras permanezca en territorio indio. No quisiera decir aquí, en donde he representado a mi país por más de seis años, lo que no tendré empacho en decir en México: no estoy de acuerdo en lo absoluto con los métodos empleados para resolver (en realidad: reprimir) las demandas y problemas que ha planteado nuestra juventud.

El 16 de octubre, Octavio Paz recibe un telegrama aceptándole su renuncia. Durante los siguientes tres años no regresará a México.

El compromiso de la crítica: Posdata, Plural y Vuelta

El hecho insólito de que un funcionario mexicano renunciara a su gobierno por razones de conciencia, le proporciona a Octavio Paz una posición privilegiada como crítico. Su voz crítica crece. Paz vive los años subsecuentes a su renuncia como conferencista y profesor invitado en diversas universidades del mundo, particularmente las norteamericanas. El libro Posdata, es un ejemplo de este cambio en la vida del poeta.

Posdata nace como el desarrollo y ampliación de lo apuntado en una conferencia que pronuncia en la Universidad de Texas en Austin, el 30 de octubre de 1969. La fecha y tema de la conferencia aluden y conmemoran el primer aniversario de la "Matanza de Tlaltelolco"; el libro, según lo señala Paz en la nota introductoria, pretende ser una reflexión sobre lo ocurrido en México desde que escribió El laberinto de la soledad, de ahí el título de: Posdata.

Los tres capítulos del libro aluden a momentos de la historia mexicana, a los que Octavio Paz intenta encontrarles ecos y correspondencias. El libro se hilvana a partir de la propuesta inicial de explicar/entender lo sucedido en 1968 en México. El análisis histórico que realiza Paz se fundamenta en relacionar la toma de conciencia de un sector social: los estudiantes, sobre las desigualdades y abusos de una forma de gobierno totalitaria e impositiva, donde la democracia es materia de discurso y no de acciones gubernamentales. La toma de conciencia da vida a la crítica y ésta a la demanda, que toma cuerpo en la protesta y la manifestación pública. Las frases de ese momento histórico encuentran su correspondencia en los acciones e inacciones de los gobiernos mexicanos emanados de una revolución inconclusa y crecientemente traicionada. A todo ello Octavio Paz le encuentra raíces que penetran en la historia antigua de México.

Octavio Paz, al igual que otros intelectuales, no es el inventor de la crítica, pero, sin duda, es uno de sus ejecutores de mayor peso y aprecio en esos momentos. A tal grado se corporeiza la crítica en su espíritu que se transforma en una de sus premisas, impulsándolo a afirmar que el sello distintivo del siglo XX es la modernidad y de ésta, la crítica se constituye en su instrumento más importante.

Posdata se publica por vez primera en 1970, a dos años de la matanza de Tlaltelolco, un año después de la conferencia en Austin y en las postrimerías de su regreso a México.

En 1971 México tiene un nuevo presidente. Octavio Paz, regresa al país. ¿Se ha olvidado Tlaltelolco? No; y en refuerzo de su memoria el 10 de junio de ese año —día de Corpus Christi—, el gobierno mexicano entrante repite una acción represiva similar a la del 2 de octubre de 68. Esa tarde, Octavio Paz —en compañía de Carlos Fuentes y José Alvarado— daba un recital de poesía en el auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Se suspende cuando llega la noticia de esta nueva masacre. Julio Scherer, a la sazón director general del periódico Excélsior, invita a Octavio Paz a encabezar una revista semanal de opinión. La idea no satisface a Paz, quien le propone la creación de una revista mensual de cultura. Así nace Plural, cuyo contenido se centra en la crítica de las letras, el arte, el pensamiento y la política. La revista vive hasta julio de 1976, cuando el periódico es aplastado por instrucción del presidente Luis Echeverría.

Después de la caída de Plural, Octavio Paz y una pléyade de intelectuales y artistas se agrupan para formar la revista Vuelta. El primer número aparece el 1 de diciembre de 1976. Esta es la revista con mayor solidez, difusión y prestigio de las creadas por Paz.

Por extrañas razones fincadas en temores y estrecheces de criterio y tolerancia, los gobiernos en México ejercen una mayor censura a los periódicos que a las revistas. De ahí que sea en éstas donde pueden encontrarse los mejores ejemplos de libertad crítica. En ese sentido, Vuelta se instituye como un sitio donde la crítica florece. Los variados intereses críticos de Paz le proporcionan a la revista un carácter multidisciplinario e internacional, pues no sólo es una revista de crítica literaria y poética, sino que en ella pueden encontrarse artículos y colaboradores de varias artes y disciplinas del saber humano.

Como lógica consecuencia, la revista adquiere un sitio relevante en la sociedad mexicana y al paso de los años ella misma es motivo de crítica. De los argumentos que se esgrimen contra Vuelta en los últimos años, los más repetidos son el que poco a poco se va transformando en un grupo intelectual cerrado a la autocrítica; el que sean adoradores irredentos de Paz y de sus conceptos y criterios; una ambición desmedida por el control intelectual de México; su sospechosa proximidad con gobernantes y personas o grupos empresariales poderosos; y una creciente intolerancia.

En 1996, al cumplir la revista 20 años de vida, se produce un cisma en su seno. Durante esos años, el éxito de la revista se le atribuye a dos personas: al propio Octavio Paz y a Enrique Krauze. De este último se asegura que es el pilar financiero de Vuelta; gracias a sus buenas artes la revista es rentable. En el 96, Enrique Krauze se separa de Vuelta para fundar su propia empresa editorial. Los rumores se desatan. Dos de ellos cobran fuerza en los corrillos: el grupo Vuelta se desgaja por incompatibilidad de intereses; Octavio Paz está muy enfermo y su liderazgo se debilita.

Finalmente, al morir Paz, la dueña mayoritaria de las acciones de Vuelta es su viuda Marie José, quien decide cerrar la revista. De esa forma, ninguno de sus colaboradores será el heredero intelectual directo de Paz.

Los últimos peldaños

Al fundar Vuelta, Paz es un hombre de sesenta años. Su reconocimiento y fama son mundiales. Aún los legos lo conocen y libros como El laberinto de la soledad, se transforman en lectura obligatoria para los alumnos de ciertos niveles escolares. Ya no sólo es un autor leído en ciertos círculos, sino que ahora se le estudia con mayor aprecio. Se multiplican los artículos y monografías sobre su obra; crece y se especializa la crítica de sus libros y aumentan sus biógrafos. Paz participa y conduce, como figura central, reuniones de intelectuales y artistas. Se le rinden homenajes y se le otorgan premios. En 1990 recibe el Premio Nobel.

Continúa escribiendo hasta el fin de su vida, primordialmente ensayos. Destacan tres de ellos: el extenso sobre la vida y obra de Sor Juana Inés de la Cruz; sus reflexiones sobre el erotismo y el amor; y su libro último, sobre la India.

El libro Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, resulta ser un ensayo de características monumentales. En su versión de las Obras Completas, abarca un sólo volumen de 626 páginas, que consta de un prólogo y seis grandes apartados. Para Octavio Paz este libro representa una obsesión ensayística de más de treinta años. En algún prólogo, Paz relata que en 1950, a petición de la revista Sur y con motivo del tercer centenario del nacimiento de sor Juana, escribe un breve ensayo, pie de cría del dilatado libro posterior. El planteamiento estructural del libro es histórico, biográfico y crítico literario de Sor Juana.

Este ensayo demanda un lector dedicado, acucioso y constante. Escrito en la buena prosa que caracteriza al poeta, el libro no es simple pues se enfrenta, cuestiona y, no en pocas ocasiones, descalifica a una bibliografía que abarca trescientos años y varios idiomas; desde el padre jesuita Diego Calleja hasta Dorothy Schons.

Octavio Paz se pregunta en el prólogo sobre la intención y sentido de su ensayo:

¿En qué sentido me parece válida la tentativa de insertar la doble singularidad de sor Juana, la de su vida y la de su obra, en la historia del mundo: la sociedad aristocrática de la ciudad de México en la segunda mitad del siglo XVII?

Líneas adelante responde: "No basta con decir que la obra de sor Juana es un producto de la historia; hay que añadir que la historia también es un producto de esa obra".

En estos pasajes se develan los ejes del ensayo: vida-obra e historia-sociedad. Sor Juana poeta, mujer, monja, política, ensayista, cortesana y polemista, se desborda en las profusas páginas de este ensayo.

El amor, el erotismo y la literatura se despliegan en su ensayo La llama doble.

A los cuarenta y seis años, Octavio Paz escribe un breve ensayo sobre Sade en el que se aproxima a la sexualidad, al erotismo y al amor. Ya en la India, intenta fallidamente retomar el tema. Pasan los años y el proyecto se empolva. Ya encauzado en la tarea de compilar toda su obra, el deseo (y la vergüenza, asegura), de terminar ese ensayo lo obligan a escribirlo. Ya es un hombre de casi ochenta años y el tema le produce escozor y dudas: "¿no era un poco ridículo —se pregunta—, al final de mis días, escribir un libro sobre el amor? ¿O era un adiós o un testamento?". Vence las dudas y escribe el libro. El título resulta más que atractivo. En el prólogo, Paz explica su significado:

Según el Diccionario de autoridades la llama es "la parte más sutil del fuego, que se eleva y levanta a lo alto de la figura piramidal". El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida.

La llama doble: ¿adiós o testamento? Desde la primera ocasión en que leí el prólogo, medité sobre ello: ¿puede pensarse como un adiós o como un testamento un ensayo sobre el amor y sus afluentes: el erotismo y la sexualidad, escrito a los ochenta años? ¿Un adiós a qué; un testamento dirigido a quién? Si Paz siempre se asumió poeta, ¿por qué su testamento o adiós llega a pensarlo como ensayo?

Lo más sencillo es aceptar que sólo es una frase y que detrás de ella no existe nada más, pero me resulta difícil imaginar que Paz, tan consciente de sus palabras, "sólo" escribió esta frase para llenar un espacio tipográfico. Así que prefiero indagar en ella.

Encuentro dos explicaciones; una que llamaré "mundana-testimonial" y otra que denominaré "poético-literaria".

En la primera, el Paz que miro es un hombre enfrentado a su conciencia y su historia. Ha vivido amando y necesita contar los pormenores del amor como esencia vital del mundo. No basta con cantar el amor, hay que contarlo; dar fe de él. ¿Qué nos cuenta? ¿De qué nos da fe? Creo entender que nos invita a pensar que el amor existe y es real, sexual y erótico y que apela al mundo y su cotidianidad.

Habrá quien interprete el texto como una explicación del proceso de amar; acaso hasta le encuentre destinatario y piense que se dibuja en él a ésta o a aquélla persona. Yo no lo creo así.

Pienso que el ensayo también puede entenderse tanto como una afirmación: "así amo yo, Octavio Paz"; como una hipótesis: "así aman los seres humanos, desde antes y hasta siempre"; como un mandato: "así debe amarse"; como una nostalgia: "así amamos"; que como una premonición: "así amaremos".

En síntesis, como un clamor de su paso amoroso por la vida mundana. Un intento de explicar el amor desde la humanidad.

En la interpretación poética-literaria, encuentro a Octavio Paz pleno de literatura. Un Paz ya conocido de antes, de siempre, aquél que explica la vida a través de las manifestaciones literarias de los hombres. En este caso, el amor es analizado en y desde la literatura. Ejemplo de ello lo constituye la reflexión sobre el amor cortés.

En Paz el amor cortés es algo más que el testimonio de una época, es una fórmula de vida que trasciende su tiempo e historia permitiéndonos encontrar su rastro en nuestros días. Es acaso ya como una huella genética amorosa de nuestro ser adquirida después del florecimiento de las cortes y que ha encontrado en la literatura la forma idónea de procrearse, dando con ello testimonio indeleble de su persistencia. Es, asimismo, puente literario entre la creación y la vida; entre el hombre y sus capacidades para amar.

La llama doble es, también, un recorrido crítico por libros y poemarios donde el amor es posible. Con ello nos dice que el amor no puede ser patrimonio de la vida, sino que es dominio de la creación. El amor se analiza, corteja y loa en este ensayo.

Ya en los últimos peldaños, Octavio Paz escribe un ensayo sobre su época en la India. Lo titula Vislumbres..., es decir, entrevisión; casi, adivinación. El título no es fortuito pues el discurso y su contenido tienen la textura de una ensoñación; de la duermevela del poeta que en un instante aléphico vive y revive en su mirada soñolienta una existencia dichosa.

Vislumbres de la India, es un ensayo de vaivenes; a ratos deslumbrante y, en otros, impregnado de terrenalidad paciana. Como ejemplo de ello el primer capítulo resulta asombroso en su discurso, el cual pasa de la narración a la poesía en forma decidida y brillante; quiero decir que el discurso brilla por la fuerza de las imágenes que logra. Sin embargo no todo es así, al cabo que los párrafos pasan el discurso retoma un cauce narrativo con leve sabor de crónica. No obstante, se conserva el fundamento del ensayo de ser la interpretación de una realidad; la India que vemos en él es la de Paz. Un Paz enamorado, poeta, diplomático y gozoso de contar con la gracia de vivir esos años de fecunda creación y buenas compañías.

El Premio Nobel

En 1990, Octavio Paz es galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Tal distinción remueve celos y orgullos. La figura de Paz alcanza dimensiones megatónicas en el mundillo intelectual mexicano y latinoamericano; más en el primero. Se radicalizan los bandos en pacianos y antipacianos. Se le venera y denosta al mismo tiempo, pero nadie lo ignora. Todo aquel que desea crecer busca su cobijo nobélico o se declara en franca rebeldía antipaciana. A muchos, su actitud les rinde frutos.

En el texto que Octavio Paz lee en la ceremonia de recepción del Premio Nobel, plantea varias vertientes de reflexión. A mi juicio destacan tres: la aparición en el siglo XX de "las literaturas de América"; la búsqueda de la modernidad, y, el probable fin y mutación de la Edad Moderna.

Al inicio de su discurso, Octavio Paz asegura que las "lenguas son realidades más vastas que las entidades políticas e históricas que llamamos naciones". Con ello, Paz, por ser un autor en lengua española, pretende hacer suya la tradición que ésta alberga; de tal suerte, que ya no es un poeta y ensayista mexicano del siglo XX, sino un heredero y continuador de los hombres que pretenden hacer, de la literaria, una tradición transcontinental y una continuidad histórica. Con esta interpretación, Paz se suma a una historia que incluye a los poetas y escritores de mayor influjo en lengua española. Asimismo, se ubica como partícipe del renacimiento americano de la literatura en el siglo XX, que abarca desde el Modernismo dariano con que se abre el siglo, hasta las manifestaciones de antecedente surrealista que con diversos nombres florecieron en América y que ahora moribundas asoman sus cuencas vacías al siguiente milenio. Por ese hecho, Paz ya no es temporalidad de hombre sino historicidad literaria americana. En él se cumple su sentencia: "La gran novedad de este siglo, en materia literaria, ha sido la aparición de las literaturas de América", acto que, para cumplirse, demanda la aparición de los escritores americanos de este siglo.

En lo tocante a la Modernidad, Paz dirá en su discurso Nobel: "quería ser (un poeta) de mi tiempo y de mi siglo. Un poco después esta obsesión se volvió idea fija: quise ser poeta moderno. Comenzó mi búsqueda de la modernidad".

Como tantos antes y ahora, Paz se sumerge en el concepto de modernidad para explicarse su temporalidad y sentido histórico; como ellos, al poco descubre que la modernidad es un concepto atemporal, ageográfico y ahistórico y, por ello, multivalente. Al percatarse de la mutabilidad que tiene implícita el término "modernidad", Paz lo define como un "concepto equívoco". Creo que su definición no es precisa, pues el concepto define un acción evolutiva y por ello cambiante y nunca fija. Modernidad y moderno, no califican una época sino una acción, acaso una intención: la evolución como norma del sentido. Mayor acierto logra Paz al asegurar que:

La modernidad es una palabra en busca de su significado[...] La modernidad ha sido una pasión universal. Desde 1850 ha sido nuestra diosa y nuestro demonio. En los últimos años se ha pretendido exorcizarla y se habla mucho de la «postmodernidad». ¿Pero qué es la postmodernidad sino una modernidad aún más moderna?

Destaca en la reflexión de Paz que, buscando la modernidad, retrocede hacia los orígenes. Con ello afirma la teoría de la continuidad en la que para existir un presente y, por ende, un futuro, debió haber un pasado. Adquiere, así, sentido su historia en la Historia; es un hombre porque hubo hombres; es y será poeta porque antes de él existieron los poetas y la poesía. No es una isla sino un continente que por momentos está aparentemente separado por los mares, pero en el fondo y esencia del ser se continúa, conjurando la soledad. Al final no está solo. La modernidad no lo rebasa, lo acuna e impulsa hacia lo permanente.

El probable fin y mutación de la Edad Moderna se me presenta como un reto reflexivo de alta densidad.

Octavio Paz cuestiona el concepto de "postmodernidad" considerándolo inadecuado pues designa una "modernidad más moderna", cosa imposible por tautológica. De ahí que al sugerirnos el fin y la mutación de la Edad Moderna, no pretende señalarnos tan sólo el derrumbe de una época, sino también la necesidad de una reconceptualización del futuro, comenzando con una redimensión del lenguaje. "La crítica del mundo comienza con la crítica del lenguaje", dice en alguno de sus textos, señalando la íntima relación entre la lengua y las acciones humanas. Con ello parece decirnos: "somos lo que decimos; el decir impulsa el hacer". Pero ¿llegamos al final de una época lingüística? ¿Se ha agotado el lenguaje de ésta época y necesitamos otro? ¿Todo esto nos lleva necesariamente a una mutación? Para entender, necesito hablar sobre la vida de la lengua.

No hay duda que las lenguas son vida, entendida ésta como un proceso dinámico compuesto de varios estratos y diferentes funciones que se complementan. Entre los estratos se encuentra un núcleo sólido formado por las palabras que designan a las cosas perennes e inmutables y la forma básica en que las combinamos para formar oraciones. "Árbol" o la esencia de los conceptos: sujeto, verbo y predicado, no se vería afectada por una crítica del lenguaje como la propuesta por Paz, puesto que ésta no se refiere a lo función utilitaria de la lengua. Paz se refiere al valor conceptual, a la significación y sentido que le atribuimos a aquellas acciones que nos permiten ser.

Entendida así, una crítica del lenguaje nos obligaría a redefinir los contenidos y alcances de la lengua hecha reglas y normas para la convivencia. Un buen ejemplo de esto lo constituye el concepto "democracia".

Nadie en su sano juicio considera condenable a la democracia; sin embargo, son diversas sus interpretaciones y limitados sus alcances. Criticar, es decir, sopesar las interpretaciones y limitaciones del concepto en la práctica, es lo que interpreto de la propuesta de Paz. La humanidad, para subsistir, necesita de compromisos y estos de conceptos que funcionen como pilares de aquéllos. Algunos de los conceptos detrás de los compromisos humanos se han deslavado y necesitan reemplazo. Paz lo ejemplifica con el concepto "progreso" como motor del "bienestar colectivo". No hay duda que hubo una época en que se creyó, a pie juntillas, en la íntima relación que existía entre progreso y bienestar colectivo. Hoy, el "progreso", alma y motor de la industrialización, ha resultado en un cada vez más dudoso bienestar colectivo y en un creciente deterioro de los equilibrios naturales del planeta. Este ejemplo sirve de paradigma para todos los campos de interés del hombre.

En este sentido, no sólo encuentro válida, sino atinada la propuesta de Paz en su discurso.

Epílogo

El ensayo es para mí la más completa de las manifestaciones literarias, puesto que permite la conjunción en su discurso de la sensibilidad de la poesía y la reflexión crítica de la razón. Hay en él un culto, acaso un reencuentro o reconciliación, con lo Sapiens del Hommo Spiritualis que somos. Escribir y leer un ensayo es entrar y posesionarse de la mente sensible, crítica y comprometida que forma el ser humano del escritor y, al mismo tiempo, es permitir la entrada y posesión de nuestro ser por el ensayista.

Como en ningún otro de los géneros literarios, el ensayo es fusión entre los seres que se encuentran a través del discurso. Jamás será igual la vida después de encontrarse con los ensayos de Borges o de Alfonso Reyes, de Germán Arciniegas o del propio Octavio Paz. La vida cambia para siempre después de leer un texto ensayístico de alguno de estos seres. Sé que los poetas dicen que algo así sucede con la poesía y quizá es cierto que el alma se libera entre los versos, pero en el ensayo sucede algo más que una liberación momentánea, se produce una necesidad de libertad permanente, una perenne búsqueda de la esencia del ser; una sed inagotable por el deleite que producen el comprender y el interpretar: por el saber. El sentido del ser encuentra en el ensayo la posibilidad de comprensión y a él se sujeta.

Tiene el ensayo otra virtud: no pretende ser verdad colectiva; le basta con ser verdad individualizada. Después de todo, en el mundo no hay más que individuos.

Los ensayos de Octavio Paz son una de las verdades individuales de este mundo. Reconocerse en ellas nos permite saber que los individuos de distintas latitudes y épocas han sido y son constantes en su búsqueda del ser. Que han estado aquí y, espero, continuarán estando, con la irrenunciable tarea de comprendernos.

Notas

  1. Enrico Mario Santi describe en el prólogo titulado "Recargo", el contenido de este libro: "Nuestro libro se divide en cuatro secciones, aparte de nuestros prólogos [uno de Paz y otro de Santi] y mi introducción. La primera, ‘Vigilias: Diario de un soñador’, recoge los capítulos del diario íntimo de Paz que fue publicado entre 1938 y 1945 más los dos poemas en prosa inéditos que forman parte de la misma colección. La segunda, ‘Libros y autores’, recoge 36 textos sobre literatura, arte, política y moral. La tercera, ‘Testimonios’, recoge 5 ensayos y 2 respuestas a encuestas que tratan exclusivamente sobre poesía. Esta tercera sección es el centro y meollo del libro. En la cuarta sección, ‘Novedades (1943)’, se recogen 27 de las 28 columnas que Paz escribió ese año para el diario capitalino del mismo nombre. Las fuentes que añado al final del texto, así como la introducción al principio, tienen la intención de aclarar datos que pueden resultar imprecisos, además de situar la primera época de Paz. La bibliografía al final, que cubre la prosa publicada entre 1931 y 1943, da una imagen relativamente completa de la producción de esos años". (P. 11).
  2. La trilogía se constituye por los libros: El arco y la lira, Los hijos del limo y La otra voz.
  3. Esta práctica de Octavio Paz de revisar sus textos ya publicados, se presenta como una constante en su vida creativa. Con ello, Paz se constituye en un lector crítico de sí mismo. Lector más que autorizado para rectificar sus obras en las diferentes ediciones. Uno de los casos más notables de estas rectificaciones son las realizadas a El arco y la lira, en cuyas ediciones posteriores ya no aparecen grandes párrafos presentes en la primera edición.
  4. Si bien en su primera edición, tanto El arco y la lira como Los signos en rotación aparecen separados, a partir de la segunda Octavio Paz decide integrarlos como un sólo libro.
  5. Existen escritos como Poesía de soledad y poesía de comunión que escribe a finales de los años treinta, impulsado por el ámbito de la Guerra Civil Española y Tres momentos de la literatura japonesa, fechado en 1954, y que escribe después de sus correrías orientales.
  6. "En aquel tiempo (1951, su primera llegada a la India) yo era un joven poeta bárbaro. Juventud, poesía y barbarie no son enemigas: en la mirada del bárbaro hay inocencia, en la del joven apetito de vida y en la del poeta hay asombro". Vislumbres de la india, México: Fondo de Cultura Económica, 1996, p. 363.
  7. "Once años más tarde, en 1962, regresé a Delhi como embajador de mi país. Permanecí un poco más de seis años. Fue un periodo dichoso: puede leer, escribir varios libros de poesía y prosa, tener unos pocos amigos a los que me unían afinidades éticas, estéticas e intelectuales, recorrer ciudades desconocidas en el corazón de Asia, ser testigo de costumbres extrañas y contemplar monumentos y paisajes. Sobre todo, allá encontré a la que hoy es mi mujer, Marie José, y allá me casé con ella. Fue un segundo nacimiento". OC, v. 10; p. 369.
  8. Poesía: Viento entero (1965), Blanco (1967) y Ladera Este (1968). Ensayo: Cuadrivio (1965), Los signos en rotación (1965), Claude Lévi-Straus o el nuevo festín de Esopo (1967), Corriente alterna (1967) y Marcel Duchamp o el castillo de la pureza (1968).
  9. Como señalé, ésta no es la primera ocasión en que la prosa y la poesía aproximan sus márgenes. Ya en ¿Águila o sol?, la poesía se prosifica; sin embargo, en estos momentos sucede lo contrario, en El mono gramático la prosa se poetiza. En este texto y en cualquier otro del tipo, no resulta sencillo dilucidar qué fue lo que sucedió, si la prosificación de la poesía o la poetización de la prosa, no obstante, comparando los libros del periodo, Ladera Este y El mono gramático, parecen existir diferencias, indicios de su concepción. Reitero que esto no es claro, complicándose, aún más, debido a que el propio Octavio Paz, en la distribución definitiva de sus Obras Completas, coloca a El mono gramático en el volumen de poesía. Hace lo mismo con La hija de Rappaccini, al cual denomina poema dramático. De ahí la dificultad de su análisis discursivo.
  10. Tulio H. Demicheli. "El poeta asustado como un niño", en Vuelta, mayo de 1998, número 258, año XXII, p. 55.
  11. Op., cit., p. 358.
  12. Los textos completos de los que extraje éstos y los subsecuentes fragmentos, aparecieron publicados en el No. 256 de la revista Vuelta, marzo de 1998.

Patricio Eufraccio Solano
Universidad Nacional Autónoma de México
Marzo de 2000

 

 

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Revisado: January 10, 2009
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