ARTE DOMINICANO

 

EL ARTE DE LOS MUERTOS

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

 

FERNANDO UREÑA RIB

EL ARTE DE LOS MUERTOS

 

Anualmente la República Dominicana invierte importantes sumas de dinero en promover sus artistas fallecidos. Exposiciones pictóricas colectivas, internacionales e itinerantes de nuestros maestros muertos se presentan en las grandes capitales del mundo. Se piensa que de esta manera se honraría su memoria y se abriría campo al arte dominicano actual y a las generaciones emergentes.

 

Las instituciones que se aventuran en esa acción reconocen que el arte dominicano tiene escasa significación y cotización en los mercados internacionales del arte.   Valoración esta que corre muy por debajo de las alcanzadas por los maestros del arte cubano,  del puertorriqueño y del haitiano, cuyas obras escalan cifras astronómicas.

Se imaginan que así se cumple con el deseo que esos mismos maestros abrigaron en   vida: Ellos abogaron porque se le prestara atención a su trabajo y se invirtiera en establecerles internacionalmente. Y sin embargo, la gran mayoría de esos pintores nacionales vivieron y murieron en la indigencia.

 

Es por eso que la presencia del arte dominicano en los museos internacionales sea tan exigua, y cuando se habla de arte latinoamericano apenas se nos mencione. El problema fundamental de esa tarea es que los artistas fallecidos no pueden defender su obra. Otros tienen que hacerlo. Y eso carece de la misma credibilidad, repercusión y arrastre. Es triste decir que el arte de los fallecidos llegó a donde pudo haber llegado, cerró su ciclo vital. Si la obra de Picasso no se hubiera promovido mientras él vivía y fuera desconocida, habría sido imposible sacarla a flote hoy.  Cada generación tiene sus íconos, sus pilares. El ágil mundo del arte se mueve y se promueve a través de los medios de comunicación.   Y esta es una realidad contra la cual no podríamos hacer nada, sin importar lo enjundioso que fuese el capital invertido en artistas que además de ser desconocidos internacionalmente, han muerto.

 

Los artistas vivos sí pueden y deben defender su obra. Asisten a entrevistas, visitan otras exposiciones, conversan en directo con curadores de museos, galeristas y personas claves de la sociedad en que se presentan y allí refuerzan alianzas con los círculos económicos y de poder. En el arte, las muestras funerarias no hacen mercado.

 

Aquí hay maestros vivientes y sumamente capaces de servir como portavoces, de nuestros valores culturales. Estos deberían ser la punta de lanza que abra camino en el mercado internacional. Bastaría mencionar nombres como los de Ada Balcácer, Domingo Liz, Fernando Peña Defilló, José Rincón Mora, Ramón Oviedo y otros entre los cuales se me incluye.  Maestros como Guillo Pérez y Cándido Bidó han promovido su obra con recursos propios y sin ayuda oficial alguna.   A sangre y fuego Silvano Lora agotó su turno vital mostrando su trabajo al mundo. Pero ese esfuerzo aislado no contó con el soporte de las instituciones culturales a las cuales servía.  

 

Aún hoy los gobiernos miran esos esfuerzos como un negocio personal. El error consiste en que la obra de arte no es simplemente un bien de consumo, es un bien cultural. Hasta que no adquiramos consciencia de ese hecho trataremos el arte como un producto que nada tiene que ver con nuestra identidad esencial, con lo que somos como pueblo.

 

Cada año, la República Dominicana debería invertir en promover internacionalmente uno de sus valores nacionales. Lanzar un icono. Deberían realizarse exposiciones individuales o retrospectivas bien curadas. Las exposiciones colectivas no se impregnan en la memoria colectiva. La diversidad visual confunde y hace que se pierda el impacto. Es como poner a sonar simultáneamente y en el mismo espacio a Mozart, Bethoven y a Gluck. Pienso que si se quiere de verdad hacer un trabajo de promoción del arte dominicano, se deben sustituir las exposiciones colectivas funerarias y presentar un conjunto de obras de un autor diferente cada año.

 

 

Se debe elegir un tipo de imagen, un carácter, una personalidad e insistir en esa durante todo un año en las capitales claves del mundo. Al año siguiente el maestro sería otro.    Estas exposiciones pueden ser auspiciadas de manera conjunta por instituciones como la Secretaría de Estado de Cultura, la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores, las cámaras dominicanas de comercio y sus contrapartes en el exterior. Como es preciso que participen las instituciones dominicanas en el exterior, se deben incluir las asociaciones dominicanas de comerciantes y de profesionales de los países huéspedes. Ellos formarían la base de esta acción internacional.

 

En ese orden, el gobierno debería publicar anualmente un libro consistente y pleno de imágenes de uno de sus artistas principales. ¿Cómo se explica que nuestra bibliografía pictórica sea tan escasa? ¿Cómo se justifica que el Estado haya invertido tan poco en la publicación de libros de arte? ¿Qué invierte el Estado dominicano en la compra de valores reales como son las obras de arte? Si se compara este renglón con lo que el Estado gasta en cortinas y decoración nos damos cuenta de que estamos muy lejos del corte. Los países que muestran un gran arte son aquellos cuyos príncipes, reyes y emperadores lo coleccionaron. Es una vergüenza que caudillos y tiranos, muchas veces, hayan ostentado esa visión señera y ejemplar que escasea entre los líderes democráticos de hoy. 

   

El punto final es que no debemos esperar a que nuestros artistas se mueran para empezar a coleccionarlos (institucionalmente) y a promoverlos en el exterior. Eso es una estupidez, es   inútil y no funciona. Que el estado y las instituciones culturales y financieras no pierdan un minuto. Que se ocupen, primero, en invertir adquiriendo obras de arte y en promover el arte de los maestros dominicanos vivos. Porque esos maestros vivos son los que pueden abrir el camino para las generaciones venideras.  

 

 

FERNANDO UREÑA RIB

Fundación Ureña Rib

www.latinartmuseum.com

 

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FERNANDO UREÑA RIB · NOTA BIOGRÁFICA

Fernando Ureña Rib nació en La Romana, República Dominicana el 21 de marzo de 1951. Inició sus estudios en 1963 en la Escuela de Bellas Artes de San Francisco de Macorís, concluyéndolos en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1968, obteniendo el título de Profesor de Dibujo. Se gradúa de Bachiller en Filosofía y Letras y continúa estudios de Idiomas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Fernando Ureña Rib. De 1968-1971 hizo estudios de post grado y de pintura mural bajo la guía del maestro Jaime Colson. En 1972 estudia pintura en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en Málaga (1973) asiste a un círculo de estudiosos de técnicas de la pintura flamenca. Durante su residencia en España realizó extensos viajes de estudios que le llevaron por Centro Europa y el Norte de África. En 1974 expone en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid y de Soria, con el aval de don Gregorio Marañón. 

Desde 1975 Ureña Rib exhibe una vez al año en ciudades de Italia y Alemania. (Munich, Francfort, Mainz, Bolzano, Roma) En 1977 recibió una invitación del Departamento de Estado de los Estados Unidos que le permitió conocer los museos y academias de arte más importantes de ese país. De 1985 a 1988 reside en Italia, estudiando las escuelas de la pintura veneciana y sienesa. Expone en 1988 en el prestigioso Instituto Italo - Latinoamericano de Roma. Continúa estudios avanzados con el maestro Servio Joseph Mejsner, en Montreal, Canadá. Ha sido profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes y curador del Museo de Arte Moderno de Santo Domingo (1981) organizando exposiciones conmemorativas de los maestros del arte dominicano Jaime Colson, Gilberto Hernández Ortega, Joseph Gausachs y George Hausdorf entre otros.

Fue Director de la Escuela de Artes de la Universidad APEC y Presidente del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos (CODAP). Durante varios años colaboró con artículos críticos en los periódicos Ultima Hora, El Listín Diario y El Siglo. Ha publicado breves ensayos críticos en las revistas Art Nexus y Artes en Santo Domingo. Marianne de Tolentino le dedica una monografía en 1989. Actualmente trabaja en la publicación de "El libro de Chantal" una novela filosófica que cuestiona la estética del arte contemporáneo.

Fernando Ureña Rib vive y trabaja entre Santo Domingo y Montreal, Canadá. Sus obras han sido exhibidas en muestras individuales, colectivas y bienales realizadas en Buenos Aires, Barcelona, Bad Kissingen, Berna, Bolzano, Bogotá, Bonn,  Bruselas, Cannes sur Mer, Caracas, Chicago, Cuenca, Detroit, Francfort, Londres, Madrid, Mainz, Málaga, Miami, Montreal, Munich, Nueva York, París,  Roma, Oslo, Odessa, Río de Janeiro, Roma, Rotterdam, Moscú, Ottawa, Québec, Quito, Santiago de Cuba, Santiago de Chile, Santiago de los Caballeros, Soria, San Juan (PR), San Pedro (Provincia de Buenos Aires) Santo Domingo, Sao Paulo, Washington y Seúl entre otras.

Fernando Ureña Rib ha escrito los libros Decir la Piel, o las discretas orgías del silencio, Fábulas Urbanas, El olor de las yeguas y Las cuatro patas del Diablo, relatos.

 

 

 

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: April 29, 2013
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