Ureña
logra una imagen coherente y definitoria, porque después de varios
tanteos, algunos exitosos y otros no, Ureña toma conciencia de su
calidad dibujística y realiza 27 trabajos en técnica mixta donde,
aun siendo primordial lo gráfico, da rienda suelta a su conocimiento
de la plástica dominicana en soluciones pictóricas logradas.
Porque viendo sus cuadros
encontramos a Colson a través de Ada Balcácer, recordamos a Gausachs,
reconocemos a Bidó y a Liz en sus más telúricos y discretos
recursos, pero por encima de todo vemos a Ureña Rib que de manera
reflexiva recurre a esta disponibilidad cultural que le da el manejo
de los recursos de nuestra historia plástica, no como influencias,
sino como un testimonio de sus preferencias, de sus puntos de
partida formales. Y esa actitud enriquece su condición de artista
consciente de que sólo se puede ser partiendo de los que antes
fueron y marcando de manera clara los eslabones existentes en
nuestro camino plástico. Esa posición resulta profesional y válida.
Y todo esto puede decirse
sin merma del autor, porque aún dentro de estos planteamientos Ureña
logra devolverse por los recursos gráficos y compositivos de sus
dibujos de 1975 (Anita, los sueños y los gatos), retomar el
movimiento de entonces que ahora resulta sugerente en una real
integración de rostros, imágenes, pesadillas y sueños y lograr un
todo simbólico que contiene hombres reales y cosas soñadas,
situaciones de incorporación anímico-conceptual reforzadas por
colores impactantes, a partir de aguadas, cera, lápices, empastes y
que tiene mucho del dramatismo y del escándalo de la pintura
contemporánea. El tratamiento de las diagonales móviles como
elemento sintetizador de sugerencias figurativas, dinamizan las
imágenes abigarradas de situaciones oníricas que a veces el artista
simplifica hasta lo narrativo, como ocurre en la serie de Lo que el
hombre anida y en Anochecida-Amanecida.
Sus esculturas, realizadas a
partir de movimientos circulares ascendentes, entroncan
perfectamente en la tradición forjada por Prats Ventós y Luichy
Martínez Richiez y Domingo Liz. Apreciamos su manejo del oficio,
particularmente en los formatos pequeños. El uso del rojo resulta
integrador logrando la pureza de los contornos y de la imagen. El
manejo del color y de la materia pictórica no resulta secundario con
relación a sus habilidades gráficas, integrándose para formar un
mundo que Ureña Rib nos descubre.
Jeannette Miller.
El Caribe.