Del 26 al 29 de
octubre de 1998 se celebró la novena edición de la Feria del Libro y
Encuentro de Escritores y Artistas Latinoamericanos, en Providence,
Rhode Island (EE.UU.), a la cual fueron invitados en esta ocasión, y
por conducto del conocido investigador y profesor peruano de Brown
University, Julio Ortega, los escritores Carlos Fuentes (México),
Tomás Eloy Martínez (Argentina), José Luis Vega (Puerto Rico) y José
Mármol (República Dominicana). En este marco, los representantes del
Caribe hispánico sostuvimos una conversación o triálogo con el
coordinador de la parte literaria del evento, el poeta peruano
radicado en Boston, Pedro Granados. José Luis Vega es un destacado
poeta y ensayista, que en la actualidad dirige el Departamento de
Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, Recinto Río
Piedras, y ha publicado numerosos libros de poesía y enjundiosos
ensayos literarios. Textos poéticos suyos figuran en exigentes e
importantes antologías de la poesía hispanoamericana contemporánea.
Sus aportes a la cultura puertorriqueña van desde el ámbito de la
creación a la actividad académica. Solo de pasión, teoría del sueño
(Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1996) es uno de sus
últimos volúmenes publicados, en el cual integra sonetos de corte
clásico y poemas de verso libre. Pedro Granados es profesor de español
en Boston University; ha publicado los siguientes libros de poemas:
Sin motivo aparente (1978), Juego de manos (1984), Vía
expresa (1986), El muro de las memorias (1989), El fuego
que no es el sol (1993), El corazón y la escritura (1996) y
Lo penúltimo (1998). Trabaja su tesis doctoral en torno a la
influencia de la poesía del inmenso poeta peruano César Vallejo sobre
los jóvenes poetas de los años 80 en América Latina. De su iniciativa
ha derivado un interesante programa de celebración de talleres
literarios en los centros educativos públicos y privados de nivel
secundario en el estado de Rhode Island, como forma de expandir y
fortalecer la sensibilidad de los jóvenes frente al fenómeno de la
poesía. Dejamos, pues, constancia de esta suerte de solo a tres voces,
para los lectores que se interesan por el decurso y el futuro incierto
de la poesía hispanoamericana de los últimos años.
(J. M.)
JOSÉ MÁRMOL.-
Cuando estamos frente al público, se presentan siempre preguntas un
tanto temerarias. Como por ejemplo esa que reza: cómo define usted la
poesía y de qué modo se inscribe su obra, desde sus inicios, en esa
acepción? Cómo responderían ustedes a esa pregunta soberbia?
JOSÉ LUIS VEGA.-
José Mármol ha empezado con la gran pregunta. Creo que la obra de un
escritor va evolucionando, y esa evolución implica, por supuesto, una
evolución también de lo que para uno es la poesía. Empecé a escribir muy
joven, siendo prácticamente un adolescente. Cometí un error juvenil
frecuente, que consiste en publicar un libro con esos poemas de
adolescencia. Ese libro se titula Comienzo del canto. En ese
momento se tiene una concepción bastante ingenua acerca de lo que es la
poesía; se la ve, sobre todo, como expresión de sentimientos; o bien,
expresión de una emotividad. Luego se va poniendo uno en sintonía con lo
que está sucediendo en la circunstancia histórica e inmediata de su
país, y así va cambiando su visión sobre la poesía y la obra. Mi
actividad literaria verdadera comienza en torno a la fundación de una
revista literaria que se llamó Ventana, que data de 1972. Quienes
hacían esa revista iniciamos la reacción contra los modos de la poesía
social en Puerto Rico, encabezados por el grupo Guajana, cuyos
postulados estéticos habían prevalecido en el país por espacio de una
década. Iván Silén por un lado, los poetas de Ventana por otro,
sin que nos pusiéramos de acuerdo, iniciamos una corriente crítica y
denunciamos el cansancio y el agotamiento de ese discurso enraizado en
los años 60. Pusimos el acento en la búsqueda de una apertura, si
quieres temática, que implicaba que en poesía se podía hablar de todo y
no sólo sobre los problemas sociales y situaciones críticas nacionales,
y pusimos también el acento en el lenguaje poético. Se quiso afirmar, en
definitiva, que escribir bien era una manera eficiente de servirle al
país; más allá de las consignas políticas y de los discursos
ideológicos. Desde esta revista empezamos, entonces, a figurar en el
escenario literario de Puerto Rico. La revista se mantuvo, llevó a cabo
concursos literarios, abrió las puertas a la poesía de otros países
latinoamericanos. Es en este momento cuando se define mi idea de la
poesía como una apuesta a la sinceridad, y un deseo constante de
trabajar el poema como si se tratase de un instrumento de precisión, es
decir, trabajarlo con el rigor y la intensidad que el poema mismo
requiere.
JOSÉ MÁRMOL.-
La realidad pone en evidencia que no existen unos vasos comunicantes
eficaces para hacer de la nueva literatura del Caribe de habla hispana,
una literatura con presencia significativa en el contexto internacional.
A qué se podría atribuir el hecho de que estas literaturas que conforman
el Caribe hispánico no interactúan como deberían hacerlo? Acaso no es
este un factor que debilita la posibilidad de que ellas incidan
favorablemente en el contexto internacional, desde su condición de
literaturas un tanto regionales?
JOSÉ LUIS VEGA.-
Creo que fundamentalmente se debe a una falta de voluntad real de los
creadores. Se podrían aducir dificultades materiales, carencia de una
tradición investigativa, pobreza de los mercados y demás. Sin embargo,
en el pasado hubo esa comunicación de que tú hablabas, entre las
literaturas del Caribe. Curiosamente, en las décadas del 30 y del 40
había más afinidad y más comunicación entre nuestras literaturas que la
que hay hoy día. En lo concerniente a Puerto Rico, lo que ha dificultado
ese diálogo entre nuestras letras es la tendencia del mundo académico
puertorriqueño a orientarse al mundo norteamericano, como también a
orientarse hacia tendencias literarias que de alguna manera están en el
circuito de la resonancia del éxito. Esto no permite buscar al texto
callado, al escritor que está en su país haciendo lo suyo. Porque la
actividad literaria en Puerto Rico tiene una base académica, se vincula
mucho con las investigaciones que se hacen en la universidad para la
obtención de grados. Estas cosas que he venido planteando quizá no
identifican, equivocadamente, por supuesto, el proceso literario
dominicano como un objeto de estudio capaz de disparar al nuevo
estudiante hacia sus objetivos de éxito inmediato.
JOSÉ MÁRMOL.-
Pedro, se podría decir que ocurre más o menos lo mismo entre las
literaturas del cono Sur, o acaso hay una notable diferencia, hay
mayores niveles de interconexión, de intercambio de reflexiones
estéticas y discursivas?
PEDRO GRANADOS.-
Creo que el fenómeno es muy parecido. También allí hay una autarquía muy
grande… El ecuatoriano lee al ecuatoriano, el peruano lee al peruano, el
brasilero al brasilero… Y habría que tener cómplices, en términos
literales, o bien gente muy cercana, cuando no ir a esos países para
enterarse, finalmente, de qué tratan esas literaturas vecinas. Hay
algunos festivales que están nucleando y permitiendo que nos conozcamos
un poco mejor. Por ejemplo, el Festival de Poesía en Medellín, que ya
lleva algunos años, y que sin restringirse al ámbito del cono Sur, dado
que es un festival, incluso, multilingue, agrupa y cohesiona a los
poetas y a los estudiosos. Estuve allí en 1993 y pude compartir con
Alfonso Romano de Sant'Anna, de Brasil; estaba Jorge Enrique Adoum, de
Ecuador; muchos poetas jóvenes de México, Colombia y otros países. Pero,
en sentido general, nuestras literaturas permanecen cada una en su coto,
lo que contribuye a agravar el problema del desconocimiento mutuo.
JOSÉ MÁRMOL.-
Me parece que deberíamos pensar en que del mismo modo que se han
estructurado programas y grupos de trabajo para constituir bloques
regionales comerciales o de mercados, pues, habría que hacerlo con la
cultura, y particularmente con la literatura, haciendo a nuestros
distintos países, a nuestras instituciones académicas, a nuestros
artistas e intelectuales y sus diferentes formas de asociación u
organización partícipes de un proyecto común, sin menoscabo, por
supuesto, de la singularidad o especificidad…
PEDRO GRANADOS.-
Sí, claro, sin duda… Pero, a veces no sé si los poetas sean las gentes
más indicadas para llevar a cabo esa labor. Parecería que estamos
pensando, acaso, en un poeta que sea capaz de escribir bien y que además
sea un buen relacionista público y administrador cultural, que pueda
vender ese producto que se llama poesía latinoamericana actual. Ojalá
que fuera así. Tal vez debamos animar a la gente que ha tenido éxito en
esa suerte de empresas, y que de algún modo ha allanado el camino.
Igualmente, animar a gente con capacidad ejecutiva para organizar
encuentros, foros de poesía de distintos países, y demás. Porque, si los
poetas nos ponemos a emprender esas acciones, no estoy tan seguro de que
tengamos la idoneidad y que el éxito esté garantizado, no lo sé.
JOSÉ MÁRMOL.-
En ese orden habrían de jugar un rol más decisivo las instituciones
académicas, los institutos de cultura y de enseñanza de lenguas…
PEDRO GRANADOS.-
Sí, es así. Eso podría ayudar.
JOSÉ LUIS VEGA.-
El problema es, sin embargo, que esas instituciones tienen unos
intereses muy marcados. Intereses que casi redundan en perjuicio de la
poesía. Hay en ellas, más bien, unos intereses que enfatizan lo
genérico. Por ejemplo, dar preeminencia a la narrativa y al testimonio.
Hay unas marcas y pautas de contenido que tienen que ver,
particularmente, con exaltar lo étnico; o bien, dar preferencia sexual,
es decir, anteponer el feminismo como ideología. Se da una focalización
de los intereses de las investigaciones y creaciones, que condicionan a
los estudiantes y a los lectores a trabajar sólo con esos enfoques.
JOSÉ MÁRMOL.-
En el caso particular de la poesía peruana, Pedro, que reconocemos es
una de las de mayor riqueza y tradición en el contexto latinoamericano,
tendría aún hoy validez el criterio según el cual es una poesía que
históricamente se bifurca, al tener por un lado la vertiente encabezada
por Eguren, y por otro la encabezada por Vallejo?
PEDRO GRANADOS.-
A grandes rasgos y viéndolo didácticamente diría que es cierta esa
especie de bifurcación de la poesía peruana. Es una división realmente
gozosa, porque produce interesantes resultados. Es mucho más difícil
acercarse, digamos, sin malicia o manipulación a ambos poetas. Los
egurenianos son a veces personas o grupos que se declaran apolíticos,
inodoros, incoloros e insípidos, pero, son todo lo contrario, pues su
poesía va cónsono con una ideología espúrea. Y son, además, pésimos
poetas. Y los vallejianos, o los que se dicen o quisieran ser, de
verdad, vallejianos hacen una poesía chatamente social, panfletaria,
simplista, altisonante y supuestamente testimonial. Estos poetas, muy
coyunturales o inmediatistas, también ocultan intereses. Hay, en verdad,
estos parámetros, Eguren-Vallejo, pero, siempre está también la aventura
individual, solitaria de un auténtico creador.
JOSÉ MÁRMOL.-
Hoy día trabajas la poesía latinoamericana correspondiente al decenio de
los 80. Qué persigues con tu estudio doctoral? Qué consideras
particularmente importante en ese período de escritura poética en
Latinoamérica?
PEDRO GRANADOS.-
El lugar común establecido por los que han estudiado y observado la
poesía de los 80 en nuestra cultura es la dispersión. Es decir,
descubren que no hay un canon común, que hay bastantes estilos, voces
diferentes. Creo que la poesía de los 80 tiene un gran reto hacia el
futuro, que consiste en encontrar la intensidad. Otra cosa es, que a
partir de ese decenio tenemos en Latinoamérica poetas más inteligentes,
tal vez por el contacto con el mundo académico. Pero, lo terrible es que
la poesía no es sólo inteligencia. Falta una suerte de riesgo, de
aventura personal, de intensidad que no sé de dónde viene, pero que
estoy convencido es lo que le da el rasgo distintivo a una poética y a
un poeta. De repente, si repasamos una antología como la de Julio Ortega
sobre poetas actuales y del futuro, vemos que se ha progresado, por
ejemplo, en el rasgo de mutua lectura. Por ejemplo, un argentino cita a
Changó, que no tiene nada que ver con su cultura; se practica una
lectura bastante puntual y a la vez amplia de los autores clásicos. No,
sin embargo, que en ocasiones te encuentras con poetas jóvenes que son
perfectamente intercambiables. Por qué esa homogeneidad? Por qué esa
suerte de estandarización del imaginario? Y en efecto, estos
interrogantes son los que me preocupan de aquí hacia el futuro. Quisiera
volver a reclamarle al poeta una dosis de aventura personal, de
intensidad más allá de la mera información o del mero manejo del marco
racional de lo que es su oficio, de lo que son sus fisuras. Esto me
apuesta, claro. Y es una puesta vinculada al hecho de estar solo. Soy un
outsider de la literatura peruana. Nunca he estado ni creo en los
grupos ni en la revistas, aunque colabore con estas últimas. En lo que
menos creo es en los talleres, aunque, paradójicamente, me dé cuenta de
la utilidad de los talleres, sobre todo, por mi interés en la fantasía,
por mi interés en rescatar y subrayar ese sesgo personal entre la gente
que está joven.
JOSÉ MÁRMOL.-
Cómo ves, José Luis, la poesía puertorriqueña proyectada hacia el
próximo milenio. Se dan situaciones paralelas a las indicadas por Pedro
Granados?
JOSÉ LUIS VEGA.-
Concuerdo con lo que ha dicho Pedro. Tengo esa misma percepción de la
poesía hispanoamericana en este momento. Este hecho se traduce, en mi
caso, en una dificultad de lectura; vas rebotando de texto en texto y no
logras encontrar una voz que te cautive, que te conmueva. Y esto es
grave, sobre todo, en poesía. Siempre es difícil hablar de la literatura
de su propio país, pues, te ganas el estigma de paternalista. Pero, en
efecto, en la poesía más inmediata o actual se nota esa tendencia a la
dispersión; una especie de código que no quiere ser código. Claro, todo
esto se resuelve llamándolo postmodernidad, un saco donde todo
más o menos cabe. Creo que en estos momentos hay una crisis en el
proceso poético hispanoamericano, de la cual saldremos, aunque yo no
sepa muy bien cómo ni por qué camino. Las pocas revistas que se producen
en Puerto Rico a partir de la década del 80 tienen una característica
interesante, y es que no editorializan. De ahí que a veces uno se
pregunte si esa falta de editorialización se debe a una autoinhibición
consciente que quiere frenar el discurso hegemónico, monológico,
paternalista. O si se debe, sencillamente a que no hay nada que decir.
Habría, pues, que intentar reflexionar sobre esto.
JOSÉ MÁRMOL.-
No será que la poesía de los 80 refleja una postura rebelde, que
proclama una entronización del individuo en el discurso, contra los
discursos grupales, corporativos o colectivos en que descansó la poesía
de los años 60 y 70? Acaso no es este hecho una rebelión interesante,
que va en favor de la obra de arte, en favor de la libertad del artista,
que hace de la poesía, en este caso particular, un discurso contra el
poder establecido?
PEDRO GRANADOS.-
Sí, podría plantearse así. Pero, a veces la rebeldía no es tal, sino,
confirmación de intereses existentes. Se trata, por ejemplo, de escribir
ya no en consonancia con una ideología, sino con un mercado, y darse a
conocer en ese mercado a como dé lugar. En términos ideales, podríamos
hablar de una suerte de atomización por ideología individualista. Pero,
la inflación que hay en los lenguajes, en el imaginario, en la fantasía
parecen indicarnos que esa rebeldía individualista no existe, ni mucho
menos. Hay, más bien, una especie de intercambiabilidad y de
masificación de la poesía y los poetas. Esto es muy grave…
JOSÉ MÁRMOL.-
Claro, porque ese hecho va contra la posibilidad de encontrar voces
individuales auténticas, acentos personales en el lenguaje poético, que
permitan su renovación y expansión… Ya no se trata de un discurso
poético colectivo, pero tampoco se trata de un discurso poético
particular o personalmente auténtico, original…
JOSÉ LUIS VEGA.-
Las principales avenidas de esta pluralidad discursiva están controladas
desde los centros hegemónicos de donde emanaron el discurso feminista,
el discurso étnico, el del cuerpo y todos estos modismos del habla
académica contemporánea. De manera que esa aparente libertad, cuando tú
la examinas a fondo, adviertes que está más controlada, más restringida
de lo que a simple vista pudiera parecer. Ello está, además,
completamente reñido con esa autenticidad de la que hemos venido
hablando, con la sinceridad, la emoción auténtica… Este es el horizonte
que tiene el poeta que adviene en este momento a la creación poética.
JOSÉ MÁRMOL.-
Si bien es cierto que los jóvenes poetas de hoy son, para decirlo con
palabras de Pedro Granados, "más inteligentes", es decir, que tienen y
disponen de una mayor posibilidad y cantidad de conocimientos, incluso,
de procedimientos académicos propiamente dichos, no lo es menos que de
frente al hecho poético concreto, que es, fundamentalmente, un acto de
creación por y mediante la palabra, esas avasallantes cantidades de
información no siempre se traducen en buena y sólida formación. Acaso no
representa un peligro para la poesía del futuro inmediato el que ese
peso informativo y académico le cercenen la posibilidad y necesidad de
un contacto fértil y fresco con el lenguaje oral, con el habla ordinaria
y cotidiana de la gente? Recuerdo que T.S. Eliot veía en esto último la
más promisoria vertiente del desarrollo futuro de la poesía, algo así
como volver a la oralidad…
PEDRO GRANADOS.-
Hay dos poetas que me llegan, de inmediato, a la memoria y que me gustan
mucho. Ambos son poetas suicidas. Son ellos, Luis Hernández Camarero, en
el Perú, y Raúl Gómez, en Colombia. Ambos son poetas que caben en el
viejo parámetro de poetas malditos, y que vivieron sus vidas
cargándose de riesgos y procurando estar al día, y sin embargo, muy
cercanos a lo coloquial en sus lenguajes poéticos. Pero si reparamos en
su background, ambos eran poetas con una curiosidad intelectual
muy viva, extremadamente melómanos y demás. Para mí constituye un
misterio encontrar un poeta que, de verdad, te conmueva y al mismo
tiempo sea dueño de una palabra disidente. Es una extrañísima fórmula,
para lo cual, de antemano, no hay fórmula. El arte está siempre contra
la vida y contra la corriente. El poeta no hace nada con querer ganar la
carrera a la vida, pues, ella, la misma vida te toma, te agarra por el
pelo y te deja seco como si fueras un árbol de algarrobo. La poesía
tiene y requiere de una forma de trato muy particular. Esto sólo a veces
deviene en el favor de que podamos escribir nosotros un buen poema.