El
trujillato, como se denomina el período de treinta
y un años de dictadura de Rafael Leonidas Trujillo
en la República Dominicana, se ha convertido, para
una gran parte de los dominicanos y las
dominicanas, en un trauma histórico a causa del
terror, las torturas, los asesinatos y la
represión generalizada de la población civil a
manos del Servivio de Inteligencia Militar (SIM).1
La narrativa dominicana de la segunda mitad de
este siglo repite incesantemente este trauma
histórico. Y lo hace a través de dos tipos de
aproximaciones: una, lo que en Latinoamérica se ha
llamado la Novela del Dictador; y otra, aquellas
novelas en las cuales Trujillo o el trujillato son
tratados tangencialmente.
En su artículo "¿Cómo narrar el trujillato?", Neil
Larsen plantea la imposibilidad por parte de los
escritores dominicanos de ofrecerle al trujillato
una "forma adecuada" como materia narrativa. Según
Larsen, en la literatura dominicana no existe un
"definitivo y bien desarrollado relato narrativo y
artístico de la época de Trujillo" (90). A pesar
de reconocer la recurrencia de este tema en la
literatura dominicana a partir de 1961, Larsen
plantea el problema equivocadamente. La
representación de la totalidad de una época, o
"dimensión integral", como Larsen mismo la llama,
es imposible. Es en ese sentido que Pierre
Macherey expresa que lo que el artista o el
escritor "refleja" es un "miroir brisé" (espejo
roto), los fragmentos de un período histórico:
Il est bien engagé [l´écrivain]
dans le mouvement de
son époque, mais engagé de façon telle qu´il ne
peut
nous en donner une vue complète. Il ne le peut:
s´il le
faisait, il ne serait plus un écrivain, mais se
définirait par une nouveau rapport au savoir et a
l´histoire. L´écrivain n´est pas là pour dégager
la
structure complète d´un époque: il doit nous en
donner
une image, un aperçu privilégié, qui, en droit,
n´est
pas remplaçable par un autre. (134, itálicas en el
original)
Como sugiere Macherey, si la intención por parte
del escritor fuera la de representar la totalidad
de un período histórico, entonces ya no sería
escritor de ficción sino historiador o sociólogo.
De manera tal, que no existen cosas como unas
"formas adecuadas" o un "definitivo y bien
desarrollado retrato artístico" del trujillato. Lo
que los escritores dominicanos nos ofrecen de este
período histórico es una "imagen" fragmentada o un
aperçu privilégié de la realidad: un breve retrato
del dictador, una situación política determinada,
un asesinato, el sufrimiento, el hambre o el
terror, en definitiva, el trauma histórico del
trujillato como trama literaria.
La narrativa del trujillato ha sido por lo general
un arte machista. Tradicionalmente han sido los
escritores -no las escritoras- quienes se han dado
a la tarea de narrar desde una visión masculina
los avatares de la dictadura trujillista. En
dichas narraciones, se encuentra elaborada una
cierta épica a través de la cual los escritores
magnifican una gesta que en la mayoría de los
casos sólo se llevó a cabo en su imaginario
narrativo. Además, Trujillo, como superpatriarca,
simbolizaba una castración para los individuos de
su mismo sexo. Pero a pesar de esto, Trujillo era
el padre que los dominicanos debían matar, como
muy bien señala Cruz-Malavé en su artículo "La
historia y el bolero en Sólo cenizas hallarás"
(66-67). La actitud de estos escritores es
ambivalente: por un lado, odian a ese padre severo
y castrante, pero por otro lado, tampoco pueden
escapar a la fascinación fantasmagórica que ese
patriarca todavía ejerce, entre una gran parte de
los dominicanos, a casi cuarenta años del
parricidio.
¿Cómo se inserta, desde esta perspectiva, la
novela En el tiempo de las mariposas de Julia
Alvarez? Bueno, primero habría que decir que es la
primera vez que una escritora dominicana aborda
este tema con el aliento y la extensión del caso
en cuestión. Segundo, Julia Alvarez sustituye la
epicidad masculina, a la que me refería
anteriormente, por una genealogía femenina, con el
propósito de rescatar las voces de aquellas
mujeres que padecieron bajo el régimen patriarcal
y que tambiém lucharon contra la opresión social.
En lo subsiguiente, trataré de explorar las
imágenes a través de las cuales Julia Alvarez
reescribe la historia, socavando la narrativa
maestra masculina del trujillato, que representa
el cuerpo femenino sojuzgado por el tirano como
alegoría de la nación dominicana.
Trujillo como superpatriarca
En su novela En el tiempo de las mariposas, Julia
Alvarez narra la vida de la familia Mirabal
durante la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo.
Patria, Minerva y Teresa, tres
de las hermanas Mirabal, asumen un compromiso
político para tratar de derrocar el régimen
dictatorial.5 Las hermanas son acosadas,
perseguidas por los esbirros trujillistas y,
finalmente, encarceladas junto con otros tantos
opositores a la dictadura. La familia Mirabal
sufre en carne viva la desgracia de las tres
hermanas a causa del acoso y las represalias por
parte del Servivio de Inteligencia. La novela
llega a su climax con el asesinato de las tres
hermanas Mirabal, ocurrido el 25 de noviembre de
1960, faltando sólo unos meses para el
derrocamiento de Trujillo.
El asesinato de las hermanas Mirabal, en el
contexto de la dictadura de Trujillo como trauma
histórico, constituye una trama ideal para una
novela feminista. Y esto así porque Trujillo
constituye la máxima expresión del patriarcado. Si
don Enrique, el padre de las Mirabal, representa
al típico macho que tiene una familia paralela con
cuatro hijas, como si fuera un simulacro de las
hermanas Mirabal, Trujillo representa el
super patriarca por excelencia. El patriarcado se
reproduce en todos los niveles y jerarquías de la
sociedad dominicana. El lema de Trujillo, "Dios y
Trujillo", define ya muy claramente estas
jerarquías. Además, Trujillo era el "Padre de la
Patria Nueva", el "Benefactor de la Patria",
"Primer Maestro" y otros tantos títulos
rimbombantes que evidencian la megalomanía y el
primado de este super patriarca.6 Pero a pesar de
la importancia que tiene Trujillo en la discusión
acerca del patriarcado, como personaje, éste se
encuentra relegado a un segundo plano con respecto
a las Hermanas Mirabal.
Minerva Mirabal, quien ocupa el papel protagónico,
por ser la más comprometida políticamente, al
principio establece con Trujillo una relación
ambivalente, que luego se define como odio atroz,
en la medida en que ésta adquiere más conciencia
política. El romance entre Trujillo y Lina Lovatón,
una de las compañeras de Minerva en el internado
del colegio, y que luego sería la amante de
Trujillo, actúa como modernizador de las relaciones
con la figura paterna. La relación padre/hija
entre Trujillo y Lina se pone de manifiesto por la
obvia diferencia de edad y por el carácter
infantil de Lina: "Lo que más le gustaba [a
Trujillo] era que ella jugara con las medallas
sobre su pecho, que las sacara y las volviera a
poner" (35). Pero el odio de Minerva por Trujillo
se manifiesta abiertamente cuando ésta, ya adulta,
se ve obligada a ir a una fiesta en honor al Jefe.
Minerva recuerda la fama de Trujillo: "Hemos oído
las historias. Jóvenes drogadas, luego violadas
por El Jefe" (102).
En la fiesta, Minerva abofetea a Trujillo por
propasarse con ella. Minerva repite un gesto
alegórico presente en la fundación de la nación
dominicana: el de Mencía, la esposa de Enriquillo,
que rechaza a Valenzuela, el conquistador español.
O también como la leyenda de la mujer dominicana
que abofetea a un soldado haitiano durante la
ocupación de 1821 a 1844. Doris Sommer ha señalado
en algunas de las novelas dominicanas maestras el
uso del cuerpo femenino como alegoría de la nación
dominicana frente al usurpador extranjero, sobre
todo en la novela Enriquillo de Manuel de Jesús
Galván.7 En la novela de Alvarez, se puede inferir
que es el odio contra la figura patriarcal de
Trujillo lo que lleva a Minerva a politizar -y no
a prostituir- su cuerpo. Del esencialismo que
condena el cuerpo de Minerva a una alegoría
nacional, Julia Alvarez insiste en devolverle a
Minerva y las demás hermanas un cuerpo político.
De la alegoría nacional al cuerpo/escritura
política de las Mirabal
Julia Alvarez reescribe el
cuerpo de las hermanas Mirabal, un cuerpo hecho de
mitos y leyendas, un cuerpo sacralizado por la
cultura patriarcal.8 La escritora se propone,
entre otras cosas, desacralizar a dichas hermanas
y encontrar a "las Mirabal de mi creación,
inventadas pero, espero, fieles al espíritu de las
verdaderas hermanas" (316) para devolverles el
carácter de sujetos históricos. Julia Alvarez,
además de inscribirse ella misma, logra restituir
el cuerpo político escamoteado por la leyenda y el
mito.
En la novela de Julia Alvarez,
el cuerpo de las Mirabal puede ser considerado
como lo que Fredric Jameson ha denominado
"alegoría de la nación". Pero Alvarez va más allá
de esta noción al tratar de devolverles a las
Mirabal el estatus de sujetos históricos. La
noción de "alegoría nacional" planteada por
Fredric Jameson, aunque interesante, es
problemática. En su artículo, Jameson expresa que:
All third-world texts are
necessarily, I want to argue,
allegorical, and in a very specific way: they are
to be
read as what I will call national allegories, even
when, or perhaps I should say, particularly when
their
forms develop out of predominantly western
machineries
of representation, such as the novel . . . Third-world
texts, even those which are seemingly private and
invested with a properly libidinal dynamic -necessarily
project a political dimension in the form of
national
allegory: the story of the private individual
destiny
is always an allegory of the embattled situation
of
the public third-world culture and society. (69,
énfasis en el original)
En su artículo "Jameson´s Rhetoric of Otherness
and the ´National Allegory´", Aijaz Ahmad le
refuta a Jameson la noción de "Tercer Mundo". Para
Ahmad, "There is no such thing as a ´Third World
Literature´ which can be constructed as an
internally coherent object of theoretical
knowledge" (77). Además, el planteamiento de que
"todos" los textos producidos en dichos países son
"necesariamente" alegóricos constituye una falsa
premisa que tiene como resultado una conclusión no
menos falsa. De donde se desprende que los textos
que no sean alegóricos, aunque hayan sido
producidos en dichos países, entonces no
pertenecen a estos países.9
Tanto Ahmad como Sommer coinciden en que la noción
de alegoría debe ser reformulada a partir de otros
fundamentos epistemológicos. Para Ahmad, el
proceso de alegorización no debe tomarse en el
sentido nacionalista sino en el de la relación
entre lo privado y lo público, y entre lo personal
y lo colectivo (82). Por su parte, Sommer
considera la alegoría como una estructura
narrativa en la cual los dos sistemas de
significación se encuentran entrelazados (Foundational
Fictions 42).
Es en ese sentido que la novela de Alvarez propone
una alegoría política de la República Dominicana
durante la dictadura de Trujillo. El cuerpo de las
Mirabal se convierte en texto político gracias a
la inscripción de lo público en lo privado y de lo
político en lo poético. Y esta es una de las
diferencias fundamentales cuanto a la
representación de una época. A diferencia de los
textos de historia o de análisis socio-políticos,
la novela de Alvarez inserta la política y la
historia en la vida privada de la familia Mirabal.
La dimensión alegórica del cuerpo de las Mirabal
como cuerpo político se manifiesta en diferentes
momentos de la novela.
En el capítulo Dos, Minerva
Mirabal, la mayor de las tres hermanas asesinadas,
adquiere su conciencia política durante su
internado en el colegio Inmaculada Concepción a
través de Sinita Perozo, quien se convertiría en
su mejor amiga, y quien se encarga de contarle el
secreto de Trujillo. El secreto consiste en que
Trujillo es el responsable de todos los crímenes
políticos cometidos en el país. Esa misma noche,
Minerva tiene su primera menstruación. De esa
manera, el acceso a la conciencia política
coincide con la transformación de su cuerpo. La
sangre de la menstruación de Minerva queda
vinculada no sólo con la violación sino también
con la violencia como crítica feminista al
patriarcado trujillista.
La menstruación de las mujeres encarceladas es
también una menstruación política en tanto
alegoría de la situación política del movimiento
clandestino. En la prisión en que se encuentran
recluídas las tres hermanas, "casi todas (las
prisioneras) han dejado de menstruar" (237), es
decir, que la actividad política de las miembros
del movimiento ha cesado a causa del
encarcelamiento. Luego, en la visita a la
ginecóloga, Minerva convierte su cuerpo en una
alegoría de la situación política:
-Vinimos por nuestra menstruación- empecé a decir,
mirando la pared para detectar el micrófono. De
todos
modos, el SIM se enteró de todos nuestros
problemas
femeninos. Delia se tranquilizó, pensando que ésa
era
la verdadera razón de nuestra visita. Hasta que
pregunté, en forma nada metafórica:
-¿Habrá quedado alguna actividad en nuestras
viejas
células?
Delia me fijó con la mirada. -Las células de tu
organismo se han atrofiado, y están todas muertas-
respondió.
Debo de haber parecido muy apenada, porque Delia
se
ablandó.
-Quedan unas pocas vivas, claro. Pero lo más
importante es que están surgiendo otras nuevas.
Deben
dar un descanso a su cuerpo. Verán que la
actividad
menstrual vuelve a comenzar el año próximo. (265)
Obviamente, las "células" y el "organismo" a los
cuales se refiere la ginecóloga son los cuadros
del movimiento clandestino Catorce de Junio
fundado por Minerva. Pero el cuerpo de Minerva no
permanece como alegoría. Como sujeto histórico,
Minerva no sólo funda el movimiento sino que
también coordina y participa activamente en el
mismo con el objetivo de derrocar a Trujillo. En
el Catorce de Junio participaban también sus dos
hermanas, patria y Teresa, y su esposo, Manolo
Tavares Justo.10
El doble y la inscripción de la
voz
Como sugiere Jaume Martí-Olivella con respecto a
Rodoreda, Julia Alvarez postula "una doble
articulación que contiene al mismo tiempo lo
simbólico o masculino y lo semiótico o femenino"
(162). Por un lado, reproduce las alegorías de las
narrativas maestras masculinas del trujillato, y
por otro lado, las socava al inscribir las voces
de las Mirabal en la política del período
histórico en cuestión. Esta "doble articulación"
se manifiesta en la estructura narrativa de la
novela, a través de la "gringa entrevistadora"
como un "doble esquizofrénico" de Julia Alvarez.
Según Gilbert y Gubar, esta "esquizofrenia de la
autoría" fue un recurso muy corriente en las
novelas escritas por mujeres en el siglo XIX.
Continúan las autoras explicando que:
Por lo general la doble de la autora [es], en
cierto
sentido, una imagen de su ansiedad y su rabia. De
hecho, gran parte de la poesía y de la novela
escrita
por mujeres evoca a esta criatura loca para que
las
autoras puedan afrontar su sentimiento de
fragmentación
propio y único de las mujeres, su propia
conciencia de
las discrepancias que existen entre lo que son y
lo que
deberían ser. (Moi 70, énfasis en el original)
A diferencia de las novelas a las que se refieren
Gilbert y Gubar, en la de Julia Alvarez no aparece
ninguna loca. Pero la "gringa dominicana" como
doble de Julia Alvarez, le permite a esta última
articular los problemas de "ansiedad" y
"fragmentación" causados por la esquizofrenia
cultural del exilio.
El primer capítulo de la novela abre con la
llegada de la entrevistadora al museo de las tres
heroínas para entrevistar a Dedé, la hermana
sobreviviente:
¡Jamás una gringa dominicana en un auto alquilado,
con
un mapa de carreteras, preguntando los nombres de
las
calles! Dedé había recibido la llamada en el
pequeño
museo esa mañana.
¿Podía ir a hablar con Dedé acerca de las hermanas
Mirabal? Ella es de aquí, originariamente,
pero ha
vivido muchos años en los Estados Unidos, por lo
que,
lamentablemente, no habla muy bien el español.
(17)
Desde estos dos primeros párrafos se manifiesta la
ambivalencia acerca de la entrevistadora. Por un
lado se le denomina como "gringa dominicana" pero
por otro lado, se afirma que "es de aquí" para
después agregar "originariamente". También, el
hecho de que no hablar bien el español se presenta
como la conclusión, falsa, por supuesto, de un
premisa igualmente falsa, ya que muchos latinos
crecidos en los Estados Unidos hablan "bien" el
español.
El calificativo de "gringa dominicana" como doble
sitúa a Julia Alvarez como híbrido cultural, desde
donde parte la narración. Parafraseando un poco a
Homi Bhabha, Julia Alvarez, como híbrido "gringa
dominicana", participa de la ambivalencia de no
ser "ni gringa ni dominicana" pero también "gringa
y dominicana" a la vez (Bhabha 10). Julia Alvarez
se encuentra exiliada no sólo de la cultura
dominicana sino también del lenguaje patriarcal
porque al igual que su doble, "No habla muy bien
el español" (17). Si se toma en cuenta que la
novela fue publicada originalmente en inglés y en
el contexto de la cultura norteamericana, es
precisamente esta hibridez lo que le permite a
Julia Alvarez romper con una tradición masculina
del trujillato y reescribir este período de la
historia dominicana. De hecho, se podría
considerar que Julia Alvarez es la primera
escritora que aborda este tema con el desenfado y
la libertad en cuestión.
Para Julia Alvarez, Dedé Mirabal, la única
sobreviviente de las hermanas Mirabal, se
convierte en una narradora testimonial importante
como fuente de las "pequeñas historias" familiares
que no aparecen ni en tratados ni libros de
historia. Sólo al final de la novela nos enteramos
de que a Dedé le han amputado un seno. La imagen
del seno amputado es crucial para comprender la
gestación de esta novela. Dedé vive la muerte de
sus tres hermanas, Patria, Minerva y Teresa, como
una "amputación". La "ausencia del seno" no sólo
simboliza la ausencia de las hermanas sino también
la suya propia: "Y ahora pienso que falta algo. Y
los vuelvo a contar (a todos) antes de darme
cuenta: soy yo, Dedé, la que sobrevivió para
narrar la historia" (314).
El seno amputado hace que Dedé, en vez de decir
"yo soy", se defina ella misma como
carencia/ausencia cuando sugiere: "yo soy la que
falta". Pero también "falta" Julia Alvarez, como
"hermanita" de las Mirabal, "amputada" de la
familia y de cultura dominicana a la edad de diez
años cuando sus padres tuvieron que exiliarse en
los Estados Unidos, faltando sólo tres meses para
el asesinato de las Mirabal. Como niña de diez
años, en un medio cultural extraño (otra cultura,
otra lengua), la autora reescribe el trauma de la
amputación, de la ausencia y del patriarcado
trujillista como trama literaria. Devolviéndole su
infancia a las Mirabal, Julia Alvarez se devuelve,
en esta especie de simulacro, su propia infancia
amputada. El "seno ausente" es, en cierta forma,
una imagen de la "dominicana ausente", tal y como
se les denomina a los dominicanos que viven en el
extranjero.
Las hermanas Mirabal muertas/ausentes pasan a
habitar entonces lo fantasmagórico en el
Imaginario de Dedé:
Por lo general, de noche, las oigo cuando me voy
quedando dormida.
A veces estoy en el borde mismo de la
inconciencia,
esperando, como si su llegada fuera la señal para
poder dormirme.
El crujido de los pisos de madera, el rumor del
viento en el jazmín,
la profunda fragancia de la tierra, el canto de un
gallo insomne.
Sus suaves pasos de espíritu, tan indefinidos que
podría confundirlos con mi propia respiración.
(313-14)
La voz del imaginario fantasmagórico de Dedé es lo
que posibilita la narración de esas "pequeñas
noticias" de lo privado a través de las cuales se
construye la ficción. Julia Alvarez parece
insertarse en el espacio de la amputación del seno
de Dedé, y escribir desde allí el texto
novelístico como suplemento materno, en sentido
derrideano, es decir, como "ausencia que está
siempre presente y que condiciona todos los
procesos narrativos" (Martí-Olivella 160).
La novela de Alvarez y el realismo trujillista en
la República Dominicana
La inserción de Julia Alvarez en el espacio del
seno amputado tiene su paralelo en la inscripción
de esta escritora en la narrativa nacional
dominicana. Alvarez no sólo hace una "doble"
lectura del trujillato sino que también pretende
utilizar el mismo realismo literario usado por la
narrativa del trujillato. A diferencia de la
escritora francesa Hélène Cixous, que plantea la
preminencia de lo Imaginario sobre lo Simbólico,
Julia Alvarez parece prestigiar el arte realista
decimonónico en su escritura.
El arte masculino del trujillato es un arte
realista por excelencia. La afición por el
realismo entre los escritores y lectores
dominicanos se pone en evidencia en las múltiples
obras escritas sobre el trujillato. Julia Alvarez
se apropia del realismo para decantar el
trujillato, intento que se puede considerar como
un arrebato del coto cerrado de los escritores
dominicanos. Para la construccióm de este realismo
se vale del testimonio de Dedé, la hermana
sobreviviente, así como de otras fuentes en sus
diferentes viajes a Santo Domingo.
La entrevistadora "gringa
dominicana", como doble de Julia Alvarez, se
apropia de la voz de Dedé para intentar inscribir
la novela en lo que Moi denomina el Signo de la
Voz, es decir, aquella novela en la que "La mujer
que habla es enteramente su voz", la novela en la
que "La mujer . . . está presente total y
físicamente en su voz -y su obra escrita no es más
que una extensión del acto de hablar, reflejo de
su propia identidad (Moi 123). Es por lo que
Alvarez comparte con Dedé no sólo la ansiedad por
la ausencia de las hermanas sino también la rabia
del crimen perpetrado por el dictador. Julia
Alvarez también se pregunta, en la "Postdata" de
la novela, de dónde habían sacado las hermanas
Mirabal ese coraje, remedando un poco a Minerva,
que se pregunta lo mismo con respecto a su madre.
Alvarez no sólo aprovecha la tradición realista en
la literatura dominicana del trujillato para
intentar insertarse en su formación discursiva
sino que también, dentro de la tradición
feminista, parece seguir a Elaine Showalter para
quien el realismo lukacsiano es el más adecuado
para la representación no sólo de la Historia sino
también de la mujer en su dimensión
privada/pública (Moi 18). Es en este sentido que
Lukács considera que el realismo logra
"representar la vida humana en su contexto social,
revelando así la verdad fundamental de la
Historia: la evolución positiva e ininterrumpida
de la humanidad" (Moi 18).
Para un arte machista como lo es la narración del
trujillato, la aparición de una intrusa resulta
algo inadmisible. Cuando se publica la novela de
Alvarez, ya existían dos libros sobre las hermanas
Mirabal escritos por hombres.11 La novela de
Alvarez provocó un año después la publicación del
libro Tres heroínas y un tirano: La historia
verídica de las Hermanas Mirabal y su asesinato
por Rafael Leonidas Trujillo de Miguel Aquino
García. Este libro, como el de Alvarez, también
esta dedicado a Dedé Mirabal. Según Aquino-García,
el propósito de su libro consiste en:
recoger la esencia de los hechos verídicos que
dieron
forma a esta extraordinaria historia, a este
inigualable ejemplo de patriotismo de las hermanas
Mirabal Reyes. Esto así porque la excepcionalidad
de
esta increíble historia ha sido fuente de mitos,
leyendas y ficciones que han venido a llenar el
vacío
provocado por la falta de una fuente de
información
fidedigna de los hechos tal como en verdad
acontecieron. (x, el énfasis es mío)
La insistencia en las palabras hechos, verdad,
fidedigna pone de manifiesto la intención del
autor por reestablecer una "verdad" o esencia que
él considera escamoteada por la ficción de la
novela de Alvarez. Para lograr sus objetivos,
Aquino recurre a la biografía, a la Historia e
incluye una gran cantidad de fotos que den fe de
los "hechos". Para el autor, existe una esencia de
la historia que no se puede hallar en la ficción,
el mito y la leyenda, ya que estos, al compartir
la misma jerarquía, se oponen a la verdad. Aquino,
que, al igual que Alvarez, vive en el exilio de
los Estados Unidos, recorre la vía contraria al
escribir en español y traducir al inglés su libro.
Aunque los géneros literarios (novela o biografía)
y las estrategias difieran, el objetivo es el
mismo: la inserción en la formación discursiva
dominicana desde el exilio.12
Conclusión
En su novela En el tiempo de las mariposas, Julia
Alvarez logra reescribir un período de la historia
dominicana anulando la epicidad masculina y
sustituyéndola por una genealogía femenina. El
caso de las hermanas Mirabal, como un ejemplo del
compromiso político y la participación de la mujer
en la lucha contra la dictadura, es aprovechado
plenamente por esta escritora para denunciar la
explotación de la mujer bajo un regimen
patriarcal, y restituirle su estatuto de sujeto
histórico.
La condición de hibrido cultural le permite a
Julia Alvarez, en inglés y desde su exilio en los
Estados Unidos, una "doble articulación" como
forma de insertarse en la formación discursiva y
la cultura dominicanas. Dicho intento, fallido de
alguna forma, de acuerdo con algunos escritores
dominicanos, se manifiesta en la publicación de
tres libros más sobre las hermanas Mirabal
escritos por hombres, y en el rechazo por parte de
ciertos lectores de la intrusión de la voz
femenina, de la ruptura de la división entre lo
privado y lo público, y por tanto, la
representación de la sexualidad femenina,
escamoteada por la sacralización del cuerpo de las
tres hermanas Mirabal en la leyenda y el mito de
la cultura patriarcal. Además, no existe en la
República Dominicana la tradición de un movimiento
feminista como el que existe en los Estados
Unidos, que avale una obra de esta naturaleza.13
La narración del trujillato constituyó durante
mucho tiempo un coto cerrado para los escritores
dominicanos, y la aparición de una escritora,
"gringa-dominicana", plantea una seria amenaza no
sólo para la masculinidad del arte trujillista
sino también para la narrativa maestra nacional.
Notas
Quiero agradecerle a mi colega Jaume Martí-Olivella
sus comentarios y sugerencias acerca de este
manuscrito. Una versión de este ensayo fue leída
en el XXI Annual Colloquium on Modern Literature
and Film, celebrado en West Virginia University,
Morgantown, en octubre de 1996.
1 Friedrich W. Doucet define la noción de trauma
como "lesiones anímicas". En ese sentido,
traumático se refiere a las "perturbaciones
originadas a causa de una lesión anímica" (213).
Una de las características de la lesión traumática
es que deja huellas para toda la vida y se repite
inesperadamente a través de diferentes instancias.
De la misma manera, Kaja Silverman plantea que el
trauma puede ser entendido como "la ruptura de un
orden que aspira a la clausura y al equilibrio
sistemático a través de una fuerza dirigida contra
la disrupción y la desintegración" (116, la
traducción es mía).
Como consecuencia del trauma
histórico del trujillato, el siquiatra dominicano
Antonio Zaglul ha señalado un cierto perfil
paranoide en el comportamiento de los dominicanos
como producto del acecho, la persecución, los
asesinatos y el espionaje a que fueron sometidos
durante los treinta y un años de la dictadura
trujillista (27-30). La presencia en el poder del
neotrujillista Joaquín Balaguer, durante los
períodos de 1966-1978 y 1986-1996, ha mantenido
vivo el trauma histórico del trujillato como la
sal en la herida.
2 Entre las novelas del dictador en la República
Dominicana se encuentran las de Andrés Requena,
Camino de fuego (1941) y Cementerio sin cruces
(1949).
Marcio
Veloz Maggiolo publicó La biografía difusa de
Sombra Castañeda (1980). Entre los autores que han
tratado tangencialmente el tema de la dictadura
trujillista se encuentran el mismo Marcio Veloz
Maggiolo en Ritos de cabaret, Pedro Vergés en Sólo
cenizas hallarás (Bolero), y Manuel Salvador
Gautier en Toda la vida.
3 Una ojeada a la bibliografía dominicana
contemporánea evidencia el vivo interés que aún
despierta todo lo que se escribe sobre Trujillo,
ya sea historia, sociología, biografía, memorias o
novela. En otras palabras, se escribe sobre el
trujillato porque el público lo demanda y el
público lo demanda porque le fascina ese trauma
necesario.
4 A partir de este momento sólo citaré el número
de página de la edición en español de En el tiempo
de las mariposas de Julia Alvarez.
5 Resultan paradójico, en el contexto de la
cultura patriarcal, los nombres de por lo menos
dos de las tres hermanas Mirabal. Especialmente el
de Patria, que significa "tierra del padre".
También, simbólicamente, el nombre de Minerva, la
más comprometida políticamente, remite a la Diosa
grecorromana de la sabiduría.
6 Continuando con la paradoja de la nota anterior,
el título "Padre de la Patria", alude
simbólicamente a Trujillo como el padre de Patria
Mirabal. Dicho título resulta en una redundancia
ya que, como expresé anteriormente, la palabra
"patria" significa "tierra del padre". Sin
embargo, es interesante hacer notar que con este
título, Trujillo vendría a ser "el padre de la
tierra del padre", es decir, el Superpatriarca.
7 La novela de Julia Alvarez remite a un cierto
tipo de ideología populista de algunas novelas
dominicanas, planteada por Doris Sommer, en la
cual, la esposa representa la tierra y el
usurpador o adúltero al invasor o al dictador: "This
brings us to the role of Ursurper or adulterer,
played by the imperialist, the ´oligarchy´ or
other unpopular local ruler, who exploits the
Woman selfishly" (One Master for Another 11). En
la novela Enriquillo, el invasor español es
representado como un usurpador o un adúltero. Es
también el caso del invasor haitiano abofeteado
por la "dama" dominicana en la leyenda histórica.
Trujillo vendría a ser el dictador infame que
subyuga a la mujer. Pero la novela de Julia
Alvarez se aparta de este tipo de novela porque
las hermanas Mirabal no constituyen el tipo de
mujer "inerte o caótica" que espera la "fecunda o
civilizante intervención del Hombre (11, la
traducción es mía).
A pesar de que fueron tres las hermanas asesinadas, siempre se habla de
ellas como las Hermanas Mirabal, como si fueran
una sola persona. Es por lo que me refiero a "el
cuerpo de las hermanas Mirabal".
Doris Sommer expresa que "Jameson both affirms too
much by it (since clearly some ´third-world´ texts
are not ´national allegories´) and too little (since
´national allegories´ are still written in the
First World, by say Pynchon and Grass among others)"
(Foundational Fictions 42). Si queremos extender
el juego entimemático, se podría decir que En el
tiempo de las mariposas es una novela escrita por
una mujer a horcajadas entre Dos Mundos.
10 Aquí la novela remite a la mujer como imagen de
la tierra, no es casual que el seudónimo
guerrillero de Manolo Tavares Justo en las
guerrillas de 1963 haya sido precisamente
Enriquillo, como representante del poder legítimo
del esposo sobre la mujer, que el tirano quería
arrebatarle.
Los dos libros anteriores son las biografías
Minerva Mirabal de William Galván, y Las Mirabal
de Ramón Alberto Ferreras. También el "Poeta
Nacional" Pedro Mir habla de las Mirabal en su
poema "Amén de mariposas", de donde toma Alvarez
parte del título para su novela. Es significativo
y paradójico a la vez que Julia Alvarez, al
incluir a estos tres autores en sus
agradecimientos, recurra a la "autoridad" de estos
tres "autores" patriarcales. Tal vez esto pueda
ser explicado a través de la "doble articulación"
entre lo masculino y lo femenino a la cual se
abscribe la autora.
A la ceremonia de puesta en circulación del libro
de Aquino García, celebrada en Santo Domingo,
acudió el actual Vice Presidente de la República
Dominicana, el Dr. Jaime David Fernández Mirabal,
hijo de Dedé Mirabal, la hermana sobreviviente.
Paradójicamente, el Partido de la Liberación
Dominicana (PLD), partido político que llevó a
Fernández Mirabal a la Vice presidencia, ganó en
una coalisión con Joaquín Balaguer, quien fungía
como Presidente del país, durante la dictadura de
Trujillo, el año en que fueron asesinadas las tres
hermanas Mirabal.
En los Estados Unidos, la novela de Alvarez, que
recibió el premio Notable Book of the Year en
1995, ha tenido una amplia aceptación por parte de
los lectores. La primera edición en español la
publicó la editorial Atlántida en Argentina.
Concomitantemente, en Santo Domingo, la editora
Taller publicó una versión dominicana de la
novela, depurada de argentinismos.
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