Un erotismo orgánico y
frutal se apodera de las imágenes del caribeño Julio Larraz quien impone
al objeto una doble lectura, una sensualidad carnal y luminosa, una
obsesiva beatitud gratificante, que hace que nos detengamos y miremos de
nuevo para indagar el sentido ulterior de aquella fruta que se abre
pulposa e invitante, como una acogedora masa que invita a probar sus
mieles, sus líquidos, su olor.
Pero Larraz no se detiene allí. Desde el punto de vista puramente
plástico, a él le interesa el efecto de choque de la dimensión, de la
proporción magnificada a extremos inverosímiles y desborda, por tanto,
la fantasía del espectador quien se adentra sin pensar en un mundo
onírico y sensual, alejado de la urgente realidad urbana.
A este fin, las pinturas de Julio Larraz son una apoteosis, una
exaltación desmesurada y libre de las posibilidades expresivas del
objeto común. La luz, en estas pinturas, es primordial y es ella la que
construye y moldea el espacio y crea su propia arquitectura luminosa. La
pintura de Julio Larraz es un ejemplo de la pujanza y creatividad que
puede encontrarse en la nueva figuración latinoamericana.
FERNANDO UREÑA RIB
"Pretendo crear otra realidad, donde los sueños sean el fundamento de
un universo paralelo. No albergo una segunda intención. Me gusta pensar
que los seres representados tienen vidas propias " Julio Larraz