La obra gráfica de la venezolana Isbecia Llavaneras no es tan conocida y
divulgada internacionalmente como debería. Se trata de una investigadora
visual de formidable intensidad dramática y de innovadoras técnicas
gráficas.
Una inusitada tensión gráfica se advierte en sus imágenes que llegan
a ser objetos palpables, ricos en texturas, en símbolos tomados quizás
del rico pasado ancestral venezolano y de una vida contemporánea plena
de contradicciones y conflictos. Pero lo que importa a esta artista es
la dosis, la templada emoción de que es posible dotar al material,
cualquiera que este sea, para insuflarle un hálito de vida y para
transformarlo en un ente de comunicación capaz de provocar una reflexión
o un deseo.
Isbecia transgrede los límites físicos del plano gráfico y explora
con ahínco los juegos visuales y táctiles posibles, envolviéndonos en un
mundo de verdadera plenitud creativa.
Isbecia Llavaneras se dedica actualmente a la enseñanza y este parece
ser el destino de muchos de los maestros de la gráfica latinoamericana
contemporánea: Consuelo Gotay y Antonio Martorell en Puerto Rico, Rosa
Tavarez en Santo Domingo y Mauricio Lasansky en Argentina.
Con todo, el grabado en sí es siempre una forma de enseñar de
transmitir en una simple hoja de papel la cultura y la historia de los
pueblos e Isbecia Llavaneras no lo entiende de otra manera.