Decir
la piel recoge por vez primera un conjunto de
opiniones sobre la obra pictórica, fundamentalmente
lúdica y "núdica", si se me permite improvisar un
vocablo, de Fernando Ureña Rib. Ya desde su primer
asomo al gran público en el año de 1973, Ureña Rib fue
una revelación, asombro de colores y líneas, y por
ello el maestro Jaime Colson, con efusiva prosa, no
pudo menos que resaltar la memoria de una época en la
que la máquina había sido la vida misma, y sustituta
del contorno humano.
El mensaje de los cuerpos se disgregó y el entusiasmo
por la máquina,bajo la inspiración iconoclasta de
Marinetti, borraba al parecer la admiración por los
mismos... Pero he aquí que el propio Colson confiesa
que en las líneas de Ureña Rib emerge la corporeidad
como la propiedad máxima de la belleza, emerge la
belleza como un atributo casi ritual de la
corporeidad.
Quería decir el maestro que el cuerpo volvía a tomar
su lugar y él mismo, creador de las más intrigantes
corporeidades en nuestro arte, quizás vio en los
cuerpos deliciosos de Ureña, ese retorno como una
compensación y un reconocimiento al elemento humano.
Desde Colson a Enriquillo Sánchez, desde Marianne de
Tolentino a Pedro Mir, desde Dorota Kozinska a Elisa
Herr, la pintura, el arte de este oceánico creador de
líneas y perfumes irisables ha sido visto como un
sorprendente venero donde los órdenes de la tradición
se transforman y las náyades se mezclan con sus
propios espacios astrales, inaugurando vuelos y
movimientos plurales que se sugieren en entorno de sus
propias humanidades, produciendo en el veedor una
especie de profunda persecución de la línea, una
persecución que revela que la maestría de Ureña Rib
coincide con la obra abierta, con ese mundo de
sugerencias que permite al espectador completar la
obra del creador.
La visión que se recoge en esta colección de críticas
y artículos sobre la obra imponente de Ureña Rib es
variada. Ureña Rib permite que entremos en la
mitología de los cuerpos, de los cuerpos femeninos y
nos
lleva de la mano hacia el pasado de las
reencarnaciones más puras.
Reencarnación de la línea con su origen, reencarnación
de los colores con el suave sexo de sus náyades,
reencarnación de la bruma que indefinida nos dice cómo
es el cuerpo femenino y cómo pudo haber sido. En la
obra de Ureña se percibe una rica antología de los
gestos que es casi única en pintura de este tipo en
América Latina.
Los
gestos son en realidad esas modalidades de reposo en
movimiento que se materializan en cuanto el pintor
asume su paleta y apunta hacia un posible discurso
interior de sus personajes. No me canso de ver en cada
una de sus oceánicas tropicales, enmarcadas en la
botánica del sueño, o en cada una de sus sílfides y
vestales, porque son eso, una clásica creación casi
menádica y debo pensar entonces en la inmensa
mitología grecolatina y dionisíaca que revienta luego
hecha carnaval en los más intrincados rincones de la
vida medieval europea.
Pero estas Sílfides, estas náyades, éstas ménades,
estas enmascaradas productoras de sueño se aposentan
en un espacio racial híbrido en donde la nalga suave -
mezcla de negro y blanco compartida - habla de una
mulata antropológicamente viva, acanelada, idealizada
y siluetada como un proyecto tropical que habita en el
corazón de la montaña caribeña.
El antifaz revela quizás un mundo renacentista,
oscuramente olvidado, y podemos imaginarnos que la
totalidad de la vida tropical cabe también en
los forros de una sociedad pasada en donde lo
grecolatino se completa con lo tropical.
De esta pintura maravillosamente pura, Pedro Mir diría
que "Ureña Rib reivindica la belleza como realidad
sensible y hasta sensual. No conceptual. Se vale de
ella como recurso artístico de primer rango, de la
misma manera que los egipcios se valían del humo como
recurso lingüístico de primer rango para comunicar las
crecientes del Nilo, o los monjes medievales se
servían del vino como un recurso simbólico de primer
rango para evocar la presencia de Cristo en la
Eucaristía (Mir, 1997).
Marianne de Tolentino ha señalado en varios de sus
trabajos sobre Ureña Rib las características oníricas
de su pintura. Sin sueño es imposible hacer arte. En
declaraciones de crítica Marianne de Tolentino, el
pintor había señalado que era algo así como el usuario
de "una visión anticipada que fusiona lo vivido con el
puro azar". Fusionar la vida con el azar es dejar muy
en libertad la energía creativa. Todo artista se
mueve, cuando es realmente artista, dentro de esos
parámetros que Ureña Rib había identificado para sí
mismo: Fusionar lo vivido con el puro azar.
Marianne de Tolentino ha sido la crítica más acendrada
de la obra de Ureña y sin dudas la que con mayor
intensidad la ha analizado. Este libro incluye mucho
de sus trabajos y permite, sin dudas, seguir con gran
certidumbre la secuencia del creador, orientado en
mucho a quienes vamos a gozar del contenido. Como esta
no es una presentación, sino una simple introducción a
un bello proyecto de lectura, vale la pena señalar que
maestros consagrados como Fernando Peña Defilló,
poetas como León David, críticas e historiadoras del
arte como Jeanette Miller, han contribuido para que
sus aportes sean hoy parte del conocimiento sobre el
pintor.
Críticos que son a la vez pintores, como Danilo de los
Santos, nos recuperan de algún modo espacios de la
pintura de Ureña que debemos analizar por cuanto todos
no podemos verlo todo. Vale citar firmas de artistas
como
Alberto Bass, Ignacio Nova, Faustino Perez, Judet
Hasbún y una pléyade de personalidades de la crítica
internacional que cubren el gran espacio artístico en
el que se ha movido Ureña tanto en Montreal, los
Estados Unidos de América y Europa.
Siendo estas palabras solo introductorias y jamás
pensando que puedan ser un análisis de la obra de
Ureña, creo que el libro Decir la Piel es algo así
como una colectiva de la crítica que permitirá a
muchos ir más adentro de la obra de Ureña, porque las
ilustraciones son, igualmente, una guía bien
organizada que nos permitirá gozar lo que dicen los
maestros y críticos que han evaluado la labor del
pintor al través de los tiempos. Para este Museo de
las Casas Reales, que me honro en dirigir, la puesta
en circulación del libro es un gran honor y agradezco
que Fernando Ureña Rib haya pensado en nuestros
espacios, en donde un marco esplendente de sueños y
distancias, siempre adorna el arte y sirve de suave
almohadón al onírico destino de toda creación.
Gracias
Marcio Veloz Maggiolo