UNIDAD Y METAMORFOSIS
EN LA OBRA DE
FERNANDO UREÑA RIB
I
Jaime
Colson, incomparable gestor de la modernidad plástica dominicana,
maestro de maestros, escribió la presentación para el catálogo de la
primera exposición individual de Fernando Ureña Rib en 1973.
Era un privilegio, ya que el
viejo misántropo genial manifestaba desconfianza por los talentos que
surgían. El mismo texto introductorio era de hecho una meditación
pesimista sobre nuestros tiempos, que dedicaba a Fernando Ureña Rib
frases finales esperanzadoras.
El maestro llamaba al
expositor novel "joven ferviente y entusiasta" calificativos
relacionados con la pasión y la fe, exhortándole casi místicamente:
"con el deseo de que logréis una humanidad más pura y más sumisa a las
leyes del Eterno, te abraza hoy, desde la distancia de los años, Jaime
Colson." Si al autor de esas líneas le hubiera tocado vivir quince
años más no se sentiría decepcionado. Fernando Ureña Rib es uno de
nuestros artistas más "colsonianos" en el sentido de que se ha
mantenido el culto por un excelente dibujo y ha ido evolucionando
sigilosamente, con una lógica interna alcanzando la creación de su
mundo solamente después de atravesar, gráfica y pictóricamente, los
mundos creados.
En efecto, su obra, que cuenta
ya cinco lustros de dedicación profesional nunca procedió por saltos
en lo ignoto. Observamos que se ha afianzado por etapas, con pasos
seguros. Sin temor de que le tildaran de "tradicional" ha ensayado, ha
estudiado, investigado. Sucesivamente ha tratado y cuestionado dos
temas. Cuando estimó que había llegado a la madurez en su expresión
polifacética y trascendía de la realidad observable, dejó fluir
libremente la inspiración. Brotó la simbiosis íntima, ensoñación
infinita, digresión lírica, combinación misteriosa y fascinante de
organicidad y construcción.
Pocas veces una trayectoria
creativa muestra tanta coherencia entre unidad y metamorfosis. La
abstracción surrealizante de hoy, impregnada de espíritu figurativo,
ha emanado de una reflexión, larga y compleja, sobre la figuración.
MARIANNE
TOLENTINO