Los pintores
dominicanos metimos el contrafuerte del zapato en el entresijo de la
puerta. Ahora la rodilla, el hombro y medio cuerpo están dentro y será
difícil que traten de echarnos. En años pasados las incursiones de los
pintores dominicanos en Miami habían sido tímidas.
Ahora la marcha indetenible no puede ser con
justicia ignorada. Se destaca la presencia de
Charo Oquet,
una pintora de gran fuerza y de una manera muy suya (y muy nuestra ) de
contar la realidad. En ella un trópico desatado e incontenible retuerce
las cálidas. imágenes, candorosas y nada complacientes. Su pintura se
presenta aquí con honores.
Otra dominicana residente es
Alette
Simmons. Y digo que "dominicana" porque aunque sus antecedentes no
lo fueran, su pintura creció y se desarrolló en la isla y aún hoy no
logra desatarse de nuestras lianas y bejucos, ni hay alero que pueda
cobijarla de la copiosa lluvia que se desploma sobre el trepidante
paisaje de sus lienzos. Ella expone con la galería de Americas
Collection.
Tórridas, perversas, punzantes y dolorosamente
geniales, son las pinturas que
José García Cordero
expone estos días en la galería Freites Revilla, de Coral Gables. No son
divertimentos, ni viñetas ni apologías del humor negro. Fíjese bien. No
es que un anzuelo atraviese minuciosamente el lomo de la piel de la
carnada. García Cordero se deleita en mostrarnos la incisión, el lento
recorrido del pinchazo. La carnada ensartada está viva, nos mira con
sorna, nos saca los dientes como una piraña y se retuerce. El horror, el
vértigo de la víctima, es su única venganza posible.
FERNANDO UREÑA RIB