Arturo Michelena fue más bien un pintor impresionante que uno
impresionista. La fluidez y precisión del trazo, la manera resuelta y
luminosa con que aplicaba los pigmentos y sobre todo el espíritu abierto
y cautivante del artista lo hacen, ciertamente un pintor impresionante.
Uno que no puede ser visto de soslayo, uno que debe mirarse con
reverente atención.
Sin detalles innecesarios, sin adornos fatuos, Michelena resuelve los
problemas plásticos del cuadro con admirable economía de recursos y sin
embargo, con tal desenfadada nobleza que uno no puede menos que dejarse
llevar por el mundo interior del artista que poco a poco va inundando
los ojos y el alma de ese misterio que encierra el saber hacer, de los
misterios que encierran, en fin, las manos sabias de un maestro.
Michelena es maestro de maestros, no solo
de Venezuela y de Latinoamérica, sino del mundo.
FERNANDO UREÑA RIB