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PINTURAS Y ESCULTURAS
19 de Noviembre 2009 al 7 de
Enero 2010, Palacio de Bellas Artes
SANTO DOMINGO
FERNANDO
UREÑA RIB
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ONÍRICA
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LIBROS
DECIR LA PIEL
EL
OLOR DE LAS YEGUAS
LIENZOGRAFÍAS
MONOGRAFÍA
FERNANDO UREÑA RIB |
FERNANDO UREÑA RIB
Nació
en la Romana, República Dominicana el 21 de marzo de 1951.
Inició sus estudios de pintura en la Escuela de Bellas Artes de
San Francisco de Macorís en 1963 obteniendo una beca del Estado
para continuar sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas
Artes en 1968, donde concluye con talleres de pintura al óleo y
pintura mural bajo la guía del maestro dominicano de la pintura,
Jaime Colson.
Se recibe de Bachiller en Filosofía y Letras en 1968 y realiza
estudios de lenguas extranjeras en la Universidad Autónoma de
Santo Domingo. Ureña Rib donde aprende Inglés, Francés, Alemán e
Italiano.
Durante 1973 y 1974 reside en España y realiza extensos viajes
de estudio por Europa Central y el Norte de África. Con el aval
del insigne escritor español, don Gregorio Marañón, exhibe en el
Instituto de Cultura Hispánica de Madrid y en los homólogos
institutos de Barcelona y Soria y en el Museo de Bellas Artes de
Málaga. En Europa estudia técnicas de pintura flamenca y
Veneciana.
Desde 1975 Fernando Ureña Rib exhibe sus obras en museos y
galerías de Europa, sobresaliendo las exposiciones presentadas
en el Deutsche Bank, de Bonn, Alemania en 1982 y la muestra del
12 de Octubre de 1988 en el Istituto Italo Latinoamericano de
Roma, a la que asiste en pleno el cuerpo diplomático y altos
dignatarios de la Iglesia.
En 1977 recibe una invitación del Departamento de Estado de los
Estados Unidos para conocer los Museos e Institutos de Arte mas
importantes de ese país.
Ureña Rib ha sido curador del Museo de Arte Moderno de Santo
Domingo y Presidente del Colegio Dominicano de Artistas
Plásticos donde realizó una intensa tarea cultural, de re
estructuración interna y de relaciones públicas. En esa ocasión
presentó mas de veinte exposiciones individuales de artistas
dominicanos importantes.
Ureña Rib ha publicado cuentos:
FÁBULAS URBANAS,
EL OLOR DE LAS YEGUAS,
Y el libro monográfico
DECIR LA PIEL, O LAS DISCRETAS ORGÍAS DEL SILENCIO.
Es miembro de AICA, (Asociación Internacional de Críticos de
Arte, con sede en París) y de la AIAAP, (Asociación
Internacional de Artistas Plásticos). Ha escrito colaboraciones
críticas para los periódicos Ultima Hora, Listín Diario, El
Siglo y El Caribe y para las revistas Art Nexus y Artes en Santo
Domingo.
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ARTE DOMINICANO |
FERNANDO UREÑA RIB
ÓRFICA
EN EL MUSEO DE ARTE
MODERNO, SANTO DOMINGO
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LAS DANZAS ÓRFICAS DE FERNANDO UREÑA RIB
JOSÉ SALDAÑA |
FERNANDO UREÑA RIB PRESENTARÁ SU COLECCIÓN “ÓRFICA”
EN LA SALA PRINCIPAL DEL MUSEO DE ARTE MODERNO.
Danzas
órficas, la muestra que exhibe Fernando Ureña Rib en el Museo de Arte
Moderno, es un conjunto de obras donde la poesía, la música y la danza
aparecen concatenadas, fundidas. El conjunto recrea todo un escenario
de centelleante colorido y de honda expresión onírica. Ureña Rib es
fundamentalmente un pintor figurativo. Conscientemente se alejó de las
tendencias que marca la moda, mirando con desdén los afanes de las
vanguardias y transvanguardias. Fiel a la elección de ese derrotero, y
durante muchos años, la figura de la mujer continuó siendo el eje
central de su inspiración. Hoy, en su obra pictórica, ella gira,
poseyente y poseída, en torno a un universo impregnado de gran belleza
y lirismo.
Ahora
él r ecrea para nuestro deleite visual e intelectual, ciertos
mitos antiguos. Porque además de pintor y excelente narrador, Fernando
Ureña Rib es un estudioso de la filosofía, de la historia y de la
mitología. Retomando uno de sus temas favoritos de la teogonía griega,
Ureña Rib nos trae ahora su visión de la filosofía órfica. Aunque las
obras reflejan ese mundo, la connotación pictórica, sin embargo, es
independiente, válida en sí misma y puede ser juzgada con absoluta
independencia de los mitos que la inspiran.
Porque Danzas Órficas transmite aquellos principios y pureza de
sentimientos que caracterizan el tránsito de Orfeo, desde las
profundidades del Hades, en la búsqueda de su amada, la ninfa Eurídice.
Y en ese orden recordamos otra gran exposición del artista, Ninfas,
presentada en el Museo de Arte Moderno en 1996. Y es que estas
figuraciones son al mismo tiempo un estudio de la anatomía y de los
cuerpos en movimiento de la danza. En este caso, la danza es siempre
circular, es decir, infinita. Una danza perpetua de singular gracia
expresiva vincula la maestría de su ejecución a la riqueza de su
imaginería mítica.
Como
si se tratara de estudios para una coreografía imaginaria, la
disposición estructurada de los cuerpos, es enriquecida por el manejo
sabio de la pincelada, que va dictando el curso del movimiento con
trazos ágiles y rastros de color. El observador tiene la sensación de
vencer visualmente la estática propia del cuadro, porque estos
movimientos estimulan su fantasía. Los cuerpos se agitan, flotan y
vibran en ese universo de sueños y de encantamiento. Así Ureña Rib crea
otra realidad, que es una firme declaración a favor de la viva realidad,
de la presencia actual del mito y de los sueños.
La
conformación de los cuerpos en la obra de Ureña Rib sitúa al crítico en
un terreno de difícil catalogación, porque los elementos figurativos
funcionan más como mecanismos de relación entre espacio y forma que como
entes visuales autónomos. Estas fusiones contribuyen a subrayar el
anonimato de los personajes y se centran en las relaciones corpóreas.
Así, el movimiento en sí y el tránsito del color en los cuerpos es lo
que interesa al artista y es lo que él propone como finalidad de su
obra.
La
pasión por la música es otra característica destacada en la obra
pictórica de Ureña Rib. De ahí esa integración de los elementos propios
de esa disciplina, como ritmo, balance y la reiteración casi melódica de
ciertas líneas y juegos cromáticos. La música, a su vez, se funde con la
poesía inherente a las fábulas, creando todo un escenario pictórico que
se vincula con el espectador para que este sea tomado de las manos y
transportado a la antigua quimera órfica, a la insinuante danza de las
ninfas y se acerque, por decirlo así, a las inmortales fabulaciones
griegas.
La
pintura de Ureña Rib fluye como el río de la memoria. Fluye como fuente
de acceso a cierta verdad histórica, fábula maravillosa de los dioses,
semidioses y héroes de la antigüedad clásica, fundiendo las imágenes
dentro del marco de la más auténtica creación artística. Bien es sabido
que todos los pueblos, en algún momento, sienten la necesidad de
explicar los orígenes del mundo. Los griegos crearon prototipos de
fabulación que de alguna manera siguen vigentes hoy, como en los días de
su apogeo. Pero en cada obra de este pintor se refleja el sentimiento
profundo que existe en el alma de su hacedor, quien no sólo percibe la
presencia y contemporaneidad de los aspectos esenciales de las
mitologías antiguas, sino que los hace visibles para el gozo y la
reflexión del espectador.
No es
la primera vez que Ureña Rib nos sorprende. Su pintura es siempre
transformada con la inclusión de elementos nuevos que la enriquecen y la
hacen más sutil y sugerente. Sus grandes formatos, iniciados en el
estudio del artista en Miami, muestran el mismo equilibrio compositivo
que su obra menor, en la que los espacios son distribuidos en un orden
preciso.
En la
serie Órfica, que en el 2004 el artista presentara Montevideo gracias a
una invitación de la Biblioteca Nacional, y del Ministerio de Cultura
del Uruguay, se manifiesta esa misma capacidad de asombro. Se trata de
figuras orgánicas y biomorfas que resplandecen
contra un fondo oscuro como si se tratara de objetos escultóricos vivos
e iluminados. Estas imágenes se basan en el
relato del peligroso tránsito de Orfeo hacia las afueras del Hades, con
su amada Eurídice. Las formas cobran vida y se retuercen contra sí
mismas en palpitantes movimientos de espiral. Esta serie nos recuerda a
otra gran invención del artista, las Crisálidas, presentada hace ya
muchos años en el Museo de las Casas Reales. Como en aquella serie, aquí
se integran lo figurativo y lo abstracto con admirable resolución. En
estas obras, que expresan mayor libertad cromática, se advierte el
innovador manejo que el artista hace de las técnicas renacentistas del
claroscuro.
En
Ureña Rib la renovación es constante. No hay rompimientos, más bien el
seguimiento ordenado y el desarrollo de sus propios cursos de acción.
Durante muchos años he seguido de cerca de este pintor y he podido darme
cuenta del rigor, de la disciplina y de las exigencias que él mismo se
impone en el oficio de pintar y en cada proyecto artístico o literario
que emprende. Su labor creativa es apasionada, y su investigación
intensa. Sólo de esa manera ha podido lograr él una obra de gran solidez
y calidad plástica.
Otro
aspecto que merece especial mención, tanto en la serie Órfica, como en
las Danzas, es el de la sensualidad. La obra de Ureña Rib se
caracteriza por un sutil erotismo que a veces se desborda en sus formas
más abstractas u orgánicas. Esa sensualidad nos retrotrae, desde el
mundo de los griegos, a la esfera tropical y caribeña, porque refleja
mucho de lo que somos como cultura, como pueblo, en el que la
sensualidad es parte de la vida cotidiana y permea todas las cosas,
incluyendo los terrenos áridos de la economía y la política. La
sensualidad es lo que cubre el alma de estos cuerpos danzantes, alados,
plenos de magia y misticismo.
Aunque son fábulas de la Grecia antigua las que dan origen a la creación
de estas imágenes, estas se convierten a su vez en entes fabuladores y
el espectador se siente tentado a recrear a partir de ellas, sus propias
historias y fantasías. Ureña Rib no se detiene en el tiempo. Al igual
que Orfeo, su búsqueda es infinita y en esta muestra recorre ese espacio
entre cosmos y tierra, entre noche y luz, entre memoria y exploración,
entre magia y realidad, entre el sentimiento trágico de la vida, del
amor y de los sueños y la poesía o la danza que les sirven de testimonio
y los justifican.
JOSÉ
SALDAÑA
El pintor Fernando Ureña Rib
presentó Orfica, en la Sala Dr. Carlos Vaz
Ferreira, de Montevideo, Uruguay, el lunes 31 de Mayo del 2004. La colección,
titulada
“Órfica” por el artista dominicano enfatiza la
relación entre los valores de la composición musical, de la poesía y los del arte de
la pintura.
“La música es la más pura abstracción,” dice el arista “porque en la
música el arte viene dado en la forma misma, en los contenidos
melódicos, rítmicos, estructurales y tonales. Órfica explora la
relación intensa entre música y la pintura a través de formas
orgánicas que se entrelazan como en una fuga, que llevan sus propias
consonancias, disonancias y contrastes, sus interludios y
reverberaciones sobre una estructura compositiva que auspicia la plena
libertad creativa.
Las obras, de formatos grandes y medianos, componen la colección Órfica. Se
trata de una exposición luminosa y cálida, con una fuerte presencia
del trópico, y particularmente del Caribe. Aunque la obra es al mismo
tiempo novedosa, versátil y armónica el artista maneja toda su
temática con las técnicas renacentistas del claroscuro.
“Los valores de la tradición pictórica clásica son importantes hoy,
cuando la tendencia general es al olvido. Sin embargo, esa tradición
puede y debe ser constantemente renovada y enriquecida.”, confiesa el
artista.
Por otra parte, Fernando Ureña Rib dijo sentirse muy complacido de la
invitación que le extendiera el Ministerio de Cultura del Uruguay a
través de la reconocida pintora uruguaya Zully Lara. “Exhibir en
Montevideo es para mí un viejo sueño, porque esta es una ciudad que
conozco y admiro a través de las novelas y los cuentos de Mario
Benedetti.
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| FERNANDO UREÑA RIB
1951 |
El paseo
Cuando Jesús estaba a punto de cumplir sus
trece años de edad sus parientes Isabel y Juan, su hijo,
salieron desde Aín Karim para visitar a María y Jesús en
Nazaret.
Las dos mujeres tenían mucho que contarse
sobre sus experiencias con estos niños extraordinarios y por
tanto les dijeron: “Den un paseo por donde les plazca, pero
regresen a casa antes de cena.”
Los adolescentes obedecieron. Mientras
tanto, María no cesó de hablar del encuentro que Jesús,
sostuvo el año anterior con los intelectuales, académicos,
científicos y maestros de la ley en el Templo de Jerusalén.
Como los muchachos tenían casi todo el día
para hacer lo que querían, aprovecharon para pasear en
grande. Salieron a respirar el aire puro de los cedros del
Líbano, a descubrir novedades en los bazares de Damasco y
luego a dar una vuelta por Shiraz, en Persia y se perdieron
en los luminosos desfiladeros de Nepal, ya cerca de la
India. Y sin embargo, regresaron a Nazaret antes de la
cena.
-Todavía nos queda tiempo, Jesús. ¿Por qué
no aprovechas para curar algunos ciegos y leprosos?
- No ha llegado mi hora, Juan.
- Quiero entender cómo realizas esos milagros
y estar seguro de que no es magia o brujería.
- Demos un paseo por ese camino de mendigos y
enfermos. ¿Ves a ese leproso? Pondré las manos en su
cabeza y restableceré su sistema celular y linfático hasta
el momento anterior al advenimiento de la enfermedad. Si
hacen cambios en sus vidas, las personas a quienes sano
pueden vivir muchos años adicionales.
- ¿Cómo consigues la información curativa,
Jesús?
- Todo está escrito en la célula madre, Juan.
El resto es cuestión de logaritmos y transmisión de
energía. Vendrá un día en que los hombres también podrán
leer esa información y harán milagros de sanación.
- Pero, ¿y la fe, Jesús? ¿Esos hombres
serán capaces de curar sin la unción sagrada de la fe?
- Todos los hombres tienen fe. No todos
tienen amor. El pecado que aniquila y pudre a los hombres
es la falta de amor.
En ese momento llamaron María e Isabel: “!
Niños, acérquense!!La cena está servida!” Y corrieron a
comer en la carpintería de José, porque estaban muy
hambrientos después de aquel largo paseo.
FERNANDO UREÑA RIB
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