Pintura Orgánica de Fernando Ureña Rib

 

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LAS PINTURAS ORGÁNICAS DE

FERNANDO UREÑA RIB

MARIANNE DE TOLENTINO

 

 

 
4 Diciembre 2009, 10:03 PM
CREACIÓN
 

“Orgánica”, la naturaleza viva, vista y revisada por

Fernando Ureña Rib

Muestra. Pinturas y esculturas se explayan en la Galería de Bellas Artes

Escrito por: MARIANNE DE TOLENTINO

En  toda exposición el entorno y la museografía tienen importancia y destacan la calidad de las obras, pero pocas veces se produce una sintonía tan perfecta entre las pinturas y el lugar que las acoge como entre “Orgánica” de Fernando Ureña Rib y la Galería Nacional de Bellas Artes.

La exposición es suntuosa, la colocación de los cuadros, incuestionable, con un clímax estético en los espacios del Salón de la Cúpula y un montaje de esculturas inmejorable en el Salón de la Rotonda. Quienes visitan la muestra reciben esa primera impresión y lo expresan…

La exposición.   Si ahora nos centramos en las obras expuestas, raras veces hemos presenciado, con tanta constancia, un virtuosismo comparable con una soltura metamórfica desde lo real observado hasta la fantasía imaginaria, pero nunca delirante. Lo mismo puede sostenerse en la maestría del trazo y en el lenguaje del color, siempre manejados con esmero, limpidez y refinamiento: el gran dibujante se reveló pronto un gran colorista, la vertiente que hoy exalta en las metáforas hechizantes de “Orgánica”, incluyendo a las esculturas policromadas.

Aquí, aunque lógicamente hay obras de particular impacto, no las hay mayores y menores, una belleza especial impera en el conjunto pictórico y escultórico. Alguien nos preguntaba si cabía considerar a esas morfologías frutales, sobresalientes sobre fondo negro vibrante, como bodegones. Es evidente que Fernando Ureña, un moderno y postmoderno que domina perfectamente el clasicismo, no ha querido pintar una “naturaleza muerta”, bonita y verdadera… él la ha reinventado, hermosísima y verosímil.

Él ha gestado otra naturaleza que une las delicias de la flora a los deslices del sueño. Propone la seducción de frutas y floraciones, no “desnaturalizadas” y alteradas como suele interpretarlas la modernidad, sino  imaginarias según lo real-maravilloso. Son vivas, carnosas, sensuales,  y no dejan de evocar la “fruta prohibida”. Otra lectura percibiría que Fernando Ureña, un virtuoso de la figuración testimonial que a su guisa podría retomarla, ha logrado una neo-abstracción surrealizante, en una formulación madura y vigorosa que no descarta la experimentación.

Si seguimos reflexionando, concluiremos que el artista no rompe con la figura y la realidad,  sino que ofrece un enfoque nuevo de su relación con el mundo y la naturaleza, quienes a la vez se disimulan y se manifiestan detrás de propuestas fascinantes, pertubadoras y singulares. Perduran aquí la esencia de la vida, los latidos de las criaturas animadas, el recuerdo de ámbitos vegetales,  metamorfoseados en visiones a descifrar o sencillamente gozar en su plenitud y organicidad obsesiva. Debemos mirar cada cuadro detenidamente para que el ojo aprecie las infinitas variaciones sobre el tema.

La mirada se demora por las gamas de matices incontables, donde alternan anaranjados, amarillos, bermellones, rosas, marfiles, opalescencias, eventualmente verdes, azules y carmesíes. No obstante Fernando Ureña no se excede en una orgía de colores: prevalecen armonías sutiles, preciosas, activas… que se exaltan recíprocamente y conviven en un lirismo cromático a partir del negro, más fundamental que fondo, una  paleta y materia sustanciosa,  llana como la buena pintura  (lo decía Henri Matisse).

Casi siempre tratamos a Fernando como pintor, pero su escultura, cuantitativamente discreta y de pequeños formatos, está en fase con lo orgánico y surrealizante de la pintura, libre de figuración y al mismo tiempo fecunda en elementos de referencia a  un crecimiento vegetal y carnal aún, sin olvidar el enigma de la esferilla.

Zoom

Escritor y comunicador

 Ureña Rib no solamente es un magistral artista plástico, sino también un hombre de letras, narrador, poeta y ensayista, que se ha dado a la tarea de difundir el arte y los artistas dominicanos  por la comunicación planetaria de su Museo Latinoamericano Virtual.

 

LA COLECCIÓN ORGÁNICA

Las pinturas organicas de Fernando Urena Rib

En el Palacio Nacional de Bellas Artes de Santo Domingo se presentará desde el 19 de noviembre la colección Orgánica de Fernando Ureña Rib. La exposición estará abierta hasta el 7 de enero 2010 y podrá ser visitada desde las 9 am hasta las 5 pm. Durante el transcurso de la muestra habrá presentaciones de libros de arte y de cuentos, canciones y videos del pintor.

Orgánica trata sobre las relaciones formales de la anatomía humana con las formas propias de la naturaleza, y toma como punto de partida la unión de líneas oblongas, aciculadas y ovales que conforman los frutos, flores y la fauna marina, pero presentándolos en diferentes contextos cromáticos y luminosos que hacen que el espectador descubra la intensa relación entre la biología y las formas propiamente humanas.

El influjo de técnicas antiguas del claroscuro se mezcla con una especie de abstracción biomórfica que enlaza la obra con la modernidad. No se trata del mundo urbano ni de las máquinas, como ocurría con el arte del siglo XX. El tema es en cierto modo ecológico, pero visto al revés. En vez de concentrarnos en los deshechos tóxicos y en todo lo negativo de la era industrial, estas pinturas nos acercan al origen de la vida, a lo molecular y celular y nos permite llegar a la belleza intrínseca en un pistilo o en un tallo o en una semilla.

Esta magnificación atractiva de los órganos reproductores de una planta nos reconcilia con el placer mismo de la existencia y nos hace ver su importancia, a fin de cuidarla y conservarla. Mi pintura no es una pintura de deshecho ni de readymades, ni de objetos encontrados. Creo que el siglo XXI debe mostrar a través del arte otro rostro, la otra cara de las cosas negativas de que estuvo tan influido el arte del siglo pasado. El arte del siglo XX enfatiza el horror de la guerra, de la destrucción, de la muerte.

Creo que el arte del siglo XXI debe dar énfasis a lo biológico, natural y orgánico. Que debe alejarse ya de la desolación y la vergüenza que provocan los desatinos y señalar el camino hacia las soluciones posibles y formidables que el futuro encierra, porque gran parte de lo que ocurre hoy se debe a nuestra apesadumbrada actitud mental. Espero que estas nuevas pinturas orgánicas arrojen un poco de luz sobre el marasmo, la confusión y la  destrucción que tan formidable y avasalladoramente presentó el siglo XX.

 

Fernando Ureña Rib

 

Pronto, pues, Fernando Ureña Rib iba a emprender otros caminos, distantes del estricto legado tradicional, pero hubo previamente un brevísimo período que calificaríamos de intensa reflexión, todavía académica. Él continuó profundizando la fisonomía de los rostros y de los objetos   pienso en un excelente bodegón del 1975  al mismo tiempo incrementó solidez materialidad, y exaltado también el juego sutil de los reflejos y los focos luminosos.  La organización de los elementos en la superficie es aplomada, el colorido a la vez más refrescante y más enérgico.

La crítica dominicana y extranjera había expresado que ha Fernando Ureña Rib interesaba más el tratamiento de la figura y la subjetividad de una atmósfera                 que la fuerza de la composición y su síntesis en el espacio. Entonces, él exploró la imagen en ese sentido. Trabajó líneas,  formas y colores, como objetivo preeminente. Para esos fines, empleó el tema   pretexto   de la casa por la geometría inherente a la arquitectura, insistiendo en techos, paredes y puertas. Introdujo en las estructuras  principales la curiosa presencia de una barrena o de una llave inglesa.  En nuestra opinión por razones esencialmente conceptuales: llevar a su pintura concretándola por herramientas   signos    la construcción y la "prefabricación".

En efecto, en esa fase de geometrización sistemática, para conseguir parte de la descomposición del objeto en fases.  El artista  aparentaba experimentar   intelectual o materialmente, poco importa   doblando y redoblando módulos. Luego, colocaba el y los movimientos en un entorno igualmente geométricos de áreas divididas  metódicamente. En tales combinaciones, hubieran podido realizarse perfectamente mediante un "collage" de papeles de colores, se buscaba establecer tensiones, equilibrios. Simetrías, oposiciones, en fin relaciones puramente formales y estructurales. El escalonamiento de los planos se obtenía por la disposición morfológica y cromática combinadas. El tratamiento bidimensional de la pintura obtenía la tercera dimensión sobre la base de efectos ópticos, cuidadosamente asociados. Así mismo, alternaban fuerzas estáticas y dinámicas, en distintas direcciones, principalmente hacia arriba o abajo, agregándose a veces una flecha señalizadora, formalmente integrada con los demás signos.   

Simultáneamente, Fernando Ureña Rib investigó en otra corta secuencia, relaciones ópticas, geométricas y rítmicas, empleando esa vez como estructura central el espaldar de una rústica silla Elementos secundarios contrapuestos   entre ellos una silueta con el perfil de un sombrero   favorecían el juego morfológico.

Al igual que en la serie del Hábitat objetos y figuras cumplían un papel "funcional" centrado sobre la investigación formal, de ninguna manera intervenía un aspecto anecdótico. Una verdadera pasión de búsqueda caracterizaba entonces a Fernando Ureña Rib.

 Para estudiar el movimiento en el espacio,  él utilizó su hábil manejo de la anatomía en composiciones de personajes y de aves. Con modificaciones en el tratamiento gráfico y pictórico,  esa fase duró varios años, eslabonándose más con el Fernando Ureña Rib de hoy.  En la línea predominaban curvas y ondulaciones, y el motivo se adueñaba de la superficie. El fondo cobraba vitalidad e intensidad de color y en él flotaba una atmósfera de sueños. La fluidez de la ejecución instrumentaba el flujo psíquico.

Al llegar la década del 80, por cierto de excepcional fertilidad en el arte dominicano, enfocado conjuntamente, Fernando Ureña Rib investigaba simultáneamente tres géneros   el dibujo, la pintura y la escultura  , y tres tendencias   la orgánica, la onírica, y la grotesca  . En nuestro estudio, dedicaremos comentarios específicos al dibujo y a la escultura de Fernando Ureña Rib, pero queremos elogiar esa pluralidad artística y profesional a la cual él agrega la crítica de arte.

El excelente dibujo se imponía por la fluidez y la firmeza conjugadas del trazo, los rasgos tan sugerentes como descriptivos de las figuras, las variaciones rítmicas de la línea. Además de esa destreza gráfica intrínseca, el artista "substanciaba" el espacio con zonas de tinta negra y de color. En  cuanto a las esculturas, eran tallas directas en madera, esmeradamente labradas. Estas formas y volúmenes anunciaban las soluciones plásticas de hoy: envolventes, sensuales, neo  abstractas.

He mencionado ya las expresiones oníricas y orgánicas de las obras de Fernando Ureña Rib, las continuaré mencionando ya que se trata de tendencias reiteradas que, más aún se afianzarán en los años siguientes.  Lo grotesco no ha dejado de reaparecer, esencialmente en los dibujos, pero en aquel período transitorio ha ostentado una singular agudeza. Atribuyo esa inclinación esa inclinación a la sátira visual a tres factores: la habilidad de la "mano" dibujística y su dominio del antropomorfismo, la penetración psicológica del artista, finalmente sus afinidades con el universo "goyesco" que contempló y estudió en España.

MARIANNE TOLENTINO

 

 

 

FERNANDO URENA RIB

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Revisado: May 13, 2013
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