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India: el segundo nacimiento
Octavio Paz no duda en calificar sus años en
la India como memorables7. Y
lo son, pues durante ellos encuentra el amor en
Marie José y su creatividad se concreta en tres
de sus libros fundamentales de poesía y en cinco
ensayos8.
En 1963 comenzará a recibir premios. El
primero, el Premio Internacional de Poesía de
Knokke le Zoute, de Bélgica, que ya habían
recibido Saint-John Perse y Jorge Guillén.
Asimismo, es el momento en que se definen su
imagen de intelectual y humanista preocupado por
las luchas sociales y firme crítico de los
llamados "regímenes totalitarios". También es la
época en que se presentan los movimientos
sociales de finales de la década de los sesenta
y que en México, de manera particular, llegaron
a ser trágicos por la desmesurada represión
gubernamental, orillando a Octavio Paz a
condenar los hechos y, consecuentemente, a
renunciar a su cargo como diplomático mexicano.
Finalmente, será en los últimos años de los
sesenta cuando se inicia su peregrinar por las
universidades mundiales, particularmente las
estadounidenses, impartiendo cátedras y
conferencias.
La estancia en la India lo marca
profundamente. Un recorrido por su poemas de
esos años nos muestra el influjo presente en los
temas y títulos de ellos. Paz dirá que lo vivido
en la India fue "una educación sentimental,
artística y espiritual". El cambio alcanza a las
raíces vitales de su existencia.
La viveza del cambio se encuentra en la
poesía de esos días; de manera particular en el
libro Ladera Este, publicado en 1969. En
contraparte, la prosa (poética en este caso),
sobre la India debió esperar varios años más,
hasta 1974, cuando aparece El mono gramático.
Es el momento cuando en la obra de Octavio
Paz comienzan a aproximarse los discursos
poético y prosístico. No es la primera vez, pero
si la más clara, en que la prosa y la poesía se
aproximan en el discurso de los textos o poemas.
Para la poesía esto supone una prosificación
que obliga a un fluir discursivo en donde la
cadencia del ritmo ya no se marca con los cortes
de verso, sino en el interior del poema. Ello
provoca que las imágenes aparezcan como un
fluido continuo más que como una sucesión de
cuadros léxicos; fluir que, sin embargo,
conserva la imagen de un río en el que las hojas
caídas de los árboles son, al mismo tiempo,
imagen individual que nos habla de algo (las
hojas mismas, el otoño, la desnudez del bosque)
e imagen colectiva que con el agua y las hojas,
nos dice algo sobre el tiempo y el movimiento.
Por su parte, la prosa se ritma con cadencia
reconocible de poema. La imagen así lograda
danza y su contenido traspone los márgenes del
discurso intelectual abordando los terrenos de
la magia imaginativa poética. El ejercicio de
interpretación del mundo que supone el ensayo,
se transforma en un ejercicio ritmado, sujeto,
por ello, a las características del ritmo
elemental descrito por Paz en El arco y la
lira.9
Marie José
Para Octavio Paz, Marie José es La Mujer;
la contraparte elemental de todo Hombre;
la oportunidad temporal de completar el Ser.
En 1964, de camino hacia Bélgica para recibir el
premio Knokke le Zoute, se detiene unos días en
París. Marie José y Octavio se habían conocido
fugazmente en la India y en París se
reencuentran. Paz recuerda así aquel momento:
Una mañana —azar, destino, afinidades
electivas o como quiera llamarse a esos
encuentros— me crucé con Marie José. Ella
había dejado Delhi unos meses antes y yo
ignoraba su paradero, como ella el mío. Nos
vimos y, más tarde, decidimos volver juntos
a la India. Recuerdo que una noche, un poco
antes de mi salida de París, le conté a
André Breton mi sorprendente encuentro y él
me contestó citándome cuatro versos de un
misterioso poema de Apollinaire (La
gitana):
Sabiendo que nos condenamos
en el camino nos amamos;
lo que nos dijo la gitana
lo recordamos abrazados.
Nosotros, Marie José y yo, no obedecimos
al oráculo de una gitana y nuestro encuentro
fue un reconocimiento (...) En el encuentro
de amor los dos polos se enlazan en un nudo
enigmático y así, al abrazar a nuestra
pareja, abrazamos a nuestro destino. Yo me
buscaba a mí mismo y en esa búsqueda
encontré a mi complemento contradictorio, a
ese tú que se vuelve yo: las dos sílabas de
la palabra tuyo...
(Vislumbres de la India, OC,
v, X, p. 376)
Marie José y Paz se casaron en los jardines
de la Embajada Mexicana en la India.
Marie José es una mujer atractiva, de mirada
inteligente, suaves maneras y firme carácter. El
amor que Octavio Paz le profesaba iba más allá
de dedicarle sus libros de poesía y llegaba al
punto de permanecer pendiente de ella. Una
anécdota narrada por Tulio Demicheli, uno de los
colaboradores de la revista Vuelta,
ilustra esta amorosa preocupación. La labor de
Demicheli en la revista lo obligaba a consultar
con Paz el índice de cada número de Vuelta.
Regularmente lo hacía en forma telefónica, pero
en ocasiones se presentaba ante el poeta. Una de
esas ocasiones tan pronto fue recibido, Paz le
indicó que lo siguiera a la afueras del edificio
donde habitaba:
Y salimos —cuenta Demicheli. No era
normal que a Paz le diera por ir de paseo a
tratar los asuntos de la revista. ¿Será un
virus peripatético —pensé? No, esa criatura
genera debate y controversia, anima la
conversación y Paz no decía palabra: ni
preguntó por Vuelta, ni especulaba
sobre tema alguno, sólo estaba nervioso y
mudo. Dimos una vuelta alrededor del
edificio de (la avenida) Reforma. Increíble:
el poeta escudriñaba los parterres del
jardín, se agachaba, miraba por debajo de
los coches y, cada vez, se impacientaba más.
Por fin, me decidí:
— Dígame, Octavio, ¿qué busca?
Primero me miró como si yo debiera saberlo
o, al menos, haberlo adivinado; y luego,
respondió:
— El gato. Se ha escapado el gato de
Marie-Jo. ¿Se da cuenta?
— No. Digo: sí, claro...
Debió sentirse raro. Insistió:
— ¿No sabe cuánto quiere Marie-Jo a su gato?
Pues ha desaparecido. ¿Comprende? No está.
El gato no está en la casa. He revisado
todos los rincones, bajo la cama, en la
biblioteca, en todas las recámaras, en la
sala, y el gato no está. Tulio, tenemos que
encontrarlo Anduvimos una hora larga en pos
del gato...10
Hoy, Marie José, es la llama viva del
espíritu del poeta y el alma de la Fundación
Octavio Paz.
La
última embajada
En México, una labor privilegiada para los
intelectuales es el servicio diplomático. Si no
todos, buena parte de ellos aprecia esta labor y
se acoge a ella de buen grado. No son pocos los
intelectuales mexicanos que han hecho carrera
diplomática. Alfonso Reyes, José Gorostiza y el
propio Octavio Paz, son tan sólo un ejemplo de
ello. El Servicio Exterior Mexicano les permite
a los intelectuales el contacto con la élite de
otros países y una vida decorosa, que en
ocasiones raya en el glamour. Las buenas
maneras, el cultivo de la tolerancia y el
refinamiento, son actitudes que gustan a los
intelectuales y que florecen en los consulados y
embajadas del mundo.
Octavio Paz comienza su labor diplomática en
París hacia 1945. Seis años después sería
enviado a la India. Así lo relata:
Un día el embajador de México (en
Francia) me llamó a su oficina y me mostró,
sin decir palabra, un cable: se ordenaba mi
traslado. La noticia me conturbó. Y más, me
dolió. Era natural que se me enviase a otro
sitio pero era triste dejar París. La razón
de mi traslado: el gobierno de México había
establecido relaciones con el de la India,
que acababa de conquistar su Independencia
(1947) y se proponía abrir una misión
diplomática en Delhi. Saber que se me
destinaba a ese país, me consoló un poco:
ritos, templos, ciudades cuyos nombres
evocaban historias insólitas, multitudes
abigarradas y multicolores, mujeres de
movimientos de felino y ojos obscuros y
centelleantes, santos, mendigos...11
Tan sólo unos meses después de su llegada es
nuevamente trasladado. Va a Japón y después
reside unos años en México. En 1962, es nombrado
embajador en la India, labor que desarrollará
durante los siguientes seis años. Octavio Paz
describe esa época como "un periodo dichoso" en
el que lee profusamente y escribe varios libros
de poesía y ensayo, y se reencuentra y casa con
Marie José.
Durante 1968 en varios países los estudiantes
universitarios protagonizan movimientos
políticos que desembocan en enfrentamientos con
la policía. En México, el movimiento estudiantil
es fuertemente reprimido. Un par de semanas
antes de escenificarse los XV Juegos Olímpicos,
el gobierno mexicano, presidido por Gustavo Díaz
Ordaz, lanza al ejército contra los estudiantes.
Octavio Paz, en su calidad de embajador, forma
parte de ese gobierno y en los primeros momentos
del conflicto estudiantil colabora
proporcionando información y opiniones al
respecto. En una comunicación fechada el 6 de
septiembre de 196812, Octavio
Paz detalla al Secretario de Relaciones
Exteriores de México sobre las condiciones que
presenta el movimiento estudiantil, en la India
en particular y en el mundo en general;
condiciones que atribuye a la latencia de
demandas sociales irresueltas, al crecimiento
demográfico y al acceso mayoritario de jóvenes a
la educación universitaria. En el documento
señala:
El desarrollo económico y su consecuencia
más inmediata —la movilidad social— permiten
pensar que, gradualmente, la población
subdesarrollada será absorbida e
incorporada. En efecto, el sector
desarrollado crece día a día y disminuye el
subdesarrollado. Todo es problema de tiempo:
una evolución demasiado lenta o una
suspensión de la movilidad social, pondría
en crisis la estructura misma de la sociedad
mexicana... Los problemas del sector
desarrollado son muy distintos y su
resolución no implica un cambio de la
estructura social sino una reforma. Esta
reforma, según se verá, tendría
principalmente por objeto adaptar nuestro
sistema político a las nuevas condiciones
creadas por el desarrollo económico, entre
las cuales destacan el nacimiento de una
clase media (a la cual pertenecen los
estudiantes) y crecimiento del proletariado
urbano. Desde el punto de vista sumariamente
expuesto en el párrafo anterior, los
disturbios estudiantiles de México presentan
analogías y diferencias con los de los
jóvenes de París, Chicago, Milán, Tokio y
Berlín Occidental. Puede decirse que forman
parte de nuestro desarrollo: son la prueba
de que hemos progresado y el precio que
tenemos que pagar por ese progreso.
Diez días antes del inicio de los Juegos
Olímpicos, en el barrio de Tlaltelolco, en la
Plaza de las Tres Culturas, ubicada a un
costado del edificio de la Secretaría de
Relaciones Exteriores, el ejército mexicano
atacó a los estudiantes y personas en general,
que ahí realizaban un mitin. Al acto se le
conoce como "La matanza de Tlaltelolco". La
indignación y condena a esta acción resulta
general. Muchas son las reacciones; una de
ellas, la pública renuncia de Octavio Paz a su
cargo como embajador de México en la India.
En una carta fechada el 4 de octubre de 1968
y clasificada como "confidencial y personal",
Octavio Paz le dice al Secretario de Relaciones
Exteriores:
Anoche, por la BBC de Londres me enteré
de que la violencia había estallado de nuevo
(en México). La prensa india de hoy confirma
y amplía la noticia de la radio: las fuerzas
armadas dispararon contra la multitud,
compuesta en su mayoría por estudiantes. El
resultado: más de veinticinco muertos,
varios centenares de heridos y un millar de
personas en la cárcel. No describiré a usted
mi ánimo. Me imagino que es el de la mayoría
de los mexicanos: tristeza y cólera. Desde
hace veinticuatro años pertenezco al
Servicio Exterior de México. He sido
canciller, secretario de Embajada,
Consejero, Ministro y Embajador. No siempre,
como es natural, he estado de acuerdo con
todos los aspectos de la política
gubernamental pero esos desacuerdos nunca
fueron tan graves o tan agudos para
obligarme a un examen de conciencia (...) Es
verdad que el país ha progresado. Sobre todo
en su sector desarrollado, constituido tal
vez por más de la mitad de la población;
también lo es que la clase obrera ha
participado, aunque no en la medida deseable
y justa, en ese progreso y que ha surgido
una nueva clase media. Pero este adelanto
económico no se ha traducido en lo que, me
parece, debería haber sido su lógica
consecuencia: la participación más directa,
amplia y efectiva del pueblo en la vida
política. Concibo esa participación como un
diálogo plural entre el gobierno y los
diversos grupos populares. Es un diálogo
que, de antemano, acepta la crítica, la
divergencia y la oposición. Pienso no solo
en el proceso electoral y en otras formas
tradicionales y predominantemente políticas,
tales como la pluralidad de partidos. Todo
esto es importante pero no les menos que ese
diálogo se manifieste, diariamente, a través
de los medios de información y discusión:
prensa, radio, televisión. Ahora bien, sea
por culpa del Estado o de los grandes
intereses económicos que se han apoderado en
nuestro país de esos medios, el diálogo ha
desaparecido casi por completo de nuestra
vida pública. Basta leer a la prensa diaria
y semanal de México en estos días para
sentir rubor: en ningún país con
instituciones democráticas puede encontrarse
ese elogio casi totalmente unánime al
Gobierno y esa condenación también unánime a
sus críticos. No sé si estos últimos tengan
razón en todo; estoy cierto de que no tienen
acceso a los medios de información y
discusión. Esta es, a mi juicio, una de las
causas, tal vez la más importante, de los
desórdenes de estos días (...) Ante los
acontecimientos últimos, he tenido que
preguntarme si podía seguir sirviendo con
lealtad y sin reservas mentales al Gobierno.
Mi respuesta es la petición que le hago
llegar: le ruego que se sirva ponerme a
disponibilidad, tal como lo señala la Ley
del Servicio Exterior Mexicano. Procuraré
evitar toda declaración pública mientras
permanezca en territorio indio. No quisiera
decir aquí, en donde he representado a mi
país por más de seis años, lo que no tendré
empacho en decir en México: no estoy de
acuerdo en lo absoluto con los métodos
empleados para resolver (en realidad:
reprimir) las demandas y problemas que ha
planteado nuestra juventud.
El 16 de octubre, Octavio Paz recibe un
telegrama aceptándole su renuncia. Durante los
siguientes tres años no regresará a México.
El
compromiso de la crítica: Posdata,
Plural y Vuelta
El hecho insólito de que un funcionario
mexicano renunciara a su gobierno por razones de
conciencia, le proporciona a Octavio Paz una
posición privilegiada como crítico. Su voz
crítica crece. Paz vive los años subsecuentes a
su renuncia como conferencista y profesor
invitado en diversas universidades del mundo,
particularmente las norteamericanas. El libro
Posdata, es un ejemplo de este cambio en la
vida del poeta.
Posdata nace como el desarrollo y
ampliación de lo apuntado en una conferencia que
pronuncia en la Universidad de Texas en Austin,
el 30 de octubre de 1969. La fecha y tema de la
conferencia aluden y conmemoran el primer
aniversario de la "Matanza de Tlaltelolco"; el
libro, según lo señala Paz en la nota
introductoria, pretende ser una reflexión sobre
lo ocurrido en México desde que escribió El
laberinto de la soledad, de ahí el título
de: Posdata.
Los tres capítulos del libro aluden a
momentos de la historia mexicana, a los que
Octavio Paz intenta encontrarles ecos y
correspondencias. El libro se hilvana a partir
de la propuesta inicial de explicar/entender lo
sucedido en 1968 en México. El análisis
histórico que realiza Paz se fundamenta en
relacionar la toma de conciencia de un sector
social: los estudiantes, sobre las desigualdades
y abusos de una forma de gobierno totalitaria e
impositiva, donde la democracia es materia de
discurso y no de acciones gubernamentales. La
toma de conciencia da vida a la crítica y ésta a
la demanda, que toma cuerpo en la protesta y la
manifestación pública. Las frases de ese momento
histórico encuentran su correspondencia en los
acciones e inacciones de los gobiernos mexicanos
emanados de una revolución inconclusa y
crecientemente traicionada. A todo ello Octavio
Paz le encuentra raíces que penetran en la
historia antigua de México.
Octavio Paz, al igual que otros
intelectuales, no es el inventor de la crítica,
pero, sin duda, es uno de sus ejecutores de
mayor peso y aprecio en esos momentos. A tal
grado se corporeiza la crítica en su espíritu
que se transforma en una de sus premisas,
impulsándolo a afirmar que el sello distintivo
del siglo XX es la modernidad y de ésta, la
crítica se constituye en su instrumento más
importante.
Posdata se publica por vez primera en
1970, a dos años de la matanza de Tlaltelolco,
un año después de la conferencia en Austin y en
las postrimerías de su regreso a México.
En 1971 México tiene un nuevo presidente.
Octavio Paz, regresa al país. ¿Se ha olvidado
Tlaltelolco? No; y en refuerzo de su memoria el
10 de junio de ese año —día de Corpus Christi—,
el gobierno mexicano entrante repite una acción
represiva similar a la del 2 de octubre de 68.
Esa tarde, Octavio Paz —en compañía de Carlos
Fuentes y José Alvarado— daba un recital de
poesía en el auditorio de la Facultad de
Filosofía y Letras de la UNAM. Se suspende
cuando llega la noticia de esta nueva masacre.
Julio Scherer, a la sazón director general del
periódico Excélsior, invita a Octavio Paz a
encabezar una revista semanal de opinión. La
idea no satisface a Paz, quien le propone la
creación de una revista mensual de cultura. Así
nace Plural, cuyo contenido se centra en
la crítica de las letras, el arte, el
pensamiento y la política. La revista vive hasta
julio de 1976, cuando el periódico es aplastado
por instrucción del presidente Luis Echeverría.
Después de la caída de Plural, Octavio
Paz y una pléyade de intelectuales y artistas se
agrupan para formar la revista Vuelta. El
primer número aparece el 1 de diciembre de 1976.
Esta es la revista con mayor solidez, difusión y
prestigio de las creadas por Paz.
Por extrañas razones fincadas en temores y
estrecheces de criterio y tolerancia, los
gobiernos en México ejercen una mayor censura a
los periódicos que a las revistas. De ahí que
sea en éstas donde pueden encontrarse los
mejores ejemplos de libertad crítica. En ese
sentido, Vuelta se instituye como un
sitio donde la crítica florece. Los variados
intereses críticos de Paz le proporcionan a la
revista un carácter multidisciplinario e
internacional, pues no sólo es una revista de
crítica literaria y poética, sino que en ella
pueden encontrarse artículos y colaboradores de
varias artes y disciplinas del saber humano.
Como lógica consecuencia, la revista adquiere
un sitio relevante en la sociedad mexicana y al
paso de los años ella misma es motivo de
crítica. De los argumentos que se esgrimen
contra Vuelta en los últimos años, los
más repetidos son el que poco a poco se va
transformando en un grupo intelectual cerrado a
la autocrítica; el que sean adoradores
irredentos de Paz y de sus conceptos y
criterios; una ambición desmedida por el control
intelectual de México; su sospechosa proximidad
con gobernantes y personas o grupos
empresariales poderosos; y una creciente
intolerancia.
En 1996, al cumplir la revista 20 años de
vida, se produce un cisma en su seno. Durante
esos años, el éxito de la revista se le atribuye
a dos personas: al propio Octavio Paz y a
Enrique Krauze. De este último se asegura que es
el pilar financiero de Vuelta; gracias a
sus buenas artes la revista es rentable. En el
96, Enrique Krauze se separa de Vuelta
para fundar su propia empresa editorial. Los
rumores se desatan. Dos de ellos cobran fuerza
en los corrillos: el grupo Vuelta se
desgaja por incompatibilidad de intereses;
Octavio Paz está muy enfermo y su liderazgo se
debilita.
Finalmente, al morir Paz, la dueña
mayoritaria de las acciones de Vuelta es
su viuda Marie José, quien decide cerrar la
revista. De esa forma, ninguno de sus
colaboradores será el heredero intelectual
directo de Paz.
Los
últimos peldaños
Al fundar Vuelta, Paz es un hombre de
sesenta años. Su reconocimiento y fama son
mundiales. Aún los legos lo conocen y libros
como El laberinto de la soledad, se
transforman en lectura obligatoria para los
alumnos de ciertos niveles escolares. Ya no sólo
es un autor leído en ciertos círculos, sino que
ahora se le estudia con mayor aprecio. Se
multiplican los artículos y monografías sobre su
obra; crece y se especializa la crítica de sus
libros y aumentan sus biógrafos. Paz participa y
conduce, como figura central, reuniones de
intelectuales y artistas. Se le rinden homenajes
y se le otorgan premios. En 1990 recibe el
Premio Nobel.
Continúa escribiendo hasta el fin de su vida,
primordialmente ensayos. Destacan tres de ellos:
el extenso sobre la vida y obra de Sor Juana
Inés de la Cruz; sus reflexiones sobre el
erotismo y el amor; y su libro último, sobre la
India.
El libro Sor Juana Inés de la Cruz o las
trampas de la fe, resulta ser un ensayo de
características monumentales. En su versión de
las Obras Completas, abarca un sólo
volumen de 626 páginas, que consta de un prólogo
y seis grandes apartados. Para Octavio Paz este
libro representa una obsesión ensayística de más
de treinta años. En algún prólogo, Paz relata
que en 1950, a petición de la revista Sur
y con motivo del tercer centenario del
nacimiento de sor Juana, escribe un breve
ensayo, pie de cría del dilatado libro
posterior. El planteamiento estructural del
libro es histórico, biográfico y crítico
literario de Sor Juana.
Este ensayo demanda un lector dedicado,
acucioso y constante. Escrito en la buena prosa
que caracteriza al poeta, el libro no es simple
pues se enfrenta, cuestiona y, no en pocas
ocasiones, descalifica a una bibliografía que
abarca trescientos años y varios idiomas; desde
el padre jesuita Diego Calleja hasta Dorothy
Schons.
Octavio Paz se pregunta en el prólogo sobre
la intención y sentido de su ensayo:
¿En qué sentido me parece válida la
tentativa de insertar la doble singularidad
de sor Juana, la de su vida y la de su obra,
en la historia del mundo: la sociedad
aristocrática de la ciudad de México en la
segunda mitad del siglo XVII?
Líneas adelante responde: "No basta con decir
que la obra de sor Juana es un producto de la
historia; hay que añadir que la historia también
es un producto de esa obra".
En estos pasajes se develan los ejes del
ensayo: vida-obra e historia-sociedad. Sor Juana
poeta, mujer, monja, política, ensayista,
cortesana y polemista, se desborda en las
profusas páginas de este ensayo.
El amor, el erotismo y la literatura se
despliegan en su ensayo La llama doble.
A los cuarenta y seis años, Octavio Paz
escribe un breve ensayo sobre Sade en el que se
aproxima a la sexualidad, al erotismo y al amor.
Ya en la India, intenta fallidamente retomar el
tema. Pasan los años y el proyecto se empolva.
Ya encauzado en la tarea de compilar toda su
obra, el deseo (y la vergüenza, asegura), de
terminar ese ensayo lo obligan a escribirlo. Ya
es un hombre de casi ochenta años y el tema le
produce escozor y dudas: "¿no era un poco
ridículo —se pregunta—, al final de mis días,
escribir un libro sobre el amor? ¿O era un adiós
o un testamento?". Vence las dudas y escribe el
libro. El título resulta más que atractivo. En
el prólogo, Paz explica su significado:
Según el Diccionario de autoridades
la llama es "la parte más sutil del fuego,
que se eleva y levanta a lo alto de la
figura piramidal". El fuego original y
primordial, la sexualidad, levanta la llama
roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene
y alza otra llama, azul y trémula: la del
amor. Erotismo y amor: la llama doble de la
vida.
La llama doble: ¿adiós o testamento?
Desde la primera ocasión en que leí el prólogo,
medité sobre ello: ¿puede pensarse como un adiós
o como un testamento un ensayo sobre el amor y
sus afluentes: el erotismo y la sexualidad,
escrito a los ochenta años? ¿Un adiós a qué; un
testamento dirigido a quién? Si Paz siempre se
asumió poeta, ¿por qué su testamento o adiós
llega a pensarlo como ensayo?
Lo más sencillo es aceptar que sólo es una
frase y que detrás de ella no existe nada más,
pero me resulta difícil imaginar que Paz, tan
consciente de sus palabras, "sólo" escribió esta
frase para llenar un espacio tipográfico. Así
que prefiero indagar en ella.
Encuentro dos explicaciones; una que llamaré
"mundana-testimonial" y otra que denominaré
"poético-literaria".
En la primera, el Paz que miro es un hombre
enfrentado a su conciencia y su historia. Ha
vivido amando y necesita contar los pormenores
del amor como esencia vital del mundo. No basta
con cantar el amor, hay que contarlo; dar fe de
él. ¿Qué nos cuenta? ¿De qué nos da fe? Creo
entender que nos invita a pensar que el amor
existe y es real, sexual y erótico y que apela
al mundo y su cotidianidad.
Habrá quien interprete el texto como una
explicación del proceso de amar; acaso hasta le
encuentre destinatario y piense que se dibuja en
él a ésta o a aquélla persona. Yo no lo creo
así.
Pienso que el ensayo también puede entenderse
tanto como una afirmación: "así amo yo, Octavio
Paz"; como una hipótesis: "así aman los seres
humanos, desde antes y hasta siempre"; como un
mandato: "así debe amarse"; como una nostalgia:
"así amamos"; que como una premonición: "así
amaremos".
En síntesis, como un clamor de su paso
amoroso por la vida mundana. Un intento de
explicar el amor desde la humanidad.
En la interpretación poética-literaria,
encuentro a Octavio Paz pleno de literatura. Un
Paz ya conocido de antes, de siempre, aquél que
explica la vida a través de las manifestaciones
literarias de los hombres. En este caso, el amor
es analizado en y desde la literatura. Ejemplo
de ello lo constituye la reflexión sobre el
amor cortés.
En Paz el amor cortés es algo más que el
testimonio de una época, es una fórmula de vida
que trasciende su tiempo e historia
permitiéndonos encontrar su rastro en nuestros
días. Es acaso ya como una huella genética
amorosa de nuestro ser adquirida después del
florecimiento de las cortes y que ha encontrado
en la literatura la forma idónea de procrearse,
dando con ello testimonio indeleble de su
persistencia. Es, asimismo, puente literario
entre la creación y la vida; entre el hombre y
sus capacidades para amar.
La llama doble es, también, un recorrido
crítico por libros y poemarios donde el amor es
posible. Con ello nos dice que el amor no puede
ser patrimonio de la vida, sino que es dominio
de la creación. El amor se analiza, corteja y
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