EL DIBUJO DE UREÑA RIB
Fernando
Ureña Rib expuso recientemente una serie de dibujos sobre
papel, obras de exquisita factura y de pequeño formato en
torno a las cuales -cosa de no perder la costumbre-
importunaré al lector con algunos precipitados comentarios.
Caracterízanse, las
plumillas allí presentadas, por su dedicada elaboración y su
indudable poder evocativo. Traba el artista unas figuraciones
de gran originalidad que -exceptuando uno que otro rostro
femenino y ciertas presencias pisciformes- podríamos situar en
la frontera misma de la abstracción. De neta raigambre
orgánica, tienden las imágenes a plasmar un universo en el que
las formas vegetales se insinúan apenas, dando origen a
voluptuosas construcciones en las que predominan carnosidades,
óvalos, curvas y redondeces. Juega el pintor con la línea
creando armoniosas volutas que, aunque nos incitan a las más
diversas lecturas, no dejan nunca de remitirnos a una
transparente dimensión de acuáticas apetencias y húmedos
aposentos cristalinos.
El mundo al que nos
asoma Ureña Rib n sus dibujos resulta (fecunda paradoja)
extraño pero al mismo tiempo conocido. La ausencia de fuertes
contrastes, de ángulos violentos, de agresivas rectas nos
traslada a un ámbito de vaguedad y ligereza netamente
femenino. Aquellas imágenes parece que flotaran, que
estuvieran suspendidas en la frágil burbuja de un sueño o
sobre la piel estremecida de una fugaz visión.
Y brota el misterio
de las composiciones para envolvernos en sus taimados brazos
lujuriosos...Dibujos en los que la intuición y la corazonada
nos hablan en idioma espontáneo del sentimiento y que por ese
motivo nos seducen sin que podamos a ciencia cierta precisar
en qué consiste su irresistible poder de persuasión.
León David.
El Siglo, Santo Domingo