Podríamos ver la pintura de
Quinquela Martin desde la inocente perspectiva de La Boca, en Buenos
Aires. Podríamos sentarnos en ese pequeño Café y en la quietud,
contemplar el ir venir de las barcazas y sentir esa misma nostalgia
(muchas veces sobrecogedora) que se advierte en la imagen tambaleante
de los barcos atracados y en el bullicio de los que llegan a Puerto.
Pero podríamos ir más lejos y más hondo al contemplar el retrato de
ese paisaje fluvial.
Este excelente pintor, grabador y muralista argentino
ocupó el espacio vital entre1890 y 1977. De origen muy humilde,
asistía de noche a una modesta academia de dibujo del barrio de la
Boca, mientras trabajaba en las labores del Puerto. Pío Collivadino lo
descubrió y lo estimuló a continuar dibujando y pintando. Pronto se
inició en el dibujo del retrato y poco a poco fue incorporando el
color en sus creaciones.
Envió su primer cuadro al Salón Nacional en 1918 y obtuvo, al año
siguiente, el segundo premio. El poder de comunicación de su obra
debió ser intenso, porque Quinquela realizó poco después exposiciones
en Madrid, Nueva York, París, Londres, Roma, y obtuvo altas
distinciones. En Argentina, él es considerado el pintor del
Riachuelo por excelencia, con un estilo auténtico e inconfundible que
ha hecho que su obra esté presente en los museos de Europa y de
América.
Y es que la imagen de Quinqela es una sentida, vivida,
añorada. Imagen que se nutre del tango, de las faenas propias del
puerto, de la luz tamizada y nostálgica que inunda toda el área, y
aquellos Puentes y cordajes donde el viento
viene a aullar…barcos carboneros que jamás han de zarpar…Viendo la
obra de Quinquela no podemos más que rememorar las estrofas del viejo
tango:
"Niebla del Riachuelo…
amarrado al recuerdo
yo sigo esperando…
Niebla del Riachuelo…
de ese amor para siempre
me vas alejando…
Nunca más volvió…
nunca más la vi…
nunca más su voz nombró mi
nombre junto a mí…
…esa misma voz que dijo:
"Adiós".
Turbio fondeadero donde van
a recalar
barcos que en el muelle
para siempre han de quedar…
sombras que se alargan en
la noche del dolor…
náufragos del mundo que han
perdido el corazón….
Puentes y cordajes donde el
viento viene a aullar…
barcos carboneros que jamás
han de zarpar…
Torvo cementerio de las
naves que al morir
sueñan sin embargo que
hacia el mar han de partir…
Sueña marinero con tu viejo
bergantín,
bebe tus nostalgias en el
sordo cafetín…
Llueve sobre el puerto
mientras tanto mi canción,
llueve lentamente sobre tu
desolación…
Anclas que ya nunca, nunca
más han de levar…
Bordas de lanchones sin
amarras que soltar…
Triste caravana sin destino
ni ilusión,
como un barco preso en "la
botella del figón"….
NIEBLA DEL RIACHUELO
(1937)
Letra: Enrique Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián
FERNANDO UREÑA RIB