El escultor y pintor
Luis Martínez Richiez es uno de los precursores del arte moderno y
contemporáneo de la República Dominicana. Su obra cruza desde siempre
límites nuevos y expone sin tabúes la rica belleza de los cuerpos
mulatos propios del Caribe.
El sexo, principal
protagonista de su temática, alcanza las elevadas características del
símbolo en sus bronces y en sus tallas en madera (muchas veces
totémicas y monumentales) y en sus pinturas casi abstractas, que hacen
del sexo femenino una deliciosa urdimbre de misterios sagazmente
revelados, como apetitosas formas vulvulares.
Sin embargo, quedarse
en esas alegorías freudianas o en esas intimidades sería dejarse extraviar del sendero
estético que nos propone Martínez Richiez, para quien lo importante es
la atrevida y feliz innovación plástica que el artista induce en
nuestra percepción y apreciación de las formas desnudas.
No debemos olvidar que
Martínez Richiez se forma junto a un grupo de innovadores y
precursores, por derecho propio, del arte dominicano. Expresionismo,
geometrismo, cubismo y erotismo son las variables que adoptaron los
artistas que en 1939, con la llegada de profesores y artistas
españoles a República Dominicana, se inscriben en la recién creada
Escuela Nacional de Bellas Artes, que dirigía el ilustre y laureado
escultor Don Manolo Pascual. El arte era el
único escape posible mientras la dictadura de Trujillo (que duró de
1930-1960) se afianzaba en el poder.
En ese tiempo emergen
nuevos artistas: Gilberto Hernández Ortega
(1924-1979), Marianela Jiménez (1925), Clara Ledesma (1924),
Luichy Martínez Richiez (1928), Antonio
Prats Ventos (1928).
Entre los años 50 y 60
emergen artistas que desarrollan el expresionismo abstracto
dominicano. Sus principales exponentes son:
Eligio Pichardo (1930-1984),
Paul Giudicelli
(1931-1965), Domingo Liz (1931),
Fernando Peña Defilló (1928),
Silvano Lora (1931),
Gaspar Mario Cruz (1925)
Antonio Toribio (1934), Ada Balcácer
(1930).
Luis Martínez Richiez
es un innovador audaz que obliga al espectador a dedicar a sus formas
una segunda y reflexiva mirada.
FERNANDO UREÑA RIB