Pintura Orgánica de Fernando Ureña Rib

 

 

ARTE ECUATORIANO

 

 

ANIBAL VILLACÍS

CAMILO EGAS

ENRIQUE TÁBARA

EDUARDO KINGMAN

ESTUARDO MALDONADO

JORGE ARTIEDA

LUIGI STORNAIOLO

MARIA VERÓNICA LEÓN

MARCELO AGUIRRE

OSWALDO VITERI

OSWALDO GUAYASAMÍN

VOROSHILOV BASANTE

 
 

 

UREÑA RIB

PICTÓRICA

ABSTRACCIONES

ALEGORÍAS

AMAZONAS

CRISÁLIDAS

DIBUJOS

FIGURACIONES

FORTUNA

IMÁGENES FULGURANTES

ONÍRICA

LITÚRGICA

LÚDICA

ORÁCULOS

OBRAS

ÓRFICAS

OTOÑO

DADORAS

NINFAS

OCEÁNICA

ORGÁNICA

 

UREÑA RIB

CUENTOS

LA INICIACIÓN

CELAJES

MALENANORADA

EL NAHUAL

PULPO A LA GALLEGA

LA PORTEÑA

LA TOSCANA

LA PUTANA DE PERPIGNAN

LA TORRE VIGILADA

LA SOLUCIÓN EN EL OMBLIGO

LA VENUS DE TABOGA

VIENTOS DEL NORTE

LA VINDICACIÓN DE OMAR

EL ABRAZO

 

 

 
PINTURA ECUATORIANA

 

LOS MUNDOS PRIMORDIALES DE

ENRIQUE TÁBARA

FERNANDO UREÑA RIB

 

Las imágenes ancestrales de Enrique Tábara

 

 

 

ENRIQUE TABARA es uno de los pintores ecuatorianos de mayor trascendencia universal. Por supuesto, Tabara comparte ese pedestal con maestros de la talla de Camilo Egas, Eduardo Kingman, Oswaldo Guayasamin y Anibal Villacis, audaces creadores y forjadores de toda una cultura pictórica y plástica latinoamericana. 

Enrique Tabara sin embargo es un creador que lejos de refugiarse en el cómodo hallazgo de una imagen que le es propia, indaga y desmitifica su propia imagen y deja que en ella encuentren refugio mil y una imágenes que dialogan en el seno de la suya propia y que permanentemente la renuevan.

Ese espíritu renovador e innovador es en Enrique Tabara una constante que revela el espíritu inquieto y versátil del maestro. Experimentación que no olvida sus raíces ni el proceso o trayectoria que el mismo ha seguido con el paso de años de paciente y fructífero ejercicio pictórico.  

Enrique Tábara regresa a la figuración después de una estrenua lucha con la abstracción, a la que sacó piezas fundamentales del arte latinoamericano cuyo origen se remonta al Valle de los Dioses. Al volver a la figuración, la obra de Tábara se ve enriquecida por la experiencia abstracta y es preciso descubrir en esta etapa la impronta de ese acervo.

 

FERNANDO UREÑA RIB

 

  LA OBRA DE TÁBARA

 

La obra de Enrique Tábara (Guayaquil, 193O) es, sin duda, una de las más eminentes de la pintura americana sigloventina y, por mérito propio, invaluable aporte a las artes visuales del mundo.

Creo que seguirá siendo aforístico el que la expresión 'gran arte' quede reservada para el arte metafísico, es decir, para ese arte cuyas realizaciones (creaciones) visibles revelan la realidad subyacente. Y ésta es la lectura (la única) que puede darse a la obra de Tábara. Es así mismo inapelable el que toda representación que no es precisamente autotrascendente, todo cuanto se difumina en meros trabajos decorativos, todo ejercicio que se inclina ­servil siempre­ sólo a complacer los sentidos, no puede llegar más allá de destrezas técnicas vaciadas de contenidos filosóficos. Y esto ocurre siempre que la estética se ha divorciado de los conceptos metafísicos.

En la vasta obra de Enrique Tábara, jamás sucede este fenómeno, ni siquiera en sus tramos iniciantes, cuando con pasión intensa pinta personajes marginales (prostitutas, sobre todo). 'Tendencia al grotesco' ve en este período uno de sus críticos. Tal vez, en unas pocas piezas, pero, de ser así, ¿disminuye la frescura (consistencia y ternura) de las mismas? En este período inaugural hay la anunciación de un extraordinario creador, pues las figuras que la conforman (recuérdese sus antológicas La solterona, 1951, Mujer arreglándose el cabello, 1952, Niños carboneros, 1952 o Retrato de Pichuza, 1950, por citar unas pocas) exhalan ya una poética adensada de lucidez y profundidad que serán, entre otras, constantes de la obra de este artista. ¿Influencias del realismo social? Muy posible. Pero este ciclo de Tábara no tiene que pedir favor a los de los maestros de ese entonces; pienso, es más, que la obra inscrita en esta etapa no ha sido suficientemente valorada. Tábara es un pintor hecho desde sus inicios, y este valor lo poseen pocos. Desde sus primeros trabajos hallamos en él motivos muy bien definidos (ideas matrices), y éstos resueltos a través de cualidades abstractas: movimiento, fuerza interior, armonía en los trazos o desplazamientos, imágenes figurativistas las de Tábara, que acceden a la excelencia plástica.

Como quiera que fuese, Tábara apenas alcanzó a aprobar los estudios primarios, pues lo suyo, desde siempre, fue la pintura. Así lo asumió él mismo toda la vida. Si en 1945 concluyó la escuela, en 1946 ingresó en Bellas Artes. En la hora de las gratitudes, Tábara nombra invariablemente a Hans Michaelson y a Luis Martínez Serrano como los dos maestros que en este tiempo lo marcaron profundamente, los dos pintores, pero antes que nada maestros, en esa connotación ­noble y proverbial­ de enseñar, con amor y sin reticencias, todo lo que se sabe. Y en el horizonte más remoto de la sangre de Tábara ­ardiente, apasionada, tumultuosa­ bulle el recuerdo de su madre, pues fue el aliento más vivo y fresco que tuvo para perseverar en el duro, ímprobo oficio de pintor. Entre búsquedas, hallazgos y consagraciones inaugurales

Carlos A. Aerán 'culpa' el paso de Tábara a la neofiguración por el acercamiento con César Andrade Faini. No coincido con opinión de tan ilustre crítico. Tábara es un buscador consuetudinario, él está condenado a buscar, nunca a hallar; es decir, pertenece a esa raza de artistas que no se represa en tal o cual cantera, sino que va siempre en pos del arte y, sabido es que éste (¿como el amor, la verdad, la libertad, la paz?) apenas se lo encuentra, se escapa de las manos de su hacedor. Sin embargo, hay un hilo conductor ­sabio y misterioso­ que hilvana toda su ingente producción. El abstracto mágico-mítico, que es otra de las vertientes de su obra, aparece en este ciclo de su vida, en forma, si se quiere, insinuativa, pero ya está instalada en el mundo de su creación.

Por 1955 viaja becado a España y es en este país que empiezan a reconocer sus dones excepcionales. Juicios críticos de Moreno Galván, Teixidor, Crilot o Círice, convienen en que Tábara es una revelación como artista. Hallan en él a un creador cuajado precozmente y no una 'promesa' como se habla de los más. ¿Por qué en nuestro medio no se dio la resonancia que merecían estos primeros pasos consagratorios del pintor, así como poco o nada trascendió su estupendo Premio Internacional de Pintura Abstracta en 196O, convocado por Georges Kaspers y la promoción que de él obtuvo logrando éxitos sucesivos en Europa? Prefiero creer que fue por el peso del realismo social ­me refiero a su ominoso dogmatismo­ y por la indiferencia en nuestro país a las expresiones culturales, mas no a mezquindades de grupúsculos de intelectuales empeñados en marginar a Tábara y a otros que siguieron su camino libertario. Pero Tábara continuó ascendiendo, nada ni nadie sería capaz de detenerlo. Fue André Breton quien lo invitó para que represente a España ­ironía impensable que refrenda el enorme valor de Tábara­ en el Homenaje al Surrealismo, junto a figuras de la talla de Salvador Dalí, Eugenio Granell y Joan Miró.

Enrique Tábara es, en su estructura más íntima, hombre sobre todos los planos humanos, nunca antepuso a la responsabilidad social los fueros legítimos de sus secretos individuales. Sí, sobre todo, Tábara ha sido un rastreador de los trasfondos del arte, también lo ha sido de la vida, del amor, temerario peregrino de los meandros más ocultos del tránsito existencial en suma. "Los amorosos buscan, / los amorosos son los que abandonan, / son los que cambian, los que olvidan. / Su corazón les dice que nunca han de encontrar / no encuentran, buscan" Ahora, a sus setenta años ­altivo y enhiesto huayacán florecido­ mantiene un episodio afectivo reposado y profundo junto a Dolores Castro, con quien se halla unido desde 1975. Sus once hijos son otra de las siembras de su reciura de hombre que ha vivido y vivirá intensa, plenamente, sensual y hondo, abominando convencionalismos y pacaterías.


MARCO ANTONIO RODRÍGUEZ


 

Ureña Rib has seen his work exhibited around the World and holds a prominent position on the Art scene in his own country, but he admits to be particularly drawn to Montreal, which he visits annually. Renting a studio in the downtown Belgo Building, he immerses himself enthusiastically in the creative and diverse atmosphere of Montreal producing here his works.

FERNANDO URENA RIB

ART STUDIO

 

 

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Revisado: May 02, 2013
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