ARTE DOMINICANO
TEXTOS DOMINICANOS

 

¿HACERLE CASO A LA VIDA?

FERNANDO UREÑA RIB

 

 

Una Fotografia de Nicole Sanchez

 

 

¿HACERLE CASO A LA VIDA?

 Leí hace unos días una breve reseña de Ruth Herrera que daba cuenta de una exposición de fotografías que Nicole Sánchez despliega en grandes pergaminos sobre la verja que bordea el Parque Independencia. La fotografía que le llamó la atención a Ruth es la de una maestra de música centenaria a quien le preguntan cuál es el secreto de su longevidad y responde: “Yo he llegado a esta edad, porque no le hago mucho caso a la vida”.

 ¿Qué es hacerle caso a la vida? ¿Qué es “la vida” a la cual ella se refiere? Ayer me detuve a ver la impresionante fotografía. La señora, de rostro amable, mira al infinito y sonríe mientras se hamaquea en una mecedora antigua que ha de acumular casi tantos años como su huésped. No pude leer el texto biográfico, pero supongo que esta habrá sido la madre de Manuel Simó, el famoso director de orquesta que naciera el 30 de junio de 1916, en San Francisco de Macorís, y de quien se sabe que su madre le inició en la música y le estimuló a ingresar en la Academia del pueblo.

En inglés la expresión “to have a life” se refiere casi siempre a tener un amor, una familia, un objetivo, un trabajo en qué ocupar los días. Por eso en Estados Unidos se dice que no tienen vida los vagos, las solteronas y los borrachos empedernidos. La frase que nos ocupa ahora es lúcida, contundente y aunque breve, observamos que es el producto de una larga reflexión sobre la vida misma.

Su sabiduría trajo a mí otra frase del libro Memorias de Adriano, que Margarita Yourcenar pusiera en labios de aquel emperador: “Existen dos tipos de personas, las quejumbrosas y las jactanciosas.”  Mientras los quejumbrosos viven muy pendientes de lo que los demás hacen mal, a los jactanciosos sólo les preocupa causar buena impresión. Evidentemente, nos encontramos aquí con un tercer arquetipo.

No importa mucho lo que los demás hagan, digan o piensen. Tampoco hace falta esforzarse en impresionar a nadie. No se trata de indolencia. No es abulia o negligencia. Creo que es más bien un acendrado respeto por el prójimo. Imagino que llega la nieta y dice: “Yo quiero estudiar medicina nuclear” y ella le respondería, “bueno, no sé bien lo que es eso, pero si es lo que te gusta…”  Supongo que si el hombre de su vida le ha dice “Me ausentaré por largo tiempo, quizás no vuelva más...” ella le habría respondido: “Sí, cariño, que tengas buen viaje...cuídate mucho”.  Esto equivale al “laissez faire” de los franceses. O a la teoría de la aceptación de Osho, el gurú hindú y contestatario maestro del Zen.

En fin, que no es conveniente inmutarse, estar acosado de apremios, preocupaciones, después de todo, “el mundo es ancho y ajeno” como adujo don Ciro Alegría en su epopeya lírica sobre aquellos indios peruanos.  Nos enfadamos demasiado, nos abruman las noticias, escuchamos constantemente el ladrar inútil de los políticos, de los religiosos, de su egoísmo, y de sus partidarios que tratan de imponernos una razón. Nos revientan la cabeza. Nos aturden. Demasiado ruido, demasiada publicidad. Le hacemos demasiado caso a la televisión. Nos halan y nos tiran, nos compran y nos venden. Todos quieren que seamos oveja de su redil.

La teoría de la sabia y humilde viejecita en la mecedora implica que duran más tiempo quienes no le hacen caso a la vida. Tiene sentido. Los científicos descubren luego que quienes sufren de estrés se enferman con más frecuencia y mucho más gravemente.

¿Por qué? Nos esforzamos demasiado. Tratamos de cambiar el mundo. Nos exaspera el ritmo a que van los demás. Como en un tren, nos empujan y empujamos a los demás. ¡Date prisa! ¡Termina! No nos sacan el guante de la cara. Se nos hace esclavos del reloj.  Vivimos atrapados por la ansiedad, la urgencia, los compromisos. “¡Yo no cojo corte!” decía Lila Alburquerque, una diputada dominicana, queriendo decir que no aceptaba presión de nadie.  Vivirá muchos años, supongo, porque el otro día la vi comprándose su mecedora.  

Y es que los estados alterados y la depresión son más dañinas que el veneno. Tanto quienes se acongojan por el pasado como quienes se angustian por el porvenir no tardan mucho en caer al lecho de enfermo.  La infelicidad es sumamente destructiva. Para escapar de las tensiones cotidianas, las rencillas de la familia y de “la vida” acudimos a substancias tranquilizantes, fármacos, alcoholes, drogas, placeres, vicios y otras perversiones innombrables. No entendemos que la clave consiste en “no hacerle demasiado caso a la vida”. No hay que empeñarse tanto. Todo tiene su tiempo.

Es curioso como el comentario de la señora coincide con el que hiciera hace poco otro músico longevo. Cuando preguntamos al director de orquesta don Julio de Windt cómo hacía para lucir tan joven y rozagante con el correr de los años. Nos contestó: “Mi secreto es tomar una siesta, sentado, quince minutos cada día. Y sobre todo, si noto que el trabajo comienza a darme estrés, lo paro ahí mismo y lo abandono hasta el otro día.”

FERNANDO UREÑA RIB

____________________________________

 Don Nené, Centenario. Una fotografia de Fernando Ureña Rib

 

 

FERNANDO UREÑA RIB · NOTA BIOGRÁFICA

Fernando Ureña Rib nació en La Romana, República Dominicana el 21 de marzo de 1951. Inició sus estudios en 1963 en la Escuela de Bellas Artes de San Francisco de Macorís, concluyéndolos en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1968, obteniendo el título de Profesor de Dibujo. Se gradúa de Bachiller en Filosofía y Letras y continúa estudios de Idiomas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Fernando Ureña Rib. De 1968-1971 hizo estudios de post grado y de pintura mural bajo la guía del maestro Jaime Colson. En 1972 estudia pintura en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en Málaga (1973) asiste a un círculo de estudiosos de técnicas de la pintura flamenca. Durante su residencia en España realizó extensos viajes de estudios que le llevaron por Centro Europa y el Norte de África. En 1974 expone en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid y de Soria, con el aval de don Gregorio Marañón. 

Desde 1975 Ureña Rib exhibe una vez al año en ciudades de Italia y Alemania. (Munich, Francfort, Mainz, Bolzano, Roma) En 1977 recibió una invitación del Departamento de Estado de los Estados Unidos que le permitió conocer los museos y academias de arte más importantes de ese país. De 1985 a 1988 reside en Italia, estudiando las escuelas de la pintura veneciana y sienesa. Expone en 1988 en el prestigioso Instituto Italo - Latinoamericano de Roma. Continúa estudios avanzados con el maestro Servio Joseph Mejsner, en Montreal, Canadá. Ha sido profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes y curador del Museo de Arte Moderno de Santo Domingo (1981) organizando exposiciones conmemorativas de los maestros del arte dominicano Jaime Colson, Gilberto Hernández Ortega, Joseph Gausachs y George Hausdorf entre otros.

Fue Director de la Escuela de Artes de la Universidad APEC y Presidente del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos (CODAP). Durante varios años colaboró con artículos críticos en los periódicos Ultima Hora, El Listín Diario y El Siglo. Ha publicado breves ensayos críticos en las revistas Art Nexus y Artes en Santo Domingo. Marianne de Tolentino le dedica una monografía en 1989. Actualmente trabaja en la publicación de "El libro de Chantal" una novela filosófica que cuestiona la estética del arte contemporáneo.

Fernando Ureña Rib vive y trabaja entre Santo Domingo y Montreal, Canadá. Sus obras han sido exhibidas en muestras individuales, colectivas y bienales realizadas en Buenos Aires, Barcelona, Bad Kissingen, Berna, Bolzano, Bogotá, Bonn,  Bruselas, Cannes sur Mer, Caracas, Chicago, Cuenca, Detroit, Francfort, Londres, Madrid, Mainz, Málaga, Miami, Montreal, Munich, Nueva York, París,  Roma, Oslo, Odessa, Río de Janeiro, Roma, Rotterdam, Moscú, Ottawa, Québec, Quito, Santiago de Cuba, Santiago de Chile, Santiago de los Caballeros, Soria, San Juan (PR), San Pedro (Provincia de Buenos Aires) Santo Domingo, Sao Paulo, Washington y Seúl entre otras.

Fernando Ureña Rib ha escrito los libros Decir la Piel, o las discretas orgías del silencio, Fábulas Urbanas, El olor de las yeguas y Las cuatro patas del Diablo, relatos.