ARTE CUBANO

 

LA NUEVA SUBJETIVIDAD DE

ULISES GONZÁLEZ

RAQUEL TIBOL

 

 

 


LA NUEVA SUBJETIVIDAD DE ULISES GONZÁLEZ

Por Raquel Tibol

En los cinco años que el cubano Ulises González lleva viviendo en México su tendencia transvanguardista ha definido mejor su iconografía y los atributos estéticos de sus pinturas se han depurado.

Con desenfado se apropia de símbolos consagrados en la religión cristiana para metaforizar sobre sus propias angustias y burlarse de sus propias confusiones.

Como un manifiesto puede interpretarse su autorretrato de 1994. Al titularlo “Te amo” confiesa su narcisismo. La corona de rosas en vías de marchitarse que cae y amenaza con enturbiar su mirada triste, alegoriza la pérdida definitiva y dolorosa de una virginidad espiritual. A partir de esta alegoría sus composiciones harán constante referencia a un quebrantado goce de vivir, quebranto provocado por el alejamiento del solar nativo. Así lo confiesa en “No me olvides”, donde muestra su cuerpo desnudo y sangrante emergiendo de una bandera cubana anudada como manto sagrado en torno a su vientre, en medio de un lecho de esas a flores llamadas justamente Nomeolvides.

La corona de rosas del rosario mariano vuelve a aparecer en “A tu memoria”. Aquí las rosas amarillas descansan en un paño rojo ondulado como mar de sangre para señalar que la virginidad original de los años tempranos podría naufragar en el torrente de una vida atormentada y desenraizada.
Si en la devoción mariana, el espejo sin mancha se musita en la letanía junto al pozo de aguas, la puerta del cielo, la palma, la fuente del huerto, en el “Espejo” de Ulises (representado de manera ambigua como un plato que espera la cabeza de un Bautista) lo inmaculado se empaña con el reflejo de un corazón sangrante.

Con sátira digna del mejor arte pop, Ulises cercenó con “Acúsame” el dedo que denuncia, el dedo del que delata, el dedo del intransigente.

“Del hierro bendito” y “De la mano de Dios” son dos estrofas de la misma historia trágica traducida a imágenes. Aquí el clavo divino ha sido convertido en arma de terrenas desgracias que primero hiere y después provoca un fatal desfallecimiento. En ambas pinturas los marcos de tela completan la alegoría. En el primero el dorado brillante indica la gloria de una existencia que será arrebatada. En el otro, rosas marchitas fueron prendidas al terciopelo rojo que rodea la mano del que agoniza.

Terciopelo rojo y rosas marchitas se integran también a “De todo corazón”, una de las obras más desparpajadas del actual conjunto ulisiano: la escultopintura del corazón negro dibujado y modelado por presión de aire en una tela de plástico, dorado. El buscado kitsch se subraya con cuerdas doradas terminadas en borlas, las cuales amarran el monumental corazón en relieve. Ulises González fuerza en esta pieza los limites y logra comprobar que aún con elementos cursis se puede enunciar el drama.

Soluciones familiares a la anterior pueden encontrarse en “Cúmulo” y “Lazo”. En ambas pinturas el elemento central es una nube de gran masa que en un caso gotea sangre y en el otro tiene múltiples rosas blancas clavadas en su cuerpo etéreo mientras que a su alrededor giran vertiginosamente pimpollos rojos. La continuidad de la idea queda confirmada porque en ambos casos el artista usó rosas de metal dorado para enmarcar- rematar deberíamos decir- el discurso poético visual.
Singular es el juego semántico que Ulises propone con la naranja. El rescate de la figura verbal media naranja con significado de el otro, el ser adecuado, el que se acomoda a nosotros, lo llevó a colocar una media naranja sangrante junto a un desnudo masculino hercúleo, con lo cual deslinda de manera ambigua a la vez que directa el manoseado tema de las preferencias sexuales.

Una media naranja a medio pelar, con gotas de sangre como dato humano, representa en estos ejercicios de transferencia el “Desnudo” del otro ser, el de la conjugación amorosa esencial.

Conviene insistir en que las simbolizaciones de Ulises no tienen sentido mitológico. Las referencias a la iconografía cristiana le sirven para dar cuenta de su propia tormenta interior, de sus vivencias antagónicas, expresadas también a través de chorreados y los empastes de la materia plástica que al estar ahí evocan el fluir de la vida.

En vez de citar obras del pasado, como otros transvanguardistas, Ulises ha buscado la compañía de los signos marianos y los traduce con audacia a su propia medida y su individualidad.

México, DF ,mayo de 1996

 

 

 

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