Fernando Varela es un
innovador. El punto de partida de cualquiera de sus obras, a
veces una huella, un grafismo, o un objeto elegido casi al azar,
le dan pie para el desarrollo de una pieza que se distingue por
administrar con sabiduría y destreza tanto el caos como el
orden.
Entre esos dos polos pendula la obra de
Fernando Varela. El orden, previsto, sopesado, dispuesto con
singular paciencia, a veces cede el paso a expresiones
gestuales, que de nuevo son matizadas por la sobriedad
cromática, por la estructuración misma del gesto o por una
elaboración técnicamente impecable que no renuncia, de ningún
modo, a la audacia ni al ingenio.
El pensamiento y la reflexión se alternan con
esa libertad creadora. Fernando Varela tiene la capacidad de
sorprendernos. De cada una de sus piezas sentimos que aprendemos
algo, que miramos un objeto, común quizás, como uno inusitado
que se revela y ostenta cualidades que no le conocíamos. Esos
juegos perceptivos de Fernando Varela le han ganado un lugar de
merecido respeto, no sólo entre los entendidos, sino en medio
del espectador común, quien se siente prendido ante la inusitada
validez de esa otra manera, singular y auténtica, de contemplar
la realidad.
Fernando Ureña Rib