ARTE CUBANO

 

SECRETOS DE MUJER EN

ANA LIDIA VEGA SEOVA

Fernando Ureña Rib

 

 

 

 

 

 

TEORÍA DEL SILENCIO

El silencio es un personaje protagónico en muchas de las obras narrativas de la escritora y pintora cubana Anna Lidia Vega Serova. Es un silencio observante, alerta, que se mueve furtivamente en la narración y que adopta forma de niña o de mujer. Mujer que lleva una vida interior consciente, anhelante, plena de sensualidad y que guarda sus misterios, angustias, placeres y delirios sin que medien entre nosotros (lectores) y ella (voz narrativa) más que una complicidad que la autora sabe ganarse, de manera progresiva y secuencial,  y que va apropiándose del lector con su fuerza sutil, con su garra.

El estilo narrativo es secundario, si se quiere, ante la presencia de esa inteligencia creadora, de esas ideas que desarrolla la autora y que nos muestran su manera única de ser mujer y al mismo tiempo, ser  testigo de su tiempo. Quizás el mejor ejemplo de esta teoría, es aquel cuento de Anna Lidia titulado En el fugaz límite del silencio, que forma parte de la antología Allegro, ma non troppo que forma parte de una colección del editorial Letra Grande. El relato magistral de una niña que enmudece frente a la desintegración de su hogar y de los valores morales de que es testigo, nos dejan ver a una autora que juega no solo con el silencio, sino con el presagio.

 

 

FERNANDO UREÑA RIB

 

La vida es mágica

Laidi Fernández de Juan

La vida está llena
de magia,
de sucesos
inexplicables,
sobre todo si
es vista a través de
los ojos de

un niño.


Anna Lidia Vega Serova  (Leningra­do,1968) es una de nuestras más pro­lijas escritoras. Con su primer libro de cuentos, Bad painting, obtuvo en 1997 el Premio David. Dos años más tarde aparece por Letras Cubanas su Catálogo de mascotas. En el 2000, gracias a Ediciones Unión, pudimos disfrutar de su tercer volumen de narraciones, Limpiando ventanas y espejos, y gana el Premio Dador por el proyecto de su cuarto libro, Imperio doméstico, que ya íntegramente quedara finalista y obtuviera Mención en el Concurso de cuentos Alejo Carpentier de 2003. Su prime­ra novela, Noche de ronda, fue publicada en Islas Canarias y también en Cuba, y ha sido reseñada en revistas nacionales. Asimismo, varios de sus cuentos aparecen en numerosas antologías cu­banas y de otros países (Alemania, Argentina, Francia, España, Noruega). Sin abandonar su condición de narradora infatigable, Anna Lidia incursiona en la pintura, en la poesía, y tiene a su cargo actividades literarias en Alamar, espacio vital donde sortea la cotidianidad junto a la presencia entrañable de su hijo Cristian.

—Anna, sabemos que siempre es difícil plantearse la preferencia de una manifestación artística en detrimento de cualquier otra, pero en tu caso se im­pone la pregunta ¿te consideras una pintora, una narradora o una poeta?

—Comencé estudiando Artes Plásticas y, aunque escribía cosas que no le enseñaba a nadie, ni imaginar podía que sería autora con obra publicada, lectores y demás.  Luego, cuando esto fue un hecho, he seguido pintando, pero me he asumido como escritora. Y la poesía, siempre está ahí, en los reversos de las cuentas de luz y agua, en las servilletas de los Rápidos, en hojas cuadriculadas de libretas, no sé qué hacer con tanta poesía.  He publicado solo un libro, en Vigía, Retazos (de las hormigas) para los malos tiempos y no sé si lo volveré a hacer, es desnudarse demasiado.

—Quisiera saber con cuál de los dos géneros, cuento o novela, te sientes más segura, más cómoda.

—Lo he intentado un par de ve­ces más con la novela y no he quedado del todo complacida. La primera fue un acierto, pero no estoy segura de poder repetirlo. Sin em­bargo los cuentos fluyen de forma natural. Todos los días, o casi, se me ocurre una nueva historia breve. A veces no me alcanza el tiempo para escribirlas, entonces anoto las ideas. Algún día publicaré un libro únicamente de ideas pa­ra cuentos.

—Uno de los aspectos que más llama la atención en tu obra es la magistralidad que logras con el empleo de la fantasía, sin dejar en un segundo plano la inmediata realidad. ¿Qué predomina en tu quehacer literario: la imaginación o la terrenalidad?

—La vida está llena de magia, de sucesos inexplicables, sobre todo si es vista a través de los ojos de un niño. Me encantan los personajes infantiles o adultos medio chiflados totalmente ingenuos para describir la realidad más atroz. Ese punto de vista da muchas posibilidades para la imaginación. No me lo propongo concientemente a la hora de co­menzar un cuento, pero a menudo uso ese recurso. Podría ser un mecanismo de defensa al tratar temas violentos, como son muchas veces los míos, o una especie de neu­rosis.

—En uno de tus libros llamaste a Cristian duende gentil. Me gustaría saber si nunca sientes curiosidad por lo que pensará el día que pueda realmente comprender la lectura de tus textos. ¿Es algo que te preocupe?

—Cristian es la alegría más grande de mi vida, por momentos la única, es realmente un enorme estímulo para crear y espero que en el futuro, cuando conozca y comprenda mi literatura, lo siga siendo. No me he detenido a pensarlo como juez, espero que lo sea también y que sea sincero. Aunque creo que me destrozaría el corazón si no le gustara nada lo que hago, sobre todo porque lo hago principalmente por él y para él.

 

 

Anna Lidia Vega Serova
 

Escritora y pintora cubana nacida en Lenningrado.
En 1997 ganó el Premio "David" de cuento con Bad painting.
Reside en La Habana
Bibliografía activa: Catálogo de mascotas (cuento), 1999.
Libros del autor en CubaLiteraria
Bad Painting (1998)
Catálogo de mascotas (1999)
Limpiando ventanas y espejos (2001)
Noche de ronda (2003)



 

PINTORES Y POETAS CUBANOS

AMELIA PELÁEZ

ana lidia vega serova

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